La fotografía tomada por Azpiazu hacia 1890 nos transporta a una Feria de Sevilla donde el bullicio popular se entremezcla con la solemnidad de los guardias. La imagen capta un momento esencial de la historia social española: la presencia de la recién fundada Guardia Civil en un espacio festivo de gran tradición.
La Guardia Civil había sido creada en 1844, bajo el reinado de Isabel II, por el Duque de Ahumada. Su misión era garantizar la seguridad en los caminos y el orden público en un país donde el bandolerismo aún dominaba buena parte de la geografía rural. Desde entonces, su uniforme se convirtió en una seña de identidad.
El primer atuendo oficial consistía en una chaqueta oscura, de color verde muy profundo casi negro, pantalón gris o azul grisáceo, y el inconfundible tricornio negro, que pronto pasó a ser símbolo de la institución. Los botones y emblemas metálicos eran dorados, reflejando la disciplina militar que inspiraba a este nuevo cuerpo.
En la estampa sevillana de 1890, una foto de Azpiazu coloreada or IA, más allá de documentar un instante festivo, nos recuerda cómo la Guardia Civil formó parte de la vida cotidiana desde sus primeros años.
1878: Cuando la Guardia Civil entró en la historia de Marchena
En el verano de 1878, una silueta nueva apareció entre los caminos de Marchena. Eran hombres uniformados, con tricornios aún rígidos, procedentes de la recién creada Guardia Civil. Se les conocía como «los del Resguardo» o «los del orden». Venían a contener lo que desde Sevilla se temía: un motín campesino. Y así ocurrió.
El 28 de julio de 1878, la tensión acumulada durante años explotó en las calles y campos de Marchena. Cientos de jornaleros, ahogados por la miseria y enfurecidos por la restauración del arriendo de consumos, marcharon hacia las fincas de los grandes propietarios. Aquella carga fiscal recaía especialmente sobre los más pobres, encareciendo productos esenciales como el pan, el aceite o el vino.

Aquella protesta espontánea no fue ideada por partidos ni sindicatos —que aún no tenían fuerza en el medio rural— sino por el puro impulso de la necesidad. En ese contexto, la Guardia Civil fue movilizada por orden del Gobernador Civil y desplegada en la villa. Su aparición marcó uno de los primeros registros históricos de presencia de la Benemérita en Marchena.
La intervención no fue pacífica: se produjeron detenciones, heridos y registros, en una acción que pretendía «restablecer el orden público» pero que dejó una huella de miedo y silencio. El eco del motín fue silenciado durante décadas, enterrado por el caciquismo y las instituciones, pero la memoria popular conservó el relato: “Ese año vino la Guardia… y el pueblo se calló”, decían los mayores.
Fundada en 1844 para controlar el bandolerismo y proteger los caminos rurales, la Guardia Civil tardó más de 30 años en intervenir por primera vez en un conflicto social en Marchena. Este episodio de 1878 es, por tanto, una de las primeras menciones documentadas a la Benemérita en la historia local.

