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El sur como refugio de la causa católica irlandesa y escocesa y su éxito con los vinos de Jerez

Arthur Gordon, escocés católico y miembro del linaje aristocrático de Beldorney (Aberdeen), llegó a Cádiz en 1754 huyendo de la persecución tras la batalla de Culloden (1746) en que los protestantes aplastaron a los católicos para establecerse en Jerez y se dedicó al comercio de vinos. En 1774 adquirió varias bodegas jerezanas.
Su catolicismo les abría las puertas del mercado español y americano, mientras que su conexión con las Islas Británicas les daba acceso directo al principal mercado para los productos andaluces. Atraídos por la creciente demanda de jerez en el Reino Unido, un grupo de familias, sentaron las bases de la moderna industria del vino de Jerez.
Familias como los Butler, White, Walsh, Coleman, Keating y Terry establecieron redes comerciales en Andalucía, actuando como agentes, consignatarios y socios, y forjando alianzas matrimoniales con otras familias de comerciantes extranjeros (flamencos, genoveses) como con la élite local andaluza.
La familia Terry, originaria de Cork, se estableció en El Puerto de Santa María y construyó un imperio vinícola que perdura hasta hoy. Nombres como Garvey, O’Neale y Mackenzie se unieron a esta élite bodeguera.

Según las tradiciones, los primeros habitantes celtas de Irlanda partieron desde la Península Ibérica, un relato que, aunque legendario, creó la idea de un vínculo casi familiar entre ambos pueblos. Fue la Reforma Protestante del siglo XVI la que unió España e Irlanda. Para la Irlanda católica y los católicos escoceses, la Corona Española, fue santuario religioso y un aliado estratégico en su lucha contra la Inglaterra protestante. A su vez, la monarquía hispánica vio en estos exiliados un valioso activo humano, militar e ideológico.
La Corona incluso garantizó financiación estatal: en 1639 Felipe IV reservó 400 ducados anuales en las rentas de Sevilla (luego Cádiz) para sufragar los viajes de los misioneros hacia los puertos andaluces (Sevilla, Sanlúcar, Cádiz, Málaga. Además, se facilitaron incentivos legales: en 1680 Carlos II concedió a los irlandeses la “naturaleza española” equiparándolos a cualquier súbdito, y Felipe V ratificó este trato.
Familia Bodeguera
Origen
Fundador(es) Clave
Lugar de Establecimiento
Legado Notable
Terry
Irlanda (Cork)
William, Domingo & Guillermo Terry
El Puerto de Santa María
Imperio internacional de brandy y jerez
Garvey
Irlanda
William Garvey
Jerez de la Frontera
Fundador de Bodegas Garvey en 1780
Gordon
Escocia (Aberdeen)
Arthur Gordon
Jerez de la Frontera
Exiliado jacobita; fundó una importante bodega en 1787
O’Neale
Irlanda
Henry O’Neale
Jerez de la Frontera
Una de las familias originales de los «Wine Geese»
Mackenzie
Escocia
N/A
Jerez de la Frontera
Establecieron negocios en los siglos XVII-XVIII
Fitz-Gerald
Irlanda
N/A
Jerez de la Frontera
Familia comerciante establecida en los siglos XVII-XVIII

Sevilla albergó el Colegio de San Patricio (1612-1767), fundado por el sacerdote Theobald Stapleton, para formar seminaristas irlandeses exiliados. Estos misioneros juraban regresar para predicar en Irlanda. Los irlandeses ocuparon todo tipo de puestos en España: Richard Wall fue secretario de Estado; Henry Reynolds McDonnell fue almirante; Ambrose O’Higgins fue virrey de Perú; John O’Donohue fue el último virrey de Nueva España. 

En 1709 Felipe V creó el Regimiento Hibernia –conocido como “el Regimiento de O’Neill”– a partir de católicos huidos tras la “flight of the Earls”. Ya desde el siglo XVI existía un Tercio de Irlandeses en Flandes (1605) y otras unidades formadas por voluntarios irlandeses contra Inglaterra. Estos regimientos (Ultonia, Irlanda, Hibernia…) pelearon en las guerras europeas hasta 1818. En todos los casos, la Corona hispánica aprovechó sus habilidades militares y su odio común al invasor protestante. Durante el siglo XVIII casi la mitad de los comercios de la próspera Málaga eran de origen irlandés.

Andalucía como Refugio Católico

El establecimiento de los colegios irlandeses sigue siendo el símbolo más importante del florecimiento del catolicismo irlandés durante esa época. El primer colegio irlandés, fundado en el año 1592 para formar a nuevos curas irlandeses, se convertiría en un gran centro de estudios teológicos en la ciudad universitaria de Salamanca. Ese año se fundó en Salamanca el Colegio de San Patricio de los Irlandeses bajo el patrocinio de Felipe II. En Alcalá de Henares existió entre 1630 y 1785 el Colegio de San Jorge de los Irlandeses.

Felipe III articuló en 1610 la Misión de Irlanda. El desarrollo de una red colegial, centralizada en dicha misión de Patronato Regio, fue una de las respuestas ofrecidas por la corona para regularizar el considerable flujo de estudiantes que, una vez formados y ordenados sacerdotes, eran reenviados a Irlanda. 

El Colegio de Escoceses

El Real Colegio de Escoceses en España acoge a jóvenes escoceses para que se formen a servir como sacerdotes en su país desde hace casi cuatro cientos años. Fundado en Madrid en el año 1627 por un ex-militar escocés, Coronel William Semple, y su mujer española, María de Ledesma, con la aprobación del rey Felipe IV y puesto bajo la protección de los jesuita. El Colegio se trasladó en 1771 a Valladolid y, últimamente, a Salamanca en 1988.

O’Donnell y O’Neill transfirieron formalmente su soberanía a la Corona española, jurando vasallaje a Felipe II y, posteriormente, a Felipe III a cambio de ayuda militar. El punto de inflexión llegó con la Batalla de Kinsale (1601-1602). La llegada de una fuerza expedicionaria española bajo el mando de Don Juan del Águila parecía la culminación de sus esperanzas, pero la campaña terminó en un desastre.

Tras la derrota, O’Donnell zarpó hacia España con la misión desesperada de persuadir a Felipe III para que enviara una nueva fuerza de invasión. Fue recibido con honores, pero el destino le tenía reservado un final lejos de su patria. Murió en el Castillo de Simancas, Valladolid, en septiembre de 1602.
La calle O’Donnell de Sevilla recibe su nombre en honor a Leopoldo O’Donnell y Jorris (1809–1867), un destacado militar y político español del siglo XIX, de ascendencia irlandesa. Fue presidente del Consejo de Ministros en varias ocasiones, ministro de la Guerra, y protagonista de importantes campañas militares como la Guerra de África (1859–1860), tras la cual recibió el título de Duque de Tetuán.
Jacobitas y Católicos en Territorio Español
El jacobismo fue un movimiento político que intentaba conseguir la restauración en los tronos de Inglaterra, Escocia, e Irlanda de la católica Casa de Estuardo. El movimiento tuvo lugar entre 1688 y 1780, y fue apoyado e incitado por las monarquías católicas francesa y española. Se hallaba implantado sobre todo en Irlanda y en las Tierras Altas de Escocia que fueron escenario de numerosas revueltas.
La Intervención Española en Escocia
España organizó expediciones de apoyo a los jacobitas escoceses, como la de 1719 cuando George Keith, décimo conde mariscal y simpatizante de la causa jacobita, se infiltró en Escocia al mando de 300 infantes de marina españoles. El plan del cardenal Alberoni constaba de dos fases: una operación de distracción en Escocia y una invasión principal en el sur de Inglaterra. Aunque la expedición fracasó en la batalla de Glen Shiel, los 274 españoles capturados fueron canjeados por prisioneros ingleses detenidos en España.

UN QUIJOTE ESCOCÉS EN SEVILLA
La figura del escocés John Downie es un cso distinto. Nacido en 1777 como segundón de una familia hidalga de Stirling, el sistema de primogenitura lo excluyó de la herencia, lanzándolo a buscar su propio destino. Su periplo lo llevó primero al Caribe y luego a unirse al intento de insurrección de Francisco de Miranda en Venezuela, antes de alistarse en el ejército británico para luchar en la Guerra de la Independencia Española.
Downie lideró la carga contra las fuerzas napoleónicas apostadas en el puente de Triana blandiendo la espada de Francisco Pizarro, que le había sido confiada. La escena fue dramática: ante el puente dañado y defendido por la artillería francesa, Downie espoleó a su caballo y se lanzó en una carga solitaria a través de la estructura. Fue herido y derribado, pero su acto de valentía casi suicida inspiró a las tropas aliadas, que finalmente rompieron las defensas francesas y liberaron la ciudad.