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Fuentes: Guardas Rurales y Ayuntamiento piden prevención para evitar daños en los caminos rurales tras más de 500 litros de lluvia

Fuentes de Andalucía ha afrontado en los últimos meses un episodio de lluvias intensas que, según han informado los Guardas Rurales, ha dejado ya más de 500 litros acumulados en el municipio, con efectos directos sobre la red de caminos rurales. El barro, la escorrentía y el agua retenida han provocado daños en distintos tramos, especialmente en aquellos donde el firme se degrada con rapidez por las condiciones del terreno y el uso continuado durante la campaña agrícola.

En un comunicado difundido en redes sociales, los Guardas Rurales han explicado que, aunque el Ayuntamiento mantiene trabajos continuos de mantenimiento y reparación, hay puntos donde el deterioro se acelera por la coincidencia de tres factores: lluvias persistentes, suelos saturados y el tránsito de maquinaria y vehículos de gran tonelaje durante la recolección.

El mensaje busca “explicarlo de manera clara para que todos lo entiendan y sin perjudicar a nadie”, reconociendo que la campaña de recogida de aceituna ha obligado en algunos casos a utilizar parcialmente el camino público por falta de alternativas ante el barro y el agua, una situación que califican de “temporal y excepcional”.

Olivar intensivo y escorrentías: cuando el agua baja hacia el camino

Uno de los principales focos del problema señalado en la comunicación está en las parcelas de olivar intensivo en seto. Según se explica, muchas de estas fincas están plantadas sobre caballones y con pendiente hacia el camino, lo que convierte las calles del olivar en auténticas canalizaciones que arrastran agua, tierra y materiales hacia la vía pública cuando el firme del camino se sitúa al mismo nivel o incluso por debajo del terreno de cultivo.

Ese arrastre de sedimentos termina debilitando el camino y genera baches, roderas y canales por donde vuelve a circular el agua, agravando el desgaste.

Labores previas y cunetas cegadas: el papel de la tierra suelta y los desagües

El comunicado también apunta a las labores agrícolas previas a la campaña, cuando algunas parcelas se labran para preparar la cosecha. En ausencia de cubierta vegetal, la tierra queda más expuesta y se desplaza con facilidad con las lluvias hacia los caminos.

A ello se suma otro problema habitual: el tapamiento de gavias, cunetas, desagües o cauces naturales por sedimentos y acumulación de barro, lo que provoca que el agua no evacúe correctamente y se estanque, aumentando el riesgo de deterioro del firme.

Los Guardas Rurales subrayan que no se trata de impedir el laboreo, sino de planificarlo teniendo en cuenta la conservación del camino y el mantenimiento de los sistemas de drenaje.

Maquinaria pesada en plena campaña: roderas y hundimientos sobre terreno húmedo

Durante la recolección, el tránsito de tractores, máquinas recolectoras, cubas y camiones con miles de kilos de aceituna intensifica el problema. Sobre terreno húmedo o embarrado, el peso favorece hundimientos, roderas profundas y la formación de surcos por donde el agua vuelve a circular.

En este contexto, se plantea incluso una medida práctica de prevención: reservar espacio suficiente dentro de la propia parcela para las maniobras de la maquinaria, especialmente en las puntas. Según se explica, en ocasiones “es preferible dejar dos olivos menos” antes de llegar al camino, si con ello se evita invadir la vía pública y se facilitan los giros.

Distancias y prevención: la recomendación de ampliar el margen de seguridad

El comunicado recuerda que la normativa municipal establece una distancia mínima de cinco metros desde el eje del camino hasta la plantación, aunque la experiencia en campo apunta a que dejar al menos ocho metros dentro de la parcela mejora la seguridad de maniobra y protege el firme, reduciendo la presión sobre el camino en momentos críticos como lluvias y campaña coincidentes.

Responsabilidad compartida para conservar una infraestructura común

La publicación insiste en que el cuidado de los caminos rurales no pretende limitar la actividad agrícola ni el transporte necesario, sino prevenir daños y mantener una infraestructura de uso común. Cuando un camino se deteriora, señalan, la consecuencia afecta a todos: agricultores, vecinos, servicios públicos y al propio Ayuntamiento, que debe destinar más recursos a reparar los tramos dañados.

Como recomendaciones prácticas, se propone mantener cubiertas vegetales siempre que sea posible, evitar labores excesivas antes de episodios de lluvia intensa, garantizar espacio suficiente para la maquinaria y mantener limpios y funcionales los sistemas de evacuación de agua, además de coordinar el uso de los caminos en función del tránsito de vehículos pesados.

El mensaje concluye con una apelación directa a la prevención y al cuidado colectivo: “Cuidando los caminos, cuidamos el campo, la producción y nuestro patrimonio común.”