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Gilena levanta su propio Caballo de Troya: Castra Legionis convertirá la Sierra Sur en el mundo de La Odisea

Mientras el cine vuelve a mirar hacia Homero, en un pequeño municipio de la Sierra Sur sevillana el mundo de La Odisea se está reconstruyendo con madera, hierro, arqueología y muchas horas de trabajo voluntario. Gilena celebrará del 4 al 6 de septiembre de 2026 la IX edición del Festival Internacional de Historia Viva Castra Legionis, que este año lleva por título Odisea. Un relato mediterráneo y que tendrá como una de sus imágenes más espectaculares un Caballo de Troya de casi seis metros de altura.

No será simplemente una escenografía. La intención de la Colección Museográfica de Gilena es utilizar la recreación histórica para intentar responder a una pregunta imposible de contestar con absoluta certeza: ¿qué aspecto pudo tener el caballo que imaginaron los antiguos griegos?

La respuesta que está tomando forma en Gilena pesa más de una tonelada, puede esconder en su interior a unas catorce personas y ha sido construida en madera sobre una estructura de hierro. Pero detrás de esas dimensiones hay algo más interesante: el intento de sustituir la imagen que durante décadas ha creado el cine por una interpretación inspirada en las formas artísticas que pudieron conocer quienes transmitieron los poemas homéricos.

Un festival internacional en un pueblo de la Sierra Sur

Castra Legionis ha convertido a Gilena en un punto singular dentro del mapa europeo de la recreación histórica. La edición de septiembre reunirá a alrededor de 140 recreadores procedentes de once países: Grecia, Italia, Suiza, Alemania, Países Bajos, Bélgica, Austria, Luxemburgo, Estados Unidos, Canadá y España. El escenario principal será el Arqueódromo Campo de Marte de la Colección Museográfica de Gilena.

La organización corresponde a las áreas de Cultura, Patrimonio, Turismo y Educación del Ayuntamiento de Gilena, mientras que la Colección Museográfica ejerce la supervisión técnica y científica. El proyecto cuenta además con la participación ciudadana de colectivos vinculados al museo, entre ellos Legio I Vernácula y Amigos del Museo, y con el apoyo de la Diputación de Sevilla.

El planteamiento de esta novena edición es especialmente ambicioso. Según la Diputación, será la primera ocasión en la que el festival se dedique íntegramente a interpretar mediante recreación histórica los relatos homéricos. El proyecto ha sido diseñado y coordinado entre Roma, Madrid y Gilena.

Y La Odisea no se reducirá al caballo. Durante el festival aparecerán algunos de los grandes personajes y episodios que permanecen en el imaginario occidental desde hace casi tres milenios: las sirenas, Penélope, Polifemo, Argos, la guerra de Troya y el interminable viaje de Odiseo hacia Ítaca.

El caballo que no podía copiarse de ningún original

El gran problema para reconstruir el Caballo de Troya es precisamente que no existe un original que reconstruir.

Aquí resulta importante distinguir entre una réplica arqueológica y una recreación experimental. Nadie conoce las dimensiones, el aspecto exacto ni siquiera la posible realidad histórica del célebre caballo. El episodio pertenece a la tradición literaria sobre la guerra de Troya y el propio caballo aparece en La Odisea de manera relativamente breve. El relato antiguo que narraba específicamente la destrucción de Troya no se ha conservado completo. Esta ausencia de evidencias obligó al equipo de Gilena a formular una hipótesis visual.

El arqueólogo Manuel Jesús Díaz, implicado en el proyecto, explica que el equipo decidió situar su referencia estética alrededor del siglo VIII a. C., época en la que se sitúa tradicionalmente la composición de los poemas homéricos. En vez de reproducir directamente los grandes caballos difundidos por el cine, recurrieron a pequeñas representaciones de caballos de la Grecia geométrica.

Es precisamente ahí donde la pieza de Gilena resulta más interesante.

Los pequeños caballos de bronce del periodo geométrico presentan cuerpos estilizados, extremidades marcadamente angulosas y hocicos muy característicos. Ramón Rico, responsable del diseño y uno de los colaboradores del proyecto, tomó ese lenguaje formal como punto de partida para imaginar cómo habría podido concebir un escultor del mundo homérico un gigantesco caballo votivo.

No se pretende afirmar que el Caballo de Troya fue así. La propuesta es más prudente y, al mismo tiempo, más científica: si un griego de aquel horizonte cultural hubiera imaginado una enorme escultura de un caballo, las pequeñas figuras conservadas permiten al menos aproximarse al vocabulario artístico que podía resultarle familiar.

De una impresora 3D a un caballo de seis metros

La construcción comenzó a pequeña escala.

Ramón Rico, voluntario de la Colección Museográfica y artesano vinculado desde hace años a la arqueología experimental, realizó varios diseños y utilizó una impresora 3D para producir el primer modelo físico. De aquella pequeña maqueta se pasó progresivamente a una estructura monumental.

El resultado alcanza aproximadamente seis metros de altura, supera una tonelada de peso y su interior ha sido concebido para albergar hasta catorce personas. Las pruebas realizadas por el propio equipo han demostrado que esa cantidad de ocupantes puede introducirse realmente dentro del animal.

Y ahí la literatura se convierte en experiencia física.

El visitante podrá entender de una manera mucho más inmediata qué supondría permanecer escondido dentro de una estructura semejante, esperando durante horas antes de salir para abrir las puertas de una ciudad sitiada. El propio equipo ha comprobado que catorce personas pueden entrar, aunque hacerlo durante una noche entera difícilmente habría resultado cómodo.

Es una de las virtudes de la arqueología experimental: a veces una reconstrucción permite formular preguntas que un texto o una vitrina no pueden responder por sí solos.

De Troya a Ítaca

El caballo será el gran icono visual del festival, pero el relato que Castra Legionis quiere contar es mucho más amplio.

Odisea. Un relato mediterráneo pretende conducir al visitante desde una guerra que la tradición prolonga durante diez años hasta el regreso de Odiseo a Ítaca. Entre ambos extremos aparecen la guerra, el saqueo, el botín, el comercio mediterráneo, la navegación, los dioses, los monstruos y, especialmente, uno de los asuntos universales de la literatura: el deseo de regresar a casa.

La propia Diputación de Sevilla ha destacado que la propuesta combinará arqueología, fuentes escritas y mito, intentando hacer comprensible el pasado sin renunciar al rigor histórico.

Por eso Castra Legionis no funciona exactamente como una representación teatral ni como una feria temática. Su territorio está en algún lugar entre el museo, la arqueología experimental y el espectáculo de historia viva.

Los objetos se construyen, las armas y vestimentas se investigan, los personajes son interpretados por recreadores especializados y los espacios intentan devolver al espectador una parte de la experiencia material de la Antigüedad.

Gilena frente al caballo de Hollywood

La iniciativa ha adquirido además una inesperada actualidad por la coincidencia con la nueva mirada cinematográfica sobre La Odisea.

Ramón Rico ha contrapuesto públicamente el método seguido en Gilena con determinadas decisiones visuales de la reciente adaptación cinematográfica de Christopher Nolan. Su crítica parte precisamente del Caballo de Troya: mientras la producción cinematográfica puede permitirse crear una imagen espectacular con libertad artística, el equipo gilenense asegura haber intentado partir de referencias arqueológicas del periodo geométrico.

Es importante entender que se trata de la valoración personal de Rico, no de una conclusión arqueológica sobre la película. Pero la comparación plantea un debate interesante: cómo construimos hoy nuestra imagen de un pasado del que apenas tenemos representaciones y hasta qué punto el cine acaba convirtiéndose, sin pretenderlo, en nuestra principal memoria visual de la Antigüedad.

Gilena propone el recorrido inverso. En vez de copiar las imágenes que el cine ha repetido durante décadas, sus responsables han buscado pequeñas piezas antiguas, esculturas y evidencias materiales para elaborar una hipótesis propia.

El museo como taller y el pueblo como parte del proyecto

Quizá el elemento más singular de Castra Legionis no sea finalmente el tamaño de su caballo, sino cómo se ha construido.

La Colección Museográfica insiste en el papel del voluntariado. Manuel Jesús Díaz reconoce que una estructura de estas características habría resultado imposible para una sola persona. Diferentes colaboradores han participado según sus conocimientos y habilidades, convirtiendo el proceso de fabricación en un proyecto colectivo.

De esta manera, el museo deja temporalmente de ser únicamente el lugar donde se conservan objetos para convertirse en un laboratorio donde se fabrican preguntas sobre el pasado.

Y eso explica buena parte del éxito del modelo de Gilena: patrimonio, investigación y participación vecinal dejan de funcionar por separado.

Del 4 al 6 de septiembre: Homero llega a Gilena

El IX Festival Internacional de Historia Viva Castra Legionis se celebrará los días 4, 5 y 6 de septiembre de 2026 en la Colección Museográfica de Gilena y en su Arqueódromo Campo de Marte. La organización ha publicado ya el programa oficial a través de la web de la propia Colección Museográfica.

Además, la información difundida por la organización señala que el acceso del viernes 4 será gratuito, mientras que para las jornadas del sábado y domingo se ha establecido sistema de entrada.

Será entonces cuando el enorme animal que durante meses ha ido creciendo entre tablas, herramientas, modelos arqueológicos y trabajo voluntario cumpla finalmente su función.

Dentro aguardarán los guerreros.

Fuera estará Troya.

Y durante tres días, en mitad de la Sierra Sur sevillana, Gilena intentará algo mucho más difícil que reconstruir un caballo: devolver cuerpo, sonido y movimiento a uno de los relatos fundacionales del Mediterráneo.