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Juan Antonio de Fortez, el escultor afincado en Marchena que dio forma al primer Jesús Nazareno de Paradas

La historia de la primitiva imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Paradas tiene un nombre propio que hoy vuelve a abrirse paso entre los papeles antiguos: Juan Antonio de Fortez. La documentación conservada sitúa en 1611 el encargo de aquella talla desaparecida, vinculándola a un maestro escultor y pintor “vecino de la ciudad de Sevilla y residente en la villa de Marchena”, en una etapa decisiva para la consolidación de la devoción nazarena en la campiña sevillana.

La cofradía de Jesús Nazareno había quedado jurídicamente fundada el 25 de marzo de 1605 en la iglesia mayor de San Eutropio, según recoge el acta conservada en el Archivo Arzobispal de Sevilla y resumida por la propia parroquia paradeña y por el estudio de Álvaro Pastor Torres. Apenas unos años después, uno de los primeros empeños de la corporación fue dotarse de una imagen titular.

Ese paso se concretó el 29 de julio de 1611. Un texto publicado por la propia hermandad con motivo del cuarto centenario transcribe el contrato por el que Juan Antonio de Fortez se obligaba a hacer un Cristo Nazareno con la cruz a cuestas para la cofradía de Paradas. El documento precisa que la obra debía realizarse en tres meses, por 23 ducados, y que sería de madera en cabeza, manos y pies, con el resto igualmente resuelto en madera y policromía. El mayordomo que intervino en el encargo fue Antón González. El original se localiza en el Archivo de Protocolos Notariales de Marchena, sección Paradas, legajo 559.

Más allá del contrato, la investigación académica permite medir la importancia que alcanzó pronto esta devoción. Pastor Torres señala que la cofradía procesionaba ya en la primera mitad del siglo XVII en la noche del Jueves Santo, con nazarenos, pendón, trompeta y tres pasos pequeños: Jesús Nazareno, San Juan Evangelista y la Virgen de la Soledad, llevados por cuatro hermanos cada uno. A mediados de esa centuria la corporación contaba con 310 hermanos, una cifra notable para una villa de reducido vecindario.

La talla primitiva de Fortez no llegó hasta nuestros días. La parroquia de San Eutropio recuerda que la imagen desapareció en los sucesos de 1936. La actual fue tallada en 1942 por Enrique Orce, según la web oficial de la hermandad, y más tarde restaurada por Francisco Buiza en 1972, por Alfonso Orce Villar en 1994 y por Juan Manuel Miñarro en 2005. Tras la posguerra, la unión con la Hermandad de la Virgen de los Dolores quedó formalizada en 1952, fecha de las llamadas Reglas de la Fusión.

El legado material de aquella antigua devoción no se agota en la imagen perdida. El estudio de Pastor Torres sitúa entre 1802 y 1806 la ejecución del retablo neoclásico de Jesús Nazareno por Miguel González Guisado, marco que aún hoy forma parte de la identidad artística de la capilla en San Eutropio. Así, aunque la obra de Fortez se perdiera, su huella sigue latiendo en la memoria documental, en la continuidad de la hermandad y en la persistencia de una de las devociones más arraigadas de Paradas.

Conviene añadir una precisión importante: las fuentes no son del todo uniformes al nombrar al artista. El boletín histórico de la propia hermandad transcribe el contrato a nombre de Juan Antonio de Fortez, mientras que el artículo académico de Álvaro Pastor Torres lo cita como Antonio de Fórtez. La coincidencia en la cronología, el oficio y la residencia en Marchena apunta a que se trata del mismo maestro, pero esa oscilación nominal existe y no debe ocultarse.

Para ampliar y verificar, las fuentes más útiles son la reseña histórica de la Parroquia de San Eutropio de Paradas, la web oficial de la hermandad, el boletín cuaresmal de 2011 con la transcripción del contrato y el artículo de Álvaro Pastor Torres en Dialnet sobre la hermandad paradeña.