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La Hermandad de la Antigua: la cofradía de la nobleza sevillana, su vínculo con los Ponce de León y el conflicto que sacudió la Semana Santa

La Hermandad Sevillana de la Virgen de la Antigua representa un fascinante capítulo de la historia religiosa y social andaluza. Nacida al calor de la devoción mariana medieval, se convirtió en la cofradía predilecta de la nobleza en la Sevilla imperial, contó con la participación de dinastías poderosas como los Ponce de León (duques de Arcos) –estrechando el vínculo con Marchena–, y protagonizó episodios de tensiones interraciales que terminaron por influir en la regulación de las procesiones.

Fue conocida como la cofradía de la nobleza, contando entre sus hermanos a reyes y a grandes linajes como los Ponce de León, señores de Marchena. 

En palabras del profesor Andrés Luque, “gran parte de la nobleza de la época formaba parte de la nómina de esta hermandad. Fue una de las pocas corporaciones que no sufrió alteraciones en la reducción de cofradías de 1623. Los reyes Felipe II y Felipe III fueron hermanos”​.

La nómina de hermanos incluía a los grandes linajes de Sevilla, entre ellos la poderosa familia Ponce de León, duques de Arcos. Esta casa nobiliaria, señores de Marchena, tuvo un papel destacado tanto en la vida civil y religiosa de Sevilla como en sus territorios de influencia. Los duques de Arcos eran patronos de iglesias, fundadores de conventos y promotores de devociones.

Precisamente, en la iglesia de San Juan de Marchena se conserva hasta hoy la Capilla de la Virgen de la Antigua, que fue erigida como capilla funeraria de los Ayllón (una familia noble al servicio de los duques)​.

Puede ser una imagen de templo

La devoción a esta virgen fue tal, que era común poner a las niñas sevillanas Maria de la Antigua. Un caso ilustrativo es el de Sor María de la Antigua, una monja mística del siglo XVI ligada tanto a Marchena como a la advocación. Nacida en Cazalla y educada en el convento dominico de la Antigua en Utrera, Sor María ingresó luego en Santa Clara de Marchena, tomando por nombre el de la Virgen venerada. Sor María incluso es conocida por escritos espirituales llamados “ejercicios de la Madre Antigua.

La devoción a Nuestra Señora de la Antigua hunde sus raíces en la Sevilla medieval. En la Catedral hispalense se veneraba desde época de la Reconquista un icónico fresco de la Virgen con el Niño en la Capilla de la Antigua​.

Esta imagen adquirió carácter casi legendario como protectora de la ciudad y de la monarquía. De hecho, la reina Isabel la Católica mostró especial veneración por la Virgen de la Antigua, llegando a donar en 1478 una valiosa lámpara de plata para su capilla en agradecimiento por el nacimiento de su hijo, el príncipe Juan​.

En siglos posteriores, otros nobles y eclesiásticos siguieron su ejemplo: los duques de Medina Sidonia y el cardenal y arzobispo Diego Hurtado de Mendoza hicieron importantes donaciones en forma de objetos preciosos,  vinculado a gestas como la conquista de Granada y las expediciones a las Indias​.

La cofradía dedicada a la Virgen de la Antigua tuvo sus primeras reglas del siglo XVI, y en el XVII la hermandad vivió su apogeo. Cronistas señalan que fue “la gran devoción sevillana del XVII y XVIII, la que tuvo el mayor número de devotos y mayor proyección social y popular”

Cada Jueves Santo realizaba su estación de penitencia con dos pasos (un Jesús Nazareno y una Dolorosa bajo palio) que salían desde su capilla propia –junto al Convento de San Pablo– y recorrían las principales iglesias de Sevilla, incluyendo parada obligada ante el altar de la Virgen de la Antigua en la Catedral.
Su imagen titular de la Virgen de la Antigua –la dolorosa realizada por Pedro Roldán en 1660– fue trasladada a la Iglesia de Santiago, donde aún se venera con el título de Virgen de los Dolores. Su antiguo Cristo Nazareno pasó a la Hermandad de la Candelaria (hoy es el Señor de la Salud de dicha cofradía)​. Incluso el magnífico palio de la Virgen fue reaprovechado por la Hermandad del Valle décadas más tarde​

Rivalidades entre hermandades: el conflicto con “los Negritos”

La pujanza de la Hermandad de la Antigua llegó a provocar enfrentamientos con otras cofradías de Sevilla. El caso más célebre –y documentado– es el conflicto con la Hermandad de Nuestra Señora de los Ángeles, popularmente llamada “los Negritos” por estar integrada por fieles de raza negra (esclavos libertos y sus descendientes). Esta cofradía, fundada en 1393 por el arzobispo Gonzalo de Mena para atender espiritualmente a los africanos esclavizados, ostentaba una gran antigüedad y gozó de privilegios fundacionales otorgados por su protector eclesiástico​. De hecho, para comienzos del siglo XVII, los Negritos tenían reconocida su precedencia en ciertos actos por ser de las hermandades penitenciales más antiguas de Sevilla.

El choque entre la Hermandad de la Antigua (de blancos nobles y comerciantes de esclavos) y la de los Negritos (de esclavos y libertos negros) alcanzó su clímax en la Semana Santa de 1604. Ambas cofradías coincidieron la noche del Jueves Santo en el centro de la ciudad, cuando la Antigua salía de la iglesia del Salvador tras realizar estación, y la hermandad de los Ángeles se dirigía hacia allí. Lo que siguió fue un grave altercado. La hermandad de la Antigua, “respetable” a ojos de las élites, acusó a los Negritos de haber irrumpido violentamente para pasar primero.

En la demanda presentada ante la autoridad se alega que “saliendo la Antigua del Salvador el Jueves Santo por la noche… la cofradía de los negros, por mano armada y hecho pensado… vinieron corriendo… atravesaron y rompieron por la dicha cofradía de la Antigua, por fuerza y contra su voluntad, tirando piedras y dando de palos a las hermanas… y con armas hirieron a hermanos”. En otras palabras, según la versión de la Antigua, los cofrades negros se abrieron paso a golpes, armados con palos y piedras, hiriendo a varios miembros de la hermandad noble.

Decadencia, extinción y legado histórico

Tras su época de gloria en los siglos XVII y principios del XVIII, la Hermandad de la Antigua empezó a decaer. Diversos factores contribuyeron: cambios en la religiosidad, crisis económicas y demográficas (la gran peste de 1649 diezmó Sevilla, y la hermandad tuvo que renovar sus imágenes titulares tras aquella tragedia​.

Para finales del XVIII, la Semana Santa hispalense estaba en declive general –en algunos años salían tan solo cinco o seis cofradías​ – y la Antigua no fue la excepción. Su última salida procesional documentada fue en 1766. A comienzos del siglo XIX, coincidiendo con las convulsiones de la invasión napoleónica y la supresión de órdenes religiosas, la otrora poderosa hermandad se quedó sin suficientes hermanos y recursos, viéndose “abocada a la extinción”. En efecto, la cofradía se extinguió oficialmente en las primeras décadas del Ochocientos, tras más de tres siglos de existencia.

Curiosamente, en el siglo XX renació la devoción bajo nuevas formas. En 1946 se fundó en Sevilla la Hermandad de Ntra. Sra. de la Antigua y San Antonio de Padua, inspirada por la misma advocación pero con distintos fines: sus fundadores le dieron un carácter benéfico, destinado a socorrer a las comunidades de monjas de clausura necesitadas​.