El clero sevillano celebrará la fiesta de san Juan de Ávila, patrón del clero secular español, con una Eucaristía en la iglesia del Sagrario de la Catedral de Sevilla, el próximo jueves 7 de mayo a las doce del mediodía. Presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, durante la misma se homenajeará a los presbíteros y diáconos permanentes que cumplen en 2026 sus 25 y 50 años en el sacerdocio.
San Juan de Ávila fue uno de los grandes predicadores y reformadores religiosos del siglo XVI español, conocido como el “Apóstol de Andalucía”. Nació hacia 1499 o 1500 en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) y desarrolló gran parte de su actividad evangelizadora en Andalucía, especialmente en Sevilla, Córdoba, Granada, Jaén y Málaga. Fue canonizado por Pablo VI en 1970 y proclamado Doctor de la Iglesia por Benedicto XVI en 2012.
Su relación con Marchena está vinculada sobre todo a la poderosa casa ducal de los Ponce de León y al círculo espiritual y nobiliario que rodeó a la villa en el Renacimiento. Una de las conexiones más importantes fue la de Ana Ponce de León, hija del primer Duque de Arcos y nacida en Marchena en 1527. Ana, que acabaría siendo conocida como Sor Ana de la Cruz, fue discípula espiritual directa de Juan de Ávila. El propio santo predicó en su profesión religiosa en el convento de Santa Clara de Montilla en 1553.
La influencia de Juan de Ávila entre la nobleza andaluza fue enorme. Su predicación atrajo tanto a sectores populares como a grandes linajes nobiliarios, entre ellos los Ponce de León de Marchena y los Fernández de Córdoba de Montilla. Su pensamiento espiritual influyó además en el ambiente religioso de la Andalucía del siglo XVI, en pleno contexto de reforma católica tras la irrupción del protestantismo en Europa.
Marchena, como capital del estado señorial de los Duques de Arcos, era entonces uno de los grandes centros nobiliarios y culturales de Andalucía, muy conectado con las corrientes espirituales y humanistas del momento. En torno a la corte ducal marchenera circularon figuras relacionadas con el humanismo cristiano, la música sacra y las reformas religiosas impulsadas en aquella época.
El vínculo no era únicamente religioso. La casa ducal de Marchena formaba parte de una compleja red de patronazgo político y espiritual en la Andalucía del Renacimiento. Los grandes nobles protegían conventos, colegios religiosos y fundaciones piadosas, mientras figuras como Juan de Ávila actuaban como confesores, directores espirituales y consejeros morales de estas familias aristocráticas.
En el caso concreto de Ana Ponce de León, la relación con el santo fue especialmente intensa. Según las investigaciones de María Jesús Fernández Cordero y otros especialistas, Juan de Ávila fue su director espiritual y apoyó su decisión de abandonar la vida cortesana para ingresar como religiosa clarisa bajo el nombre de Sor Ana de la Cruz, pese a las tensiones familiares que esto provocó dentro del linaje nobiliario.
La propia biografía histórica de Ana muestra hasta qué punto Marchena estaba integrada en estas redes espirituales andaluzas. Tras casarse con el conde de Feria y vivir durante años en ambientes aristocráticos de lujo, Juan de Ávila reprendió la ostentación de aquella vida y orientó espiritualmente a Ana hacia una existencia más ascética y religiosa. Finalmente ingresó en el convento de Santa Clara de Montilla en 1554.
La relación fue tan estrecha que el propio San Juan de Ávila predicó en su ceremonia de profesión religiosa.
Pero la conexión con Marchena iba más allá de Ana. Otro personaje importante fue María de Toledo, vinculada directamente a la casa ducal marchenera. Los estudios sobre correspondencia avilista conservan cartas dirigidas a ella en las que Juan de Ávila aparece actuando como consejero espiritual de la duquesa y mediador en cuestiones morales y familiares relacionadas con la administración señorial y la beneficencia.
Entre las obras vinculadas a este ambiente espiritual aparece incluso el Hospital de la Misericordia de Marchena, promovido dentro de ese contexto de religiosidad nobiliaria y asistencia social fomentado por las élites andaluzas del siglo XVI-

