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La Magdalena, memoria de un pueblo: origen, herida y resurrección de la gran fiesta estival de Arahal

La salida de La Magdalena de Arahal tendrá lugar a las 21:00 horas desde la Iglesia Parroquial del mismo nombre y entrada prevista en torno a las 00:00 horas, obra del imaginero Hernandez León el en  2002.

La procesión recorrerá la Plaza de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Marchena, Juan Leonardo, Plaza Vieja, Sevilla, San Roque, Doctor Gamero, Tahona, Doctor Morillas, Felipe Ramírez, Plaza de la Corredera, Veracruz, Iglesia, Plaza de Nuestra Señora de las Angustias, Plaza de Nuestro Padre Jesús Nazareno y entrada en el templo. El acompañamiento musical correrá a cargo de la Banda de Música Municipal de Arahal, que pondrá sus sones tras la imagen con un cuidado repertorio musical. 

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La historia de la devoción a la Magdalena en Arahal sufriría una profunda convulsión en el ecuador del siglo XX. Hasta el verano de 1936, las Fiestas de la Magdalena, centradas en la jornada del 22 de julio, constituían sin margen de duda la celebración cívico-religiosa más importante de la villa.

Se trataba del momento de mayor cohesión comunitaria, donde el fervor religioso se fundía con la algarabía de los festejos populares estivales heredados de los antiguos mercados francos. Sin embargo, la sublevación militar del 18 de julio de 1936 y el estallido de la Guerra Civil alteraron irremediablemente este ecosistema.

EL INCENDIO DE LA CARCEL EN LA GUERRA CIVIL

El golpe de Estado liderado en la región por el general Gonzalo Queipo de Llano desencadenó una oleada inmediata de violencia en las zonas rurales de Sevilla. Arahal, una localidad atravesada por agudas tensiones de clase entre latifundistas agrarios y masas jornaleras empobrecidas, quedó temporalmente bajo el control de comités del Frente Popular. En los primeros días de la insurrección, decenas de terratenientes, miembros de la burguesía conservadora y clérigos fueron arrestados y hacinados en la prisión municipal.

El clima de terror alcanzó su punto de ebullición exactamente el 22 de julio de 1936, festividad de Santa María Magdalena. Ante la noticia del avance imparable de las tropas sublevadas hacia la localidad, elementos incontrolados del comité local perpetraron un acto de represalia de extrema crueldad: desde el exterior, se vertieron grandes cantidades de gasolina por el ventanuco del calabozo y se arrojó una antorcha al interior.

El resultado fue un crimen dantesco en el que veintidós de los veintitrés prisioneros perecieron carbonizados. La única persona que logró sobrevivir a este infierno fue el párroco de la localidad, don Antonio Ramos Ramos, quien salvó la vida sumergiendo desesperadamente la cabeza en la oquedad de la letrina de la prisión.

Bombardeo por Tierra y Aire y Represión Militar

Horas después de este suceso, las fuerzas golpistas comandadas por el comandante Antonio Castejón Espinosa (una letal vanguardia compuesta por legionarios, regulares y caballería, apoyada por blindados y artillería ligera) irrumpieron en Arahal. El descubrimiento de los cadáveres calcinados en la cárcel operó como un detonante para una represión de inusitada ferocidad sobre la población.

Paralelamente a los combates terrestres y a la espiral de ejecuciones sumarísimas dictadas por las tropas de ocupación contra cualquier sospechoso de simpatizar con la República, el municipio se convirtió en un objetivo militar estratégico. Ese mismo 22 de julio de 1936, el pueblo de Arahal fue bombardeado cruelmente por tierra y por aire.

Las operaciones de la aviación sobre la campiña sembraron el pánico absoluto entre una población civil indefensa que huía despavorida hacia los campos limítrofes, dejando un rastro de destrucción infraestructural y un número indeterminado de víctimas mortales.

La superposición exacta del cenit de la brutalidad bélica y humana (la quema de los prisioneros, las ejecuciones de los legionarios, y los bombardeos aéreos) con el 22 de julio, día de la patrona, provocó un choque psicológico brutal en el inconsciente colectivo de Arahal. Desde esa fecha en adelante, las Fiestas de la Magdalena se perdieron.

La Restitución de la Memoria: 2021-2022

Tuvieron que transcurrir más de ocho décadas para que Arahal estuviera preparada para cicatrizar las heridas históricas y recuperar la alegría asociada a su devoción patronal. El catalizador de este proceso de sanación comunitaria fue el 225 aniversario de la bula pontificia del Papa Pío VI, que motivó a la parroquia a solicitar a la Santa Sede la concesión de un Año Jubilar.

IDENTIDAD MEDIEVAL

El origen del patronazgo de Santa María Magdalena sobre Arahal está ligado a Fernando III. Tras la toma de Córdoba en 1236, el objetivo era la conquista de Sevilla, la capital almohade y antes, asegurar la retaguardia táctica y desarticular los enclaves fortificados de la campiña y las estribaciones de la sierra sur, una región que posteriormente sería conocida como la «Banda Morisca».

En el verano de 1240, las huestes cristianas lanzaron una ofensiva sobre esta comarca que culminó exactamente el 22 de julio de 1240 con la capitulación de la poderosa fortaleza de Morón de la Frontera, que incluía una parroquia de la Magdalena,  y de todo su vasto territorio jurisdiccional, lo que incluía Arahal y el inexpugnable Castillo de Cote.

La fecha de esta victoria no fue vista por la mente bajomedieval como una intercesión divina. El 22 de julio es la festividad litúrgica de Santa María Magdalena. En consecuencia, el propio rey santo invistió a Santa María Magdalena como Patrona perpetua de Arahal y ordenó que el templo principal fuese dedicado a la Magdalena.

En una sociedad de frontera, sometida a la constante amenaza de las razzias nazaríes procedentes del Reino de Granada, la figura de la penitente era un arquetipo de resistencia. A medida que la población de origen arabobereber era paulatinamente expulsada del territorio el culto a la Magdalena se erigió en el pilar fundamental de la nueva identidad cultural e institucional de Arahal.

En septiembre de 1796, el sumo pontífice emitió una bula que confirmaba y ratificaba canónicamente a Santa María Magdalena como Patrona de Arahal, elevando el 22 de julio a la categoría de solemnidad.

MECENAZGO SEÑORIAL

Pedro Téllez Girón, un militar y cortesano que llegaría a convertirse en una figura de primer orden en la política imperial española, residió durante una etapa de su vida en Arahal antes de heredar el ducado de Osuna, que se convirtió en el primer mecenas de Osuna.

Un legajo fechado el 26 de agosto de 1530 detalla una donación magistral diseñada por el duque para asegurar el sustento perpetuo de la parroquia.  Pedro Téllez Girón dispuso la creación de un fondo agrícola para instituir un pósito con 500 fanegas de pan, 300 fanegas de trigo y 200 fanegas de cebada.

El pósito donado por Pedro Téllez Girón funcionaba como una entidad de crédito agrícola y previsión social. Los cereales se almacenaban y se prestaban o vendían a los agricultores locales. Todo servía para sufragar los gastos de mantenimiento y el esplendor litúrgico de la iglesia de la Magdalena, permitiendo la adquisición de cera, ornamentos y el pago de capellanías a perpetuidad.

EL TERREMOTO DE LISBOA

La antigua parroquia de la Magdalena era un templo de traza mudéjar. El 1 de noviembre de 1755, el devastador terremoto de Lisboa provocó el colapso estructural de la vetusta fábrica mudéjar de Arahal, salvo la torre, planteando un desafío colosal de ingeniería y financiación.

Fue Pedro de Alcántara Téllez Girón y Pacheco, IX Duque de Osuna (1755-1807), un ilustre militar, aristócrata ilustrado y mecenas de las artes, quien asumió el patrocinio financiero para levantar un templo de nueva planta.

El diseño del imponente edificio se encomendó al arquitecto Lucas Cintora, finalizada en sus volúmenes principales hacia 1800. La monumentalidad de la nueva exedra del presbiterio, diseñada en yesería en 1800 por Antonio Marzal, exigía una efigie de Santa María Magdalena capaz de dominar el vasto espacio neoclásico y transmitir los valores de la teología ilustrada.

La imagen de La Magdalena fue esculpida por el imaginero neoclásico catalán Josep Antoni Folch i Costa entre los años 1800 y 1803.