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La máscara; de un uso sagrado primitivo a un uso lúdico en el Carnaval de la campiña sevillana

En Marchena y Fuentes, la máscara es la palabra para designar al disfraz de carnaval, algunas tan sencillas como coger una colcha de la cama y ponérsela sobre la cabeza. En Utrera se encontró la máscara de una actriz romana en la necrópolis de Olivar Alto, hoy en el Museo Arqueológico de Sevilla.

Hoy, las máscaras tienen para nosotros un sentido lúdico despojada ya de su origen sagrado, primitivo como elemento para entrar en comunión con la naturaleza y lo sobrenatural.

La máscara cumple así el deseo del hombre primitivo de transformarse en otro ser, tener el aspecto de un animal o un Dios.  La máscara tuvo un uso sagrado en rituales de fertilidad o para pedir lluvia, tal y como hoy se mantiene en tribus Africa y América.

Todos los pueblos Mediterráneos usaban máscaras. Fenicios, cartagineses y egipcios con significado religioso funerario. Los griegos con un sentido escénico dramático. La Gorgona que se usaba en los escudos griegos servía para infundir terror.

El significado exacto de cada máscara solo lo puede saber la persona que la lleva pues refleja el mundo espiritual interior. A menudo las máscaras pasaban de padres a hijos, vedado a las mujeres.

Es un mundo sutil entre lo religioso y lo mágico que a veces toca incluso los sacerdotal. Los actores griegos llevaban máscaras para dar vida a los personajes.

En Utrera, necrópolis del Olivar Alto, se encontró una máscara -hoy en el Museo Arqueológico de Sevilla- en la tumba de una actriz romana. La máscara sirve para conocer el alma del hombre primitivo, y para conocer lo que de primitivo queda, -y es mucho- en el alma del hombre afirman Fernando Fernández Gómez director del Museo Arqueológico de Sevilla y Luis Hurtado Rodríguez en la Revista de Arqueología.

Mosaico de las dos caras hallado en Ecija

El mosaico de la cara doble encontrado en el yacimiento de El Picadero de Ecija tenía en su centro un juego visual que representaba un anciano sileno o un joven del cortejo báquico según el punto desde el que se observara, un juego visual del que el de Écija era uno de los cuatro ejemplos mundiales, junto con otro mosaico similar en Luxemburgo y dos más en Italia.

LA MASCARA EN NUESTRO CARNAVAL

Despojado de su sentido mágico, la máscara es el disfraz tradicional de la campiña sevillana en Carnaval, conservada en Fuentes de Andalucía y desaparecida en Marchena donde también se usó según las fuentes orales.

En Fuentes se conservan varios tipos de máscaras de carnaval. Como las estrafalarias que llevan encima todo tipo de artilugios inservibles y ropa ridícula.

En las máscaras de colcha la cabeza se cubre de ropa de cama. En las llamadas máscaras de mercadillo, las personas que se disfrazan de esta forma se dedican a vender en la calle cacharros, mientras que el mascarón es una máscara grande para varón adulto, que incluye un bastón con el que asustaba a los niños.

También hay máscaras de Grupo cuando más de tres personas forman una unidad temática. La máscara permite ocultar el rostro y jugar a adivinar la identidad del disfrazado con la frase -”Adiós que no me conoces”, propia de Marchena y Fuentes que a unos divertía y a otros fastidiaba. También cambian la voz para no ser reconocidos e interactúan con el viandante gastando bromas a menudo de índole sexual y provocativa.