La Hermandad ha realizado trabajos de limpieza y pintura en la ermita, el pasillo lateral y el patio interior, y continuará próximamente en las zonas de clases y salones
La Hermandad de la Santa Vera Cruz de Marchena ha finalizado la primera fase de los trabajos de adecentamiento y pintura de la ermita de San Lorenzo, situada en la calle San Francisco, un espacio cargado de historia y muy vinculado a la vida social, formativa y pastoral de la corporación.
Según ha informado la propia Hermandad, esta primera intervención ha consistido en la limpieza y pintura de la ermita, el pasillo lateral y el patio interior. En próximas fechas, los trabajos continuarán en las zonas destinadas a clases y salones, reforzando así el uso comunitario de un edificio que desde hace años funciona como lugar de encuentro, formación y servicio.
La actuación no es solo una mejora material. Para la Vera Cruz tiene también un valor simbólico: supone renovar el compromiso con la Parroquia y con la obra social que nació en torno a la Coronación Canónica de Nuestra Señora de la Esperanza Coronada. La Hermandad recuerda que aquella labor comenzó hace veinticinco años y continúa vigente gracias al esfuerzo, la entrega y la generosidad de numerosos hermanos.

El matiz histórico es importante. La Hermandad solicitó la Coronación Canónica de Nuestra Señora de la Esperanza en 2001, el 18 de septiembre de 2004.
La Hermandad restauró la capilla de San Lorenzo de la calle San Francisco y la convirtió en centro social del barrio de San Juan, destinado a actividades formativas y culturales.
La ermita de San Lorenzo es, además, uno de esos pequeños edificios que explican la historia profunda de Marchena. El Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico la identifica como Capilla de San Lorenzo, en la calle San Francisco, con nivel de protección integral.
Sobre su origen, el documento urbanístico ofrece una referencia especialmente valiosa: la ermita, de la que se conservan la portada y el cuerpo de iglesia, debió comenzar a edificarse en los últimos años del siglo XV o en los primeros del XVI. El propio Plan Especial cita un testamento de 1508 que ya aludía a la obra de un hospital de San Lorenzo todavía sin terminar.
El edificio tuvo una larga vida religiosa y comunitaria. En 1624 fue utilizado como iglesia del convento de religiosas recoletas de San Francisco, bajo la advocación de la Purísima Concepción, hasta que la comunidad se trasladó en 1628. Más tarde, en 1688, se acometió una profunda reforma que dio a la ermita buena parte de su imagen actual, aunque el Plan Especial interpreta que aquella intervención pudo ser una reforma de la portada y no una construcción completamente nueva.
Arquitectónicamente, San Lorenzo conserva rasgos mudéjares. El Plan Especial la describe como una capilla de una sola nave, sencilla y de reducidas dimensiones, con portada de arcos apuntados de ladrillo agramilado, un óculo y una espadaña neoclásica de un solo vano. También señala que la nave conserva una artesa, aunque actualmente permanece oculta por un falso techo, y que en el siglo XVIII el interior fue decorado con pinturas hoy solo conservadas parcialmente.
Ese mismo documento ya advertía de que el interior había sido consolidado y adaptado a usos docentes y de catequesis, con intervenciones que habían alterado parte de sus cualidades originales. Por eso, cada actuación en este inmueble tiene una doble lectura: mantenerlo vivo para la actividad parroquial y social, y al mismo tiempo cuidar un bien patrimonial protegido dentro del conjunto histórico de Marchena.
La Hermandad de la Santa Vera Cruz, fundada en 1533 en el Convento de San Francisco de Asís y fusionada en 1808 con la Hermandad Sacramental de Ánimas, mantiene así una línea de continuidad entre patrimonio, culto y acción social. El Consejo de Hermandades de Marchena recoge precisamente esa antigüedad fundacional y su sede canónica en la Capilla de San Francisco.
Con esta primera fase de pintura y limpieza, San Lorenzo vuelve a aparecer como algo más que una antigua ermita. Es una pieza de la memoria urbana de Marchena, un testimonio de la arquitectura religiosa popular y, desde la Coronación de la Esperanza, un espacio donde la devoción se hizo servicio. La obra social que nació alrededor de aquella corona sigue teniendo hoy paredes, patio, clases, salones y vida compartida.

