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Las obras de Coullaut-Valera hijo en la Semana Santa de Almería

La Semana Santa de Almería guarda un patrimonio singular marcado por la huella de Federico Coullaut-Valera Mendigutia (1912-1989), uno de los grandes escultores españoles del siglo XX. Hijo del también escultor Lorenzo Coullaut Valera, a quien sucedió tras su muerte en 1932, Federico destacó por su maestría en la imaginería, dejando más de treinta pasos procesionales en ciudades como Orihuela, Cartagena, Cuenca, Hellín, Úbeda o Almería, además de un monumental legado repartido por medio mundo.

En Almería, cuatro de sus obras formaron parte fundamental del esplendor cofrade del siglo pasado. La más recordada es el Señor Resucitado, bendecido en 1960, que procesionaba el Domingo de Resurrección como símbolo de la victoria de Cristo. Con un poderoso estudio anatómico y la mirada elevada al cielo, la talla fue durante años referente de la Semana Santa almeriense, aunque hoy permanece sin salida procesional en la Catedral.

Junto a esta, la Hermandad del Silencio confió en Coullaut-Valera para dotarse de un conjunto de imágenes que marcaron una época: el Jesús del Huerto, el Cristo del Camino y el Jesús atado a la Columna. Todas ellas procesionaron entre los años sesenta y ochenta, aunque hoy se conservan en distintos templos de la ciudad, fuera de los cortejos de Semana Santa.

La historia de estas imágenes resume el vaivén patrimonial de Almería: obras de un escultor con raíces marcheneras, han caído en el silencio de las iglesias, sin la proyección devocional que sí mantienen en otras ciudades del Levante español, donde las tallas de Coullaut-Valera siguen siendo ejes de la liturgia pasional.

Más allá de Almería, la obra del escultor alcanza dimensiones colosales. Suya es la Victoria Alada del edificio Metrópolis de Madrid (1977), un ángel de seis metros y tres toneladas inspirado en su esposa, Concepción Terroba. También culminó el monumento a Cervantes de la Plaza de España en Madrid, replicó a Don Quijote y Sancho para Bruselas.

Pero el propio artista reconocía que su mejor obra era una imagen procesional: el Cristo de la Agonía de Cuenca (1946), por el que se ganó un lugar en la historia de la imaginería española. En Almería, sin embargo, el destino de sus tallas abre un debate pendiente: recuperar, reivindicar y devolver a la luz pública cuatro obras maestras que hoy sobreviven en la sombra, y que podrían volver a engrandecer la Semana Santa de la ciudad.

Santísimo Cristo de la Agonía