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Música: Cuando Mike Olfield reflejó la armonía universal en su música

Mike Oldfield publicó el 17 de marzo de 2008 Music of the Spheres, su primer trabajo concebido abiertamente como obra “clásica” y construido sobre una idea antigua: la musica universalis o “música de las esferas”, esa intuición —atribuida a Pitágoras y desarrollada luego por otros— de que el cosmos obedece a proporciones numéricas que pueden pensarse como armonía. Oldfield lo resume en una nota programática: todo tiene pulso o vibración; si ampliamos esa idea a un sistema solar o a una galaxia, ¿a qué sonaría si “se liberara” esa música?

La obra está organizada en dos partes y 14 cortes, con la soprano Hayley Westenra en “On My Heart” y el pianista Lang Lang en varios pasajes (marcados en la edición de referencia). Y aunque Oldfield no dejó un “argumento oficial” pista por pista tan explícito como en otros repertorios programáticos, los títulos funcionan como señales: conceptos de filosofía antigua, términos de cosmología y palabras de tradición espiritual que orientan la escucha.

Harbinger - Mike Oldfield

“Harbinger” abre como un “heraldo”: es el umbral, el anuncio de que vamos a entrar en otro orden, el de la proporción y el movimiento. En la propia arquitectura del álbum, su retorno como “Harbinger (reprise)” refuerza esa idea de motivo-guía, como si el tema inicial reapareciera para recordarnos dónde estamos: en un viaje circular, orbital, de retorno.

“Animus” —palabra latina asociada a “ánimo”, “alma”, impulso vital— suele leerse como el motor interno del trayecto: no el cosmos como decorado, sino como energía que empuja. Sin necesidad de atribuirle una intención literal a Oldfield, el título encaja con su tesis general de la vibración como fundamento: algo late, algo empuja, algo “anima”.

“Silhouette” sugiere forma sin detalle, contorno contra la luz. En una obra sobre lo inalcanzable (la música que existe pero no se oye), la “silueta” funciona casi como metáfora de lo que solo podemos intuir: perfiles, sombras, geometrías. En la tradición pitagórica y posterior, la armonía se expresa en números y proporciones; la “silueta” sería el dibujo visible de ese orden invisible.

“Shabda” introduce un giro llamativo: un término sánscrito ligado al “sonido del habla”, a la idea de palabra-sonido como realidad significativa en filosofías del lenguaje indias. Es decir, no solo “sonido” como fenómeno físico, sino “sonido con sentido”. En el contexto del disco, “Shabda” parece señalar que la vibración puede ser también conocimiento: el universo como texto sonoro.

“The Tempest” trae la imagen de la tormenta: turbulencia, choque, intensidad. Si el álbum está inspirado por movimientos celestes regulares, aquí aparece la otra cara: lo sublime no siempre es sereno. En astronomía real hay perturbaciones; en el símbolo, la tormenta es el recordatorio de que el orden también convive con la fuerza.

Tras ese empuje, “Harbinger (reprise)” actúa como respiración y reencuadre: vuelve el “heraldo” para cerrar el primer arco. La estructura en dos partes subraya esa sensación de “capítulos” dentro de una misma bóveda.

“On My Heart” (con Hayley Westenra) desplaza el foco desde el cielo a lo íntimo: “en mi corazón”. Es una decisión clave, porque conecta la cosmología con el cuerpo, que es exactamente el puente que Oldfield propone en su texto: la vibración no es solo de planetas, también de lo vivo y lo no vivo, con “resonancia” sobre nuestras vidas. La voz humana funciona aquí como el instrumento que hace audible lo que la teoría declara inaudible.

“Aurora” abre la segunda parte con una palabra que en la ciencia nombra un fenómeno físico —las auroras— y en la tradición clásica evoca el amanecer. Es el renacer visual del cielo: luz en movimiento. Si la primera parte “entra” en el cosmos, “Aurora” lo ilumina.

“Prophecy” (“profecía”) introduce la idea de anuncio del porvenir: no tanto adivinación literal como sensación de destino, de patrón que se cumple. En la tradición de la música de las esferas hay un fondo metafísico: si el cosmos está regido por proporciones, entonces hay ley, hay estructura, hay “anuncio” en el propio orden.

“On My Heart (reprise)” convierte la canción en eco, como si lo humano quedara orbitando dentro del conjunto. En términos narrativos, es la manera de decir: lo íntimo no fue un paréntesis, es parte del sistema.

“Harmonia Mundi” pisa terreno histórico con nombre propio: la “armonía del mundo”, expresión asociada a una línea de pensamiento que llega, por ejemplo, a Kepler y su Harmonices Mundi (1619), donde intenta vincular geometría, música y organización del sistema solar. Oldfield no necesita “explicar” a Kepler para que el título funcione: está invocando esa genealogía de siglos que va de la proporción pitagórica a la cosmología matemática.

“The Other Side” (“el otro lado”) sugiere frontera: lo visible y lo invisible, lo audible y lo inaudible, lo que medimos y lo que intuimos. Dentro del concepto musica universalis, “el otro lado” es casi la definición: la música que no podemos oír, pero que estructura.

“Empyrean” remite al “Empíreo”, el cielo más alto de cosmologías antiguas y medievales, asociado a la región de fuego o luz pura y, en la tradición cristiana, a la morada divina. Es la pista que más claramente habla de altura, de “cima” simbólica: el punto donde la obra se despega de lo astronómico y roza lo místico.

“Musica Universalis” cierra nombrando la idea matriz: la teoría de que los cuerpos celestes guardan una “música interior” basada en relaciones armónicas y matemáticas, físicamente imperceptible. Oldfield la toma como concepto y la convierte en su propia “interpretación” sonora, tal como declara en su nota: “esto es lo que sonaría si se liberara”. Ahí está la conexión directa con Pitágoras en su versión más difundida: el mundo entendido como número, intervalo, proporción.

El resultado no es un tratado: es una traducción artística. Y si uno quiere escucharla con el mapa completo, hay un dato que ata el círculo: el proyecto tuvo presentación en directo en Bilbao —en el entorno del Guggenheim— con orquesta y coro, en el contexto del lanzamiento.