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Nuevos datos de la familia Marchena, la red sefardí que tejió una diplomacia secreta entre Marruecos, Europa y Andalucía

Comerciantes, redentores de cautivos e informadores políticos, los Marchena ocuparon entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII el espacio que dejaban vacío las embajadas oficiales. Juan de Marchena llegó a tratar personalmente con el sultán Ahmad al-Mansur y enviaba noticias desde Marrakech al duque de Medina Sidonia. La documentación confirma la importancia de esta familia sefardí, aunque todavía no permite asegurar que procediera de la villa sevillana de Marchena.

La historia de la familia Marchena publicada por Marchena Secreta reconstruye el recorrido de una familia judía sefardí que conservó el apellido De Marchena después de abandonar la península ibérica. La narración se apoya en las investigaciones genealógicas de sus descendientes, especialmente Kenneth de Marchena, y en referencias sobre comunidades sefardíes de Portugal, Ámsterdam y el Caribe.

La importancia de este nuevo estudio sobre la familia Marchena y los Medina Sidonia es que vincula su actividad en España; entre 1570 y 1620, y rastrea a varios hermanos Marchena en Marruecos, Portugal, Italia, Croacia, Alemania y Ámsterdam.

Así, Abraham de Marchena, el patriarca judío sefardita de la familia Marchena enterrado en la sinagoga de Ámsterdam, tenía varios hermanos.  El autor de esta investigación, Miguel Soto Garrido, investigará en Venecia, donde la familia vivió entre 1590 y 1606 y fue una de las más importantes del gueto sefardí.

El apellido De Marchena aparece documentado entre familias sefardíes establecidas en Portugal y Holanda. Los descendientes consideran que el nombre conserva la memoria del lugar del que habría partido el linaje, aunque todavía no se ha encontrado un documento que identifique expresamente al primer antepasado como natural de la Marchena sevillana.

Marrakech, 23 de junio de 1600. Un comerciante judío toma la pluma para escribir a uno de los hombres más poderosos de Andalucía. El destinatario es Alonso Pérez de Guzmán, VII duque de Medina Sidonia. El remitente firma como Juan de Marchena.

No le habla únicamente de mercancías, precios o barcos. Le informa de que fray Constancio Magni, un religioso dominico, lleva ocho meses encarcelado por las autoridades marroquíes. Marchena asegura que ha intervenido personalmente: había hablado «dos veces al Rey», es decir, con el sultán saadí Ahmad al-Mansur, y había acudido en otras ocasiones ante la justicia del reino para solicitar la liberación del fraile.

La carta sitúa a Juan de Marchena en una posición extraordinaria: un judío que podía acercarse al soberano de Marruecos, negociar con sus funcionarios y trasladar después información reservada a la Casa de Medina Sidonia. (Fuente: Archivo General de Simancas, sección Estado, legajo 185, documento 11, carta enviada desde Marrakech el 23 de junio de 1600).

Un agente entre dos orillas

Los historiadores Miguel Soto Garrido y Miguel Ángel de Bunes Ibarra describen a Juan de Marchena como un «agente doble criptojudío» al servicio de la Casa ducal de Medina Sidonia en Marrakech. Era comerciante, intervenía en la redención de cautivos y mantenía una relación cercana con Ahmad al-Mansur, sultán de Marruecos entre 1578 y 1603.

Al mismo tiempo, enviaba informes de manera continuada al VII duque de Medina Sidonia, convertido desde comienzos de la década de 1580 en uno de los principales responsables de los asuntos marroquíes y de la defensa de los intereses de la Monarquía Hispánica en el estrecho de Gibraltar.

En aquel Mediterráneo de fronteras permeables, un agente podía trabajar para varios patronos, proteger los negocios de su familia, servir al sultán en determinadas operaciones y proporcionar noticias al duque. 

Una diplomacia sin embajadores

Felipe II y, posteriormente, Felipe III evitaron mantener un embajador permanente ante el sultán de Marruecos. Reconocer formalmente a un soberano musulmán y sostener una representación estable en su corte planteaba problemas políticos, religiosos y de reputación.

La embajada de Pedro Venegas de Córdoba, establecida en Marrakech entre 1579 y 1585, terminó de manera accidentada. Según el estudio de Soto Garrido y De Bunes, Venegas tuvo que abandonar Marruecos ante el peligro que suponía para la imagen de la Monarquía mantener un representante oficial en una corte islámica.

Aquel vacío no interrumpió las relaciones. Las hizo más discretas. Los contactos se desarrollaron mediante agentes no acreditados, comerciantes, religiosos, intérpretes, gobernadores de plazas africanas y enviados de las grandes casas nobiliarias andaluzas.

En ese terreno ambiguo prosperó Juan de Marchena. Podía presentarse como mercader o redentor de cautivos, pero sus cartas tenían un contenido inequívocamente diplomático. Informaba sobre decisiones de la corte, intervenía ante las autoridades y reclamaba incluso la presencia de una persona enviada por el rey de España que protegiera a los súbditos cristianos establecidos o cautivos en Marruecos.

Marchena no llevaba credenciales de embajador, pero realizaba parte del trabajo de una embajada.

El triángulo entre Madrid, Portugal y Sanlúcar

Para comprender su importancia hay que mirar hacia la organización política creada durante el reinado de Felipe II. Miguel Soto Garrido ha estudiado la formación de una especie de «secretaría de Berbería», construida desde 1574 alrededor del secretario real Gabriel de Zayas.

Gabriel de Zayas. Écija (Sevilla), 1526 – Madrid, 13.VII.1593. Secretario de Estado de Felipe II.. Secretario del Consejo de Estado Secretario del Consejo de Italia. El linaje de los Zayas establecido en Andalucía —Écija y Córdoba— desde la época de la conquista. Su hermano Tomás de Zayas era el “veedor de la gente de guerra en Granada”. Clérigo de la diócesis de Sevilla.

Conectaba la corte española con los consejeros de la política portuguesa en el norte de África y la Casa de Medina Sidonia, asentada en Sanlúcar de Barrameda.

Portugal había dirigido durante décadas buena parte de las relaciones con el Magreb atlántico. Sin embargo, la guerra civil marroquí iniciada en 1574, la intervención otomana y la batalla de Alcazarquivir de 1578 cambiaron el equilibrio. La Monarquía Hispánica necesitaba conocer lo que sucedía al otro lado del Estrecho y evitar que la influencia de Argel y del Imperio otomano llegara hasta Marruecos.

Entre 1581 y 1584, el duque de Medina Sidonia comenzó a centralizar en su palacio de Sanlúcar las cartas y noticias  de Cádiz, Gibraltar y Ceuta, y Tánger. El duque examinaba la información y la remitía al ministro Gabriel de Zayas, desde donde podía llegar a otros consejeros y finalmente al rey.

Los informes de Juan de Marchena procedentes de Marrakech se sitúan dentro de ese sistema. Mientras Zayas organizaba la información en la corte y Medina Sidonia la filtraba desde Sanlúcar, Marchena aportaba aquello que ninguno de ellos podía conseguir directamente: noticias obtenidas dentro del entorno del sultán.

Una familia, no solamente un individuo

Miguel Soto Garrido ha realizado una investigación titulada «La familia sefardí de los Marchena: comerciantes y agentes diplomáticos entre Italia y el Magreb (1580-1605)».

El título resulta revelador. El fenómeno no se limitaba a Juan de Marchena, sino que alcanzaba a un grupo familiar con conexiones entre Italia y el norte de África. Los Marchena habrían combinado el comercio con la obtención de información y la representación política durante un periodo de al menos veinticinco años.

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Abraham de Marchena y la etapa de Ámsterdam

La figura central de la genealogía divulgada es Abraham de Marchena, al que numerosos descendientes sitúan como antepasado común en Ámsterdam. Desde allí, la familia se incorporó a las rutas comerciales y familiares que conectaban Holanda con las colonias del Caribe a través de Abraham de Marchena enterrado en Ámsterdam con fecha de 1657.

Estas familias sefardíes podían tener parientes, socios y corresponsales en distintos puertos. Su red familiar era también una red de comunicación. Las mercancías viajaban acompañadas de cartas; las operaciones de rescate permitían tratar con gobernantes; y los viajes comerciales servían para conocer alianzas, guerras, epidemias y movimientos de barcos.

Judíos en el corazón de la administración marroquí

La presencia de intermediarios judíos no era una excepción en el Marruecos saadí. El estudio de Soto Garrido y De Bunes explica que algunas familias hebreas ocuparon posiciones relevantes como consejeros, secretarios e intérpretes de los sultanes.

El conocimiento de idiomas y la pertenencia a redes comerciales internacionales convertían a estos hombres en figuras especialmente útiles. Podían traducir cartas, acompañar embajadas, negociar con potencias cristianas y facilitar intercambios entre sociedades que mantenían profundas diferencias religiosas.

Aquellos comerciantes conocían los códigos de varias sociedades. Podían conversar con un funcionario musulmán en Marrakech, negociar con un noble cristiano en Sanlúcar y recurrir a familiares o socios establecidos en ciudades italianas. La diáspora, que había sido consecuencia de la persecución y la expulsión, se convertía también en una red internacional de contactos.

En agosto de 2018, Kenneth de Marchena, nacido en Curazao y residente en Holanda, viajó a Marchena para conocer la localidad que él y su familia relacionaban con el origen del apellido. Marchena Secreta presentó aquella visita como el primer regreso público de un descendiente sefardí De Marchena interesado en investigar y divulgar sus raíces.

Kenneth llevaba años reconstruyendo el árbol genealógico familiar junto a otros parientes repartidos entre Europa y América. También trabajaba en un libro sobre el origen y la expansión del apellido. Su visita permitió trasladar una investigación desarrollada principalmente por internet y mediante archivos familiares al espacio físico de la localidad sevillana.

Fuentes consultadas

La fuente principal es el artículo de Miguel Soto Garrido y Miguel Ángel de Bunes Ibarra, «Propaganda religiosa, celo devocional y diplomacia cristiana: las misiones de la provincia de San Diego de Andalucía a la luz de la Misión Historial de Marruecos», publicado en Archivo Ibero-Americano, volumen 83, número 297, 2023, páginas 567-609. El artículo cita directamente la carta de Juan de Marchena conservada en el Archivo General de Simancas.

El contexto político procede del trabajo de Miguel Soto Garrido «Gabriel de Zayas, “secretario de Berbería”: la formación de una nueva negociación territorial en la Monarquía de Felipe II», donde se analiza la red que conectaba a la corte, los consejeros portugueses y la Casa de Medina Sidonia.

La existencia de una investigación específica sobre la familia se confirma en el programa oficial del congreso internacional celebrado en el Collège d’Espagne de París en 2023, donde aparece la ponencia «La familia sefardí de los Marchena: comerciantes y agentes diplomáticos entre Italia y el Magreb (1580-1605)».