En la primavera de 1935, un automóvil avanzaba lentamente por los caminos polvorientos de Andalucía. Dentro viajaba un hombre de boina oscura, rostro afilado y mirada escéptica que observaba el paisaje como quien trata de descifrar una herida antigua.
No venía buscando monumentos ni estampas pintorescas. Venía buscando rastros de guerra, memorias familiares y ecos de una España que seguía latiendo bajo la tierra seca de los cortijos. Aquel hombre era Pío Baroja y uno de sus destinos fundamentales fue Marchena.
La visita no fue casual. Baroja recorría España siguiendo la ruta del general carlista Miguel Gómez Damas, protagonista de una de las expediciones militares más sorprendentes del siglo XIX español. El escritor preparaba materiales para sus crónicas históricas y para su inmenso ciclo narrativo Memorias de un hombre de acción. Pero también estaba realizando algo más profundo: una investigación sobre el alma española.
Aquel viaje quedó reflejado en reportajes publicados en la revista Estampa en abril de 1935, donde el propio Baroja dejó escrita una frase reveladora: “Al ver reunidas las fotografías de la excursión que hemos hecho siguiendo el itinerario del general carlista Gómez, en 1836, no parece que se trata de la excursión de Gómez, sino de la mía”.
Marchena, enclave carlista en el sur
Para muchos lectores actuales puede resultar sorprendente relacionar Andalucía con el carlismo, un movimiento históricamente asociado al norte peninsular. Sin embargo, Baroja descubrió en Marchena uno de los focos carlistas más importantes del sur de España.
La estancia de Baroja en Marchena estuvo motivada por la necesidad de acceder a la documentación privada y a los testimonios directos de esta familia de origen cántabro, instalada en la villa desde el siglo XVIII. Los Díez de la Cortina no solo habían liderado militarmente el carlismo en Andalucía durante las tres guerras del siglo XIX, sino que conservaban archivos, memorias y cartas de un valor incalculable para un novelista interesado en la veracidad de los hechos.
| Miembro de la Familia Cortina | Papel en el Carlismo | Relación con la Historia/Baroja |
|---|---|---|
| José Díez de la Cortina y Cerrato | Coronel de Caballería; Conde de Cortina de la Mancha. | Fallecido en 1874; modelo de sacrificio carlista en el sur. |
| José Díez de la Cortina (Hijo) | General de División; Líder regional del carlismo andaluz. | Reorganizador del movimiento en el siglo XX; fuente para Baroja en 1935. |
| Juan Díez de la Cortina y Olaeta | Teniente de Caballería. | Combatiente juvenil en la Tercera Guerra Carlista |
Don José Díez de la Cortina y Cerrato, por ejemplo, había sido una figura central en la Tercera Guerra Carlista, llegando a ofrecer mil caballos al ejército de Don Carlos y muriendo heroicamente en combate en 1874. Sus hijos, Juan, José y Rafael, también participaron en la contienda siendo adolescentes, creando una épica familiar que Baroja consideraba el material perfecto para sus crónicas. En 1935, el general José Díez de la Cortina era el líder regional del carlismo andaluz y un guardián de esta memoria, lo que permitió a Baroja reconstruir los episodios del carlismo local con una precisión documental inalcanzable para otros autores.
La creación literaria: «La meticulosidad de Don Sebastián»
Durante su estancia en Marchena, Baroja no solo recopiló datos, sino que se sumergió en la atmósfera social de la villa. Fruto de esta inmersión fue la redacción del trabajo literario La meticulosidad de Don Sebastián. Esta obra, gestada entre las conversaciones en los patios marcheneros y las visitas a la casa palacio de la Plaza de San Juan, captura la esencia de la burguesía y la hidalguía andaluza con la mirada analítica del autor vasco.
Baroja encontró en Marchena un escenario donde la religiosidad profunda, la jerarquía social y la memoria de las guerras civiles se entrelazaban de manera compleja. El escritor utilizó su estancia para profundizar en los «episodios del carlismo andaluz», vinculando su narrativa no solo a las hazañas militares de Gómez, sino también a la vida cotidiana de las familias que sostuvieron la causa tradicionalista en un entorno geográfico y social tan distinto al del norte de España.
Jaén y Torredonjimeno: El origen del General Gómez
El periplo andaluz de Baroja incluyó necesariamente la provincia de Jaén, tierra natal de Miguel Gómez Damas. El escritor se desplazó a Torredonjimeno con el fin de localizar la casa donde nació el militar y rastrear los vínculos familiares que pudieran explicar su posterior carrera en el ejército carlista. En su artículo «Gómez y su expedición», publicado en el diario Ahora poco después del viaje, Baroja reivindicó la figura de este militar como un ejemplo de eficiencia técnica y audacia vital.
Baroja se mostró especialmente interesado en cómo un militar andaluz, en un entorno mayoritariamente liberal o indiferente, pudo ascender hasta convertirse en uno de los generales de confianza de Don Carlos y ser capaz de liderar a tropas vascas y navarras con tal éxito. El escritor recorrió parajes de la Sierra Morena y el valle del Guadalquivir, analizando cómo el terreno influyó en la capacidad de Gómez para eludir a las columnas liberales que le superaban diez veces en número.
El viaje como laboratorio literario
Baroja no viajaba como un académico encerrado entre legajos. Su método era radicalmente moderno. Necesitaba caminar los caminos, mirar los pueblos, escuchar el habla popular y comprender la geografía física de las batallas.
Por eso recorrió también Requena, Utiel, Villarrobledo, Jaén y Torredonjimeno. Observaba las murallas derruidas, entrevistaba ancianos y analizaba cómo el paisaje condicionaba las tácticas guerrilleras del siglo XIX.
En Marchena aquel método alcanzó uno de sus momentos más fértiles. Allí comenzó a gestarse La meticulosidad de Don Sebastián, una obra donde el escritor retrata ambientes sociales y psicológicos inspirados en aquella Andalucía aristocrática y rural que tanto le fascinó.
El novelista vasco descubrió una Andalucía distinta a la del tópico romántico. No era la Andalucía exótica de pandereta y bandoleros que buscaban muchos viajeros europeos. Era una tierra compleja, atravesada por conflictos ideológicos, lealtades familiares y tradiciones políticas profundamente arraigadas.
A pesar de la interrupción traumática de la Guerra Civil, el material recopilado en Marchena y Andalucía en 1935 dejó una huella profunda en la literatura barojiana. Sus reportajes en Estampa constituyen hoy un documento histórico de primer orden sobre la España de la Segunda República y la pervivencia de los mitos carlistas.

