Marchena recuperará el próximo 10 de mayo una de esas celebraciones antiguas donde la primavera religiosa se convierte en catequesis popular y en encuentro entre hermandades. La Santa Vera Cruz y la Hermandad del Santísimo Cristo de San Pedro han unido este año sus devociones para conmemorar conjuntamente la Fiesta de la Santa Cruz y la Rosa, una convocatoria cargada de simbolismo histórico que enlaza con dos tradiciones muy arraigadas en la espiritualidad medieval: la exaltación de la Cruz como signo de redención y la rosa como emblema mariano de pureza, esperanza y resurrección.
La jornada se desarrollará en dos templos y con dos momentos claramente diferenciados. La primera cita tendrá lugar a las 20:30 horas con la procesión del Lignum Crucis desde la capilla de la Santa Vera Cruz, un acto de profundo carácter penitencial y contemplativo en torno a la reliquia de la Santa Cruz. Posteriormente, a las 21:00 horas, la celebración se trasladará a la iglesia de San Pedro Mártir, donde se oficiará la tradicional Santa Misa de la Rosa, vinculada a la devoción del Santísimo Cristo y a la veneración de María como flor escogida del jardín cristiano.

Ambas corporaciones han querido rescatar así dos fiestas primaverales de hondísima raíz eclesial. La Fiesta de la Cruz, difundida durante siglos por la familia franciscana en los territorios donde predicó el Evangelio, hunde sus raíces en la contemplación jubilosa del madero como victoria de Cristo sobre la muerte. La Fiesta de la Rosa, por su parte, remite a una antigua tradición medieval asociada a la Orden de Predicadores, que veía en la Virgen del Rosario la rosa perfecta nacida del rosal de la salvación.
Según explican las hermandades organizadoras, ambas devociones se funden para proclamar “el triunfo de la Cruz sobre la muerte, signo de vida nueva y de resurrección”, mientras la Virgen del Rosario aparece como “la rosa más hermosa del rosal santo”. Se trata, por tanto, de una liturgia concebida como mensaje visual: la madera de la Veracruz y la delicadeza de la rosa, virgen del Rosario unidas en un mismo discurso de vida nueva.
La celebración adquiere además este año un matiz especial al quedar enmarcada dentro del Año Jubilar Franciscano convocado con motivo del VIII Centenario del tránsito de San Francisco de Asís. Bajo esta circunstancia, las hermandades de la Vera Cruz y el cristo de San Pedro quieren subrayar también un gesto de comunión entre carismas, renovando públicamente el ideal de fraternidad inspirado en dos grandes pilares de la Iglesia medieval: San Francisco y Santo Domingo.

