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Cuando la novena de Jesus Nazareno se celebraba en la iglesia de San Agustin

La Archicofradía Sacramental de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de las Lágrimas ha compartido hoy una antigua imagen histórica que recuerda cómo, décadas atrás, la corporación celebraba una solemne novena en honor a sus titulares durante el mes de mayo, una tradición hoy desaparecida pero muy arraigada en la religiosidad popular marchenera.
La fotografía, perteneciente al archivo de Rafael López Fernández, muestra el altar dispuesto a comienzos de los años veinte del pasado siglo 1920 en la iglesia de Iglesia de San Agustín para la celebración de aquellos cultos extraordinarios. Según explica la propia hermandad, la creciente devoción que despertaban los titulares hacía insuficiente el templo de San Miguel para acoger a la multitud de hermanos y fieles que acudían a los cultos.
Por este motivo, las imágenes eran trasladadas ocasionalmente a templos de mayores dimensiones, como las iglesias de San Agustín o San Juan, convirtiéndose aquellos traslados en auténticas manifestaciones públicas de fe que recorrían las calles de la villa entre el acompañamiento masivo de devotos.
La instantánea permite además contemplar una estampa poco habitual de la vida cofrade marchenera de comienzos del siglo XX, reflejando la importancia social y religiosa que estas celebraciones alcanzaban en la localidad mucho antes de la consolidación de la Semana Santa moderna tal y como hoy se conoce.
En medio del caótico siglo XIX San Agustín se convierte en la parroquia del barrio de San Miguel quedando el templo del Arcángel  -copatrón- en manos de la hermandad de Jesús Nazareno. De este periodo quedan testimonios gráficos de que los cultos de Mayo de la Hermandad del Nazareno se realizaban en San Agustin, por ser la parroquia del barrio, para lo cual se trasladaba la imagen de San Miguel a San Agustin.
El quinario de Jesús Nazareno, que antiguamente era novena ha sido tradicionalmente el culto más importante de la Hermandad tras el Viernes Santo. A finales del XIX y principios del XX el Quinario se hacía en el templo de San Agustín y hasta allí se trasladaba la imagen de Jesús en procesión o en andas congregando a una multitud de personas.  Venían de toda España los mejores oradores.
Luis Villa Molina corresponsal de El Católico de 1841, y fraile trinitario marchenero predicó ese año en la novena de Jesús Nazareno donde el mismo afirma que comulgaron más de mil personas en la citada ocasión.
El mismo relata que había sido amonestado por la autoridad civil por «excederse en las predicaciones». Cuenta en El Católico de 10 de 7 de 1841 que «oficialmente he sido  tachado, reprendido y amenazado por haberme excedido en la predicación. Unas amenazas que venían de los «jefes políticos becerrinos» es decir del gobierno de la nación que en ese momento andaba revuelto por un alzamiento militar promovido por la infanta Maria Cristina de Borbón y apoyado por el regente Espartero, Narváez y Prim.

EN 1932 EL ALCALDE PROHIBIÓ EL TRASLADO DE JESUS NAZARENO

Tras la novena de mayo de 1932 el Alcalde Luis Arispón prohibió la salida procesional de la imagen de Jesús Nazareno desde San Agustín a San Miguel, como era tradicional.
Tras la novena de mayo de 1932 el Alcalde Luis Arispón prohibió la salida procesional de la imagen de Jesús Nazareno desde San Agustín a San Miguel, como era tradicional. La imagen fue trasladada de noche y envuelta en telas.

Ese año no hubo tampoco procesiones de Semana Santa, que habían quedado prohibidas por la autoridad por lo que la única ocasión que tuvieron los marcheneros de ver al nazareno en la calle quedó truncada por orden del Alcalde, Luis Arispón.
Según publica ABC  el 20 de mayo de 1932 a través de una crónica de su corresponsal en Marchena terminada la novela se hizo el traslado de la imagen de Jesús Nazareno desde el templo de San Agustín a su capilla en San Miguel «que siempre se hizo procesionalmente al que asistió el pueblo en masa».
El catastrófico S XIX. supuso el inicio de la destrucción del patrimonio histórico. La guerra de los franceses, tres guerras carlistas, otros tantos pronunciamientos liberales, seis desamortizaciones o subastas de bienes nobiliarios y eclesiásticos y para rematar la Guerra de Cuba, y sus efectos hicieron mella en los monumentos y la población de Marchena.
Durante el trienio liberal, tanto los conventos como los privilegios nobiliarios quedaron abolidos, se persiguió a los religiosos, y los templos fueron destinados a usos civiles y la villa marchenera fue gobernada por un grupo de vecinos de Marchena. Pero todo cambió y en 1823 vuelve el gobierno monárquico y con él antiguo régimen y en septiembre se decreta la devolución de los bienes eclesiásticos.
SAN AGUSTIN, PARROQUIA
San Agustín se convirtió en Parroquia en 1840 con el nombre de San Miguel El Nuevo, para diferenciarlo de San Miguel El Viejo. Se aprobó la cesión gratuita del edificio al Ayuntamiento para abrir una escuela y una parroquia.  Se decretó que las hermandades radicadas en San Miguel pasaran a San Agustín pero no lo hicieron, se quedaron y mantuvieron el templo evitando que se deteriorara.

Eso sí hasta principios del siglo XX los cultos principales de hermandades como la de Jesús se hicieron en San Agustín como atestiguan las fotos antiguas. Dicha hermandad protestó cuando se llevaron a San Agustín las campanas de San Miguel dejando solo una que estaba rota y pagó la fabricación de una nueva.
En 1841 se realizan obras en San Agustín a cargo de Diputación y Ayto., nueva sacristía, cuartos y celdas para el párroco y sacristán, cuartos altos para las hermandades y celdas para los frailes.
LLEGADA DE LOS FRAILES MERCEDARIOS EN 1914
Los frailes Mercedarios Descalzos llegaron a Marchena en 1914 procedentes del convento del Sagrado Corazón de Mercedarios Descalzos de Toro, Zamora a petición de las monjas mercedarias marcheneras.
Contaban con el apoyo del obispo de Madrid Alcalá el marchenero José María Salvador Barrera. El comendador del monasterio de Toro Pablo Garrote se desplazó a Marchena en 1914 para estudiar la petición, solicitando al obispo sevillano establecerse en San Agustín de Marchena en octubre de 1914 para ayudar a la parroquia de San Juan a gestionar la de San Miguel.
El 25 de marzo de 1915 los mercedarios reciben la iglesia y convento de San Agustin de Marchena, hace 102 años.
ORIGEN DEL TEMPLO
En el XVI se funda una ermita de agustinos en la actual capilla de La Milagrosa cuyo altar presidía la Virgen de Gracia de Alejo Fernandez en recuerdo de convento Agustino de Sevilla donde tenían su panteón familiar los Ponce de León desde el siglo XIII. En 1616 los agustinos se trasladan al nuevo convento que será desde entonces la iglesia y convento más grande de Marchena, pero cuyo costoso mantenimiento ha dificultado instalar proyectos durareros en dicho edificio.
Los agustinos tuvieron un comportamiento heróico en Marchena en la peste de 1649 y desde entonces hasta el XIX estará la iglesia en obras, instalando en ella la tumba del fundador Manuel Ponce de León que la dotó de más fondos, luego detraídos por su esposa. En 1696 la tumba de Don Manuel fue trasladada a Marchena desde la capilla de la Virgen de los Remedios del templo de San Ginés en Madrid.
FUENTE:  Manuel Antonio Ramos Suárez. Patrimonio cultural y desamortización.