En Marchena, bailar no es únicamente aprender una coreografía ni prepararse para una actuación. También puede ser una forma de volver a habitar el cuerpo, compartir el movimiento con otras personas y recuperar una memoria colectiva que parecía dormida. La danzaterapia y las sevillanas marcheneras se encuentran precisamente en ese territorio: el del cuerpo entendido como espacio de bienestar, expresión y cultura.
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La conversación que sirve de punto de partida para este reportaje insiste en una idea sencilla: cada persona puede moverse desde sus propias posibilidades. No se trata de competir, de ejecutar un paso perfecto ni de responder a una exigencia escénica. La música marca un camino, pero el movimiento se adapta a la edad, la movilidad, el estado físico y la experiencia de quienes participan.
En una sesión de danzaterapia importan tanto los brazos que vuelven a levantarse como la mirada que se encuentra con otra mirada. El ritmo ayuda a romper el aislamiento, favorece la atención y crea un espacio donde el cuerpo deja de ser visto únicamente desde el dolor o la limitación. La danza se convierte así en una actividad compartida que puede reforzar la confianza, la autonomía y el vínculo social.
La experiencia de Marchena
Marchena cuenta desde hace años con experiencias vinculadas a la danza adaptada, el flamenco y la inclusión. El bailaor y pedagogo Miguel Ángel Talaverón, formado en el entorno de la Asociación Cultural Andaluza El Roete, ha desarrollado talleres de danzaterapia y movimiento destinados a públicos muy diversos.
En trabajos anteriores recogidos por Marchena Secreta, Talaverón explicaba que estas propuestas buscaban movilizar el cuerpo, mejorar la higiene postural, estirar y tonificar, pero también distraer, acompañar y hacer más amable la vida cotidiana. Su experiencia llegó a relacionarse con investigaciones sobre los posibles beneficios físicos y emocionales de la danza en personas con fibromialgia, con la participación de colectivos como Fibrocampiña de Marchena y Afibroma de Málaga.
La trayectoria de Miguel Ángel Talaverón puede consultarse en este reportaje de Marchena Secreta.
Lo que dice la investigación
La ciencia ha comenzado a estudiar con mayor atención este tipo de intervenciones. Una revisión sistemática y metaanálisis sobre programas de danza en personas con fibromialgia encontró mejoras en dolor, calidad de vida, ansiedad, depresión y función física. Los propios autores, sin embargo, pidieron prudencia debido al reducido número de estudios y a la diversidad de métodos utilizados.
Otra revisión sobre danza y dolor crónico observó resultados favorables en buena parte de los trabajos analizados, especialmente en la experiencia del dolor, la aceptación y las estrategias para afrontarlo. La conclusión más razonable es que la danza puede ser un complemento útil dentro de un tratamiento individualizado, pero no sustituye la atención médica, la fisioterapia ni las indicaciones de los profesionales sanitarios.
Consulta aquí la revisión científica sobre danza y fibromialgia.
Las sevillanas marcheneras: siete partes y memoria del olivar
Ese uso del movimiento adquiere en Marchena una dimensión propia cuando se encuentra con las sevillanas marcheneras, también llamadas sevillanas del olivar. No son las cuatro sevillanas habituales, sino una serie tradicional de siete partes, bailada con palillos y caracterizada por su dificultad técnica, su energía saltada y sus referencias al trabajo agrícola.
Sus movimientos agachados y determinados gestos de brazos evocan la recogida de la aceituna. La indumentaria tradicional se inspira en la ropa de labor: pañuelos en la cabeza, tejidos de algodón, faldas amplias, pololos y zapatillas de esparto. Frente al refinamiento urbano de las sevillanas boleras, las marcheneras conservan la huella de las cuadrillas, las faenas del campo y la celebración al concluir el verdeo.
Leer la historia completa de las sevillanas marcheneras.
La grabación conservada por Canal Sur del programa Tal como somos, emitido en 1991, muestra cinco de estas sevillanas bailadas por el grupo de Ángeles Acedo junto al Coro Rociero de Marchena. En aquellas imágenes, los movimientos simbolizan la recogida del fruto y permiten comprobar cómo el baile funciona a la vez como espectáculo y documento etnográfico.
Ver las sevillanas marcheneras en el Archivo de Canal Sur.
Un patrimonio que también puede cuidar
La unión entre danzaterapia y sevillanas marcheneras abre una posibilidad sugerente. Sus pasos no tendrían que reproducirse siempre con la exigencia de una representación completa. Parte de sus gestos, su compás y su sentido colectivo pueden adaptarse para trabajar la coordinación, la movilidad, la memoria y la comunicación dentro de grupos de mayores o de personas con diferentes capacidades.
La familiaridad de la música aporta además algo difícil de medir: identidad. Una melodía reconocida puede despertar recuerdos, conversaciones y emociones. El cuerpo no solo ejecuta; también recuerda. Quien levanta los brazos siguiendo un compás antiguo conecta con quienes bailaron antes en patios, plazas, casetas y finales de campaña.
En ese punto, cuidar la salud y conservar el patrimonio dejan de ser caminos separados. La sevillana marchenera no permanece viva únicamente cuando se representa sobre un escenario. También vive cuando una persona vuelve a moverse gracias a ella, cuando un grupo rompe el silencio con palmas o cuando alguien descubre que su cuerpo, incluso con dolor o limitaciones, todavía puede dialogar con la música.
Fotografía de archivo: sevillanas marcheneras, fondo de Marchena Secreta.