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El traje del rey que la Casa de Arcos reclamó durante tres siglos: el Archivo Histórico Nacional completa una historia de Marchena

Una nueva investigación documental recupera el expediente con el que María Josefa Alonso Pimentel consiguió que Carlos III mantuviera el singular privilegio concedido a Rodrigo Ponce de León, señor de Marchena, después de una victoria militar en tierras de Utrera

La historia comenzó en los campos de Utrera, pasó por el desaparecido Palacio Ducal de Marchena y terminó, casi tres siglos después, en los despachos de Carlos III. En medio quedaron las prendas usadas por el rey, convertidas en símbolos de poder, memoria familiar y cercanía con la Corona.

En septiembre de 2023, Marchena Secreta publicó la sorprendente historia del privilegio por el que los Reyes Católicos entregaban a Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz y señor de Marchena, las principales ropas que hubieran vestido durante la festividad de la Natividad de la Virgen, celebrada cada 8 de septiembre. La merced premiaba una acción militar desarrollada en 1482 contra fuerzas granadinas que habían penetrado en las tierras de Utrera.

Ahora, el Archivo Histórico Nacional recupera la continuación de aquel episodio. Su pieza del mes de julio y agosto de 2026, titulada “Un traje para la condesa”, muestra que el privilegio seguía considerándose vigente a finales del siglo XVIII. La documentación, conservada con la signatura ESTADO, 2766, expediente 2, reconstruye la lucha emprendida por María Josefa Alonso Pimentel y Borja para que Carlos III reconociera un derecho nacido casi trescientos años antes.

De los campos de Utrera al Palacio Ducal de Marchena

Rodrigo Ponce de León fue una de las grandes figuras militares de la Andalucía del siglo XV. Señor de Marchena, conde de Arcos y marqués de Cádiz, participó en algunas de las principales campañas de la Guerra de Granada y convirtió sus dominios marcheneros en una base política, económica y militar desde la que organizar hombres, recursos y expediciones.

Según la documentación reunida siglos después por sus descendientes, el privilegio tuvo su origen en la victoria obtenida sobre las tropas granadinas que habían atacado los campos de Utrera en septiembre de 1482. El 20 de diciembre de 1483 se concedió la merced y en 1484 los Reyes Católicos expidieron una confirmación en la que quedó incorporado el documento primitivo.

La recompensa era tan extraña como reveladora de la mentalidad medieval: Rodrigo y sus sucesores recibirían cada año la principal vestidura utilizada por el monarca durante el día de Santa María de septiembre. No se trataba únicamente de un regalo valioso. La ropa había estado en contacto con el cuerpo del soberano y participaba, simbólicamente, de su autoridad. Poseerla diferenciaba a los Ponce de León incluso dentro de la propia nobleza.

Desde entonces, aquella vestidura real quedó incorporada a la memoria y las preeminencias de la Casa de Arcos, cuyo centro señorial estuvo durante siglos en Marchena.

Una mujer frente a las dudas de Carlos III

El privilegio reapareció en Madrid el 7 de septiembre de 1781. María Josefa Alonso Pimentel, condesa-duquesa de Benavente y heredera de la Casa de Arcos, solicitó al duque de Losada, sumiller de corps de Carlos III, que le entregase la ropa principal que el rey vistiera durante la celebración del día siguiente.

María Josefa no era una aristócrata secundaria. Fue una de las mujeres más influyentes de la Ilustración española, protectora de artistas como Francisco de Goya e impulsora de proyectos culturales, educativos y benéficos. 

Carlos III, sin embargo, planteó dos objeciones. La primera era que la condesa había heredado el título por una línea colateral o transversal. La segunda, más directa, era su condición de mujer. El rey dudaba de que una merced concedida siglos antes a un noble guerrero pudiera pasar a una heredera que no descendía directamente del último poseedor y que, además, no podía desempeñar personalmente determinados oficios reservados a los hombres.

La condesa respondió con una defensa jurídica minuciosa. Sostuvo que el privilegio pertenecía a la Casa y no exclusivamente a cada uno de sus titulares. La sucesión colateral, argumentaba, no podía borrar los derechos históricos asociados al linaje.

También rechazó que su sexo fuese un impedimento. El documento original hablaba del “sucesor”, sin excluir expresamente a las mujeres, y tampoco obligaba a quien recibiera la vestidura a utilizarla personalmente. Para reforzar su posición, recordó que otras dignidades heredadas por ella habían sido ejercidas en su nombre por su marido, Pedro de Alcántara Téllez-Girón, duque de Osuna.

Cuatro confirmaciones reales para sostener una petición

María Josefa Alonso Pimentel no se limitó a invocar la tradición familiar. Presentó un auténtico archivo de pruebas.

Entre los documentos figuraban la confirmación otorgada por los Reyes Católicos en 1484, otra real cédula expedida por Fernando el Católico en 1493, una nueva confirmación de Carlos I y Juana I fechada en 1531 y otra concedida por Felipe II en 1562. La sucesión de documentos demostraba que la merced había sido reconocida por distintas generaciones de monarcas.

La condesa también tuvo que explicar por qué su tío y antecesor, Antonio Ponce de León, no había reclamado las ropas durante los años anteriores. Según expuso, el duque había estado tan ocupado en asuntos del servicio real que probablemente desconocía muchas de las antiguas preeminencias de su Casa. La falta de ejercicio, defendía, no debía interpretarse como una renuncia.

El informe elevado al rey reconoció la solidez de sus argumentos, pero añadió una razón política todavía más significativa. Incluso si quedaba alguna duda jurídica, convenía conservar estas mercedes para mantener entre los grandes vasallos el respeto hacia la persona del soberano y los objetos relacionados con él. Todo ello contribuía a preservar, en palabras del propio expediente, “la autoridad que es la basa del trono”.

Carlos III confirmó el privilegio

La reclamación terminó prosperando. El 31 de agosto de 1782 se expidió una real orden para que el duque de Losada entregara a María Josefa Alonso Pimentel y a sus descendientes las vestiduras correspondientes.

El último documento del expediente es una carta de agradecimiento dirigida por la condesa al conde de Floridablanca. Fue escrita en Mahón el 6 de octubre de 1782 y cerraba una disputa en la que una mujer ilustrada había conseguido defender, frente a las reservas del propio monarca, un privilegio nacido en plena frontera medieval granadina.

La decisión demuestra hasta qué punto las antiguas mercedes de los Reyes Católicos continuaban teniendo importancia durante el reinado de Carlos III. La Ilustración convivía todavía con derechos señoriales, ceremonias y símbolos heredados de la Edad Media.

La memoria de Marchena escondida en los archivos del Estado

El expediente recuperado por el Archivo Histórico Nacional añade una nueva dimensión a la historia publicada por Marchena Secreta. Aquel regalo real no desapareció con Rodrigo Ponce de León ni quedó reducido a una anécdota de las guerras fronterizas. Continuó transmitiéndose durante generaciones hasta llegar a una mujer del siglo XVIII que conocía perfectamente el valor de la memoria documental.

La ropa del rey era mucho más que una tela posiblemente bordada, costosa y ceremonial. Era la prueba visible de una alianza entre la Corona y una de las principales casas nobiliarias de Andalucía. Para los Ponce de León significaba que la hazaña militar de su antepasado seguía siendo reconocida siglos después. Para la monarquía servía para mantener la fidelidad de la nobleza y recordar la distancia que separaba al soberano de sus vasallos.

Marchena aparece así en el origen silencioso del expediente. Desde el desaparecido palacio que dominaba la Mota, los Ponce de León construyeron una red de poder que alcanzó Cádiz, Arcos, Utrera, la corte de los Reyes Católicos y, finalmente, el Madrid de Carlos III.

Tres siglos después de la batalla, una mujer consiguió que el rey siguiera entregando a sus descendientes la ropa que había llevado durante una jornada de septiembre. Y más de cinco siglos después, los documentos permiten recomponer el hilo que une una incursión granadina en los campos de Utrera, el señorío de Marchena y uno de los privilegios más singulares de la antigua nobleza española.

Fuentes principales: Archivo Histórico Nacional, expediente ESTADO, 2766, Exp. 2 y pieza del mes “Un traje para la condesa”; Real Academia de la Historia, biografías de María Josefa Alonso Pimentel y Rodrigo Ponce de León; y el reportaje publicado por Marchena Secreta el 8 de septiembre de 2023.