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Entre astros y símbolos judíos: La cosmología de la liturgia cristiana

El Jueves Santo cristiano se conmemora la Última Cena de Jesús con sus discípulos, que coincide con la Pascua judía o Pesaj. Durante Pesaj, se celebra el Seder, una cena ritual que conmemora el éxodo de los israelitas de Egipto. Según los Evangelios, la Última Cena fue un Seder de Pesaj. Por tanto, hay una conexión directa en las raíces de esta celebración cristiana con la tradición judía.

La cena de Pascua judía, o Seder de Pésaj, está llena de simbolismo que se manifiesta en los alimentos consumidos durante la celebración. Cada elemento del Seder tiene su propio significado dentro de la narrativa del éxodo judío de Egipto y Jesús las utilizó para resignificarlas y dotarlas de un nuevo contenido. 

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Pésaj marca el inicio de la estación de la cosecha y simboliza un tiempo de renovación y esperanza, una época en la que se recuerda la poderosa intervención divina y el comienzo de un nuevo capítulo para el pueblo de Israel.

Pan y vino son alimentos y bebidas simbólicos centrales tanto en la tradición judía de Pésaj como en la conmemoración cristiana de la Última Cena y Semana Santa, aunque con diferentes capas de interpretación y significado. En el cristianismo, estos elementos se transformaron para reflejar la creencia en la muerte y resurrección de Jesús, eventos que para los cristianos ofrecen redención y salvación.

Matzá es el pan ácimo, sin levadura, que simboliza la prisa de los israelitas al dejar Egipto, sin tiempo para que su pan fermentara. Jesús lo utilizó para instituir la Eucaristía, refiriéndose a él como su cuerpo («Esto es mi cuerpo que es entregado por vosotros…»).

 Jesús usó el vino como símbolo de su sangre («Esta copa es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros»), prometiendo una nueva redención y un nuevo pacto.  Durante el Seder se toman cuatro copas de vino, representando las promesas de redención de Dios.

La Copa de la Santificación relacionada con la promesa «Yo os sacaré». La Copa de las Plagas: en conmemoración de las plagas de Egipto, a veces asociada con la promesa «Yo os liberaré». La Copa de la Redención: asociada con la promesa «Yo os redimiré». La Copa de la Alabanza: vinculada a la promesa «Yo os tomaré como mi pueblo». Además, existe la Copa de Elías, que se llena pero no se bebe durante el Seder, simbolizando la esperanza en la venida del profeta Elías como precursor del Mesías.

La Copa de la Alabanza: Aunque no esta claro algunos sugieren que Jesús instituyó la Eucaristía en la cuarta copa, dado que los relatos evangélicos indican que después de la cena (y presumiblemente después de la tercera copa), Jesús tomó el vino y habló de él como su sangre del nuevo pacto. 

Maror son las hierbas amargas, generalmente rábano picante, que simbolizan la amargura y dureza de la esclavitud en Egipto. Jaroset es una mezcla dulce de frutas y nueces que representa el mortero utilizado por los esclavos judíos para construir en Egipto.  Karpas es una verdura (a menudo perejil), que se sumerge en agua salada para simbolizar tanto la primavera como las lágrimas de los esclavos. Zeroá es un hueso de cordero asado que recuerda el cordero que se sacrificaba durante la Pascua en el Templo de Jerusalén. Beitzah, o huevo de pascua es un huevo hervido duro que simboliza el sacrificio festivo que también se ofrecía en el Templo, y la vida y el renacimiento.

«Parasceve» se refiere originalmente al viernes, el día en que los judíos preparaban la comida y los quehaceres para el sábado, que es el Sabbat, el día de descanso y culto. En el contexto cristiano, «parasceve» por antonomasia se refiere al Viernes Santo, el día que conmemora la crucifixión y muerte de Jesucristo​​. Este término deriva del griego «paraskeuē», que significa preparación. En el judaísmo helenístico, «parasceve» se convirtió en el término utilizado para el viernes, sustituyendo al antiguo término griego «prosabbaton».

Significado del Rasgado del Velo

El velo del Templo de Jerusalén tenía un significado profundo en el contexto del judaísmo antiguo. Este velo, o cortina, separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo (Santo de los Santos) dentro del Templo. El Lugar Santísimo era considerado el espacio más sagrado del templo, donde residía la presencia de Dios, y solo el sumo sacerdote podía entrar en él, y solo una vez al año, en el Día de la Expiación (Yom Kipur), para ofrecer sacrificios por los pecados del pueblo de Israel.

La narrativa del Nuevo Testamento, particularmente en los evangelios de Mateo (27:51), Marcos (15:38) y Lucas (23:45), describe que en el momento de la muerte de Jesús en la cruz, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo lo que simboliza el fin de la separación entre hombre y Dios y una nueva era o pacto, invitación a una relación personal y directa con Dios, libre de intermediarios humanos o barreras rituales.

SIMBOLOGIA DE LA LUZ Y LOS ASTROS

La Semana Santa se determina por el ciclo lunar. El Primer Concilio de Nicea en el año 325 estableció que la Pascua igual que en el mundo judío, se celebraría el primer domingo después de la luna llena del mes de Nissan que sigue al equinoccio de primavera, un método que relaciona directamente esta celebración cristiana con un fenómeno astronómico.

Astros y narrativas religiosas reflejan el intento de las culturas ancestrales de comprender y dar sentido al mundo que les rodeaba. Al vincular fenómenos astronómicos con sus deidades y mitos, creaban un cosmos ordenado y significativo, donde los movimientos celestiales no solo marcaban el paso del tiempo, sino que también estaban imbuidos de significado espiritual y religioso. Todo esto se refleja en nuestra cosmología solar. 

El Papa León Magno, en el siglo V, expresó su preocupación por actos que consideraba vestigios de paganismo entre los cristianos. De acuerdo con sus escritos, señaló que algunos fieles, antes de entrar en la venerable basílica de San Pedro, se postraban hacia el sol naciente (fiesta romana del sol Invicto) en un gesto que, aunque podía interpretarse como un homenaje al creador de la luz, guardaba una fuerte semejanza con rituales paganos. 

El sol deja de moverse hacia el sur durante tres días el 21 de Diciembre, solsticio de invierno, cerca de la constelación Cruz. Después el sol inicia un viaje hacia el norte anunciando días más largos más tibios y la primavera. Se dijo entonces que el sol murió en la Cruz, estuvo muerto por tres días solo para resucitar o nacer nuevamente trayendo la luz.
Sin embargo no celebramos la resurrección del sol hasta el Equinoccio de Primavera o Pascua, que es cuando resulta visible que el sol vence a la oscuridad, y la vida y la naturaleza se renuevan y los días son más largos que las noches.
El Cirio Pascual: En la Vigilia Pascual del Sábado Santo, se bendice el fuego nuevo y se enciende el Cirio Pascual, que simboliza a Cristo resucitado, la Luz del Mundo. Este cirio se utiliza en las celebraciones litúrgicas a lo largo del año hasta el siguiente Sábado Santo, recordando que Jesús vence a la oscuridad del pecado y de la muerte con su luz.
Durante la Vigilia Pascual, la luz del Cirio Pascual se utiliza para encender pequeñas velas que los fieles sostienen, llenando gradualmente la iglesia de luz. Este acto simboliza la difusión de la luz de Cristo resucitado en la oscuridad del mundo.

La elección de la primavera para la Semana Santa, no es solo una cuestión de continuidad con la Pascua judía, sino que también refleja un ritmo más amplio y profundo de muerte y renacimiento que se encuentra en la naturaleza y en la comprensión cristiana de la salvación. La estacionalidad de la Semana Santa lleva consigo un mensaje de esperanza eterna y renovación perpetua, anclado en los ciclos de la tierra.

Epoca de renacimiento donde la vida vuelve a la tierra después de la muerte aparente del invierno, un paralelo poderoso a la resurrección de Cristo, que es vista como el triunfo sobre la muerte y la promesa de vida nueva.

La cosmología en la liturgia cristiana

Los templos, orientados hacia el este se enraízan en la simbología del sol naciente, representando la llegada de la luz, la resurrección y, en última instancia, Cristo mismo, conocido como «Sol de Justicia» en las Escrituras.

En la festividad del Corpus Christi, celebrada en junio cuando el sol alcanza su punto más alto en el cielo, se ve un reflejo del esplendor de Cristo. La procesión eucarística bajo el sol de mediodía simboliza la presencia real y luminosa de Cristo en el mundo, irradiando su gracia y bendición.

El sol y la luna, presentes en la simbología de la crucifixión, no son meros espectadores; representan la universalidad de la redención y la totalidad del tiempo, abarcando día y noche, luz y oscuridad, lenguaje visual y teológico.