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¡Érase una vez en Marchena!: La historia para niños

 

Érase una vez en Marchena…

¿Sabías que tu calle y tu barrio tienen más de mil años de historia? ¡Sí, mil años! Por aquí han pasado romanos, reyes, soldados, artesanos y hasta nobles con armaduras brillantes. Imagina que las piedras del suelo o las paredes viejas pudieran hablar… ¿qué te contarían? Quizás secretos de castillos, de batallas valientes o de fiestas antiguas con música y tambores. Cada rincón de Marchena guarda una historia, y tú puedes descubrirla como un auténtico explorador del pasado. ¿Te atreves a escuchar lo que te cuentan las piedras?

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La Plaza Ducal

Hace muchos años, en la Plaza Ducal de Marchena, ¡se hacían corridas de toros!. La plaza se llenaba de arena, y los balcones se decoraban con mantones bordados con flores. . Los toros entraban a la plaza desde el campo por un portal que esta en el entro de la laza que hoy esa cochera frente a la calle que entra desde la cárcel. Los vecinos se asomaban para ver a los toreros y a los caballos. Hoy ya no se hacen corridas allí, porque cuidamos más a los animales. . Pero esta historia nos cuenta cómo se divertían antes en Marchena. Ahora usamos la plaza para conciertos y juegos. . La escena está basada en una foto de 1898. Comparte con tus peques.

El Castillo de Marchena

Hace muchos, muchos años, en el siglo XV, en el corazón de Marchena se alzaba un gran castillo con altas torres y fuertes murallas. Este castillo era la casa de los señores de Marchena, la familia Ponce de León. Los soldados marcheneros salían desde la gran puerta del castillo vestidos con armaduras, escudos y lanzas. Iban a luchar en grandes batallas, algunas muy lejos de casa. Participaron en la conquista del reino de Granada, ayudando a los Reyes Católicos, y también viajaron hasta Cádiz y Málaga. 

Calle Molinos o calle Monichi

Hace muchos años, en el siglo XVIII, la calle que hoy conocemos como Monichi se llamaba Molinos de Moniche. ¡Qué nombre tan curioso! ¿Sabes por qué? Porque en esa calle había un molino donde se fabricaba aceite con las aceitunas que se recogían del campo. ¡Un lugar lleno de olor a oliva!

Con el tiempo, su nombre oficial pasó a ser calle Molinos, pero todo el mundo en el pueblo la sigue llamando “la calle Monichi”, como siempre se ha dicho de forma cariñosa.

Esta calle era muy importante porque desde allí salían los carros y viajeros hacia Écija, siguiendo un camino que ya no existe, y que se llamaba precisamente el camino de Écija. Cerca de allí también estaba la puerta de Écija, una gran entrada en la muralla de Marchena que hoy ha desaparecido.

Los Jardines de Palacio

En Marchena, existía una puerta llamada el Portillo. Por ella se salía a los jardines y huertas del Palacio Ducal.
Había dos zonas: una alta y una baja. En la parte alta estaba el Mirador de la Duquesa, una pista de juegos, un grupo de músicos tocando en directo y unas cuadras con caballos. En la parte baja crecían las huertas, que se regaban con el agua de un aljibe y una noria. Los mulos subían el agua por una rampa llamada barbacana, cargando grandes odres.

La Marchena romana

Cuando Marchena era parte del Imperio Romano, vivía aquí un mandamás llamado Marco Cornelio Fausto. Era como el alcalde del pueblo y también un sacerdote muy importante, llamado augur. Los augures hablaban con los dioses mirando el cielo, los pájaros o el humo del fuego, y ayudaban a tomar decisiones para que todo fuera bien. Los romanos celebraban el Año Nuevo en honor al dios Jano, el de las dos caras: una que mira al pasado y otra al futuro. Todo esto lo sabemos porque apareció grabado en una piedra que luego se usó para construir el convento de Santa Eulalia que está a varios kilómetros al sur de Marchena.  En Marchena, puede que todavía queden bajo tierra plazas, templos y edificios romanos. Por eso, cuando pasees por sus calles, imagina que caminas sobre una ciudad antigua donde vivió un romano muy sabio que hablaba con los dioses.

Diego López de Arenas: El carpintero sabio de Marchena

Un joven aprendiz de carpintero llamado Diego López de Arenas fue uno de los constructores más importantes de su tiempo.
Cuando creció, se fue a Sevilla donde se convirtió en maestro mayor de alarifes, es decir, en el arquitecto que supervisaba las obras públicas. Su misión era decidir cómo debían construirse casas, iglesias y palacios.
En 1633 escribió un libro muy famoso: sobre Carpintería de lo blanco que enseñaba cómo hacer estructuras de madera, sobre todo techos artesonados, con formas geométricas y mucha belleza. Muchas iglesias y palacios de Marchena y Sevilla aún conservan estos techos. Hoy su libro es una joya para carpinteros y arquitectos. Diego fue, sin duda, un sabio de la madera nacido en Marchena.

Diego Nuñez de Prado.  Fundador de San Francisco y capitan del castillo

En Marchena un señor llamado Don Diego Núñez de Prado. Era muy importante porque cuidaba del castillo y ayudaba a organizar el pueblo. Decidió regalar su casa para construir un convento donde vivieran frailes franciscanos. Ese convento se llamó San Francisco y allí nació la Hermandad de la Vera Cruz. Don Diego también escribió unas normas para que todos vivieran mejor. Ayudó a que se construyera el primer ayuntamiento en la Plaza Ducal.