ANALISIS.-
Rabat ha reforzado su posición internacional mediante el reconocimiento estadounidense de su soberanía sobre el Sáhara, su alianza militar con Israel y una profunda modernización de sus Fuerzas Armadas. España conserva una clara superioridad militar y el respaldo jurídico de la Unión Europea y la OTAN, pero sigue expuesta a las presiones migratorias, económicas y diplomáticas de un vecino tan imprescindible como impredecible.
Análisis | 31 de julio de 2026
La nueva crisis migratoria que golpea Ceuta vuelve a mostrar la gran contradicción que preside las relaciones entre España y Marruecos. Mientras ambos gobiernos aseguran que atraviesan uno de los mejores momentos de su historia reciente, 60.000 personas han entrado en territorio español en apenas unos días y el Gobierno ha tenido que movilizar recursos militares y de emergencia.
La situación vuelve a demostrar hasta qué punto la seguridad fronteriza española depende de la voluntad y capacidad de cooperación de Marruecos.
La paradoja es evidente. En diciembre de 2025, durante la XIII Reunión de Alto Nivel celebrada en Madrid, los dos gobiernos describieron la relación bilateral como la más sólida y prometedora de las últimas décadas. España volvió a respaldar la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental como base para resolver el conflicto, mientras ambos países reforzaban su cooperación migratoria, policial, comercial, energética y de inteligencia.
Una relación que ninguno de los dos países puede romper
España y Marruecos no son enemigos formales. Tampoco existe actualmente un conflicto armado entre los dos Estados. Lo que sí existe es un contencioso estratégico permanente, una combinación de cooperación indispensable y competencia regional en la que cada parte intenta proteger sus propios intereses.
Marruecos necesita a España como puerta de entrada a la Unión Europea, socio comercial, inversor y aliado diplomático. España, por su parte, necesita a Marruecos para controlar la frontera sur, combatir el terrorismo y las redes de tráfico de personas, proteger la navegación en el Estrecho y mantener estable el comercio entre Europa y África.
En 2024, el intercambio comercial bilateral alcanzó aproximadamente los 22.693 millones de euros y España continuó siendo uno de los primeros socios comerciales de Marruecos. A esta interdependencia se añaden la preparación conjunta del Mundial de Fútbol de 2030, la conexión energética, la Operación Paso del Estrecho y la cooperación policial.
Pero debajo de esta cooperación Marruecos quiere consolidarse como primera potencia política, económica y militar del Magreb, desplazar a Argelia como referente regional y convertirse en el interlocutor imprescindible de Estados Unidos y Europa en el norte de África. España intenta conservar su influencia en el Estrecho, proteger Canarias, Ceuta y Melilla y evitar que Rabat pueda utilizar la frontera, el comercio o la inmigración como instrumentos de presión.
La estrategia marroquí: ganar el Sáhara y acumular poder
Al forzar a una potencia europea como España a ceder en cuestiones soberanas, como el Sáhara Marruecos busca establecerse como el lider indiscutible del Magreb y un actor clave entre África y Europa, suplantando a su rival Argelia y, en gran medida, a la propia España en la influencia regional.
La prioridad estratégica de Marruecos no es una invasión de Ceuta o Melilla, sino obtener el reconocimiento internacional definitivo de su soberanía sobre el Sáhara Occidental. El régimen marroquí considera esta cuestión esencial para la legitimidad de la monarquía y ha subordinado buena parte de su política exterior a conseguir apoyos para su plan de autonomía.
La gran victoria de Rabat llegó en diciembre de 2020, cuando Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el territorio saharaui a cambio de la normalización de relaciones entre Marruecos e Israel. La Administración estadounidense mantiene en 2026 ese reconocimiento y considera el plan de autonomía marroquí como la vía más realista para resolver el conflicto. Francia e Israel también han respaldado la posición de Rabat, reforzando el aislamiento diplomático del Frente Polisario y debilitando la tradicional postura de neutralidad que mantuvieron varios países europeos.
La relación con Washington no convierte a Marruecos en miembro de la OTAN, pero sí le concede una posición privilegiada. Desde 2004 es considerado por Estados Unidos un aliado principal no perteneciente a la OTAN, categoría que facilita el acceso a material militar, financiación, entrenamiento y cooperación tecnológica. Marruecos acoge además el ejercicio African Lion, el mayor despliegue militar anual de Estados Unidos en África, con la participación de miles de soldados de diferentes países.
ESPIONAJE MARROQUI EN ESPAÑA
Por otro lado los servicios de espionaje e información marroquíes operan dentro de España., un hecho conocido por el CNI y por mandos del Ministerio del Interior: En 2021, durante la crisis de Ceuta, España sospechaba que la DGED monitorizaba redes sociales y colectivos marroquíes en suelo español para presionar o movilizar protestas simbólicas.
El propio Parlamento Europeo ha incluido a Marruecos en las investigaciones por uso del software Pegasus contra políticos europeos (incluido Pedro Sánchez), y aunque Rabat lo niega, la sospecha de espionaje político está bien documentada. En 2023, Marruecos fue vinculado al “Marocgate”: un caso de compra de voluntades en la Eurocámara, lo que muestra una estrategia activa de presión/influencia encubierta..
El verano pasado, la emisión del documental sobre la crisis de Perejil ha incomodado a Marruecos hasta el punto de que su Gobierno ha intentado impedir su difusión en España por vías diplomáticas e informales. Fuentes diplomáticas españolas señalan que estas presiones encajan en un patrón ya conocido de actuación encubierta por parte de la inteligencia marroquí (DGED), que en los últimos años ha intensificado sus intentos de influencia dentro de Europa, especialmente en cuestiones sensibles como el Sáhara, Ceuta y Melilla. Aunque Rabat mantiene formalmente buenas relaciones con Madrid, su aparato de inteligencia actúa como herramienta silenciosa de presión y control narrativo sobre medios, plataformas y partidos españoles.
La serie documental “Perejil, la guerra que no fue” se estrenó el jueves 10 de julio de 2025 de manera exclusiva en Movistar Plus+, coincidiendo con el 23.º aniversario de la ocupación marroquí del islote ocurrido el 11 de julio de 2002.
El sistema educativo marroquí presenta a menudo mapas que excluyen Ceuta y Melilla como parte de España, y se enseña que son “ciudades ocupadas”. La narrativa cultural hace el trabajo de fondo, y cuando llegue el momento político oportuno, esas ideas ya estarán normalizadas y serán usadas para negociar.
El diario Al Bayane afirma que, pese a la reapertura parcial de aduanas, “el equilibrio de poder sigue siendo claro: Marruecos controla el ritmo y el perímetro de los flujos comerciales, imponiendo sus condiciones a una España en reconstrucción diplomática”. Diarios oficiales en Rabat caracterizan como “escalada inquietante” las noticias sobre enfrentamientos xenófobos en Murcia y los actos de grupos nacionalistas marroquíes frente al islote Perejil, recobrando fuerza el discurso sobre Ceuta y Melilla como “territorios ocupados”.
Las ambiciones marroquies en ámbito portuaria y militar en alianza con EE. UU. muestran un país que se posiciona claramente como rival geopolítico de España a medio plazo.
Las acciones de Marruecos no son hechos aislados ni meramente reactivos. Forman parte de una estrategia coherente, paciente y asertiva, diseñada a largo plazo para alterar el statu quo regional y establecerse como la potencia hegemónica del Magreb. En este esquema, España es percibida como el principal obstáculo y, por tanto, el objetivo principal de su campaña de presión.
DOBLE LOGICA DE MARRUECOS
Marruecos opera con una lógica de doble carril. Por un lado, necesita a España como socio económico, comercial, fronterizo y diplomático, especialmente ante Europa. Por otro, alimenta una narrativa de legitimidad territorial basada en la “integridad del Gran Marruecos”, que incluye Ceuta, Melilla, las islas cercanas y, en muchos discursos informales, Andalucía como “tierra perdida”. Esto no es casual, sino una estrategia geopolítica calculada: mantener buena relación a nivel de Estado y usar la presión como palanca negociadora.
En Marruecos existe una narrativa latente pero activa, promovida desde ámbitos educativos, culturales y mediáticos de presentar a España como la gran fuente de los problemas del pueblo Marroquí, que se reactiva cíclicamente en momentos de tensión política o necesidad estratégica y forma parte de una visión nacionalista de largo plazo, utilizada por Rabat como herramienta de cohesión interna y presión exterior. España, por su parte, responde con silencio diplomático y refuerzos tácticos, sin contrarrestar activamente ese relato.
Israel, el nuevo socio tecnológico y militar
La normalización diplomática con Israel ha supuesto mucho más que la apertura de embajadas. En noviembre de 2021, ambos países firmaron un memorando de cooperación en defensa que institucionalizó el intercambio de información, los ejercicios conjuntos y la adquisición de tecnología militar.
Marruecos ha accedido así a sistemas israelíes de vigilancia, drones, municiones guiadas, ciberseguridad y defensa aérea. Israel, además, reconoció en 2023 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Aunque la guerra de Gaza ha generado una fuerte oposición social dentro de Marruecos, la cooperación militar y de inteligencia no ha desaparecido.
No se trata, sin embargo, de una alianza de defensa mutua comparable a la OTAN. Israel no está jurídicamente obligado a intervenir si Marruecos entra en guerra con otro Estado. Su apoyo más probable sería tecnológico, diplomático, logístico y de inteligencia.
El rearme marroquí: importante, pero lejos de la superioridad española
Marruecos está realizando una modernización militar sostenida. Según los últimos datos de SIPRI, fue el mayor importador de armamento de África durante el periodo 2021-2025 y sus adquisiciones crecieron un 12 % respecto al quinquenio anterior. Su gasto militar alcanzó alrededor de 5.500 millones de dólares en 2024.
Este rearme está dirigido principalmente a la rivalidad con Argelia, al control del Sáhara y a la aspiración marroquí de convertirse en potencia regional. Sin embargo, sus capacidades de ataque de precisión, vigilancia electrónica, drones y defensa aérea afectan también al equilibrio estratégico con España.
Aun así, no existe actualmente paridad militar. España gastó aproximadamente 40.200 millones de dólares en defensa durante 2025, dispone de una fuerza aérea y naval tecnológicamente superior, una industria militar propia y acceso a los sistemas de mando, vigilancia e inteligencia de la OTAN. La diferencia continúa siendo considerable, aunque Marruecos ha reducido algunas de sus carencias tecnológicas.
La estrategia española: estabilidad antes que confrontación
Desde la crisis diplomática de 2021, provocada por la hospitalización en España del dirigente saharaui Brahim Ghali y seguida por la entrada masiva de personas en Ceuta, Madrid ha optado por recomponer la relación con Rabat.
El giro decisivo se produjo en 2022, cuando Pedro Sánchez consideró la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara como la base más seria, realista y creíble para una solución. A cambio, España buscó restablecer la cooperación fronteriza, reabrir las comunicaciones y reducir las crisis periódicas.
La decisión tuvo un coste considerable. Argelia suspendió durante un tiempo el Tratado de Amistad con España y congeló buena parte del comercio bilateral. En 2026, sin embargo, Madrid y Argel han iniciado una nueva etapa, han anunciado una reunión de alto nivel y han recuperado la cooperación política y energética. Argelia continúa siendo uno de los principales suministradores de gas de España.
La estrategia española no puede describirse simplemente como una sucesión de cesiones. Ha conseguido reducir durante varios años la tensión fronteriza, mantener abierto el comercio y aumentar la cooperación policial. Su principal debilidad es otra: España no ha logrado reducir suficientemente su dependencia de Marruecos para controlar los movimientos migratorios y garantizar la estabilidad inmediata de Ceuta y Melilla.
Rabat sabe que una interrupción de esa cooperación puede provocar una crisis política, humanitaria y mediática en España en cuestión de horas.
¿A quién defendería la OTAN?
La respuesta jurídica es más clara de lo que a veces se afirma: España es miembro de la OTAN y Marruecos no lo es. En un enfrentamiento iniciado mediante un ataque marroquí contra territorio español cubierto por el Tratado, la Alianza estaría comprometida con España, no con Marruecos.
El artículo 5 considera que un ataque armado contra un aliado es un ataque contra todos. Sin embargo, no ordena automáticamente que todos los países declaren la guerra.
El caso de Ceuta y Melilla es más complejo. El artículo 6 menciona los territorios de los aliados en Europa y Norteamérica, Turquía y las islas situadas al norte del Trópico de Cáncer, pero no cita expresamente los territorios continentales españoles del norte de África. Esto ha creado una conocida ambigüedad jurídica.
Esa ambigüedad no significa que la OTAN abandonaría necesariamente las ciudades autónomas. España podría solicitar consultas inmediatas mediante el artículo 4 y los aliados podrían decidir políticamente que el ataque afecta a la seguridad colectiva. Pero no existe una declaración previa que garantice de manera indiscutible la aplicación automática del artículo 5 a Ceuta y Melilla.
La protección jurídica más clara podría proceder de la Unión Europea. El artículo 42.7 del Tratado de la Unión obliga a los demás Estados miembros a prestar ayuda y asistencia cuando uno de ellos sufra una agresión armada en su territorio, sin establecer para Ceuta y Melilla la misma delimitación geográfica que aparece en el Tratado Atlántico.
¿Y qué haría Estados Unidos?
Estados Unidos mantiene una relación militar privilegiada con Marruecos y apoya políticamente su posición sobre el Sáhara. Pero la categoría de aliado principal no perteneciente a la OTAN no contiene una garantía de defensa mutua.
España, en cambio, es miembro de la OTAN y mantiene con Washington un convenio bilateral de cooperación en defensa que permite la utilización estadounidense de las bases de Rota y Morón. Desde el punto de vista jurídico e institucional, Estados Unidos está mucho más comprometido con España.
Si Marruecos iniciara una agresión armada inequívoca contra España, Washington tendría mayores obligaciones políticas y estratégicas hacia Madrid. Sin embargo, lo más probable es que intentara primero imponer un alto el fuego, mediar entre las partes y evitar tener que elegir militarmente entre un aliado de la OTAN y su principal socio norteafricano.
La respuesta sería muy diferente si España iniciara el enfrentamiento. El artículo 5 protege frente a una agresión; no es un cheque en blanco para respaldar cualquier operación ofensiva emprendida por un país aliado.
Por tanto, la conclusión puede resumirse así: en una agresión marroquí contra España, la OTAN se situaría jurídicamente del lado español; Estados Unidos también estaría institucionalmente más próximo a España, aunque trataría de evitar una guerra. En el conflicto diplomático sobre el Sáhara, Washington está claramente situado del lado de Marruecos.
Una guerra improbable y un conflicto de baja intensidad muy real
No existen pruebas públicas de que Marruecos esté preparando una invasión de Ceuta, Melilla o cualquier otro territorio español. Una guerra convencional supondría un desastre económico, político y militar para los dos países y pondría en peligro las relaciones de Rabat con Estados Unidos y la Unión Europea.
El escenario más probable es la continuidad de la denominada zona gris: crisis migratorias, disputas comerciales, campañas de influencia, presión diplomática, tensiones marítimas, competencia portuaria y demostraciones militares que se mantienen por debajo del umbral de la guerra.
El dossier aportado como base para este análisis interpreta estas actuaciones como una estrategia coherente de presión marroquí y sostiene que España ha cedido la iniciativa para preservar la estabilidad. Esa lectura resulta útil como hipótesis estratégica, pero varias de sus acusaciones deben presentarse como interpretaciones y no como hechos judicial o documentalmente probados.
España necesita una política de Estado
La respuesta española no debería consistir ni en alimentar el miedo a una invasión ni en negar las tensiones existentes. España necesita una política estable que no dependa únicamente de la relación personal entre gobiernos.
Esa política debería reforzar económica y socialmente Ceuta y Melilla, buscar una aclaración política del compromiso aliado con ambas ciudades, mejorar la defensa aérea y la vigilancia del Estrecho, reducir la dependencia fronteriza de Marruecos y mantener simultáneamente relaciones sólidas con Rabat y Argel.
También necesita una política de comunicación capaz de responder a la desinformación sin convertir a la sociedad marroquí en enemiga. Marruecos es competidor y socio al mismo tiempo. Precisamente por eso, la relación exige firmeza, previsión y canales diplomáticos permanentes.
La Doctrina de la «Zona Gris»: Alcanzar Objetivos de Guerra sin Guerra
Marruecos opera de forma sistemática en la denominada «zona gris», un espacio conceptual entre la paz estable y la guerra convencional. Esta doctrina consiste en el empleo de un conjunto de medidas coercitivas que se mantienen deliberadamente por debajo del umbral que constituiría un «ataque armado» según el derecho internacional. El objetivo de esta estrategia es alcanzar fines como la modificación de fronteras o la obtención de soberanía sobre territorios disputados mediante acciones sostenidas, diseñadas para generar confusión y desestabilización. Es una forma de guerra híbrida que combina la intimidación militar, la presión económica, la instrumentalización del derecho, el uso de flujos migratorios y las campañas de influencia para erosionar el poder y la voluntad de resistencia del adversario.
La estrategia de Marruecos se ejecuta a través de un manual táctico diversificado y bien definido con pilares en la Instrumentalización de la Migración: Es el arma más potente y utilizada por Rabat. La dependencia española de la cooperación marroquí en este ámbito es casi total, lo que otorga a Rabat una palanca de coacción de enorme poder.
Asfixia Económica de Ceuta y Melilla: Una estrategia deliberada y a largo plazo para debilitar las economías de las ciudades autónomas y hacer insostenible el control español. Influencia Demográfica y Religiosa: Marruecos busca activamente influir en las poblaciones de Ceuta y Melilla, de mayoría musulmana, a través de canales religiosos y culturales. Esto implica el control sobre la designación de imanes, la financiación de mezquitas y centros islámicos. y la promoción de una narrativa que fomente una identidad pro-marroquí y un alineamiento político con Rabat.
Operaciones de Inteligencia e Influencia: La Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), el servicio de inteligencia exterior marroquí, mantiene una actividad agresiva en España. Sus operaciones incluyen la vigilancia de la diáspora marroquí, la infiltración en esferas políticas y sociales, el uso de empresas como tapadera y la influencia en los medios de comunicación para promover narrativas favorables a los intereses de Rabat y ocultar informaciones perjudiciales.
Guerra Jurídica y Diplomática («Lawfare»): Marruecos instrumentaliza el derecho internacional para avanzar en sus reivindicaciones, al tiempo que lo viola para alcanzar sus objetivos. Esto se manifiesta en su promoción de interpretaciones unilaterales sobre la delimitación de las fronteras marítimas y en el uso de foros internacionales para desafiar la posición de España sobre el Sáhara.
Competencia Agrícola Estratégica: Una política deliberada para atraer empresas agrícolas españolas a Marruecos, aprovechando los acuerdos comerciales preferenciales con la UE para competir directamente con los productores españoles en sus mismos mercados y calendarios. Esta estrategia genera una presión económica directa sobre un sector sensible en España, creando divisiones políticas internas y una dependencia que puede ser explotada.
Al mismo tiempo Marruecos opera con una rivalidad comercial con Andalucia. La prensa marroquí destaca que navieras como Maersk han trasladado rutas hacia Tánger Med, que compite con Algeciras ofreciendo ventajas fiscales, menor coste y eficiencia: “compiten con otras armas”. En 2020 Marruecos ofreció a EE. UU. trasladar funciones militares desde Rota hacia Alcazarseguir, una propuesta que no fructificó, pero revela su aspiración de convertirse en un actor clave en defensa en el estrecho .
Según diversos medios existe una narrativa antiespañola en Marruecos, no abiertamente oficial, pero tolerada, promovida o incluso instrumentalizada de forma indirecta por el régimen cuando sirve a sus intereses estratégicos. Esta narrativa se manifiesta en tres planos: educativo, cultural y geopolítico, y cumple una función muy concreta en la construcción del relato nacional marroquí. Investigaciones de la Fundación Alternativas, CESEDEN y el Real Instituto Elcano han alertado desde hace años de este enfoque en los manuales escolares marroquíes.
El régimen utiliza esta narrativa como herramienta de cohesión interna y legitimación del poder del rey, especialmente cuando necesita desviar la atención de problemas económicos o de contestación social.
Los medios más cercanos al poder (como Le360.ma, Al Ahdath Al Maghribia o Al Bayane) suelen replicar una visión beligerante hacia España en temas sensibles: el Sáhara, Ceuta, Melilla, Perejil o incluso la Alhambra. Se utilizan términos como “ciudades ocupadas”, “expolio cultural” o “memoria colonial” para describir la presencia española. En declaraciones públicas, exministros marroquíes como Saadeddine Othmani (2020) han afirmado que “Ceuta y Melilla también son marroquíes”, aunque luego hayan sido matizadas, nunca rectificadas.
LA ESTRATEFIA DE ESPAÑA: CEDER SIN ESTRATEGIA
Mientras España opta por evitar la confrontación ideológica y se limita a la disuasión táctica. El peligro es que, a medio plazo, este relato se consolide como base de futuras reclamaciones, mientras en España sigue sin respuesta firme en el plano cultural y pedagógico. La postura española: afirmar la soberanía sin ambages, pero a la vez evitar la confrontación abierta y buscar vías diplomáticas.
Esta estrategia, centrada en evitar el conflicto abierto, cede sistemáticamente la iniciativa estratégica a Marruecos. No existe evidencia de una contra-estrategia española coherente y a largo plazo para neutralizar la campaña de zona gris de Marruecos. Las respuestas suelen ser tácticas y orientadas a la desescalada, en lugar de imponer costes a Rabat por sus acciones o buscar alterar las dinámicas fundamentales de la relación.
Esta dinámica ha atrapado a Madrid en lo que puede definirse como un «dilema de estabilidad-soberanía». España se ve forzada a elegir continuamente entre mantener la estabilidad a corto plazo (apaciguando a Marruecos) y defender sus intereses soberanos a largo plazo (lo que requeriría una confrontación). La estrategia de Rabat está diseñada precisamente para forzar a España a sacrificar perpetuamente lo segundo en aras de lo primero, lo que conduce a una erosión gradual de su soberanía y autonomía estratégica.
El Eje EE.UU.-Israel-Marruecos: Un Cambio de Juego Regional
La normalización de relaciones entre Marruecos e Israel en 2020, en el marco de los Acuerdos de Abraham y con la mediación de la administración Trump, estuvo explícitamente vinculada al reconocimiento por parte de Estados Unidos de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Esta decisión, que la administración Biden no ha revertido, representa una victoria diplomática monumental para Rabat y ha sido consolidada con acciones como la actualización de los mapas oficiales de la CIA para incluir el Sáhara como parte de Marruecos.
Esta nueva alianza tripartita va más allá de la diplomacia. Proporciona a Marruecos acceso a tecnología militar y de inteligencia israelí de última generación (drones, ciberseguridad, defensa aérea) y profundiza su cooperación en materia de seguridad con Washington y Tel Aviv. Este factor está impulsando una modernización militar marroquí que desafía directamente la superioridad regional de España y altera el equilibrio estratégico.
Marruecos reclama la soberanía sobre esta antigua colonia española, mientras que España, hasta 2022, respaldaba oficialmente las resoluciones de la ONU (postura de neutralidad). No obstante, Rabat percibía ambigüedad en Madrid y exigía un apoyo más claro a su plan de autonomía bajo soberanía marroquí.
El apoyo al plan del Sáhara fue una iniciativa del gobierno de coalición de centroizquierda (PSOE-Unidas Podemos), que generó críticas de la oposición (PP, Vox) e incluso dentro del propio PSOE y socios. El Partido Popular ha declarado que preferiría volver a una postura alineada con la legalidad internacional y la ONU (es decir, mayor neutralidad sobre el Sáhara.
En 2022 España sacrificó su tradicional posición equilibrada respecto al Sáhara, asumiendo el coste de enfadar a Argelia (que reaccionó muy negativamente, suspendiendo el Tratado de Amistad con España y congelando comercio bilateral en junio de 2022. El Gobierno español calculó que el beneficio de recomponer la relación con Marruecos –evitar nuevas crisis migratorias, proteger Ceuta y Melilla, asegurar cooperación en seguridad y negocios– era prioritario.
La tensión subyacente estalló en abril de 2021, cuando España permitió la entrada por razones humanitarias de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario (movimiento independentista saharaui), para tratarse de COVID-19. Marruecos lo consideró una afrenta grave.
El comercio agrícola, las inversiones empresariales, la cooperación migratoria— en un arsenal de palancas de coacción. Lo que fue concebido como un amortiguador entre Esaña y Marruecos se ha transformado en un conjunto de vulnerabilidades españolas que Rabat explota para obtener concesiones políticas.
Delimitación de Aguas Jurisdiccionales: Existen reclamaciones superpuestas sobre las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE), especialmente en las aguas situadas entre las Islas Canarias y la costa africana. Esta zona, potencialmente rica en recursos naturales, constituye un importante foco de fricción futura y ya es objeto de movimientos unilaterales por parte de Marruecos, como la concesión de licencias de exploración a empresas extranjeras en aguas disputadas
En cuanto a Ceuta y Melilla, la estrategia española ha sido reforzar su estatus español y europeo. Se ha buscado mayor apoyo de la UE reconociendo que esas fronteras son también fronteras exteriores de Europa (de hecho, durante la crisis de Ceuta en 2021, Bruselas respaldó a España explícitamente.
España también ha planteado integrar a Ceuta y Melilla en el espacio aduanero Schengen o en la unión aduanera de la UE para afianzar su identidad europea, si bien esto aún está en estudio. La presencia permanente de la Legión y Regulares en Ceuta/Melilla sirve tanto de elemento disuasorio como de tranquilidad para la población local.
En cuanto a energía, un asunto crítico fue el suministro de gas: en noviembre de 2021 Argelia (rival regional de Marruecos) había cerrado el gasoducto Magreb-Europa (GME) que atravesaba Marruecos hacia España, dejando a Rabat sin gas argelino. Tras la reconciliación, España acordó ayudar a Marruecos a abastecerse de gas natural licuado (GNL): desde junio de 2022 se activó el flujo en sentido inverso por el GME, permitiendo a Marruecos recibir gas que compra en mercados internacionales y es regasificado en plantas españolas.
En este tablero, Marruecos ha logrado «internacionalizar» su fuerza, construyendo una poderosa coalición (EEUU, Israel) que respalda sus objetivos, mientras que obliga a España a «bilateralizar» su debilidad, enmarcando las disputas como asuntos bilaterales para aislar a Madrid e impedir una respuesta unificada y firme de la OTAN o la UE. La política estadounidense, en particular, al armar y empoderar a Marruecos, crea un dilema de seguridad directo para España, un aliado de la OTAN, colocándola en una situación de «peligrosa debilidad» frente a un estado con abiertas reivindicaciones revisionistas contra su territorio.


