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John Downie, el quijote escocés que salvó la vida en el Palacio Ducal de Marchena

Herido en un ojo, atado a un cañón y conducido por los franceses desde Sevilla hasta Marchena, el brigadier John Downie llegó al Palacio Ducal entre el 3 y el 4 de septiembre de 1812. Allí coincidió con la retirada de las tropas napoleónicas y con una de las escenas más singulares de la Guerra de la Independencia en la Campiña sevillana.

Hay episodios de la historia local que parecen escritos para una novela de aventuras. Uno de ellos ocurrió en Marchena durante los días finales de la ocupación francesa, cuando un militar escocés al servicio de la causa española, llamado John Downie, fue llevado malherido al Palacio Ducal, donde se encontraban el mariscal Soult y José I Bonaparte, ya en retirada.

Downie no era un soldado cualquiera. Nacido en Stirling, Escocia, en 1777, había hecho fortuna en América, se había arruinado en Londres y terminó combatiendo en España contra Napoleón. Su figura tenía algo de romántica y quijotesca: luchaba vestido a la antigua, al frente de tropas extremeñas, y llevaba consigo la que se decía era la espada de Francisco Pizarro, regalo de la Condesa de la Conquista.

En 1812, tras la salida francesa de Sevilla, Downie persiguió a las tropas de Soult junto al ejército británico. En el avance hacia el Puente de Triana fue herido de un disparo en un ojo y cayó prisionero. Según la prensa gaditana de la época, concretamente El Conciso, el capitán francés Villatte lo trató con gran dureza: lo llevó atado a un cañón, desangrándose, durante dos días de camino entre Sevilla y Marchena.

Retrato de John Downey.

Cuando por fin llegó al Palacio Ducal, su estado era desesperado. La herida estaba infectada y, según el propio relato recogido por la prensa, el cirujano que lo atendió más tarde encontró gusanos en la lesión. De haber permanecido un día más en manos francesas, probablemente habría muerto.

La escena que se produjo en Marchena resume la tensión de aquel momento. En el Palacio Ducal estaban Soult y José I, que abandonaban Andalucía. Al encontrarse ante el mariscal francés, Downie afirmó que prefería morir antes que seguir bajo las órdenes de Villatte. Finalmente fue canjeado por 150 soldados ingleses. Aquella misma noche, los franceses tuvieron que abandonar Marchena y dejaron al escocés en el palacio.

Al día siguiente fue atendido por un buen cirujano y comenzó su recuperación. La documentación conservada aporta un detalle extraordinario, casi doméstico, que permite imaginar la escena dentro del antiguo palacio de los Ponce de León. El administrador José Medina le proporcionó comida y bebida: una gallina, dos pollos grandes, una botella de aguardiente, otra de resoli, bizcochos, dulces de almíbar, seis hogazas de pan, media libra de chocolate superior y media arroba de vino bueno. Todo ello costó 173 reales de vellón.

La imagen resulta poderosa: fuera, el ejército francés se retira; dentro, un oficial escocés, herido y exhausto, se repone en uno de los palacios más importantes de Andalucía. Marchena, que durante siglos había sido villa ducal y centro de poder nobiliario, se convertía por una noche en escenario de la guerra europea contra Napoleón.

Downie no olvidó aquel episodio. Después escribió una carta de agradecimiento a El Conciso, en la que se declaró “con todo su corazón el más fiel español”. Sobrevivió, se recuperó en Sevilla y más tarde fue nombrado conservador de los Reales Alcázares. La herida le dejó una cicatriz junto al ojo, memoria física de aquellos días en los que estuvo a punto de morir entre Sevilla y Marchena.

El paso de la guerra dejó también cicatrices en la propia villa. El puente sobre el Corbones, por donde huyeron los franceses, tuvo que ser reedificado. El Hospital de Misericordia quedó necesitado de reparaciones urgentes. Una posada de la Plaza Vieja denunció destrozos tras ser ocupada por tropas francesas. La Puerta Real fue tapiada para evitar ataques, la Puerta del Tiro del Palacio Ducal tuvo que restaurarse, y conventos como Capuchinos o Santa Eulalia sufrieron ocupaciones y daños.

Pero entre todos esos rastros de destrucción destaca esta historia mínima y enorme a la vez: la de un escocés que luchaba por España, entró moribundo en Marchena y salió vivo gracias a un canje, un cirujano y una mesa servida en el Palacio Ducal.

Fuente base: datos recogidos en el archivo de Marchena Secreta sobre John Downie, El Conciso y documentación del Archivo Histórico de la Nobleza, AHN Nobleza, Cartas, legajo 194-17.

Foto de portada: recreación de IA de John Downey basada en su propio retrato.