Una experiencia personal de fe, una gruta franciscana y una canción nacida del recuerdo. José compartió en el acto Luz en la oscuridad el relato de una conversión que, según explicó ante el público, marcó un antes y un después en su vida. Su intervención culminó con la interpretación de Aliento de luz, una composición dedicada a fray Nicolás, el religioso franciscano al que reconoce como guía decisiva en su camino espiritual.
El testimonio, narrado en primera persona y con una fuerte carga emocional, parte de un momento de profunda crisis interior. José describió aquel estado con imágenes de ceguera, heridas y soledad, hasta llegar a una experiencia que él interpreta como un encuentro directo con Dios. «Recibí un abrazo de amor infinito que sanaba cada una de mis cicatrices», relató, insistiendo en que no habla de una idea abstracta o aprendida, sino de una vivencia que transformó su manera de mirar la realidad.
Una conversión vivida como experiencia personal
Durante su intervención, José utilizó la expresión «conversión tumbativa» para explicar la intensidad de aquel episodio. El término, empleado tradicionalmente para referirse a cambios espirituales bruscos y radicales, fue presentado por él como una forma de describir lo ocurrido en la gruta. Según contó, tras aquella vivencia fue encontrado por religiosos franciscanos, que lo ayudaron y celebraron allí la Eucaristía.
Ese momento ocupa un lugar central en su relato. José explicó que, por primera vez, comprendió la Eucaristía no desde una formulación doctrinal sino desde la experiencia de cercanía: «Un Tú con mayúsculas y un tú con minúsculas que se hacen uno». La frase resumió el hilo de toda su intervención: el paso de una fe entendida desde fuera a una relación vivida como íntima y personal.
Fray Nicolás, memoria y guía
La segunda parte de su testimonio estuvo dedicada a fray Nicolás, fallecido hace dos años. José lo recordó como «mi ángel» y como la persona que lo acompañó en uno de los momentos más decisivos de su vida. Mostró además la cruz que lleva en el pecho con su nombre, convertida para él en símbolo de gratitud y memoria.
Ese vínculo con la espiritualidad franciscana no se ha quedado únicamente en el recuerdo de aquella experiencia. José se ha incorporado como tercero franciscano, dando así continuidad en su vida cotidiana al camino espiritual que comenzó acompañado por fray Nicolás.
Precisamente este sábado 19 de septiembre, por la tarde, tendrá lugar en el Convento de Santa María la primera reunión de la temporada de los terceros franciscanos, un encuentro que abre un nuevo curso para esta fraternidad vinculada a la tradición franciscana en Marchena.
De esa experiencia nació Aliento de luz, canción con la que cerró su participación en Luz en la oscuridad. La letra recorre el tránsito desde la incertidumbre y la soledad hasta el consuelo, la fe y la liberación interior. En uno de sus versos resume el núcleo del relato: «En el fondo de la gruta te encontré, Señor».
Una canción como forma de contar lo que no podía explicar
José reconoció que durante años le resultó difícil poner palabras a aquella experiencia. La música terminó convirtiéndose en el lenguaje capaz de expresar lo que, según dijo, no había sabido explicar de otra manera. Aliento de luz funciona así como testimonio autobiográfico, homenaje y oración personal.
El acto Luz en la oscuridad encontró en este relato uno de sus momentos más intensos. Más allá de la interpretación religiosa que cada persona pueda hacer, la intervención de José presentó una historia de transformación personal sostenida sobre tres elementos muy concretos: la crisis, el acompañamiento y la búsqueda de sentido. Su mensaje final volvió al punto de partida de toda la intervención: la afirmación de una fe vivida como experiencia real y no únicamente como tradición heredada.