Los reyes, nobles y miembros del alto clero también mostraron una profunda veneración hacia esta imagen. Este fervor quedó plasmado en las ofrendas de plata y oro que realizaron a su capilla en la Catedral de Sevilla, que se consideraba uno de los principales santuarios marianos.
De hecho la hermandad de la Antigua era la hermandad de la nobleza que tuvo conflictos con la hermandad de los Negros, por la preeminencia en el orden de paso en el Jueves Santom en la Semana santa sevillana, ya que la de los Negritos era mas antigua y contaba con el apoyo y reglas dadas por su fundador el arzobispo Gonzalo de Mena y por lo tanto pasaba primero lo que suponia un insulto y ofensa para la hermandad de la Antigua que era la de los nobles, es decir, la de los propietarios de esclavos negros en su mayoría. Osea que los nobles tenían que disputar con la cofradía de sus esclavos.
La reina Isabel la Católica donó una lámpara en 1478 a la Virgen de la Antigua del trascoro de la Catedral para agradecer el nacimiento de su hijo, el príncipe. Asimismo, los duques de Medina Sidonia y el cardenal y arzobispo Diego Hurtado de Mendoza hicieron importantes donaciones en forma de objetos preciosos, lo que reflejaba la gran importancia de la Virgen de la Antigua no solo como protectora de Sevilla, sino también como símbolo asociado a la conquista de Granada y a las expediciones hacia las Indias.
Al mismo tiempo los Guzmanes construyeron capillas a esta devoción en Olivares de hecho la virgen de la hermandad de la Veracruz lleva a dia de hoy el nombre de Virgen de la Antigua.
Uno de los nombres ligados a la devoción de esta imagen de la Virgen de la antigua fue Sor Maria de la Antigua monja enterrada en el convento de Santa Maria de Marchenba, nacida en 1566 en Cazalla de la Sierra (Sevilla), que tomó el sobrenombre de Antigua en el convento de Nuestra Señora de la Antigua, de Utrera, donde sus padres trabajaban para las religiosas Dominicas.
A los 13 años de edad ingresó en el convento de Santa Clara, en Marchena, pero a su muerte su cuerpo fue reclamado por el Duque de Arcos y traído a Marchena desde Lora del Rio donde murió y a cambio de su cuerpo fundó los dos conventos marcheneros que hoy existen.
Fue una de las pioneras en la escritura castellana destaacando entre sus escritos, el libro titulado «Desengaños de religiosas y almas que tratan de virtud» y los ejercicios espirituales de la Madre Antigua que eran desarrollados desde su fundación por la Hermandad de la Humildad.