La Hermandad del Rocío de Marchena acompañó este viernes a su hermandad madrina, la Hermandad del Rocío de Pilas, en una jornada histórica celebrada en Sevilla con motivo de los actos de clausura del 375 aniversario de la estampa más antigua de su Simpecado, una efeméride extraordinaria que reunió a numerosas corporaciones rocieras en torno a uno de los símbolos más antiguos de la devoción mariana andaluza. La propia corporación marchenera desplazó hasta la capital hispalense a varios oficiales de su Junta de Gobierno para participar institucionalmente en esta cita de especial significado espiritual y patrimonial.

El acto central comenzó en la Iglesia del Salvador, desde donde el venerado Simpecado pileño fue portado en alza por las calles del centro histórico en solemne traslado hasta la Catedral de Sevilla. La pieza, cuya antigüedad documental se remonta a 1650 y está considerada la representación más antigua conservada de este emblema rociero, avanzó entre rezos, sevillanas y muestras de fervor, convertida en eje visible de tres siglos y medio de historia devocional.
Ya en el primer templo metropolitano tuvo lugar una misa estacional presidida por José Ángel Saiz Meneses, quien elevó una acción de gracias por los 375 años de trayectoria espiritual de la hermandad pileña y por la pervivencia del legado rociero transmitido de generación en generación. Durante la ceremonia estuvieron presentes representantes de la Hermandad del Rocío de Marchena junto a miembros de otras filiales unidas históricamente a Pilas.
Concluida la eucaristía, el Simpecado inició su regreso hacia el Salvador realizando una parada institucional en la Casa Consistorial sevillana, donde la hermandad fue recibida por el Ayuntamiento de Sevilla en reconocimiento a una corporación considerada una de las raíces históricas del Rocío contemporáneo. La Hermandad de Marchena quiso subrayar que había vivido esta jornada “con el corazón de todos los rocieros puesto en Pilas”, sintiendo que el venerado estandarte de su madrina representa también la memoria compartida de quienes entienden el Rocío no solo como romería, sino como una forma de fe y de vida.
La vinculación entre Marchena y Pilas dentro del universo rociero vuelve así a hacerse visible en una celebración excepcional que ha servido para poner en valor uno de los tesoros simbólicos más antiguos del rocierismo andaluz y para reafirmar los lazos espirituales entre madrina y filial a pocas semanas ya de una nueva peregrinación hacia la aldea almonteña.

