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Marchena, villa de las letras: una ruta literaria por las calles a través de cinco siglos

Abril, mes de libros, ofrece también en Marchena una ocasión para volver la mirada sobre una huella literaria que no siempre se ha contado con suficiente precisión. Entre los nombres que ayudan a trazar esa geografía de las letras sobresale Miguel de Cervantes, no solo porque dejó citado el nombre de la villa en la segunda parte del Quijote, en aquellos versos donde aparece “desde Sevilla a Marchena”, sino también porque su biografía lo vincula con el linaje de los Ponce de León.

 

La documentación cervantina sitúa al autor, desde 1572, en la compañía de don Manuel Ponce de León, integrada en el tercio de don Lope de Figueroa, un dato que permite hablar de una relación real entre Cervantes y ese poderoso apellido nobiliario tan ligado a la historia marchenera.
Ese vínculo se vuelve todavía más sugestivo cuando se relee el célebre episodio de los leones. En el capítulo XVII de la segunda parte del Quijote, Cervantes presenta a don Quijote como “segundo y nuevo don Manuel de León”, una fórmula de exaltación caballeresca que la crítica ha relacionado con la fama histórica de ese personaje.

El autor del Quijote no solo citó a la villa en su obra, sino que mantuvo con ella una relación documentada como comisario real de abastos. Diversos documentos lo sitúan gestionando en Marchena la compra y conducción de aceite con destino a Sevilla al servicio de la Corona entre 1588 y 1594. Una orden fechada el 5 de septiembre de 1588 instaba a la justicia y a los regidores marcheneros a colaborar con él, mientras varios vecinos y propietarios de la villa aparecen vinculados a esas operaciones de suministro. De este modo, Marchena no solo entra en Cervantes por la literatura, sino también por la realidad material de la Monarquía de Felipe II, en aquella red de pueblos andaluces obligados a sostener con aceite, trigo y transportes la maquinaria naval del imperio.

La corte de los Ponce y el esplendor humanista

Durante los siglos XV y XVI, los señores de Marchena, elevados a la dignidad ducal de Arcos, transformaron su residencia en un foco de atracción para eruditos, artistas y sabios humanistas, creando una atmósfera de mecenazgo comparable a las cortes italianas de la época. Este entorno propició la llegada de figuras de la talla de los hermanos Geraldini, cuya influencia fue decisiva en la introducción de las corrientes renacentistas en el sur de España.

Los Hermanos Geraldini

Antonio Geraldini, poeta laureado y diplomático de la Santa Sede, y su hermano Alessandro Geraldini, preceptor de las infantas de Castilla y defensor del proyecto de Cristóbal Colón, mantuvieron un vínculo estrecho con Marchena. La muerte de Antonio Geraldini en la villa de Marchena en 1488 es un hecho documentado. Alessandro Geraldini relata en sus crónicas el auxilio recibido por figuras como Colón en los entornos franciscanos.
Antonio Geraldini representaba la síntesis del humanismo: un hombre de letras capaz de navegar las complejidades de la política vaticana mientras componía versos que celebraban la belleza y el orden del nuevo mundo renacentista.

Pedro de Quirós y la transición a la estética Barroca

La figura de Pedro de Quirós nacido en Rota, y clérigo en la seo de Sevilla fue un exponente fundamental de la lírica sevillana que transitó entre el equilibrio renacentista y la complejidad del Barroco. Quirós destacó por su maestría en la adaptación del verso suelto y su interés por la métrica clásica, buscando en el endecasílabo una sonoridad que rivalizara con la dignidad del hexámetro latino.
Pedro de Quirós (Rota, h. 1487 – Sevilla, fines de 1562), fue el poeta más relevante del entorno ducal en el siglo XVI.  Su Cristopatía (Toledo, 1552), con 353 octavas reales en siete cantos sobre la Pasión de Cristo, es considerada la primera epopeya renacentista en castellano. Compuso además un poema heroico latino dedicado a Pedro Ponce de León, hermano del I Duque de Arcos y célebre matador de toros (del que solo se conservan seis hexámetros citados por Arias Montano).

Quirós fue, además, maestro de Benito Arias Montano,  quien lo consideró «el mejor poeta de Andalucía» de su tiempo, cuya fama se extendía por Italia, Francia, Alemania y las Indias. La edición moderna de referencia es la de Joaquín Pascual Barea, Juan de Quirós: Poesía latina y Cristopatía.
Otro humanista extranjero que recaló en Marchena fue el dálmata Miguel Nardino de Sebenico, formado en Italia, que llegó a la villa en la década de 1520 al servicio del I Duque de Arcos, para quien compuso poemas en latín. Tras la muerte del duque en 1530, Nardino desapareció de Andalucía y reapareció como estudiante de medicina en Montpellier.

Ciencia, medicina y tratados del Siglo de Oro

Marchena no solo fue cuna de poetas, sino también un lugar del que salieron personas dedicadas a la producción de conocimiento técnico a través de tratados que abordaban desde la salud pública y la dietética hasta la ingeniería constructiva, demostrando una preocupación por el progreso material y el bienestar físico de la población.

Bartolomé Marradón y la ciencia del Cacao

Uno de los hitos más fascinantes de la literatura científica vinculados con Marchena es la obra de Bartolomé Marradón vecino de Marchena y segundo hermano mayor del Cristo de San Pedro.
Este médico, tras un periplo por las tierras de Nueva España (México) y Guatemala, publicó en 1618 su «Diálogo del uso del tabaco, los daños y provechos que el tiempo y experiencia han descubierto de sus efectos y del chocolate». Marradón fue un pionero en la observación antropológica y médica de los productos americanos, describiendo con minucia la preparación del cacao en los mercados indígenas y cuestionando su impacto en la salud y la moral de la sociedad española.
Su análisis médico fue citado en los principales tratados europeos de la época y traducido a múltiples idiomas. Su obra refleja el conflicto entre la fascinación por las nuevas sustancias y el temor inquisitorial a los rituales «heréticos» que rodeaban su consumo original entre las tribus americanas.

El doctor Diego Sánchez y López de Arenas

En el ámbito de la arquitectura y la técnica, la figura del Doctor Diego Sánchez y la de Diego López de Arenas representan la cúspide del saber práctico vinculado con Marchena.
Aunque el «Breve Compendio de la Carpintería de lo Blanco y Tratado de Alarifes» (1633) es obra de López de Arenas, maestro alarife de Sevilla y nacido en Marchena, el contexto intelectual de la época estaba imbuido de una visión donde la medicina y la arquitectura compartían principios de proporción y orden. El tratado de López de Arenas es fundamental para la preservación de las técnicas mudéjares, describiendo con precisión geométrica la construcción de cubiertas de madera de par y nudillo.
Este documento técnico trascendió las fronteras de la península, convirtiéndose en una fuente esencial para el estudio de la carpintería en América y permitiendo que las estructuras barrocas y mudéjares mantuvieran una coherencia estética a través del Atlántico.
Por su parte, el Doctor Diego Sánchez aparece en los registros de la época no solo como médico, sino como escitor del libro «Dialogo del sol» además de autoridad técnica y administrativa, cuyo salario y funciones reflejan el alto estatus de los profesionales de la salud en la estructura de la villa.

La palabra encendida: de San Juan de la Cruz a Sor María de la Antigua

La poesía mística, que busca dar forma a lo inefable y poner voz al encuentro del alma con lo sagrado, encuentra en Marchena un marco geográfico y espiritual único.
El epicentro de este legado reside en la conexión entre San Juan de la Cruz y la nobleza andaluza. El hallazgo y custodia del manuscrito del Cántico Espiritual en el convento de Santa María de la Concepción de Marchena y otro en Santa Clara no fue casualidad, sino fruto de la estrecha amistad entre el místico carmelita y Doña Ana Ponce de León. Esta última, figura clave que terminaría sus días en el convento de las Clarisas de Montilla, actuó como puente para que la palabra de San Juan impregnara los muros de la clausura marchenera.
Allí, la estela del místico fue recogida por Sor María de la Antigua. La religiosa, autora del Tratado de Religiosos, elevó la prosa y la lírica mística a una nueva dimensión, combinando la humildad del claustro con una potencia literaria que hoy lucha por recuperar su lugar en el canon del Siglo de Oro.

El proceso a Fray Luis de León

La genealogía del poeta y una delación local vinculan definitivamente a la villa con el juicio inquisitorial más famoso del Siglo de Oro.
El nombre de Fray Luis de León no solo está ligado a las aulas de Salamanca, sino también a una compleja red de sangre y traición en Marchena. El autor de La perfecta casada mantuvo un vínculo doble con el municipio sevillano: un linaje compartido con los Ponce de León y una delación clave nacida de un vecino de Marchena.
Un vínculo de sangre
La conexión más profunda reside en la genealogía materna del fraile. Fray Luis era hijo hijo de Lope de León y de Inés de Varela, dentro de un contexto biográfico ligado a Belmonte, Madrid, Valladolid, Granada y sobre todo Salamanca, descendía de la casa de los Ponce de León. Este parentesco, documentado en las pruebas de «limpieza de sangre» de su proceso, le otorgaba el estatus de pariente de los Duques de Arcos, señores de Marchena.
El 14 de julio de 1573, el padre Agustín de León, natural de Marchena y abad de San Saturnino, declaró formalmente ante la Inquisición contra el poeta. La denuncia acusaba a Fray Luis de preferir el texto hebreo de la Biblia sobre la Vulgata latina, un cargo de «hebraísmo» que, sumado a su origen converso, le costaría cinco años de prisión.

Impresores en Marchena

La primera imprenta sevillana data de 1472- 1477; la de Osuna, de 1549; la de Córdoba, de 1555. Marchena se incorporó a esta cronología en el siglo XVII con la figura de Luis Estupiñán, impresor de posible origen portugués que fue «impresor del Duque» (de Arcos) desde aproximadamente 1621.
Estupiñán mantuvo su taller principal en Sevilla (1610-1633) con trabajos ocasionales en Marchena, y posteriormente se trasladó a Écija (1633-1649). Es significativo que fuera él quien imprimiera en 1633 el tratado de Diego López de Arenas.

El Romanticismo Sevillano: Antonia Díaz y el Círculo de los Bécquer

El siglo XIX marca una de las etapas más brillantes de la conexión literaria de Marchena con la capital hispalense, personificada en Antonia Díaz Fernández de Lamarque (1827-1892). Poetisa marchenera de sensibilidad exquisita y figura central de la sociedad sevillana, Antonia Díaz actuó como un puente necesario entre el clasicismo tradicional y el romanticismo emergente. Su nacimiento en Marchena marcó el inicio de una trayectoria que la llevaría a ser reconocida como una de las voces femeninas más influyentes de su tiempo, comparada por sus contemporáneos con figuras de la talla de Rosalía de Castro.

Vínculo con Gustavo Adolfo y Valeriano Bécquer

La relación de Antonia Díaz y su esposo, José Lamarque de Novoa, con los hermanos Bécquer fue profunda y multifacética. Valeriano Bécquer plasmó la elegancia y la serenidad de la poetisa en un retrato pintado entre 1860 y 1862, mientras que su marido se convirtió en uno de los mecenas fundamentales para la publicación de la primera edición de las «Obras» de Gustavo Adolfo Bécquer en 1871. Esta conexión sitúa a Marchena no como un escenario secundario, sino como una fuente de apoyo económico e intelectual indispensable para la supervivencia del legado becqueriano.
La Alquería del Pilar
Aunque Antonia Díaz residió gran parte de su vida fuera de Marchena, su obra está impregnada de las leyendas y el paisaje de su tierra natal. Su hogar, la Alquería del Pilar, fue diseñado como un cenáculo artístico donde la arquitectura y el jardín evocaban tiempos antiguos, sirviendo de refugio para poetas y artistas de toda Europa. En este «templo de virtud», como lo definieron sus contemporáneos, escribió obras fundamentales como «Flores marchitas: baladas y leyendas» y «Poesías líricas», donde la naturaleza, la fe y la melancolía se entrelazan en versos de una belleza serena y atemporal.

Pío Baroja y la Crónica del Carlismo en Marchena

La ruta de las letras también incluye a los grandes narradores de la Generación del 98. En 1935, Pío Baroja visitó Marchena con un propósito de investigación histórica: profundizar en los episodios del carlismo andaluz. Su estancia en la villa estuvo estrechamente vinculada a la familia Díez de la Cortina, un linaje de gran relevancia política y militar cuyas memorias y documentos servían de base para la reconstrucción literaria de las guerras civiles del siglo XIX.

Somerset Maugham: un americano en Marchena

Somerset Maugham el escritor espía, millonario y bisexual que visitó Carmona, Marchena y Ecija en 1897
Somerset Maugham fue uno de los grandes narradores del siglo XX y lo consiguió haciendo lo que más le gustaba; observar y contarlo de forma directa y sin juicios morales. Esto le permitió ser el escritor más rico y famoso del mundo en los años 20 y 30.

Sus libros de viajes por Andalucía se publicaron en España hasta 2005 en RB editores, llamado «Andalucía 1930» donde describe en doscientas páginas ciudades, caminos, costumbres, personas, oficios e iglesias como las de Ecija y Marchena.
Tras finalizar sus estudios  de Medicina en Londres en 1897, Maugham viaja a Andalucía recorriendo Ronda, Córdoba, Sevilla, Écija, Marchena, Granada, Jerez y Cádiz antes de embarcar de regreso a Inglaterra. Durante su estancia en esta tierra escribiría La meticulosidad de Don Sebastián. A Sevilla volvió muchas veces en la década de 1940.
Los apuntes de sus viajes por Andalucia los imprimió en 1930, con el título de Andalusia. Sketches and impressions en la que se basó Miles Davis para su disco Sketches from Spain.
CAMILO JOSE CELA

Cela y la Ruta de los Escritores

Camilo José Cela, premio Nobel y escritor comió un potaje de garbanzos en la Posada de los Caballeros que se ubicaba en la Plaza Vieja, en el número uno de la calle de los Mesones con la calle San Miguel. De esta posada conservamos una fotografía en 1970.
El último de éstos visitantes ilustres fue Camilo José Cela que dejó escrito en su libro «Primer Viaje Andaluz» 1959, sus impresiones de su paso por Marchena alojándose en la posada de Los Caballeros o de los Baena. Cela venía andando desde Ecija hasta Marchena, cruzó el Corbones recorrió sus calles a pie y luego se fue para Carmona. En su libro dice que pasó miedo, porque los campos entre Marchena y Carmona estaban llenos de toros.