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Cómo sacarle partido a la inteligencia artificial y no morir en el intento

Durante mucho tiempo pensé que la inteligencia artificial era una de esas cosas que se explicaban mejor en una conferencia que en la vida real. Mucho futuro, mucha palabra grande y, al final, uno seguía delante del ordenador con los mismos correos pendientes, los mismos papeles por ordenar y la misma sensación de que el día no daba para más.

Hasta que empecé a usarla de verdad. No para jugar a preguntarle cosas raras ni para que hiciera mi trabajo mientras yo miraba. La empecé a utilizar como una herramienta cotidiana, igual que un buscador, un procesador de textos o el teléfono. Y ahí cambió todo.

La clave no es preguntarle cosas: es darle trabajo

Para mí ese ha sido el descubrimiento. Si abres GPT una vez a la semana para preguntarle una curiosidad, probablemente no necesitas pagar nada. Pero si empiezas a meterlo en tu rutina diaria, la cosa cambia. Yo lo utilizo para organizar trabajo, estudiar, preparar proyectos, redactar correos, ordenar documentación, revisar textos, buscar enfoques para artículos, preparar candidaturas o resolver pequeños problemas técnicos de la web.

La diferencia está en dejar de verlo como una especie de oráculo al que se le hacen preguntas y empezar a tratarlo como una mesa de trabajo. Yo llego con un problema concreto y le digo: tengo esto, quiero conseguir aquello y estas son las condiciones. Cuanto más claro soy, más útil resulta.

Me quita trabajo mecánico, no el criterio

Una de las cosas que más tiempo me ahorra es todo lo que antes hacía de forma repetitiva. Por ejemplo, localizar una oferta de empleo, revisar los requisitos, adaptar un currículum, preparar un correo y hacer una candidatura. El criterio de si esa oferta me interesa o no sigue siendo mío. La experiencia profesional que aparece en el currículum es la mía. Pero no tengo por qué emplear media mañana en volver a escribir lo mismo de otra manera.

Lo mismo me ocurre con los estudios. Si tengo delante una normativa, unas instrucciones universitarias o un tema complejo, puedo pedir que me lo ordene, que me explique dónde está lo importante o que me prepare un esquema para entenderlo. Eso no sustituye estudiar. En realidad, me permite llegar antes a la parte que de verdad exige pensar.

También sirve para poner orden en el caos

Yo trabajo con muchas cosas a la vez: noticias, investigación histórica, rutas culturales, WordPress, redes sociales, proyectos editoriales, formación y ahora también estudios universitarios. El problema muchas veces no es no saber hacer algo, sino tener veinte asuntos abiertos en la cabeza al mismo tiempo.

Ahí la inteligencia artificial funciona bastante bien como una segunda mesa. Le vuelco información, le explico qué tengo pendiente y le pido que me ayude a separar lo urgente de lo importante. A veces el valor no está en que me dé una idea brillante, sino simplemente en que me devuelva mis propias ideas ordenadas.

Para escribir, pero sin entregar la voz

Este punto me parece especialmente importante. Trabajo escribiendo y no quiero que una máquina escriba por mí hasta el punto de que todos mis textos suenen iguales. La utilizo para buscar un enfoque, organizar datos, probar un titular, detectar repeticiones o ayudarme a estructurar un artículo. Después está mi forma de contar las cosas, mis referencias, mi experiencia y mi manera de mirar.

Hay una diferencia enorme entre utilizar la inteligencia artificial para escribir mejor y dejar que escriba en tu lugar. En el primer caso ganas tiempo. En el segundo puedes acabar perdiendo precisamente aquello que te hace reconocible.

La investigación exige una regla: comprobar

Otra lección que he aprendido es que la inteligencia artificial puede ser extraordinariamente útil y, al mismo tiempo, equivocarse con una seguridad pasmosa. Por eso, cuando trabajo con historia, patrimonio o información periodística, la uso para localizar caminos, relacionar datos o encontrar posibles fuentes, pero el dato final tiene que estar documentado.

Si aparece un nombre, una fecha, un documento o una afirmación histórica, voy a la fuente. Archivo, publicación académica, organismo oficial o documento original. La IA acelera la búsqueda, pero no convierte una información dudosa en verdadera por repetirla con buena prosa.

¿Compensa pagar por GPT?

Depende del uso. Para una persona que entra de vez en cuando a hacer una consulta sencilla, seguramente no. En mi caso sí tiene sentido porque lo utilizo prácticamente como una herramienta de trabajo. Hay días en los que pasa por ahí una candidatura, un artículo, un correo, una consulta universitaria, un problema de WordPress y la planificación del día.

La cuenta que hago es bastante sencilla: no pienso cuánto cuesta al mes, sino cuántas horas me devuelve. Si una herramienta me ahorra varias horas de tareas mecánicas y además me permite hacer cosas que antes habría dejado para otro día, ya no la veo como un capricho tecnológico.

El truco final: empezar por algo pequeño

No hace falta aprender cien instrucciones ni convertirse en experto en inteligencia artificial. Yo empezaría por una tarea que te dé pereza y que tengas que hacer todas las semanas. Un correo, un informe, ordenar notas, preparar una clase, buscar empleo, estudiar un tema o planificar contenidos. Cuando veas que funciona ahí, encontrarás tú solo el siguiente uso.

Al final, la inteligencia artificial no me ha servido para vivir en el futuro. Me está sirviendo para gestionar mejor el presente. Y quizá esa sea la forma más sensata de acercarse a ella: menos fascinación por la máquina y más atención a las pequeñas cosas que puede hacer hoy para dejarnos tiempo para lo que todavía merece la pena hacer nosotros mismos.

José Antonio Suárez López

José Antonio Suárez López es Periodista y Comunicador Cultural | Conectando cultura y turismo a través de experiencias únicas. Periodiso de raices. Grado en Comunicación, Potgrado en difusión del Patrimonio, www.creacomunica.com.es mncomcomunicacion@gmail.com https://x.com/MarchenaSecreta

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