De como las modas de Paris en la feria del siglo XIX desembocaron en los trajes de faralaes

Las ferias de finales del siglo XIX eran muy distintas a las de hoy. Al amanecer las ganaderías tomaban el real, los turistas buscaban a las Cigarreras y a las gitanas como algo exótico y las modas francesas desplazaban a los trajes andaluces.
La moda de Francia había invadido la moda y hasta el habla andaluza: «Oiga usted, señorita, ¿me hace usted el favor de cantar una petenera?. «Avec beaucoup de plaisir», dice la niña que habla muy mal francés y canta peor flamenco. «Donne moi un cigarrete».
Suena a veces la guitarra pero va dominando el piano y aunque no están vedadas las malagueñas ni las sevillanas, suelen  oírse cuplets franceses en la feria de Sevilla según el relato de Más y Pratt.
Al alba del primer día de feria de Sevilla, el Prado de San Sebastián es tomado  por los ganaderos de Marchena, Écija, Lora, Carmona, Mairena, Morón, Estepa.
Los feriantes andaluces suelen llevar  a remolque sus familias, principalmente el tratante gitano. Las filas de carretas entran en El Prado produciendo un sonido original que procede de los crujidos de las llantas.

Los que llevan ganado boyar suelen ir al paso de sus carretas preparadas para la excursión con todos los aditamentos necesarios con toldos o tejidos de palma y bajo el tablón el cántaro de agua fresca.
Las caballerias llegan al Prado levantando nubes de polvo, la sangre del corcel andaluz se enciende con la fatiga y sus elásticas piernas se fortifican.
Se levantan tiendas provisionales, se amontona el ato de que forma parte la manta y la alforja, que han de servir de colchón y de almohada y se coloca en el lugar más seguro la bota de vino.
Los gitanos comienzam la tarea de los tratos, que para ellos es siempre fructuoso, corriendo como chispas eléctricas por todas partes con la faja mal compuesta, la chaquetilla arremangada, el pantalón a media pierna y el sombrero bailando sobre la coronilla.
Oiga usted excelencia, dicen a un señorito del pueblo con chaqueta de terciopelo. Tengo un tronco alazano que es el mismo que llevó al cielo el coche de San Elías.  El feriante le responde, que más bien parece propio de coche fúnebre de tercera clase, y se despide con un «que usted se alivie».
Después de que se ha valido de todos los subterfugios imaginables para engañar al feriante, metiendo a los caballos agujas en la oreja para que se avispe,  saca de su petaca un cigarro y le dice con exquisita finura: por estas cruces de Dios se lleva usted el bicho mejor de la feria.
Los ingleses y franceses que vienen a Sevilla por feria quieren ver la Fábrica de Tabacos y la calle San Fernando cuando salen a bandadas como las golondrinas las cigarreras que dejan la faena muy temprano y se dirigen al Real luciendo sus mantones de manila y sus peines altos y enroscados sobre la coronilla. La Cigarrera no es gitana ni flamenca sino un compuesto de ambas.
Las tiendas aristocráticas aparecen cercadas de macetas de porcelana con musgos y begonias, con colgaduras de Damasco, cubiertas de alfombras, llenas de jardineras y espejos, y a la puerta de su sencilla balaustrada, butacas escaños y elegantes mecedoras donde dormitan los señores de clase media.
La alta sociedad sevillana estos días se permite usar la falda corta de raso y la calada peineta de concha, la mantilla de encaje y el corpiño ajustado de la flamenca, comen jamón dulce y pavo trufado, emparedados y pastas de vainilla y beben Jerez y manzanilla.
Mas alla hay tascas de feria con carteles de vino y caracoles, menudo,  taberna, buñuelos y aguardiente. Alli se ven las hermosas gitanas de pura sangre. La flamenca, suele aparecer allí cantando por todo lo alto y ostentando todas las gracias de sus especies.
La gitana no se pone el pañuelo terciado con los flecos en la tierra sino que se envuelven el mantón y golpea las tablas haciéndoles crujir bajo sus plantas.
En las buñolerías, estos gitanos apuran todo el caudal de su ingenio para formar adornos y pabellones, puede decirse que en el recinto se pone las bordadas enaguas de las gitanas y sus sábanas de novia al entrar.
Texto: Mas y Pratt en La Ilustración española y americana. 22/4/1888. Fotos: Salvador Azpiazu. 1890.

José Antonio Suárez López

José Antonio Suárez López es Periodista y Comunicador Cultural | Conectando cultura y turismo a través de experiencias únicas. Periodiso de raices. Grado en Comunicación, Potgrado en difusión del Patrimonio, www.creacomunica.com.es mncomcomunicacion@gmail.com https://x.com/MarchenaSecreta

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