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El legado sevillano de José de Ribera: mecenazgo y la Ruta del «Españoleto» en la provincia

Tal día como hoy murió José de Ribera en Nápoles en 1652, Varias obras del pintor valenciano  (1591-1652) pueden verse en la ciudad de Sevilla y la provincia de Sevilla: Marchena y Osuna. Lejos de ser resultado de la actividad directa del artista en la región, la existencia de sus cuadros en colecciones sevillanas se explica por las intrincadas redes de mecenazgo de la alta nobleza española, en particular las casas ducales de Osuna y Arcos, quienes actuaron como sus principales patrocinadores mientras ejercían como virreyes de Nápoles.

La principal concentración se encuentra en la Colegiata de Osuna, con la monumental obra de «El Calvario» y una serie de santos. En la capital, el Museo de Bellas Artes alberga el notable «Santiago el Mayor», el Palacio de las Dueñas cuenta con una «Coronación de espinas», y el Monasterio de Santa Paula atesora una «Adoración de los pastores». En Marchena tenemos dos obras que han sido atribuidas a Ribera por Ravé, un San Agustin en el convento homónimo y una Virgen con Niño en Santa Isabel. 

La llegada de las obras de José de Ribera a la provincia de Sevilla está intrínsecamente ligada al mecenazgo de la alta nobleza andaluza. La relación más significativa fue la que estableció con la Casa de Osuna, en particular con Pedro Téllez-Girón, III duque de Osuna (1574-1624), quien fue virrey de Sicilia (1611-1616) y posteriormente virrey de Nápoles (1616-1620).

De Játiva a Nápoles: Formación, Apodo y Estilo

José de Ribera nació en Játiva (Valencia) en 1591, hijo de un zapatero, y desde una edad temprana mostró una inclinación por el arte que lo llevaría a emprender un viaje formativo a Italia siendo aún un adolescente. Ribera fue uno de los primeros y más hábiles seguidores de la revolucionaria técnica de Caravaggio, un maestro cuyo estilo realista y dramático lo atrajo profundamente.

Ribera se estableció en Nápoles apenas unas semanas antes de la entrada solemne del duque en la ciudad, en agosto de 1616. Un relato de la época, transmitido por Bernardo De Dominici, describe cómo Ribera expuso un «Martirio de san Bartolomé» en la calle, cerca del palacio del virrey. La gran multitud que la obra atrajo llamó la atención del duque, quien la mandó llevar a su presencia. Al ver que el artista la firmaba como «español», el virrey lo hizo llamar, lo elogió y, en un gesto de reconocimiento y patrocinio, lo contrató como pintor de la corte pocos días después.

Entre 1617 y 1619, Ribera realizó al menos cuatro pinturas de santos para el oratorio privado del duque Pedro Girón en Osuna. Estas obras, que incluían un «San Sebastián,» un «San Pedro penitente,» un «San Jerónimo,» y el mencionado «Martirio de san Bartolomé. 

El Calvario o Expiración de Cristo de la colegiata de OSuna fue mandado a realizar en 1618 por el gran Duque de Osuna, Virrey de Nápoles y cuando su mecenas murió, la viuda concedió la obra a la Colegiata de Osuna, en Sevilla. En la Guerra de la Independencia contra los invasores franceses el lienzo fue dispuesto como blanco para los fusileros franceses.

La Casa de Arcos y la obra perdida de Marchena: la «Virgen de Belén» y el expolio francés

. Existe una obra de Ribera que estuvo documentada en el palacio ducal de Marchena: la «Virgen de Belén». Esta pieza fue un encargo del IV duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León y Álvarez de Toledo, durante su virreinato en Nápoles, y fue enviada posteriormente a su residencia en Marchena.

El mariscal Soult utilizó el palacio ducal en Marchena, y sus herederos vendieron la obra en una subasta en París en 1852. Hoy se conserva en un museo americano.

Museo de Bellas Artes de Sevilla

El Museo de Bellas Artes de Sevilla alberga una de las obras más destacadas de Ribera en la capital. «Santiago el Mayor», un óleo sobre lienzo pintado hacia 1634, es una pieza clave de la colección. La obra, que fue donada en 1928 por la Colección González Abreu, destaca por la sobriedad cromática y la potencia de la capa roja sobre el fondo neutro que envuelve al santo.

El Palacio de las Dueñas, residencia histórica de la Casa de Alba, es otro de los puntos de la capital donde se puede apreciar una obra del maestro. Entre su vasta colección de más de 1.400 piezas, que abarca desde la antigüedad hasta la época contemporánea, se encuentra una pintura de Ribera titulada «La coronación de espinas». Esta obra forma parte del inmenso patrimonio familiar de la Casa de Alba, que ha reunido a lo largo de los siglos piezas de incalculable valor.

El Monasterio de Santa Paula en Sevilla, conocido por su histórica comunidad de monjas jerónimas y su colección artística permanente, es el tercer lugar en la capital con una obra de Ribera. El convento alberga una «Adoración de los pastores» que, si bien es menos conocida que las de Osuna o del Bellas Artes, es una pieza importante para el estudio de la presencia de Ribera en la región. Se ha documentado que esta obra llegó al monasterio proveniente de la Casa del Infantado.