El trabajo de Francisco Javier Gutiérrez Núñez, titulado “Lucas y Miguel Ruiz Gijón: dos maestros de escuela en la Sevilla del siglo XVII”, se presentó en las XX Jornadas de Historia y Patrimonio de ASCIL, dedicadas a la educación en la provincia de Sevilla. El estudio reconstruye la trayectoria familiar y profesional de Lucas y Miguel Ruiz Gijón, padre y hermano del escultor Francisco Antonio Ruiz Gijón, aportando nuevos datos sobre su origen, nivel socioeconómico y actividad docente.
El autor revisa críticamente el lugar de nacimiento de Lucas, tradicionalmente situado en Calzada de Calatrava (Ciudad Real), y propone como hipótesis más verosímil la localidad de Aldea del Rey, también en Ciudad Real. Lucas emigró a Andalucía, se estableció primero en Utrera, donde contrajo matrimonio en 1645 y nacieron sus cinco hijos, y hacia 1660 se trasladó a Sevilla, fijando su residencia en la collación de San Lorenzo y después en la de Santa María (parroquia del Sagrario). En los protocolos notariales sevillanos se documentan obligaciones de enseñanza en las que Lucas se compromete a enseñar a leer, escribir y contar a varios niños, muchos de ellos hijos de pequeños comerciantes vinculados al comercio americano.
Su hijo Miguel Ruiz Gijón continuó la labor docente del padre, regentando una escuela tasada en 1.000 reales y disponiendo de un lote de libros valorado en 200 reales, según el inventario previo a su segundo matrimonio en 1681. Vivió también en la collación de Santa María, donde se casó y bautizó a sus hijos. A su muerte, en 1687, su primogénito Lucas Marcelino, con solo 15 años, marchó como mercader a Nueva España, abriendo la incógnita de si algunas obras de su tío escultor pudieron llegar al virreinato a través de esta rama de la familia Ruiz Gijón.
Francisco Javier Gutiérrez Núñez. Investigador
1.- Lucas Ruiz Gijón, hijo de Juan Ruiz de Pedroche
La celebración de las XX Jornadas de la ASCIL dedicadas a la “La Educación en la provincia de Sevilla a lo largo de la historia” (Villamanrique de la Condesa, 29 de marzo de 2025), creemos que merecía rescatar del “olvido” a dos maestros de escuela, como fueron Lucas y Miguel Ruiz Gijón, padre y hermano del afamado escultor Francisco Antonio. Nuestra investigación se planteó como objetivos completar la nómina de miembros de la familia, así como aportar cierta información sobre el nivel socioeconómico de ambos. Vid. Cuadro nº 1.
Además hemos detectado una contradicción en torno al supuesto lugar de nacimiento de Lucas, a la que él mismo en cierta manera contribuyó. La historiografía durante las últimas décadas venía aseverando que había nacido en la localidad de Calzada de Calatrava, provincia de Ciudad Real, sin embargo existen hasta tres posibilidades:
En la partida de su matrimonio celebrado en Utrera el 24 de diciembre de 1645, se cita que era natural de Almagro (Ciudad Real), e hijo Juan Ruiz Gijón y María Díaz.
Un par de años después, en la carta de dote de su mujer, fechada el 14 de diciembre de 1647, él mismo declaró que era natural de Aldea del Rey (Ciudad Real), e hijo de Juan Ruiz de Pedroche y María Díaz, que según él aún vivían y eran vecinos de la citada localidad, que como él mismo indicó, pertenecía a la jurisdicción de la villa de Almagro y al arzobispado de Toledo.
Pasadas ya dos décadas, en su testamento fechado el 1 de abril de 1668, afirmaba ser natural de Calzada de Calatrava, y que sus padres eran Juan Ruiz Gijón y María Rivera, también naturales de la misma localidad. Hemos consultado dicho documento y se lee Rivera y no Trueba como se ha venido diciendo. Vid. Cuadro nº 2.
Almagro era la cabecera de la comarca, con un pasado vinculado a la Orden de Calatrava. A sólo 25 kilómetros de ella se localizaba Aldea del Rey y Calzada de Calatrava, municipios a su vez que se distancian entre sí tan sólo por 7 kilómetros. Además en el término de Aldea del Rey se halla la impresionante fortaleza de Calatrava la Nueva.
Como se aprecia en los documentos de 1647 y 1668, las discrepancias surgen en torno a la localidad de nacimiento, en el segundo apellido de su padre y en el primero de su madre. El “baile” en los apellidos era habitual en la Edad Moderna, al no haber una regla fija para su uso, su padre bien pudo ser “Ruiz de Pedroche Gijón” y su madre “Rivera Díaz” o “Díaz Rivera”. Lo cierto es que el apellido Pedroche puede ser un apellido de origen toponímico procedente de dicha localidad del norte de la actual provincia cordobesa o incluso de la cercana Villanueva de Córdoba, donde residía una familia “Ruiz de Pedroche” ya a inicios del siglo XVI. Por tanto no es extraño que una parte de ella emigrara a fines de dicho siglo o inicios del siguiente al colindante Campo de Calatrava y en concreto a Aldea del Rey, situada a 114 y 135 kilómetros de las citadas localidades cordobesas.
De las tres posibilidades la que parece tener más verosimilitud creemos que es la de Aldea del Rey. La partida matrimonial dada en Utrera en 1645 no la escribió él y pudo haber una confusión, asentándose el nombre del partido jurisdiccional y no el de la localidad real de su nacimiento. En cambio en la dote de 1647 él mismo declaró por primera vez ser natural de Aldea del Rey, mientras que su testamento de 1668, ya con una enfermedad avanzada y sin estar en sus plenas facultades o bien pudo confundirse o comunicarle alguno de sus hijos el lugar de su nacimiento de forma errónea al propio escribano.
Parte de los libros sacramentales de la parroquia de San Jorge de Aldea del Rey pueden consultarse en la web “Family Search”, aunque muchos de ellos están en malas condiciones. En nuestro “rastreo” hemos localizado:
El entierro de Juan Ruiz de Pedroche, acontecido el 16 de noviembre de 1628, posiblemente el abuelo de Lucas Ruiz Gijón y de igual nombre que su padre (aún vivo en 1647). Por su alma se celebraron un total de 46 misas.
Entre los bautismos encontramos el de Ana hija de Juan Ruiz de Pedroche y Juana Muñoz, fechado el 20 de noviembre de 1647. No sabemos si este “Juan” es el padre de Lucas, que contrajo un segundo matrimonio, o un homónimo suyo.
Con respecto al apellido Gijón, rastreando los matrimonios de dicha parroquia entre 1628 y 1660, hemos hallado los de Eugenio y Jorge Gijón en 1632 y 1635, así como el nacimiento de una hija de éste último, Ana (20 de diciembre de 1647).
2.- De Ciudad Real a Utrera
Lo cierto es que Lucas Ruiz Gijón emigró desde una de estas tres localidades para asentarse en la localidad de Utrera, donde contrajo matrimonio el domingo 24 de diciembre de 1645 con María de las Nieves. La publicación de la partida sacramental la ha realizado recientemente Mena García (2021), desmontando la idea tradicional de que el enlace tuvo lugar en 1647. Además ha permitido revelar el nombre de sus padres Domingo Vázquez y Sebastiana de Coria.

El documento de la carta de recepción de la dote de su mujer María de las Nieves, se otorgó dos años después de celebrado el matrimonio, en concreto el 14 de diciembre de 1647, ante Pedro de Vargas, escribano de Utrera. La referencia de este documento la proporcionó el propio Lucas en su testamento de 1668, lo cual permitió a Bernales Ballesteros recogerla como referencia en el curso de sus investigaciones sobre su hijo, pero que nunca consultó. Hemos podido localizarlo y consultarlo, y en él consta que su padre, Domingo Vázquez, zapatero de obra prima, fue el que costeó su dote por valor de 3.297 reales. En dicha fecha su madre ya había fallecido.
En la dote se detalla su ajuar compuesto por almohadas, colchones, sábanas, cojines, toallas y enaguas. En cuanto a su ropa llevaba una almilla de damasco verde con su guarnición de oro valorada en 163 reales. Para el dormitorio principal contaba con un espejo y un peinador, así como con una cama de borne con sus barandillas de nogal y clavos de bronce, complementada con una colgadura de cama de lienzo y red blanca (154 y 66 reales). Seis eran los cuadros que aportaba, cuatro grandes de diferentes devociones y otros dos pequeños (96 y 16 reales). También llevó un pequeño juego de joyas, unos zarcillos de plata, una gargantilla de oro, unas perlas, un doblete de oro y un rosario de cristal con una cruz de plata (170 reales). En el total de dichos 3.297 reales de vellón se contabilizó el pago de 1.100 en metálico (100 ducados), de los cuáles 440 debían destinarse a la compra de un vestido.
En Utrera nacieron sus cinco hijos: Juan Carlos (1646), Miguel (1649), María (1652), Francisco Antonio (1653) y Pedro Tomás (1658). El cura de la iglesia mayor de Santa María de la Mesa que bautizó a Francisco Antonio, un 13 de septiembre de 1653, fue Alonso de Coria, y existen muchas probabilidades de que fuera pariente de su madre María de las Nieves, recordemos que era hija de Sebastiana de Coria. Apellido que estaba asentado en Utrera ya al menos desde el siglo anterior, tal es el caso de Catalina de Coria Maldonado, casada con Francisco Álvarez Bohorquez, que fueron los fundadores del convento de la Purísima Concepción, de Utrera, que por devoción de ella fue entregada a las religiosas carmelitas.
Otro miembro destacado de esta familia sería el fraile carmelita Diego Martínez de Coria Maldonado, natural de Utrera y fallecido en 1603. De él se conocen tres obras, el Manuel de Beatas (1591 y 1592), Dilucidario y demostración de las chronicas y antigüedad del sacro orden de la siempre virgen sancta Maria del Monte Carmelo (Córdoba 1593 y 1598) y Vida de san Franco de Sena, carmelita (Barcelona 1613 y 1623).
3.- De Utrera a Sevilla
La historiografía a partir de la obra de Bernales Ballesteros venía recogiendo que los Ruiz Gijón dejaron Utrera hacia el año 1660, y que se afincaron en la collación del Sagrario de Sevilla, posiblemente en la calle del Aceite y luego en de las Gradas. Sin embargo recientemente Cañizares Japón ha descubierto que antes de asentarse en dicha colación, lo inicialmente vivieron en San Lorenzo, en cuya parroquia estuvo la familia empadronada en los años de 1660 y en 1661, en concreto en la casa nº 1 de la plaza del mismo nombre: “Padron del año 1661: que toca al Cuartel de ariva desta Parroquia de señor san lorenço – casa 1 – Lucas Ruiz Gijon – Doña María de las nieves – Joan Ruiz Carlos – Miguel Gijon de nieves – Franco antt.º Gijon” y seis personas más”.
Es curioso como a Miguel, le adjudican como segundo apellido “De Nieves”, a pesar que debía ser el de Vázquez o Coria. Y efectivamente Lucas Ruiz Gijón cuando se compromete con Diego González el 28 de septiembre de 1661 a enseñar a leer y escribir a su sobrino, afirmó ser vecino de la Plaza de San Lorenzo.
El más conocido de todos sus hijos sería Francisco Antonio, afamado y reconocido escultor, autor del Santísimo Cristo de la Expiración (Sevilla), más conocido como “El Cachorro” (1682). En 1669 entró en el taller de Andrés Cansino, que falleció al año siguiente de 1670, contrayendo matrimonio con su viuda Teresa de León. De la faceta artística de Francisco Antonio, así como de sus hermanos Juan Carlos y Pedro Tomás, que serían pintores, ya existe una extensa bibliografía que da cuenta de la trayectoria de los tres.
Francisco Antonio contó con numerosos aprendices, e incluso se ha especulado que tuvo un círculo de seguidores caso de Bartolomé García de Santiago, José Naranjo o su propio hermano Miguel. Sin embargo hasta el momento no ha aparecido ningún documento que confirme la faceta escultórica de este último, posiblemente porque siguió los pasos profesionales del cabeza de familia.
Apenas se tienen datos de Lucas y de Miguel, padre e hijo, ambos maestros de escuela. Como novedad aportamos el dato que creemos inédito que uno de los hijos de Miguel, homónimo de su abuelo, Lucas Ruiz Gijón, terminó emigrando como “mercader” a Nueva España hacia el año 1686, donde contrajo matrimonio en 1692.
4.- Lucas Ruiz Gijón.
4.1.- Dos obligaciones de enseñar: 1661 y 1662
La enseñanza, tal como se ha concebido hasta hoy, apunta Aguilar Piñal, “se imparte en tres niveles complementarios: uno de iniciación, otro de formación general y otro de especialización”. Las escuelas de primera enseñanza que ofrecían una educación elemental y de alfabetización, presentaron una gran casuística a lo largo de la Edad Moderna. Algunos Cabildos costeaban sus locales y el salario de los maestros, aunque también existían maestros particulares “que enseñaban en sus propias viviendas, donde acogían a un número reducido de alumnos”. Es necesario diferenciarlas y distinguirlas de los colegios de segunda enseñanza, también llamados Colegios Menores o Escuelas de Gramática, preparatorios para los estudios superiores (Universidad).
En los Protocolos Notariales de Sevilla hemos localizado dos documentos relacionados con la actividad profesional de Lucas Ruiz Gijón, cabeza de la familia. El primero de ellos se fecha el 28 de septiembre de 1661, en el cual aparece como vecino de la Plaza de San Lorenzo. Como maestro escuela llegó a un acuerdo con Diego González, vecino en la calle de la Sierpe, para enseñar a su sobrino Juan Fernández de 9 años de edad, “a leer, escribir y contar las cinco reglas llanas”, en el plazo de año y medio. Se comprometía a alimentarlo, pues estaría alojado en su casa y compañía. Al final de dicho tiempo, debía saber escribir “de memoria” y contar, a cambio de recibir 1.500 reales, en tres pagos iguales. El primero de dichos pagos se realizó al firmar el compromiso de enseñanza, el plazo del segundo se fijaba para la fecha en la cual el pupilo supiera escribir «veinte renglones» y el tercero y último al finalizar el año y medio. Si al término del tiempo no supiera aún leer y escribir, el maestro debía asumir el coste de continuar con su enseñanza, pero con otro maestro. También se recogían ciertas cláusulas de excepción, en caso que el alumno huyera o falleciera se cancelaría el compromiso.
El 16 de octubre de 1662, Lucas Ruiz Gijón firmó otra obligación similar, con el mercader Francisco García de los Santos, vecinos ambos de la collación de Santa María, para enseñar a leer, escribir y contar a sus dos hijos, Pedro Brito García de Rivera y Juan Tomás García de Rivera, de 7 y 9 años respectivamente, a cambio de mil reales de vellón en dos pagos. Las novedades con respecto a la anterior obligación es que no se cita que fueran alumnos “internos”, y que el plazo para enseñarles se marcaba era el de la partida de los primeros galeones que salieran de España. Debieron ser los de la flota del general Bañuelos Sandoval partió de la península, lo hizo en noviembre de 1664, con destino a Tierra Firme. Esto nos hace pensar que los pequeños García de Rivera tenían como destino embarcar en dicha flota.
En la obligación de septiembre de 1661 actuaron como testigos Sebastián López Murillo y Alonso García Hidalgo. Del primero hemos averiguado que fue Veinticuatro de Sevilla hasta el año de 1659 y del segundo que fue organista de la Santa Catedral de Sevilla. En la obligación de octubre de 1662, los testigos fueron dos escribanos, Gerónimo de Arce y Pedro de Gálvez, sin duda debían trabajar al servicio de Ambrosio Díaz, escribano principal del oficio 19 al frente del cual estuvo entre 1654 y 1671. Gálvez tomó su relevo entre 1671 y 1682.
Del análisis de otras obligaciones similares, llegamos a la conclusión que el coste de contar un “alumno interno” en casa, ascendía aproximadamente a casi mil reales cada año. Por ejemplo Agustín López de Morales, vecino de la calle Aire, se obligaba a enseñar a leer y escribir a Baltasar Esteban de 12 años, en el plazo de 30 meses, que empezaban a correr desde 1 de enero de este año de 1677. Morales se comprometía a tenerlo en su casa, sustentarlo y darle ropa limpia, a cambio de 3.000 reales de vellón, con la condición que la cama se la diera su padrino Marcos Álvarez (maestro barbero y cirujano), y la ropa corriera a costa de su padre, así como el «darle papel, tinta y cañones».
Lucas Ruiz Gijón debía contar con un local que le serviría de aula para dar clase a un grupo de veinte a treinta niños de entre 6 a 10 / 12 años, edades estas últimas en la que sus padres o tutores solían concertar el aprendizaje de un oficio con otro maestro. El absentismo escolar debía de ser alto, y por tanto los ingresos de un maestro debían de ser irregulares y fluctuantes. Por eso creemos que recurrían a estas obligaciones de enseñanza personalizadas como una fuente de ingresos complementaria. Al estar afincado en una collación como la de Santa María de gran actividad económica por estar cercano al puerto, Lucas debió de enseñar a muchos hijos de tenderos y comerciantes al por menor, que no perdían la esperanza que sus hijos tuvieran un futuro prometedor en el continente americano, como podemos comprobar en la obligación de enseñanza de los hermanos Rivera.
Un caso muy distinto es el de la obligación de Francisco Antonio de Paz Esquivel, vecino Omnium Sanctorum, que no afirmaba ser maestro, pero sí se concertó con Miguel Gerónimo Lozano vecino en San Gil, para enseñar a leer y escribir a su hija doña Isabel en el plazo de tres años, a cambio de 150 reales de vellón pagados en dos veces, 100 al principio y 50 al final del periodo.
4.2.- De San Lorenzo a Santa María
El paso por la collación de San Lorenzo fue efímero, pues la familia Ruiz Gijón pronto pasó a residir en la de Santa María, en concreto en la calle Génova (hoy integrada como parte de la Avenida de la Constitución), que iba del Arquillo del Ayuntamiento hasta el cruce con las actuales calles Alemanes y García de Vinuesa. Una calle de gran bullicio, tránsito y actividad, en la cual ya en la segunda mitad del siglo XVII, abundaban numerosos establecimientos de imprenta, librerías y encuadernaciones. Lucas entabló amistad en ella con su vecino Juan Gómez de Blas, impresor en activo en Sevilla entre 1633 y 1667, cuya importancia para la historia del libro sevillano en el siglo XVII radica como apunta Peñalver Gómez, en el hecho que fue el impresor más destacado del segundo tercio del siglo, copando cerca de un 40 por ciento de la producción de este período.
La familia Ruiz Gijón vivía en una casa que el impresor había recibido en arrendamiento de la Catedral de Sevilla, y por tanto posiblemente en régimen de subarriendo:
“Yten declaro que yo e la dicha doña Magdalena del Castillo y Solis tenemos en arrendamiento de por vidas dos pares de casas que son en esta ciudad en la calle de Génova, las unas en que al presente vivimos y las otras en que al presente vive Lucas Ruiz Gijón que están asesorías a ellas y lindan con una calleja sin salida en la dicha calle de Génova cuya propiedad es de la fábrica de la Santa Iglesia metropolitana desta ciudad (…)”.
Gómez de Blas en su testamento de 25 de abril de 1667, lo nombró su albacea, junto a su mujer y a fray Juan de Pinto. Le entregó una memoria detallada con las deudas a su favor y en contra, para que acometiese la liquidación de dichas cuentas.
Tras su muerte los Ruiz Gijón pasaron a vivir a la colindante calle de las Gradas de la misma collación. Casi al año de fallecer su amigo lo haría Lucas, quien formalizó su testamento el 1 de abril de 1668, ante Pedro Gregorio Dávila, y en cuyo encabezamiento se presentaba como “maestro del arte de enseñar a leer, escribir y contar”. No pudo firmarlo debido a la gravedad de su enfermedad, falleciendo al poco tiempo, el día 4, siendo enterrado en su parroquia del Sagrario.
Todo lo relativo a su entierro lo delegó en sus albaceas, su hijo mayor Juan Carlos y a su mujer María de las Nieves. Designó como sus herederos a sus cuatro hijos: Juan Luis Carlos de 21 años, Miguel Gijón de las Nieves de 19, Francisco Antonio de 15 y Pedro Tomás Gijón de 10. A Juan Carlos no le asignaba apellido y a los otros tres los citaba sólo como Gijón, obviando el primero de Ruiz. En el documento también citaba algunas pequeñas deudas a pagar, caso del sastre Jacinto de León y de una “cuentecilla” con Tomás Sánchez, mercader de sedas en la Alcaicería, a cambio de la cual estaba enseñando a dos niños. Por último citaba la deuda con otros dos mercaderes, caso del compadre de Jacinto de León y de Juan Serrano de Castro. Aunque no recordaba el nombre del compadre de León, decía de él que tenía tienda “junto a los gorreros” y al que le debía dos pesos y dos reales, mientras que con Serrano tenía contraída una deuda de 128 reales de vellón.
Sin duda Lucas enseñó a leer y escribir a sus cuatro hijos. En el apéndice puede verse su propia firma fechada en 1662, así como las de sus hijos Francisco Antonio de 1677/1678 y de Miguel de 1681, a los que les inculcó un curioso y original colofón a modo de madeja para terminarla. Vid. fig. 1, 2, 3 y 4. En el caso de Juan Carlos incluso se conserva la carta de profesión que hizo de Agustina de San Pedro, al ingresar en el monasterio de Santa Paula en 1685. Como apunta Rosario Marchena la elaboró “con una letra primorosa y combinando la tinta negra con abundantes mayúsculas rojas”, que denota la enseñanza de su padre.
A excepción de Francisco Antonio, sus otros hermanos siguieron durante bastante tiempo vinculados a la parroquia del Sagrario. Miguel se casó dos veces en dicha parroquia (1670 y 1681) y en ella bautizó a sus cuatro hijos. Juan Carlos también se casó en la misma parroquia, el 29 de marzo de 1672, con Isabel Hernández, y lo mismo hizo Pedro Antonio con Ana Teresa de Ámbar Moxica, el 2 de septiembre de 1680. En ella bautizaron a sus cuatro hijos, Juan Manuel (1681), María Lorenza (1682), Francisco (1684) y Antonio Nicolás (1686).
5.- Miguel Ruiz Gijón (1649-1683)
5.1.- Su primer matrimonio: Francisca de Soto Carrasquilla.
Miguel era el segundo de los hermanos Ruiz Gijón, nacido en Utrera en el año 1649. Se casó en dos ocasiones, en primeras nupcias Francisca de Soto o Sotomayors, hija de Francisco de Soto y Dª María de Carrasquilla. El matrimonio se celebró el 15 de enero de 1670, y su velación el 20 de marzo, en la parroquia del Sagrario de Sevilla, como ya vimos. Tuvo al menos tres hijos bautizados todos en la dicha parroquia, Lucas Marcelino (1672), María Josefa (1676) y Teresa Manuela (1677).
Lucas Marcelino fue bautizado el 3 de marzo de 1672, siendo su padrino Melchor Gutiérrez, sacristán de la parroquia del Sagrario. María Josefa fue bautizada el 18 de enero de 1676 y Teresa Manuela el 14 de noviembre de 1677, siendo sus padrinos Marcos Aguado y D. Ignacio Gómez de Villalobos, respectivamente. De este último conocemos que en 1695 aportó yeso a la obra de la iglesia del hospital de los Venerables Sacerdotes.
Francisca de Soto falleció el 29 de mayo de 1681, otorgando de forma previa una declaración de pobreza ante el escribano José López Albarrán. Al ser hermana de José Francisco de Soto, Sacristán mayor de dicha parroquia, se le perdonaron los derechos de entierro. Se celebraron por ella dos misas (de Ánimas y del Santo Cristo). Miguel ya viudo se quedaba a cargo de la crianza de los tres pequeños, contando sólo con la ayuda de su madre María de las Nieves y de su suegra María de Carrasquilla, que sin duda ya serían de avanzada edad. Esto motivaría que a los pocos meses contrajera un segundo matrimonio el 7 de septiembre de dicho año con Andrea de Godoy.
5.2.- Su segundo matrimonio: Andrea Godoy Carrillo
Ambos tramitaron el expediente matrimonial de testigos ante el Arzobispado el 27 de agosto de dicho año de 1681. Ella declaró ser natural de Córdoba e hija de D. Pedro de Godoy y Dª María Carrillo, y que con tan sólo seis años pasó a vivir con su madre a Sevilla. Hacía ya 27 años que había llegado a la ciudad hispalense, siendo vecina durante todo ese tiempo también de la collación de Santa María (Sagrario).
Los testigos fueron tres, el primero de ellos Pedro de Buiza vecino en calle de Génova, confirmó la declaración de Miguel y que su primera esposa falleció siendo enterrada en la iglesia de su parroquia del Sagrario. También compareció Dª María de Leal, esposa de Francisco Fernández de la Vega, vecina en la calle de la Botica de las Aguas, que afirmó conocer a los futuros contrayentes, y que sabía que Andrea hacía 26 años que residía en Sevilla, por tener amistad con ella. La última en declarar fue Dª María Carrasquilla, su primera suegra, ya viuda y que vivía en el cuarto del Sacristán mayor de la parroquia del Sagrario (con su hijo), y que dijo conocer a Andrea desde hacía ya 7 años. De los tres testigos, sólo Buiza firmó.
El matrimonio se celebró el 7 de septiembre de 1681, y la velación el 24 de septiembre de 1682. Como testigos comparecieron José Francisco de Soto y Pedro de Buiza. Ese mismo 7 de septiembre, Miguel registró su capital de bienes, el 7 de septiembre de 1681 ante notario, declararon ser “maestro de enseñar a leer y escribir”, vecino de la calle Génova. El global del mismo ascendió a 10.000 reales, pero lo más interesante de dicho inventario de bienes, es que recoge dos referencias a su actividad profesional. El valor de la escuela que regentaba se tasaba en mil reales y un lote de libros pequeños y grandes, que imaginamos serían las cartillas de lectura, valorado en doscientos. Pensamos que debió de heredar todo el material de la clase de su padre, siendo la sociología de sus alumnos muy similar también, como vimos anteriormente.
En lo que podríamos entender era la estancia principal de su casa tendría cuatro sillones tapizados con vaqueta de moscovia, con agallones dorados nuevos, valoradas en 352 reales de vellón. Posiblemente en ella tendría un espejo grande decorado con una imagen de la Magdalena y un escaparate grande de pino y centro, valoradas ambas piezas en total en 600 reales. Entre los objetos más curiosos con los que contaba debemos citar un arpa “armada con sus cuerdas y su templador” tasada en 150 reales.
En lo que sería el dormitorio principal sin duda tendría la cama de nogal bronceada que se cita en el inventario con un valor de 600 reales de vellón, así como un peinador de “estopillas con soles y puntas” (100). Además de la ropa de diario se cita algunas piezas que por su superior tasación llaman la atención y que sin duda la utilizaría en ciertas festividades, tal es el caso de un conjunto de vestido de tafetán y sus complementos de su primera esposa, apreciados en 564 reales, así como una ropilla, calzón, mangas de brocato y dos sombreros que serían de él, apreciados en 342.
En distintas estancias de la casa contaba con varios lienzos que decoraban su casa, quizás alguno o algunos de ellos fuera regalo de sus hermanos pintores, caso de Ntra. Sra. de la Granada (150 reales), Nuestra Señora de la Antigua (100), el Tránsito de San José (100), Ntra. Sra. de la Encarnación (50), un Jesús Nazareno (77 reales), un San Francisco (25), así como varias láminas de diferentes devociones con sus molduras doradas (220), tres lienzos de distintas devociones (18) y seis países pequeños (20). Quizás de su hermano Francisco Antonio fuera un niño Jesús con un San Juan y “una hechura del Santísimo Cristo”.
Los acontecimientos familiares se sucedieron en pocos meses. Miguel Ruiz Gijón y Andrea de Godoy, el 19 de abril de 1683 bautizaron a su hijo Fernando Nicolás, siendo su padrino el riojano Pedro Sánchez Riscos, vecino de la misma collación. De él conocemos que era natural de Lumbreras de Cameros (La Rioja) y que estuvo casado con Ildefonsa María Merino de Pedrajas. Fue mercader de paños y Cargador a Indias, hermano de la Santa Caridad, así como Ministro Titular y Depositario de pruebas de pretendientes del Santo Oficio. Mediante la compañía que tenía establecida con Francisco Sánchez Riscos, posiblemente su hermano, envió mercancías con destino a Nueva España en las flotas de 1675 y 1678.
A los pocos meses, Miguel Ruiz Gijón fallecería sin dejar testamento el 20 de diciembre, siendo enterrado en la parroquia del Sagrario al ser vecino de la calle Génova. Quizás la posible mediación de los Sánchez Riscos pueda explicar el por qué su hijo Lucas Marcelino, huérfano y con sólo 15 años se marchase a Nueva España, en busca de un futuro mejor.
Emigró como “mercader” a Nueva España, debiendo embarcar en la flota del general Fernández Santillán que partió el 1 de julio y que llegó a Veracruz el 17 de septiembre de 1687. Ya en territorio novohispano se casó el 11 de mayo de 1692 en La Puebla de Zaragoza, con Francisca de la Parra Hinestrosa. (vid. fig. 5) ¿Alguna de las esculturas de su tío terminarían gracias a él en el Virreinato novohispano?
6.- Apéndice.
6.1.- Cuatros
Cuadro 1.- Genealogía Ruiz Gijón.
Cuadro 2.- Resumen de los posibles lugares de nacimiento de Lucas Ruiz Gijón.
5.2.- Documental.
| Documento 1.- Archivo Histórico Provincial de Sevilla. Protocolos de Utrera. Legajo 20892. Año 1647. Fol. 782 r.- 784 v. Carta otorgada por Lucas Ruiz Gijón de haber recibido la dote de María de las Nieves, hija de Domingo Vázquez. | |
| Acijado = De color de acije. Almilla = Especie de jubón, con mangas o sin ellas, ajustado al cuerpo. Rengue = Tela transparente y fina, especie de gasa. Sempiterna = Tela de lana, basta y muy tupida, que se usaba para vestidos. Tesoro de los Diccionarios Históricos de la Lengua Española. https://www.rae.es/tdhle/ (consulta en línea 21 de marzo de 2025). | |
| Reales de vellón | |
| [Fol. 782 r.]
Primeramente una media cama de borne con sus barandillas de nogal y clavos de bronce en ciento y cincuenta y cuatro reales. Ytem dos colchones rellenos de lana en en diez ducados ambos.
[Fol. 782 v.]
Más dos sábanas de crea con puntas y encajes de pita en ciento y veinte reales ambas. Más dos sábanas de crea llanas en setenta y dos reales ambas. Unas artes de ruan con puntas y barañuelas de hijo de pita en tres ducados. Cuatro almohadas y de crea bordadas con pinos de hilo azul y açixado en tres ducados. Tres toallas la una de ruan con barañuelas y puntas de hijo portugués y las otras dos de crea llanas en tres ducados y medio todo. Cuatro servilletas de lino nuevas en diez y seis reales. Otras cuatro servilletas de estopa a dos reales que son ocho reales. Una tabla de manteles de lino en dos ducados. Otra tabla de manteles de estopa de dos varas y media en ducado y medio. Otra tabla de manteles de estopa del mismo género en ducado y medio. Unas enaguas de lienzo de crea en veinte y cuatro reales. Otras enaguas a medio traer en un ducado. Ytem tres camisas de mujer labradas en seis ducados todas. Un peinador en un ducado. Dos almohadas de crea y dos cojinicos de ruán llenos de lana en veinte reales. Ytem una colgadura de cama de lienzo y red blanca en seis ducados.
[Fol. 783 r.]
Una balona y vueltas de rengue de donas con sus puntas. Y camisa y calzones de Gante y calcetas de hilo. Y cuatro pañuelos de Bretaña en ciento y veinte y siete reales. Un baúl negro de baqueta en cien reales. Dos sillas de descanso negras nuevas en siete ducados. 77. Cuatro cuadros grandes de diferentes imágenes en noventa y seis reales. Dos cuadros pequeños en diez y seis reales. Un bufete pequeño en veinte y cuatro reales. Cuatro cojines de tripillas nuevos. Los dos a ducados y los otros a siete reales cada uno que monta todo treinta y seis reales. Una estera de junquillo en siete reales. Una canasta blanca y raída en dos reales. Una gargantilla de oro en cuarenta reales. Diez adarmes de perlas y un doblete de oro con nueve piedras blancas en ciento y ocho reales todo. Un Rosario de cristal con una cruz de plata en diez y seis reales.
[Fol. 783 v.]
Unos sarcillos de plata sobredorados con tres perlas cada uno en medio ducado. Un espejo mediano de cristal en cuatro reales. Un candelero orneado en cinco reales. Un cofrecito y una canastilla en cuatro reales. Un dedal de plata que pesó dos reales y medio. Un paño colorado de cama grande en seis ducados. Una saya de jergueta de condoncillo nuevamente ducados. Unas enaguas de damisela con su guarnición de oro en ciento y cincuenta reales. Una almilla de damasco verde con su guarnición de oro en ciento y sesenta y tres reales. Un habito de picotillo de seda en cien reales. Una almilla de camello en veinte reales. Un serenero que tiene vara y media de tafetán en quince reales. Un corpiño de pasadillo encarnado con su galón de oro en once reales. Un manto de anascote viejo en dos ducados. Unas enaguas de sempiterna azul en dos ducados. Una mantellina de bayeta blanca en veinte reales.
[Fol. 784 r.] Una balona blandina en dos ducados. Más cuarenta ducados en dinero para comprar un vestido. Y un aderezo de espada y daga. Más sesenta ducados en dinero. |
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110
120 72 33 33
38 16 8 22 16 16 24 11 66 11 20 66
127 100 77 96 16 24
36 7 2 40
108 16
5.5 4 5 4 2,5 66 77 150 163 100 20 15 11 22 22 20
22 440 660 |
| 3.297 | |
| Documento 2.- Archivo Histórico Provincial de Sevilla. Protocolos de Sevilla. Oficio 16. Año 1681. Libro 2º. Legajo 10.281. Folios 224-227. Fecha: 07/09/1681. Capital de Miguel Ruiz Gijón, maestro de enseñar a leer y escribir, vecino en la calle Génova. | ||
| Reales de vellón | ||
| [Fol. 224 r.]
Primeramente una cama de nogal todo bronceada nueva con todos sus aderezos. Ytem cuatro sillones de baqueta de moscobia con agallones dorados nuevos en trescientos y cincuenta y dos. Un espejo grande con una imagen de la Magdalena pintada con la moldura y de peral en trescientos reales. Más otro espejo pequeño en cincuenta reales. Un escaparate grande de pino y cedro en trescientos reales. Un bufete con su cajón de cedro en treinta reales. Más otros dos pequeños de cedro en veinte reales. Más una mesa ordinaria para comer en seis reales.
[Fol. 224 v.]
Más seis silletas de enea con un taburete en diez y seis reales. Más dos arcas de pino en veinte reales. Más otra arca de pino grande con diez y seis reales. Más un cofre tumbado de pino forrado en cuarenta y cuatro reales. Más un arpa armada con sus cuerdas y su templador en ciento y cincuenta reales. Más un pipote mediano con sus horquillos en treinta y tres reales. Más unas celosías que sirven en el balcón en doscientos reales. Más el valor de la escuela con todo lo necesario en ella mil reales. Más un lienzo del señor arcángel San Miguel de dos varas y media de largo y vara y media de ancho en cien reales. Más un lienzo de Jesús Nazareno de medio cuerpo de tres varas de largo y una de ancho en setenta y siete reales. Más otro lienzo de la imagen de Nuestra Señora de la Antigua de dos varas de largo y vara y tercia de ancho en cien reales. Más otros dos lienzos de la Encarnación y el Tránsito del señor San José de vara y tercia de largo y de ancho ambos en cien reales. Más otros dos lienzos de diferentes devociones nuevos de a vara y tercia todos en ciento y cincuenta reales. Más una lámina de tafetán de la vida de Ntro. Padre San Francisco con su guarnición de tarco en veinte y cinco reales. Más seis láminas pequeñas de diferentes devociones con sus molduras doradas en doscientos reales. Más una de Nuestra Señora de la Granada con su moldura dorada en ciento y cincuenta reales. Más un niño y un San Juan y una hechura del Santísimo Cristo en treinta y tres.
[Fol. 225 r.]
Más siete láminas pequeñas doradas en veinte reales. Más tres lienzos de a vara y tercia de diferentes devociones de mediados en diez y ocho reales. Más seis países pequeños en veinte reales. Más cinco láminas de Jesús de María de letra empasta en treinta y tres reales. Más dos pares de corredores y su estera de junco en cuarenta y dos. Más media docena de cojines en setenta y dos reales. Mas dos colchones cameros en ciento y treinta y dos reales. Más cuatro colchones de mediados en ciento y cincuenta y cuatro reales. Más una colchita de angaripola en veinte y cuatro reales. Más un paño de cama encarnado de bayeta en treinta y seis reales. Más un cobertor blanco de mediado en doce reales. Más otro cobertorcito en doce reales. Más otro paño de cama colorado en veinte reales. Más una mantilla blanca de bayeta en veinte y dos reales. Más dos sobremesas de bufetes en diez y seis reales. Más un rodapiés bordado en diez y ocho reales. Más otra mantilla de bayeta en seis reales. Más un justacon de barragán en treinta y siete reales. Más enaguas y ropilla de túnica en sesenta reales.
[Fol. 225 v.]
Más otra túnica pequeña en veinte reales. Más unos mangosos de tafetán sencillo en doce reales. Más unos calzones de (…) con guarnición de (…) cincuenta reales. Más una ropilla y calzón y mangas de brocato, dos sombreros nuevos en trescientos y cuarenta y dos reales. Más una linterna de felpa en trescientos reales. Más otra linterna de tafetán de la niña mayor en treinta y tres reales. Más otra angarina de cristal en treinta y tres reales. Más otra angarina de cristal en treinta y tres reales. Más una angarina y tapapiés de tafetán choreado de la niña en treinta y seis reales. Más una basquiña de tafetán doble de la niña mayor en setenta y dos reales. Más una linterna de brocato de color de la niña mayor en cuarenta y ocho reales. Más unas enaguas de sarga nuevas en veinte y dos reales. Más una saya de olan de Holanda nueva en treinta y seis reales. Más otras enaguas de sarga encarnada en treinta y tres reales. Más cinco varas de olan de Holanda en pieza en treinta reales. Más unos calzones de tafetán encarnado con encajes y puntas y en cincuenta y cinco reales. Más un manto atafetanado en cuarenta y cuatro reales. Más un tapapiés de raso verde con los cabezones blancos en ciento cincuenta reales. Más un manto nuevo atafetanado en ciento y cincuenta reales.
[Fol. 226 r.]
Tres mangotes de tafetán más tres pares de medias todo en sesenta y seis reales. Más un hilan con puntas finas en diez y ocho reales. Mas un bolsón de reliquias en veinticuatro reales Más un abanillo de raso, con las varillas de marfil en veinte y cuatro reales. Más dos sábanas de bramante nuevas en sesenta reales. Mas dos pares de almohadas en diez y seis reales. Más una tabla de manteles por estrenar alemanisca en treinta y tres reales. Más otra toalla de manteles de mediados en veinte y dos reales. Más un coleto de vestir en treinta reales. Más servilletas y manteles para el servicio de la mesa en doce reales. Más cuatro camisones de hombre en ciento treinta y dos reales. Más tres pares de calzones a medio traer en veinte y seis reales. Más tres camisas de la niña mayor dos nuevas y una ayuda en cincuenta reales. Más, de la otra niña dos camisas nuevas y unas enaguas blancas en treinta y tres reales. Más unas enaguas blancas de beatilla con tres andanas de soles en cuarenta y cuatro reales. Más ocho xuiras de Indias en treinta y dos reales. Más un peinador de estopillas con soles y puntas en cien reales.
[Fol. 226 v.] Más un corpiño de raso carmesí en doce reales. Más unas fundas de holandillas encarnadas en doce reales. Más una faxa de seda en doce reales. Más un bateyta y una (…) doce reales. Más una caja de cuchillos finos en veinticuatro reales. Más de la vela que sirve en el patio en treinta reales. Más losas de Génova, fuentes y porcelanas y platos y vidrios y barros de Indias y posillos todo fino en trescientos reales. Más tres tinajas y lebrillos verdes en veinticuatro reales. Más un velón de azófar en veinte y cuatro reales. Más de trastos de cocina en cien reales. Más una copa de madenamadera con su sarteneja en cincuenta reales. Más dos esteras grandes de esparto en veinte reales. Más de un salero y doce cucharas y una bernegal y dos tenedores todo de plata que pesaron treinta y cinco onzas que va con reales cuatrocientos y veinte. Más unos zarcillos de oro de cinco pendientes apreciados en veinte pesos que hacen reales de vellón doscientos cuarenta. Más otros dos pares de zarcillos de filigrana dorados con sus perlas en ochenta y ocho reales. Más, treinta cuerpos de libros chicos y grandes apreciados en doscientos reales. Más de un vestido de tafetán doble nuevo, calzón, ropilla y mangas y con encajes y armador de brocato de color y angarina de tafetán doble nueva pagando todas las hechuras en quinientos y sesenta y cuatro reales de vellón. Más del vestido del niño calzón y mangas de tafetán doble y ropilla de bayeta y hechuras en ochenta reales. Más de una capa larga de bayeta de cinco varas en sesenta y un reales de vellón.
[Fol. 227 r.] Más otra capa de bayeta nueva de tres varas en cuarenta y cinco reales de vellón. Más de espada y daga con puños de plata y hojas en ciento y doce reales.
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