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Arte

Investigación: “Lucas y Miguel Ruiz Gijón: dos maestros de escuela en la Sevilla del siglo XVII”

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El trabajo de Francisco Javier Gutiérrez Núñez, titulado “Lucas y Miguel Ruiz Gijón: dos maestros de escuela en la Sevilla del siglo XVII”, se presentó en las XX Jornadas de Historia y Patrimonio de ASCIL, dedicadas a la educación en la provincia de Sevilla. El estudio reconstruye la trayectoria familiar y profesional de Lucas y Miguel Ruiz Gijón, padre y hermano del escultor Francisco Antonio Ruiz Gijón, aportando nuevos datos sobre su origen, nivel socioeconómico y actividad docente.

El autor revisa críticamente el lugar de nacimiento de Lucas, tradicionalmente situado en Calzada de Calatrava (Ciudad Real), y propone como hipótesis más verosímil la localidad de Aldea del Rey, también en Ciudad Real. Lucas emigró a Andalucía, se estableció primero en Utrera, donde contrajo matrimonio en 1645 y nacieron sus cinco hijos, y hacia 1660 se trasladó a Sevilla, fijando su residencia en la collación de San Lorenzo y después en la de Santa María (parroquia del Sagrario). En los protocolos notariales sevillanos se documentan obligaciones de enseñanza en las que Lucas se compromete a enseñar a leer, escribir y contar a varios niños, muchos de ellos hijos de pequeños comerciantes vinculados al comercio americano.

Su hijo Miguel Ruiz Gijón continuó la labor docente del padre, regentando una escuela tasada en 1.000 reales y disponiendo de un lote de libros valorado en 200 reales, según el inventario previo a su segundo matrimonio en 1681. Vivió también en la collación de Santa María, donde se casó y bautizó a sus hijos. A su muerte, en 1687, su primogénito Lucas Marcelino, con solo 15 años, marchó como mercader a Nueva España, abriendo la incógnita de si algunas obras de su tío escultor pudieron llegar al virreinato a través de esta rama de la familia Ruiz Gijón.

Francisco Javier Gutiérrez Núñez. Investigador

1.- Lucas Ruiz Gijón, hijo de Juan Ruiz de Pedroche

La celebración de las XX Jornadas de la ASCIL dedicadas a la “La Educación en la provincia de Sevilla a lo largo de la historia” (Villamanrique de la Condesa, 29 de marzo de 2025), creemos que merecía rescatar del “olvido” a dos maestros de escuela, como fueron Lucas y Miguel Ruiz Gijón, padre y hermano del afamado escultor Francisco Antonio. Nuestra investigación se planteó como objetivos completar la nómina de miembros de la familia, así como aportar cierta información sobre el nivel socioeconómico de ambos. Vid. Cuadro nº 1.

Además hemos detectado una contradicción en torno al supuesto lugar de nacimiento de Lucas, a la que él mismo en cierta manera contribuyó. La historiografía durante las últimas décadas venía aseverando que había nacido en la localidad de Calzada de Calatrava, provincia de Ciudad Real, sin embargo existen hasta tres posibilidades:

En la partida de su matrimonio celebrado en Utrera el 24 de diciembre de 1645, se cita que era natural de Almagro (Ciudad Real), e hijo Juan Ruiz Gijón y María Díaz.

Un par de años después, en la carta de dote de su mujer, fechada el 14 de diciembre de 1647, él mismo declaró que era natural de Aldea del Rey (Ciudad Real), e hijo de Juan Ruiz de Pedroche y María Díaz, que según él aún vivían y eran vecinos de la citada localidad, que como él mismo indicó, pertenecía a la jurisdicción de la villa de Almagro y al arzobispado de Toledo.

Pasadas ya dos décadas, en su testamento fechado el 1 de abril de 1668, afirmaba ser natural de Calzada de Calatrava, y que sus padres eran Juan Ruiz Gijón y María Rivera, también naturales de la misma localidad. Hemos consultado dicho documento y se lee Rivera y no Trueba como se ha venido diciendo. Vid. Cuadro nº 2.

Almagro era la cabecera de la comarca, con un pasado vinculado a la Orden de Calatrava. A sólo 25 kilómetros de ella se localizaba Aldea del Rey y Calzada de Calatrava, municipios a su vez que se distancian entre sí tan sólo por 7 kilómetros. Además en el término de Aldea del Rey se halla la impresionante fortaleza de Calatrava la Nueva.

Como se aprecia en los documentos de 1647 y 1668, las discrepancias surgen en torno a la localidad de nacimiento, en el segundo apellido de su padre y en el primero de su madre. El “baile” en los apellidos era habitual en la Edad Moderna, al no haber una regla fija para su uso, su padre bien pudo ser “Ruiz de Pedroche Gijón” y su madre “Rivera Díaz” o “Díaz Rivera”. Lo cierto es que el apellido Pedroche puede ser un apellido de origen toponímico procedente de dicha localidad del norte de la actual provincia cordobesa o incluso de la cercana Villanueva de Córdoba, donde residía una familia “Ruiz de Pedroche” ya a inicios del siglo XVI. Por tanto no es extraño que una parte de ella emigrara a fines de dicho siglo o inicios del siguiente al colindante Campo de Calatrava y en concreto a Aldea del Rey, situada a 114 y 135 kilómetros de las citadas localidades cordobesas.

De las tres posibilidades la que parece tener más verosimilitud creemos que es la de Aldea del Rey. La partida matrimonial dada en Utrera en 1645 no la escribió él y pudo haber una confusión, asentándose el nombre del partido jurisdiccional y no el de la localidad real de su nacimiento. En cambio en la dote de 1647 él mismo declaró por primera vez ser natural de Aldea del Rey, mientras que su testamento de 1668, ya con una enfermedad avanzada y sin estar en sus plenas facultades o bien pudo confundirse o comunicarle alguno de sus hijos el lugar de su nacimiento de forma errónea al propio escribano.

Parte de los libros sacramentales de la parroquia de San Jorge de Aldea del Rey pueden consultarse en la web “Family Search”, aunque muchos de ellos están en malas condiciones. En nuestro “rastreo” hemos localizado:

El entierro de Juan Ruiz de Pedroche, acontecido el 16 de noviembre de 1628, posiblemente el abuelo de Lucas Ruiz Gijón y de igual nombre que su padre (aún vivo en 1647). Por su alma se celebraron un total de 46 misas.

Entre los bautismos encontramos el de Ana hija de Juan Ruiz de Pedroche y Juana Muñoz, fechado el 20 de noviembre de 1647. No sabemos si este “Juan” es el padre de Lucas, que contrajo un segundo matrimonio, o un homónimo suyo.

Con respecto al apellido Gijón, rastreando los matrimonios de dicha parroquia entre 1628 y 1660, hemos hallado los de Eugenio y Jorge Gijón en 1632 y 1635, así como el nacimiento de una hija de éste último, Ana (20 de diciembre de 1647).

2.- De Ciudad Real a Utrera

Lo cierto es que Lucas Ruiz Gijón emigró desde una de estas tres localidades para asentarse en la localidad de Utrera, donde contrajo matrimonio el domingo 24 de diciembre de 1645 con María de las Nieves. La publicación de la partida sacramental la ha realizado recientemente Mena García (2021), desmontando la idea tradicional de que el enlace tuvo lugar en 1647. Además ha permitido revelar el nombre de sus padres Domingo Vázquez y Sebastiana de Coria.

El documento de la carta de recepción de la dote de su mujer María de las Nieves, se otorgó dos años después de celebrado el matrimonio, en concreto el 14 de diciembre de 1647, ante Pedro de Vargas, escribano de Utrera. La referencia de este documento la proporcionó el propio Lucas en su testamento de 1668, lo cual permitió a Bernales Ballesteros recogerla como referencia en el curso de sus investigaciones sobre su hijo, pero que nunca consultó. Hemos podido localizarlo y consultarlo, y en él consta que su padre, Domingo Vázquez, zapatero de obra prima, fue el que costeó su dote por valor de 3.297 reales. En dicha fecha su madre ya había fallecido.

En la dote se detalla su ajuar compuesto por almohadas, colchones, sábanas, cojines, toallas y enaguas. En cuanto a su ropa llevaba una almilla de damasco verde con su guarnición de oro valorada en 163 reales. Para el dormitorio principal contaba con un espejo y un peinador, así como con una cama de borne con sus barandillas de nogal y clavos de bronce, complementada con una colgadura de cama de lienzo y red blanca (154 y 66 reales). Seis eran los cuadros que aportaba, cuatro grandes de diferentes devociones y otros dos pequeños (96 y 16 reales). También llevó un pequeño juego de joyas, unos zarcillos de plata, una gargantilla de oro, unas perlas, un doblete de oro y un rosario de cristal con una cruz de plata (170 reales). En el total de dichos 3.297 reales de vellón se contabilizó el pago de 1.100 en metálico (100 ducados), de los cuáles 440 debían destinarse a la compra de un vestido.

En Utrera nacieron sus cinco hijos: Juan Carlos (1646), Miguel (1649), María (1652), Francisco Antonio (1653) y Pedro Tomás (1658). El cura de la iglesia mayor de Santa María de la Mesa que bautizó a Francisco Antonio, un 13 de septiembre de 1653, fue Alonso de Coria, y existen muchas probabilidades de que fuera pariente de su madre María de las Nieves, recordemos que era hija de Sebastiana de Coria. Apellido que estaba asentado en Utrera ya al menos desde el siglo anterior, tal es el caso de Catalina de Coria Maldonado, casada con Francisco Álvarez Bohorquez, que fueron los fundadores del convento de la Purísima Concepción, de Utrera, que por devoción de ella fue entregada a las religiosas carmelitas.

Otro miembro destacado de esta familia sería el fraile carmelita Diego Martínez de Coria Maldonado, natural de Utrera y fallecido en 1603. De él se conocen tres obras, el Manuel de Beatas (1591 y 1592), Dilucidario y demostración de las chronicas y antigüedad del sacro orden de la siempre virgen sancta Maria del Monte Carmelo (Córdoba 1593 y 1598) y Vida de san Franco de Sena, carmelita (Barcelona 1613 y 1623).

3.- De Utrera a Sevilla

La historiografía a partir de la obra de Bernales Ballesteros venía recogiendo que los Ruiz Gijón dejaron Utrera hacia el año 1660, y que se afincaron en la collación del Sagrario de Sevilla, posiblemente en la calle del Aceite y luego en de las Gradas. Sin embargo recientemente Cañizares Japón ha descubierto que antes de asentarse en dicha colación, lo inicialmente vivieron en San Lorenzo, en cuya parroquia estuvo la familia empadronada en los años de 1660 y en 1661, en concreto en la casa nº 1 de la plaza del mismo nombre: “Padron del año 1661: que toca al Cuartel de ariva desta Parroquia de señor san lorenço – casa 1 – Lucas Ruiz Gijon – Doña María de las nieves – Joan Ruiz Carlos – Miguel Gijon de nieves – Franco antt.º Gijon” y seis personas más”.

Es curioso como a Miguel, le adjudican como segundo apellido “De Nieves”, a pesar que debía ser el de Vázquez o Coria. Y efectivamente Lucas Ruiz Gijón cuando se compromete con Diego González el 28 de septiembre de 1661 a enseñar a leer y escribir a su sobrino, afirmó ser vecino de la Plaza de San Lorenzo.

El más conocido de todos sus hijos sería Francisco Antonio, afamado y reconocido escultor, autor del Santísimo Cristo de la Expiración (Sevilla), más conocido como “El Cachorro” (1682). En 1669 entró en el taller de Andrés Cansino, que falleció al año siguiente de 1670, contrayendo matrimonio con su viuda Teresa de León. De la faceta artística de Francisco Antonio, así como de sus hermanos Juan Carlos y Pedro Tomás, que serían pintores, ya existe una extensa bibliografía que da cuenta de la trayectoria de los tres.

Francisco Antonio contó con numerosos aprendices, e incluso se ha especulado que tuvo un círculo de seguidores caso de Bartolomé García de Santiago, José Naranjo o su propio hermano Miguel. Sin embargo hasta el momento no ha aparecido ningún documento que confirme la faceta escultórica de este último, posiblemente porque siguió los pasos profesionales del cabeza de familia.

Apenas se tienen datos de Lucas y de Miguel, padre e hijo, ambos maestros de escuela. Como novedad aportamos el dato que creemos inédito que uno de los hijos de Miguel, homónimo de su abuelo, Lucas Ruiz Gijón, terminó emigrando como “mercader” a Nueva España hacia el año 1686, donde contrajo matrimonio en 1692.

4.- Lucas Ruiz Gijón.

4.1.- Dos obligaciones de enseñar: 1661 y 1662

La enseñanza, tal como se ha concebido hasta hoy, apunta Aguilar Piñal, “se imparte en tres niveles complementarios: uno de iniciación, otro de formación general y otro de especialización”. Las escuelas de primera enseñanza que ofrecían una educación elemental y de alfabetización, presentaron una gran casuística a lo largo de la Edad Moderna. Algunos Cabildos costeaban sus locales y el salario de los maestros, aunque también existían maestros particulares “que enseñaban en sus propias viviendas, donde acogían a un número reducido de alumnos”. Es necesario diferenciarlas y distinguirlas de los colegios de segunda enseñanza, también llamados Colegios Menores o Escuelas de Gramática, preparatorios para los estudios superiores (Universidad).

En los Protocolos Notariales de Sevilla hemos localizado dos documentos relacionados con la actividad profesional de Lucas Ruiz Gijón, cabeza de la familia. El primero de ellos se fecha el 28 de septiembre de 1661, en el cual aparece como vecino de la Plaza de San Lorenzo. Como maestro escuela llegó a un acuerdo con Diego González, vecino en la calle de la Sierpe, para enseñar a su sobrino Juan Fernández de 9 años de edad, “a leer, escribir y contar las cinco reglas llanas”, en el plazo de año y medio. Se comprometía a alimentarlo, pues estaría alojado en su casa y compañía. Al final de dicho tiempo, debía saber escribir “de memoria” y contar, a cambio de recibir 1.500 reales, en tres pagos iguales. El primero de dichos pagos se realizó al firmar el compromiso de enseñanza, el plazo del segundo se fijaba para la fecha en la cual el pupilo supiera escribir «veinte renglones» y el tercero y último al finalizar el año y medio. Si al término del tiempo no supiera aún leer y escribir, el maestro debía asumir el coste de continuar con su enseñanza, pero con otro maestro. También se recogían ciertas cláusulas de excepción, en caso que el alumno huyera o falleciera se cancelaría el compromiso.

El 16 de octubre de 1662, Lucas Ruiz Gijón firmó otra obligación similar, con el mercader Francisco García de los Santos, vecinos ambos de la collación de Santa María, para enseñar a leer, escribir y contar a sus dos hijos, Pedro Brito García de Rivera y Juan Tomás García de Rivera, de 7 y 9 años respectivamente, a cambio de mil reales de vellón en dos pagos. Las novedades con respecto a la anterior obligación es que no se cita que fueran alumnos “internos”, y que el plazo para enseñarles se marcaba era el de la partida de los primeros galeones que salieran de España. Debieron ser los de la flota del general Bañuelos Sandoval partió de la península, lo hizo en noviembre de 1664, con destino a Tierra Firme. Esto nos hace pensar que los pequeños García de Rivera tenían como destino embarcar en dicha flota.

En la obligación de septiembre de 1661 actuaron como testigos Sebastián López Murillo y Alonso García Hidalgo. Del primero hemos averiguado que fue Veinticuatro de Sevilla hasta el año de 1659 y del segundo que fue organista de la Santa Catedral de Sevilla. En la obligación de octubre de 1662, los testigos fueron dos escribanos, Gerónimo de Arce y Pedro de Gálvez, sin duda debían trabajar al servicio de Ambrosio Díaz, escribano principal del oficio 19 al frente del cual estuvo entre 1654 y 1671. Gálvez tomó su relevo entre 1671 y 1682.

Del análisis de otras obligaciones similares, llegamos a la conclusión que el coste de contar un “alumno interno” en casa, ascendía aproximadamente a casi mil reales cada año. Por ejemplo Agustín López de Morales, vecino de la calle Aire, se obligaba a enseñar a leer y escribir a Baltasar Esteban de 12 años, en el plazo de 30 meses, que empezaban a correr desde 1 de enero de este año de 1677. Morales se comprometía a tenerlo en su casa, sustentarlo y darle ropa limpia, a cambio de 3.000 reales de vellón, con la condición que la cama se la diera su padrino Marcos Álvarez (maestro barbero y cirujano), y la ropa corriera a costa de su padre, así como el «darle papel, tinta y cañones».

Lucas Ruiz Gijón debía contar con un local que le serviría de aula para dar clase a un grupo de veinte a treinta niños de entre 6 a 10 / 12 años, edades estas últimas en la que sus padres o tutores solían concertar el aprendizaje de un oficio con otro maestro. El absentismo escolar debía de ser alto, y por tanto los ingresos de un maestro debían de ser irregulares y fluctuantes. Por eso creemos que recurrían a estas obligaciones de enseñanza personalizadas como una fuente de ingresos complementaria. Al estar afincado en una collación como la de Santa María de gran actividad económica por estar cercano al puerto, Lucas debió de enseñar a muchos hijos de tenderos y comerciantes al por menor, que no perdían la esperanza que sus hijos tuvieran un futuro prometedor en el continente americano, como podemos comprobar en la obligación de enseñanza de los hermanos Rivera.

Un caso muy distinto es el de la obligación de Francisco Antonio de Paz Esquivel, vecino Omnium Sanctorum, que no afirmaba ser maestro, pero sí se concertó con Miguel Gerónimo Lozano vecino en San Gil, para enseñar a leer y escribir a su hija doña Isabel en el plazo de tres años, a cambio de 150 reales de vellón pagados en dos veces, 100 al principio y 50 al final del periodo.

 

4.2.- De San Lorenzo a Santa María

El paso por la collación de San Lorenzo fue efímero, pues la familia Ruiz Gijón pronto pasó a residir en la de Santa María, en concreto en la calle Génova (hoy integrada como parte de la Avenida de la Constitución), que iba del Arquillo del Ayuntamiento hasta el cruce con las actuales calles Alemanes y García de Vinuesa. Una calle de gran bullicio, tránsito y actividad, en la cual ya en la segunda mitad del siglo XVII, abundaban numerosos establecimientos de imprenta, librerías y encuadernaciones. Lucas entabló amistad en ella con su vecino Juan Gómez de Blas, impresor en activo en Sevilla entre 1633 y 1667, cuya importancia para la historia del libro sevillano en el siglo XVII radica como apunta Peñalver Gómez, en el hecho que fue el impresor más destacado del segundo tercio del siglo, copando cerca de un 40 por ciento de la producción de este período.

La familia Ruiz Gijón vivía en una casa que el impresor había recibido en arrendamiento de la Catedral de Sevilla, y por tanto posiblemente en régimen de subarriendo:

“Yten declaro que yo e la dicha doña Magdalena del Castillo y Solis tenemos en arrendamiento de por vidas dos pares de casas que son en esta ciudad en la calle de Génova, las unas en que al presente vivimos y las otras en que al presente vive Lucas Ruiz Gijón que están asesorías a ellas y lindan con una calleja sin salida en la dicha calle de Génova cuya propiedad es de la fábrica de la Santa Iglesia metropolitana desta ciudad (…)”.

Gómez de Blas en su testamento de 25 de abril de 1667, lo nombró su albacea, junto a su mujer y a fray Juan de Pinto. Le entregó una memoria detallada con las deudas a su favor y en contra, para que acometiese la liquidación de dichas cuentas.

Tras su muerte los Ruiz Gijón pasaron a vivir a la colindante calle de las Gradas de la misma collación. Casi al año de fallecer su amigo lo haría Lucas, quien formalizó su testamento el 1 de abril de 1668, ante Pedro Gregorio Dávila, y en cuyo encabezamiento se presentaba como “maestro del arte de enseñar a leer, escribir y contar”. No pudo firmarlo debido a la gravedad de su enfermedad, falleciendo al poco tiempo, el día 4, siendo enterrado en su parroquia del Sagrario.

Todo lo relativo a su entierro lo delegó en sus albaceas, su hijo mayor Juan Carlos y a su mujer María de las Nieves. Designó como sus herederos a sus cuatro hijos: Juan Luis Carlos de 21 años, Miguel Gijón de las Nieves de 19, Francisco Antonio de 15 y Pedro Tomás Gijón de 10. A Juan Carlos no le asignaba apellido y a los otros tres los citaba sólo como Gijón, obviando el primero de Ruiz. En el documento también citaba algunas pequeñas deudas a pagar, caso del sastre Jacinto de León y de una “cuentecilla” con Tomás Sánchez, mercader de sedas en la Alcaicería, a cambio de la cual estaba enseñando a dos niños. Por último citaba la deuda con otros dos mercaderes, caso del compadre de Jacinto de León y de Juan Serrano de Castro. Aunque no recordaba el nombre del compadre de León, decía de él que tenía tienda “junto a los gorreros” y al que le debía dos pesos y dos reales, mientras que con Serrano tenía contraída una deuda de 128 reales de vellón.

Sin duda Lucas enseñó a leer y escribir a sus cuatro hijos. En el apéndice puede verse su propia firma fechada en 1662, así como las de sus hijos Francisco Antonio de 1677/1678 y de Miguel de 1681, a los que les inculcó un curioso y original colofón a modo de madeja para terminarla. Vid. fig. 1, 2, 3 y 4. En el caso de Juan Carlos incluso se conserva la carta de profesión que hizo de Agustina de San Pedro, al ingresar en el monasterio de Santa Paula en 1685. Como apunta Rosario Marchena la elaboró “con una letra primorosa y combinando la tinta negra con abundantes mayúsculas rojas”, que denota la enseñanza de su padre.

A excepción de Francisco Antonio, sus otros hermanos siguieron durante bastante tiempo vinculados a la parroquia del Sagrario. Miguel se casó dos veces en dicha parroquia (1670 y 1681) y en ella bautizó a sus cuatro hijos. Juan Carlos también se casó en la misma parroquia, el 29 de marzo de 1672, con Isabel Hernández, y lo mismo hizo Pedro Antonio con Ana Teresa de Ámbar Moxica, el 2 de septiembre de 1680. En ella bautizaron a sus cuatro hijos, Juan Manuel (1681), María Lorenza (1682), Francisco (1684) y Antonio Nicolás (1686).

5.- Miguel Ruiz Gijón (1649-1683)

5.1.- Su primer matrimonio: Francisca de Soto Carrasquilla.

Miguel era el segundo de los hermanos Ruiz Gijón, nacido en Utrera en el año 1649. Se casó en dos ocasiones, en primeras nupcias Francisca de Soto o Sotomayors, hija de Francisco de Soto y Dª María de Carrasquilla. El matrimonio se celebró el 15 de enero de 1670, y su velación el 20 de marzo, en la parroquia del Sagrario de Sevilla, como ya vimos. Tuvo al menos tres hijos bautizados todos en la dicha parroquia, Lucas Marcelino (1672), María Josefa (1676) y Teresa Manuela (1677).

Lucas Marcelino fue bautizado el 3 de marzo de 1672, siendo su padrino Melchor Gutiérrez, sacristán de la parroquia del Sagrario. María Josefa fue bautizada el 18 de enero de 1676 y Teresa Manuela el 14 de noviembre de 1677, siendo sus padrinos Marcos Aguado y D. Ignacio Gómez de Villalobos, respectivamente. De este último conocemos que en 1695 aportó yeso a la obra de la iglesia del hospital de los Venerables Sacerdotes.

Francisca de Soto falleció el 29 de mayo de 1681, otorgando de forma previa una declaración de pobreza ante el escribano José López Albarrán. Al ser hermana de José Francisco de Soto, Sacristán mayor de dicha parroquia, se le perdonaron los derechos de entierro. Se celebraron por ella dos misas (de Ánimas y del Santo Cristo). Miguel ya viudo se quedaba a cargo de la crianza de los tres pequeños, contando sólo con la ayuda de su madre María de las Nieves y de su suegra María de Carrasquilla, que sin duda ya serían de avanzada edad. Esto motivaría que a los pocos meses contrajera un segundo matrimonio el 7 de septiembre de dicho año con Andrea de Godoy.

5.2.- Su segundo matrimonio: Andrea Godoy Carrillo

Ambos tramitaron el expediente matrimonial de testigos ante el Arzobispado el 27 de agosto de dicho año de 1681. Ella declaró ser natural de Córdoba e hija de D. Pedro de Godoy y Dª María Carrillo, y que con tan sólo seis años pasó a vivir con su madre a Sevilla. Hacía ya 27 años que había llegado a la ciudad hispalense, siendo vecina durante todo ese tiempo también de la collación de Santa María (Sagrario).

Los testigos fueron tres, el primero de ellos Pedro de Buiza vecino en calle de Génova, confirmó la declaración de Miguel y que su primera esposa falleció siendo enterrada en la iglesia de su parroquia del Sagrario. También compareció Dª María de Leal, esposa de Francisco Fernández de la Vega, vecina en la calle de la Botica de las Aguas, que afirmó conocer a los futuros contrayentes, y que sabía que Andrea hacía 26 años que residía en Sevilla, por tener amistad con ella. La última en declarar fue Dª María Carrasquilla, su primera suegra, ya viuda y que vivía en el cuarto del Sacristán mayor de la parroquia del Sagrario (con su hijo), y que dijo conocer a Andrea desde hacía ya 7 años. De los tres testigos, sólo Buiza firmó.

El matrimonio se celebró el 7 de septiembre de 1681, y la velación el 24 de septiembre de 1682. Como testigos comparecieron José Francisco de Soto y Pedro de Buiza. Ese mismo 7 de septiembre, Miguel registró su capital de bienes, el 7 de septiembre de 1681 ante notario, declararon ser “maestro de enseñar a leer y escribir”, vecino de la calle Génova. El global del mismo ascendió a 10.000 reales, pero lo más interesante de dicho inventario de bienes, es que recoge dos referencias a su actividad profesional. El valor de la escuela que regentaba se tasaba en mil reales y un lote de libros pequeños y grandes, que imaginamos serían las cartillas de lectura, valorado en doscientos. Pensamos que debió de heredar todo el material de la clase de su padre, siendo la sociología de sus alumnos muy similar también, como vimos anteriormente.

En lo que podríamos entender era la estancia principal de su casa tendría cuatro sillones tapizados con vaqueta de moscovia, con agallones dorados nuevos, valoradas en 352 reales de vellón. Posiblemente en ella tendría un espejo grande decorado con una imagen de la Magdalena y un escaparate grande de pino y centro, valoradas ambas piezas en total en 600 reales. Entre los objetos más curiosos con los que contaba debemos citar un arpa “armada con sus cuerdas y su templador” tasada en 150 reales.

En lo que sería el dormitorio principal sin duda tendría la cama de nogal bronceada que se cita en el inventario con un valor de 600 reales de vellón, así como un peinador de “estopillas con soles y puntas” (100). Además de la ropa de diario se cita algunas piezas que por su superior tasación llaman la atención y que sin duda la utilizaría en ciertas festividades, tal es el caso de un conjunto de vestido de tafetán y sus complementos de su primera esposa, apreciados en 564 reales, así como una ropilla, calzón, mangas de brocato y dos sombreros que serían de él, apreciados en 342.

En distintas estancias de la casa contaba con varios lienzos que decoraban su casa, quizás alguno o algunos de ellos fuera regalo de sus hermanos pintores, caso de Ntra. Sra. de la Granada (150 reales), Nuestra Señora de la Antigua (100), el Tránsito de San José (100), Ntra. Sra. de la Encarnación (50), un Jesús Nazareno (77 reales), un San Francisco (25), así como varias láminas de diferentes devociones con sus molduras doradas (220), tres lienzos de distintas devociones (18) y seis países pequeños (20). Quizás de su hermano Francisco Antonio fuera un niño Jesús con un San Juan y “una hechura del Santísimo Cristo”.

Los acontecimientos familiares se sucedieron en pocos meses. Miguel Ruiz Gijón y Andrea de Godoy, el 19 de abril de 1683 bautizaron a su hijo Fernando Nicolás, siendo su padrino el riojano Pedro Sánchez Riscos, vecino de la misma collación. De él conocemos que era natural de Lumbreras de Cameros (La Rioja) y que estuvo casado con Ildefonsa María Merino de Pedrajas. Fue mercader de paños y Cargador a Indias, hermano de la Santa Caridad, así como Ministro Titular y Depositario de pruebas de pretendientes del Santo Oficio. Mediante la compañía que tenía establecida con Francisco Sánchez Riscos, posiblemente su hermano, envió mercancías con destino a Nueva España en las flotas de 1675 y 1678.

A los pocos meses, Miguel Ruiz Gijón fallecería sin dejar testamento el 20 de diciembre, siendo enterrado en la parroquia del Sagrario al ser vecino de la calle Génova. Quizás la posible mediación de los Sánchez Riscos pueda explicar el por qué su hijo Lucas Marcelino, huérfano y con sólo 15 años se marchase a Nueva España, en busca de un futuro mejor.

Emigró como “mercader” a Nueva España, debiendo embarcar en la flota del general Fernández Santillán que partió el 1 de julio y que llegó a Veracruz el 17 de septiembre de 1687. Ya en territorio novohispano se casó el 11 de mayo de 1692 en La Puebla de Zaragoza, con Francisca de la Parra Hinestrosa. (vid. fig. 5) ¿Alguna de las esculturas de su tío terminarían gracias a él en el Virreinato novohispano?

 

6.- Apéndice.

6.1.- Cuatros

Cuadro 1.- Genealogía Ruiz Gijón.

Cuadro 2.- Resumen de los posibles lugares de nacimiento de Lucas Ruiz Gijón.

5.2.- Documental.

Documento 1.-

Archivo Histórico Provincial de Sevilla. Protocolos de Utrera.

Legajo 20892. Año 1647. Fol. 782 r.- 784 v.

Carta otorgada por Lucas Ruiz Gijón de haber recibido la dote de María

de las Nieves, hija de Domingo Vázquez.

Acijado = De color de acije. Almilla =  Especie de jubón, con mangas o sin ellas, ajustado al cuerpo. Rengue = Tela transparente y fina, especie de gasa. Sempiterna = Tela de lana, basta y muy tupida, que se usaba para vestidos. Tesoro de los Diccionarios Históricos de la Lengua Española. https://www.rae.es/tdhle/  (consulta en línea 21 de marzo de 2025).
  Reales

de vellón

[Fol. 782 r.]

 

Primeramente una media cama de borne con sus barandillas de nogal y clavos de bronce en ciento y cincuenta y cuatro reales.

Ytem dos colchones rellenos de lana en en diez ducados ambos.

 

[Fol. 782 v.]

 

Más dos sábanas de crea con puntas y encajes de pita en ciento y veinte reales ambas.

Más dos sábanas de crea llanas en setenta y dos reales ambas.

Unas artes de ruan con puntas y barañuelas de hijo de pita en tres ducados.

Cuatro almohadas y de crea bordadas con pinos de hilo azul y açixado en tres ducados.

Tres toallas la una de ruan con barañuelas y puntas de hijo portugués y las otras dos de crea llanas en tres ducados y medio todo.

Cuatro servilletas de lino nuevas en diez y seis reales.

Otras cuatro servilletas de estopa a dos reales que son ocho reales.

Una tabla de manteles de lino en dos ducados.

Otra tabla de manteles de estopa de dos varas y media en ducado y medio.

Otra tabla de manteles de estopa del mismo género en ducado y medio.

Unas enaguas de lienzo de crea en veinte y cuatro reales.

Otras enaguas a medio traer en un ducado.

Ytem tres camisas de mujer labradas en seis ducados todas.

Un peinador en un ducado.

Dos almohadas de crea y dos cojinicos de ruán llenos de lana en veinte reales.

Ytem una colgadura de cama de lienzo y red blanca en seis ducados.

 

[Fol. 783 r.] 

 

Una balona y vueltas de rengue de donas con sus puntas. Y camisa y calzones de Gante y calcetas de hilo. Y cuatro pañuelos de Bretaña en ciento y veinte y siete reales.

Un baúl negro de baqueta en cien reales.

Dos sillas de descanso negras nuevas en siete ducados. 77.

Cuatro cuadros grandes de diferentes imágenes en noventa y seis reales.

Dos cuadros pequeños en diez y seis reales.

Un bufete pequeño en veinte y cuatro reales.

Cuatro cojines de tripillas nuevos. Los dos a ducados y los otros a siete reales cada uno que monta todo treinta y seis reales.

Una estera de junquillo en siete reales.

Una canasta blanca y raída en dos reales.

Una gargantilla de oro en cuarenta reales.

Diez adarmes de perlas y un doblete de oro con nueve piedras blancas en ciento y ocho reales todo.

Un Rosario de cristal con una cruz de plata en diez y seis reales.

 

[Fol. 783 v.]

 

Unos sarcillos de plata sobredorados con tres perlas cada uno en medio ducado.

Un espejo mediano de cristal en cuatro reales.

Un candelero orneado en cinco reales.

Un cofrecito y una canastilla en cuatro reales.

Un dedal de plata que pesó dos reales y medio.

Un paño colorado de cama grande en seis ducados.

Una saya de jergueta de condoncillo nuevamente ducados.

Unas enaguas de damisela con su guarnición de oro en ciento y cincuenta reales.

Una almilla de damasco verde con su guarnición de oro en ciento y sesenta y tres reales.

Un habito de picotillo de seda en cien reales.

Una almilla de camello en veinte reales.

Un serenero que tiene vara y media de tafetán en quince reales.

Un corpiño de pasadillo encarnado con su galón de oro en once reales.

Un manto de anascote viejo en dos ducados.

Unas enaguas de sempiterna azul en dos ducados.

Una mantellina de bayeta blanca en veinte reales.

 

 

[Fol. 784 r.]

Una balona blandina en dos ducados.

Más cuarenta ducados en dinero para comprar un vestido. Y un aderezo de espada y daga.

Más sesenta ducados en dinero.

 

 

154

 

110

 

 

 

120

72

33

33

 

38

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8

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16

16

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11

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66

 

 

 

 

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96

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36

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2

40

 

 

108

16

 

 

 

5.5

4

5

4

2,5

66

77

150

163

100

20

15

11

22

22

20

 

 

 

22

440

660

  3.297

 

 

Documento 2.-

Archivo Histórico Provincial de Sevilla. Protocolos de Sevilla.

Oficio 16. Año 1681. Libro 2º. Legajo 10.281. Folios 224-227. Fecha: 07/09/1681.

Capital de Miguel Ruiz Gijón, maestro de enseñar a leer y escribir, vecino en la calle Génova.

  Reales

 de vellón

 
[Fol. 224 r.]

 

Primeramente una cama de nogal todo bronceada nueva con todos sus aderezos.

Ytem cuatro sillones de baqueta de moscobia con agallones dorados nuevos en trescientos y cincuenta y dos.

Un espejo grande con una imagen de la Magdalena pintada con la moldura y de peral en trescientos reales.

Más otro espejo pequeño en cincuenta reales.

Un escaparate grande de pino y cedro en trescientos reales.

Un bufete con su cajón de cedro en treinta reales.

Más otros dos pequeños de cedro en veinte reales.

Más una mesa ordinaria para comer en seis reales.

 

[Fol. 224 v.]

 

Más seis silletas de enea con un taburete en diez y seis reales.

Más dos arcas de pino en veinte reales.

Más otra arca de pino grande con diez y seis reales.

Más un cofre tumbado de pino forrado en cuarenta y cuatro reales.

Más un arpa armada con sus cuerdas y su templador en ciento y cincuenta reales.

Más un pipote mediano con sus horquillos en treinta y tres reales.

Más unas celosías que sirven en el balcón en doscientos reales.

Más el valor de la escuela con todo lo necesario en ella mil reales.

Más un lienzo del señor arcángel San Miguel de dos varas y media de largo y vara y media de ancho en cien reales.

Más un lienzo de Jesús Nazareno de medio cuerpo de tres varas de largo y una de ancho en setenta y siete reales.

Más otro lienzo de la imagen de Nuestra Señora de la Antigua de dos varas de largo y vara y tercia de ancho en cien reales.

Más otros dos lienzos de la Encarnación y el Tránsito del señor San José de vara y tercia de largo y de ancho ambos en cien reales.

Más otros dos lienzos de diferentes devociones nuevos de a vara y tercia todos en ciento y cincuenta reales.

Más una lámina de tafetán de la vida de Ntro. Padre San Francisco con su guarnición de tarco en veinte y cinco reales.

Más seis láminas pequeñas de diferentes devociones con sus molduras doradas en doscientos reales.

Más una de Nuestra Señora de la Granada con su moldura dorada en ciento y cincuenta reales.

Más un niño y un San Juan y una hechura del Santísimo Cristo en treinta y tres.

 

[Fol. 225 r.]

 

Más siete láminas pequeñas doradas en veinte reales.

Más tres lienzos de a vara y tercia de diferentes devociones de mediados en diez y ocho reales.

Más seis países pequeños en veinte reales.

Más cinco láminas de Jesús de María de letra empasta en treinta y tres reales.

Más dos pares de corredores y su estera de junco en cuarenta y dos.

Más media docena de cojines en setenta y dos reales.

Mas dos colchones cameros en ciento y treinta y dos reales.

Más cuatro colchones de mediados en ciento y cincuenta y cuatro reales.

Más una colchita de angaripola en veinte y cuatro reales.

Más un paño de cama encarnado de bayeta en treinta y seis reales.

Más un cobertor blanco de mediado en doce reales.

Más otro cobertorcito en doce reales.

Más otro paño de cama colorado en veinte reales.

Más una mantilla blanca de bayeta en veinte y dos reales.

Más dos sobremesas de bufetes en diez y seis reales.

Más un rodapiés bordado en diez y ocho reales.

Más otra mantilla de bayeta en seis reales.

Más un justacon de barragán en treinta y siete reales.

Más enaguas y ropilla de túnica en sesenta reales.

 

[Fol. 225 v.]

 

Más otra túnica pequeña en veinte reales.

Más unos mangosos de tafetán sencillo en doce reales.

Más unos calzones de (…) con guarnición de (…) cincuenta reales.

Más una ropilla y calzón y mangas de brocato, dos sombreros nuevos en trescientos y cuarenta y dos reales.

Más una linterna de felpa en trescientos reales.

Más otra linterna de tafetán de la niña mayor en treinta y tres reales.

Más otra angarina de cristal en treinta y tres reales.

Más otra angarina de cristal en treinta y tres reales.

Más una angarina y tapapiés de tafetán choreado de la niña en treinta y seis reales.

Más una basquiña de tafetán doble de la niña mayor en setenta y dos reales.

Más una linterna de brocato de color de la niña mayor en cuarenta y ocho reales.

Más unas enaguas de sarga nuevas en veinte y dos reales.

Más una saya de olan de Holanda nueva en treinta y seis reales.

Más otras enaguas de sarga encarnada en treinta y tres reales.

Más cinco varas de olan de Holanda en pieza en treinta reales.

Más unos calzones de tafetán encarnado con encajes y puntas y en cincuenta y cinco reales.

Más un manto atafetanado en cuarenta y cuatro reales.

Más un tapapiés de raso verde con los cabezones blancos en ciento cincuenta reales.

Más un manto nuevo atafetanado en ciento y cincuenta reales.

 

[Fol. 226 r.]

 

Tres mangotes de tafetán más tres pares de medias todo en sesenta y seis reales.

Más un hilan con puntas finas en diez y ocho reales.

Mas un bolsón de reliquias en veinticuatro reales

Más un abanillo de raso, con las varillas de marfil en veinte y cuatro reales.

Más dos sábanas de bramante nuevas en sesenta reales.

Mas dos pares de almohadas en diez y seis reales.

Más una tabla de manteles por estrenar alemanisca en treinta y tres reales.

Más otra toalla de manteles de mediados en veinte y dos reales.

Más un coleto de vestir en treinta reales.

Más servilletas y manteles para el servicio de la mesa en doce reales.

Más cuatro camisones de hombre en ciento treinta y dos reales.

Más tres pares de calzones a medio traer en veinte y seis reales.

Más tres camisas de la niña mayor dos nuevas y una ayuda en cincuenta reales.

Más, de la otra niña dos camisas nuevas y unas enaguas blancas en treinta y tres reales.

Más unas enaguas blancas de beatilla con tres andanas de soles en cuarenta y cuatro reales.

Más ocho xuiras de Indias en treinta y dos reales.

Más un peinador de estopillas con soles y puntas en cien reales.

 

[Fol. 226 v.]

Más un corpiño de raso carmesí en doce reales.

Más unas fundas de holandillas encarnadas en doce reales.

Más una faxa de seda en doce reales.

Más un bateyta y una (…) doce reales.

Más una caja de cuchillos finos en veinticuatro reales.

Más de la vela que sirve en el patio en treinta reales.

Más losas de Génova, fuentes y porcelanas y platos y vidrios y barros de Indias y posillos todo fino en trescientos reales.

Más tres tinajas y lebrillos verdes en veinticuatro reales.

Más un velón de azófar en veinte y cuatro reales.

Más de trastos de cocina en cien reales.

Más una copa de madenamadera con su sarteneja en cincuenta reales.

Más dos esteras grandes de esparto en veinte reales.

Más de un salero y doce cucharas y una bernegal y dos tenedores todo de plata que pesaron treinta y cinco onzas que va con reales cuatrocientos y veinte.

Más unos zarcillos de oro de cinco pendientes apreciados en veinte pesos que hacen reales de vellón doscientos cuarenta.

Más otros dos pares de zarcillos de filigrana dorados con sus perlas en ochenta y ocho reales.

Más, treinta cuerpos de libros chicos y grandes apreciados en doscientos reales.

Más de un vestido de tafetán doble nuevo, calzón, ropilla y mangas y con encajes y armador de brocato de color y angarina de tafetán doble nueva pagando todas las hechuras en quinientos y sesenta y cuatro reales de vellón.

Más del vestido del niño calzón y mangas de tafetán doble y ropilla de bayeta y hechuras en ochenta reales.

Más de una capa larga de bayeta de cinco varas en sesenta y un reales de vellón.

 

[Fol. 227 r.]

Más otra capa de bayeta nueva de tres varas en cuarenta y cinco reales de vellón.

Más de espada y daga con puños de plata y hojas en ciento y doce reales.

 

 

 

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Actualidad

Una joya del patrimonio andaluz que resume la mezcla entre gótico y renacimiento

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El retablo mayor de San Juan de Marchena es una de esas maravillas del arte que nuestros ojos no deberían pasar por alto, pues es una obra de arte excepcional que luce a día de hoy, tras diversas restauraciones, en todo su esplendor original, permitiendo apreciar los “secretos” de su iconografía compleja. Una joya del patrimonio andaluz que sintetiza un momento brillante de nuestra cultura, cuando en el pequeño feudo de Marchena floreció un arte tan grande como el de las cortes y catedrales europeas.

Jorge Fernández, conocido con el sobrenombre “Alemán”, y Alejo Fernández fueron los principales artífices del retablo mayor de la iglesia de San Juan Bautista en Marchena. , el retablo mayor de San Juan Bautista (1521-1533) no es solo una obra artística de primer orden, sino también un documento histórico que nos habla del tránsito del Medievo al Renacimiento en Andalucía, de la colaboración entre artistas de distintas disciplinas y orígenes, y de la utilización del arte como herramienta de transmisión de ideales espirituales y sociopolíticos.

Ambos desarrollaron su carrera a inicios del siglo XVI en Andalucía, en un momento de transición entre el Gótico final y el Renacimiento. Su apelativo Alemán no es casual: según consta en documentos de la Catedral de Sevilla (1505), tanto Alejo como Jorge eran considerados “alemanes”.  La procedencia exacta de ambos es incierta (sus lugares de nacimiento no se han documentado). Los duques de Arcos, alineados con la monarquía imperial, buscaron reflejar en sus dominios las novedades estéticas que llegaban de fuera.

En el retablo de Marchena promovieron una síntesis entre la tradición hispana (gótico tardío, devociones medievales) y el nuevo lenguaje renacentista que empezaba a implantarse. Esta obra, por tanto, representa la entrada del Renacimiento en el entorno rural señorial, conectando a Marchena con las corrientes artísticas de vanguardia que circulaban por Sevilla, Flandes e Italia.

El retablo mayor de la iglesia de San Juan Bautista de Marchena se erige como una obra cumbre del arte andaluz del Quinientos y un símbolo del esplendor de la corte de los duques de Arcos. Por un lado, en términos artísticos, representa la exitosa fusión de dos mundos estéticos: conserva la mística y la monumentalidad narrativa del gótico final, a la vez que incorpora con naturalidad las formas y lenguajes del primer Renacimiento.

De Córdoba a Sevilla

Alejo Fernández inició su carrera en Córdoba, importante centro artístico del último gótico. Allí está documentado por primera vez en 1496 y se casó en 1498 con María Fernández, hija del pintor Pedro Fernández. Alejo asimiló conocimientos de la pintura italiana (especialmente de las escuelas del norte de Italia, Lombardía y Umbría) y del grabado nórdico que circulaba por España, adaptándolos a su formación flamenca. Por su parte, Jorge Fernández (fallecido en 1535) fue escultor e imaginero, contrajo matrimonio en Córdoba en 1504 con Constanza de Heredia. 

Hacia 1508 ambos artistas fueron llamados a Sevilla para colaborar en las obras de la catedral en plena efervescencia constructiva de la Catedral de Santa María de la Sede. 

Antes de incorporarlos de lleno al retablo mayor, el cabildo catedralicio les encomendó un proyecto preliminar: el diseño y ejecución de una viga de imaginería para el crucero: una enorme viga ornamental que habría de colocarse bajo el cimborrio.   Alejo y Jorge Fernández pasaron a integrarse plenamente en la ejecución del Retablo Mayor de la Catedral de Sevilla, una de las obras cumbre del arte sacro hispánico. El retablo mayor sevillano, iniciado en 1481 por el escultor hispano-flamenco Pedro Dancart, es el mayor retablo cristiano del mundo (26 metros de alto por 18 de ancho) con más de 200 escenas talladas en madera que narran todo el evangelio.

A lo largo de sus 80 años de construcción (1482-1564), intervinieron numerosos artistas españoles y extranjeros como Roque Balduque o Juan Bautista Vázquez “el Viejo. Jorge Fernández asumió la dirección de un nutrido equipo de tallistas y ensambladores y Alejo Fernández se encargó de numerosas pinturas y de la decoración final.

Marchena (1521-1533)

 En 1521 se encargó un nuevo retablo mayor a Alejo Fernández por entonces el pintor más prestigioso de Sevilla, para que lo realizase en colaboración con su colega escultor Jorge Fernández probablemente, encargo promovido conjuntamente por la autoridad eclesiástica local y la familia ducal de Arcos, patrones y protectores de la iglesia.

De hecho, en la arquitectura del retablo figuran escudos heráldicos tanto de los Ponce de León (la casa ducal) como del arzobispo de Sevilla Diego de Deza,

El contrato de 1521 estipulaba, según se desprende de las crónicas, que Alejo Fernández se haría cargo del diseño general, la pintura de tablas y la policromía, mientras que Jorge Fernández ejecutaría la mazonería (estructura arquitectónica en madera) y las esculturas principales.

En aquellos años ambos aún trabajaban en el retablo de la Catedral de Sevilla, por la obra de Marchena se planificó en dos fases. En una etapa inicial (hacia 1521-1522) Alejo habría adelantado la pintura de diversas tablas y probablemente la ejecución del banco

 Una vez que el retablo catedralicio fue dado por terminado o al menos avanzado (en 1526 se aceleró con motivo de la boda imperial de Carlos V en Sevilla), el taller de Jorge pudo centrarse en la talla de la arquitectura y las imágenes de Marchena.

Se sabe que hacia 1526-1533 se realizaron la mayor parte de los ensamblajes arquitectónicos, las esculturas de bulto (como el grupo de la Asunción de la Virgen) y numerosas tallas secundarias. Finalmente, en 1533 el retablo mayor fue colocado e inaugurado oficialmente tras aproximadamente 12 años de labor intermitente.

Esta obra se realizó en un periodo de profundas transformaciones políticas y culturales: en plena transición del reinado de los Reyes Católicos al de Carlos V, con la reciente incorporación de España al entorno del Renacimiento europeo.

Incluso la villa de Marchena vivió acontecimientos históricos relevantes en esos años, como su implicación en la Guerra de las Comunidades de Castilla (1520-21), en la que los Ponce de León apoyaron la causa real. La ejecución de un retablo de esta envergadura después de aquellas turbulencias puede interpretarse también como un gesto de renovación y reafirmación de la fe y del orden social, patrocinado por la élite noble local.

El retablo debía ser no sólo un altar para el culto, sino también un símbolo del poder señorial y de la ortodoxia religiosa de sus patronos. Ademas San Juan Bautista era no sólo titular de la parroquia, sino también un santo asociado a la virtud de la justicia y el martirio por la verdad, valores que toda dinastía nobiliaria católica quería encarnar.

Además, desde un punto de vista social, debió requerir de numerosos oficiales y artesanos (tallistas, policromadores, doradores, ensambladores) que trabajaron bajo la dirección de Jorge y Alejo; muchos de esos artistas menores posiblemente eran locales o formados en la propia Sevilla, de modo que el proyecto actuó también como transmisor de conocimientos y generador de empleo cualificado en la región.

Estructura y estilos 

La estructura arquitectónica consta de pilares, doseletes góticos calados y molduras de tradición medieval, lo que evidencia la pervivencia del estilo hispano-flamenco. Sin embargo, al mismo tiempo, se incorporan elementos decorativos y compositivos del nuevo arte renacentista.

Por ejemplo, las calles están separadas por columnas y pilastras con capiteles que insinúan formas clásicas; en algunos relieves aparecen arcos de medio punto y frontones triangulares en los fondos arquitectónicos, inspirados en el vocabulario italianizante. Un caso concreto es la escena de la Circuncisión de Cristo, cuyo fondo simula un templete renacentista de influencia bramantesca (romaña) y lombarda, similar a los que Alejo Fernández había empleado en otras obras. 

 El banco o predela contiene cinco episodios del ciclo de la Encarnación y Natividad de Cristo (Anunciación, Visitación, Nacimiento, Adoración de los Magos y Matanza de los Inocentes) ejecutados en relieve escultórico policromado

 Jorge Fernández, formado en el gótico tardío, imprime a sus esculturas un aire aún medieval:. No obstante, el Alemán no duda en aceptar elementos renacentistas, sobre todo en los detalles decorativos y anatómicos.

Muchas de sus tallas muestran un estudio naturalista mayor que la generación anterior (por ejemplo, en la anatomía de Cristo en escenas como el Bautismo o la Flagelación) y adoptan modelos tomados de grabados germánicos de artistas como Martin Schongauer o el taller de Durero.

De hecho, se ha identificado que Jorge utilizó estampas del flamenco Israhel van Meckenem y del alemán Schongauer como referencia para componer ciertas escenas del retablo.

Por su parte, Alejo Fernández aporta al retablo su maduro estilo pictórico renacentista. Sus pinturas revelan una formación flamenca combinada con influencia italiana: colores brillantes y minuciosidad en los detalles (de herencia nórdica), junto a fondos arquitectónicos en perspectiva.

 Todo ello sitúa a Alejo como pionero del Primer Renacimiento en Andalucía, y el retablo de Marchena es una excelente muestra de esa transición estilística. No es casual que se considere este retablo «uno de los mejores ejemplos del arte sevillano del primer tercio del siglo XVI», pues en él conviven magistralmente la tradición gótica y las novedades renacentistas.

Fe medieval y humanismo cristiano

 Como indica el investigador Juan Luis Ravé, el retablo fue concebido como una “representación visual” de la redención: abarca desde la Encarnación del Verbo hasta su manifestación gloriosa en la Transfiguración, al tiempo que muestra la labor del Bautista anunciando la mesianidad de Cristo hasta entregar su vida.

La calle central del retablo concentra, como es habitual, las escenas cumbre. De abajo a arriba en dicha calle se disponen los tres motivos principales: en el primer cuerpo central, el Nacimiento de Cristo; en el segundo (o calle central intermedia), la imagen de San Juan Bautista y coronando el conjunto, en el ático, la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma a los cielos.

En las calles laterales, aparecen San Cristóbal (tradicional protector contra peligros), San Sebastián (mártir protector contra la peste), Santa María Magdalena (símbolo de penitencia y fe), Santa Catalina de Alejandría (virgen sabia), San Lorenzo (diácono mártir, venerado en España) y Santa Bárbara.

Los duques de Arcos, al patrocinar un retablo de calidad equiparable al de la Catedral de Sevilla, situaron a Marchena en el mapa artístico de su tiempo. La iglesia parroquial de la villa pasó a albergar una pieza digna de catedral, con la cual la casa ducal afirmaba su prestigio, su devoción y su alianza con la Iglesia.

Referencias Bibliográficas:

  • Ravé Prieto, J. L. (Coord.). Imaginería y retablos del Renacimiento en Marchena. Sevilla: Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico / Diputación de Sevilla, 2010.

  • Cortés Rodríguez, J. J. (2020). «El retablo mayor de la iglesia de San Juan Bautista de Marchena. Estudio histórico-artístico y restauración». Trabajo Fin de Grado en Historia del Arte, Universidad de Sevillaidus.us.es.

  • Acupamar – Asociación Cultural de Marchena: “San Juan: Retablo Mayor” (artículo web, 2025)acupamar.esacupamar.es.

  • Almagacen (Revista IES López de Arenas, 2016): “El Retablo Mayor de San Juan (Marchena)”almagacen.blogspot.comalmagacen.blogspot.com.

  • Archivo Hispalense (Diputación de Sevilla), nº 278 (2005): Varios artículos sobre Alejo Fernández y retablos sevillanosarchivohispalense.dipusevilla.es.

  • Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico – Repositorio IAPH: Memorias de restauración (Carmona, Sevilla) con referencias a Alejo Fernándezrepositorio.iaph.es

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Actualidad

San Miguel: el día que comenzaba el otoño y terminaba el verano en la cultura tradicional

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La cultura popular de Marchena conserva ricas tradiciones en torno a San Miguel: donde hubo un hospital-ermita y hermandad documentados en el siglo XVI; en torno a una espléndida talla de San Miguel de Pedro Roldán contratado en 1657 que tuvo su salida procesional; sin olvidar el altar mayor coronado por San Miguel con siete arcángeles en el convento de San Andrés; y dichos populares. Todo ello encaja con el 29 de septiembre, fecha que marca el cierre de cosecha y el “veranillo” en el refranero andaluz.

En San Miguel, las verduras de verano dan paso a la cuchara: vuelven los guisos de calabaza, el potaje de garbanzos con acelgas, la berza y el puchero que calienta las casas. Aparecen las aceitunas de verdeo aliñadas como primer bocado otoñal, el mosto nuevo acompaña a membrillo y granadas, y asoman boniatos y calabazas en hornos y cazuelas. Con las primeras lluvias y la montanera, el cerdo mejora sus carnes y se preparan mantecas y embutidos que sostendrán el invierno: la mesa andaluza gira del crudo fresco estival a los sabores templados del otoño.

Investigación: San Miguel tuvo un hospicio y una hermandad del mismo nombre en 1550

Como en media Europa, San Miguel/Michaelmas funcionaba de “día llave”: cierre de cuentas, cambios de arriendo, nuevas contrataciones y arranque de ciclo agrícola.

San Miguel coincide con el giro natural del campo y porque su simbología de juicio y orden legitima el cerrar, proteger y luego repartir: veda de montes, defensa del agua y, tras las primeras lluvias, apertura comunal y calendario de ganados.

Huellas documentales

Las fuentes parroquiales y la investigación local sitúan en el quinientos la existencia de un hospital-ermita de San Miguel y una hermandad homónima, núcleo asistencial que explica el posterior crecimiento del barrio.

La iglesia «de la aparición de San Miguel» de Marchena no se llama así por casualidad: hace referencia directa a la legendaria aparición del arcángel Miguel en el Monte Gargano, en Italia, uno de los episodios fundacionales de su culto en Occidente. El título “de la aparición de San Miguel” remite a las apariciones vinculadas al Monte Gargano (Italia) desde el año 490: una gruta consagrada y la fijación de dos efemérides, 8 de mayo (día de Aparición) y 29 de septiembre fecha de la  Dedicación de una iglesia de San Miguel cerca de la vía Salaria en Roma. 

En varios países Europa era una fecha clave para pagar rentas, firmar contratos, abrir el curso legal y académico (de ahí los “Michaelmas terms” en universidades y tribunales) y costumbres de fin de cosecha, etc. 

La tradición cuenta que Miguel se manifestó en Monte Gargano varias veces entre los siglos V y VI, consagrando una cueva como espacio sagrado y más allá del relato marcan la transformación de antiguos lugares paganos (cuevas, montes, piedras sagradas) en enclaves cristianos, forma en que el nuevo credo «conquistaba» los viejos cultos.

De hecho, este patrón se repite por toda Europa: templos de San Miguel construidos sobre montañas, colinas o promontorios estratégicos —como el famoso Mont-Saint-Michel en Francia o la Sacra di San Michele en el Piamonte italiano.

San Miguel de Marchena salía en procesión segun el contrato con Roldán localizado en Sevilla por Roda Peña

Las fuentes parroquiales y la investigación local sitúan en el quinientos la existencia de un hospital-ermita de San Miguel y una hermandad homónima, núcleo asistencial que explica el posterior crecimiento del barrio.

En 1657 el escultor Pedro Roldán firma la hechura de San Miguel Arcángel para Marchena con condiciones precisas: talla policromada, precio y plazos y salida procesional. La pieza, restaurada, participó en 2024 en la exposición del IV centenario de Roldán en el Museo de Bellas Artes de Sevilla y regresó a su sede.

Pero no es la única imagen de San Miguel en los templos marcheneros: preside el altar mayor de San Andrés junto a siete arcángeles en San Andrés presidiendo el programa: de una catequesis visual rara en la región que preserva el imaginario angélico de los siglos XVII-XVIII.

CAMPOS Y GUISOS

Las ordenanzas municipales usaban San Miguel para cambiar de régimen de agua y monte: se cierra el verano hortelano y se abre el otoño de bellota, olivar y guiso, ordenando qué, cuándo y cómo se aprovecha cada recurso para que la despensa llegue llena al invierno.

San Miguel y la cultura popular agrícola

Existe un documento que cuenta cómo era Marchena hace 500 años. Las Ordenanzas de la villa de Marchena de 1528 redactadas en el recién construido ayuntamiento de la Plaza Nueva, Plaza Ducal, y firmadas por Diego Nuñez de Prado, capitán del castillo de La Mota y benefactor del convento de San Francisco —transcritas por Mercedes Borrero Fernández— dibujan una sociedad campesina que organiza su vida con un calendario jurídico en torno a San Miguel y otras fechas clave vinculadas al santoral.

El 29 de septiembre, San Miguel, clausura las licencias de verano y abre las de otoño: desde ese hito se reordena el monte, el agua, la caza, las viñas y los olivares para vedar antes de la montanera, abrir la bellota en fecha única, o escalonar estancias de cada especie.

El olivar se blinda desde San Miguel: multas, cárcel y destierro para reincidentes que metan ganado en olivares, protegiendo el fruto del envero a la cosecha. En la mesa, primero llegan las aceitunas de verdeo aliñadas y, después, el aceite nuevo para repostería y pucheros.

Desde San Miguel hasta Todos los Santos (1 de noviembre) los montes públicos quedan “guardados”: no entra el ganado para que la bellota termine de engordar y madurar sin ser pisoteada ni comida antes de tiempo.

En nuestra zona suelen llegar las primeras lluvias de otoño en septiembre y octubre. Esas lluvias disparan la maduración y el caerse de la bellota. La ordenanza fija una fecha estable (San Miguel) como norma aunque cada año la lluvia se adelante o retrase un poco. Permite la entrada escalonada de ganados por especies y fechas (vacas hasta San Miguel siguiente; puercos/cabras hasta enero), para no esquilmar.

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Arte

El legado sevillano de José de Ribera: mecenazgo y la Ruta del «Españoleto» en la provincia

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Tal día como hoy murió José de Ribera en Nápoles en 1652, Varias obras del pintor valenciano  (1591-1652) pueden verse en la ciudad de Sevilla y la provincia de Sevilla: Marchena y Osuna. Lejos de ser resultado de la actividad directa del artista en la región, la existencia de sus cuadros en colecciones sevillanas se explica por las intrincadas redes de mecenazgo de la alta nobleza española, en particular las casas ducales de Osuna y Arcos, quienes actuaron como sus principales patrocinadores mientras ejercían como virreyes de Nápoles.

La principal concentración se encuentra en la Colegiata de Osuna, con la monumental obra de «El Calvario» y una serie de santos. En la capital, el Museo de Bellas Artes alberga el notable «Santiago el Mayor», el Palacio de las Dueñas cuenta con una «Coronación de espinas», y el Monasterio de Santa Paula atesora una «Adoración de los pastores». En Marchena tenemos dos obras que han sido atribuidas a Ribera por Ravé, un San Agustin en el convento homónimo y una Virgen con Niño en Santa Isabel. 

La llegada de las obras de José de Ribera a la provincia de Sevilla está intrínsecamente ligada al mecenazgo de la alta nobleza andaluza. La relación más significativa fue la que estableció con la Casa de Osuna, en particular con Pedro Téllez-Girón, III duque de Osuna (1574-1624), quien fue virrey de Sicilia (1611-1616) y posteriormente virrey de Nápoles (1616-1620).

Cuando Murillo vino a Marchena para copiar a Ribera

De Játiva a Nápoles: Formación, Apodo y Estilo

José de Ribera nació en Játiva (Valencia) en 1591, hijo de un zapatero, y desde una edad temprana mostró una inclinación por el arte que lo llevaría a emprender un viaje formativo a Italia siendo aún un adolescente. Ribera fue uno de los primeros y más hábiles seguidores de la revolucionaria técnica de Caravaggio, un maestro cuyo estilo realista y dramático lo atrajo profundamente.

Ribera se estableció en Nápoles apenas unas semanas antes de la entrada solemne del duque en la ciudad, en agosto de 1616. Un relato de la época, transmitido por Bernardo De Dominici, describe cómo Ribera expuso un «Martirio de san Bartolomé» en la calle, cerca del palacio del virrey. La gran multitud que la obra atrajo llamó la atención del duque, quien la mandó llevar a su presencia. Al ver que el artista la firmaba como «español», el virrey lo hizo llamar, lo elogió y, en un gesto de reconocimiento y patrocinio, lo contrató como pintor de la corte pocos días después.

Entre 1617 y 1619, Ribera realizó al menos cuatro pinturas de santos para el oratorio privado del duque Pedro Girón en Osuna. Estas obras, que incluían un «San Sebastián,» un «San Pedro penitente,» un «San Jerónimo,» y el mencionado «Martirio de san Bartolomé. 

El Calvario o Expiración de Cristo de la colegiata de OSuna fue mandado a realizar en 1618 por el gran Duque de Osuna, Virrey de Nápoles y cuando su mecenas murió, la viuda concedió la obra a la Colegiata de Osuna, en Sevilla. En la Guerra de la Independencia contra los invasores franceses el lienzo fue dispuesto como blanco para los fusileros franceses.

¿Un lienzo de Ribera en la iglesia de San Agustín de Marchena?

La Casa de Arcos y la obra perdida de Marchena: la «Virgen de Belén» y el expolio francés

. Existe una obra de Ribera que estuvo documentada en el palacio ducal de Marchena: la «Virgen de Belén». Esta pieza fue un encargo del IV duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León y Álvarez de Toledo, durante su virreinato en Nápoles, y fue enviada posteriormente a su residencia en Marchena.

El mariscal Soult utilizó el palacio ducal en Marchena, y sus herederos vendieron la obra en una subasta en París en 1852. Hoy se conserva en un museo americano.

Museo de Bellas Artes de Sevilla

El Museo de Bellas Artes de Sevilla alberga una de las obras más destacadas de Ribera en la capital. «Santiago el Mayor», un óleo sobre lienzo pintado hacia 1634, es una pieza clave de la colección. La obra, que fue donada en 1928 por la Colección González Abreu, destaca por la sobriedad cromática y la potencia de la capa roja sobre el fondo neutro que envuelve al santo.

El Palacio de las Dueñas, residencia histórica de la Casa de Alba, es otro de los puntos de la capital donde se puede apreciar una obra del maestro. Entre su vasta colección de más de 1.400 piezas, que abarca desde la antigüedad hasta la época contemporánea, se encuentra una pintura de Ribera titulada «La coronación de espinas». Esta obra forma parte del inmenso patrimonio familiar de la Casa de Alba, que ha reunido a lo largo de los siglos piezas de incalculable valor.

El Monasterio de Santa Paula en Sevilla, conocido por su histórica comunidad de monjas jerónimas y su colección artística permanente, es el tercer lugar en la capital con una obra de Ribera. El convento alberga una «Adoración de los pastores» que, si bien es menos conocida que las de Osuna o del Bellas Artes, es una pieza importante para el estudio de la presencia de Ribera en la región. Se ha documentado que esta obra llegó al monasterio proveniente de la Casa del Infantado. 

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La historia de una rebelión que une Marchena con Nápoles y la leyenda negra

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El dia de la Virgen del Carmen y contra el Duque de Arcos  tuvo lugar en Nápoles 1647 la rebelión de Masaniello que puede considerarse un precursor de las grandes revoluciones del siglo XVIII, como la Revolución Francesa. La idea de que el pueblo tenía el derecho y el poder para levantarse contra la opresión resonó en los movimientos revolucionarios que buscaron derrocar monarquías absolutas y establecer sistemas más democráticos. Y eso hizo contra un marchenero: el Duque de Arcos. 

La rebelión de Masaniello en Nápoles (1647) tuvo un impacto significativo en la percepción de España en Europa, contribuyendo a la formación de la leyenda negra y a la imagen negativa del dominio español.

La rebelión de Masaniello evidenció la debilidad del dominio español en sus territorios italianos y contribuyó a una serie de levantamientos en otras partes del Imperio Español. Este desafío a la autoridad centralizada fue un precedente para futuras insurrecciones en Europa.

Porque el azul ultramar es el pigmento más caro de la historia y «el color de Dios»

La Leyenda Negra comenzó a tomar forma en Italia, donde la dominación española fue percibida como una era de decadencia y opresión. Las acciones de la Inquisición española y las políticas restrictivas de los gobernantes españoles alimentaron esta percepción negativa​ (Wikipedia)​​ (Wikipedia)​. Sin embargo, fue en los Países Bajos e Inglaterra donde esta narrativa encontró un terreno fértil para crecer, debido a los conflictos políticos y religiosos con la España católica.

La revuelta, liderada por Tommaso Aniello (Masaniello), surgió en un contexto de crisis económica y social, caracterizado por el descontento con el gobierno español del Duque de Arcos, Virrey de Nápoles. Aunque la revuelta fue inicialmente popular, su radicalización pronto adquirió un carácter antiespañol, culminando en la proclamación de una república en Nápoles y la invitación a un príncipe francés para que asumiera el poder al grito de «Viva el rey abajo el mal gobierno».

Era Rodrigo Ponce de León, una persona en extremo piadosa, nació a la sombra de la torre de Santa María de Marchena en 1602 y gracias a él se crearon los dos conventos de Marchena, San Andrés y Santa María a cambio del cuierpo de una beata con fama de milñañgrosa, la Madre Antigua. Además de ser virrey de Nápoles, también ocupó el cargo de virrey de Valencia. Su gobierno en Nápoles se vio marcado por la crisis económica y social que afectaba a la población, y una subida de impuestos de alimentos de primera necesidad, que culminó en la revuelta liderada por Tommaso Aniello, conocido como Masaniello, convertido en héroe popular napolitano, con el contrapunto del antihéroe o villano Rodrigo Ponce.

¿Un lienzo de Ribera en la iglesia de San Agustín de Marchena?

La revuelta estalló en respuesta a la opresión y los altos impuestos impuestos por las autoridades españolas, representadas por Ponce de León.

El Duque de Arcos salvó la vida de milagro disfrazado de fraile capuchino, es decir con la cabeza tapada, – de hecho las masas populares lo confundieron con un fraile- y por eso trajo a estos frailes a su convento de la Plaza Ducal, pegado a su Palacio de Marchena y le puso el nombre de Angeles Custodios.

Al mismo tiempo, la rebelión napolitana afectó al urbanismo de Marchena, cuando el Duque hizo desaparecer la barriada de la Puerta de Ecija, por su cercania a su Palacio Ducal y su desconfianza a las clases populares, tras la mala experiencia de Nápoles. 

La rebelión de Masaniello desempeñó un papel crucial en la percepción de España en Europa, al ser un símbolo de resistencia antiespañola y contribuir a la formación de la leyenda negra. Este evento no solo afectó la imagen de España en el contexto de su dominio en Italia, sino que también tuvo repercusiones en la política internacional y en la cultura europea, consolidando una narrativa negativa que influiría en la percepción del país durante siglos.

La figura de Masaniello ha inspirado diversas obras de arte, música, poesía y literatura a lo largo de los años. A continuación se presentan algunas manifestaciones artísticas dedicadas a él:

 

La calle del Moral, y el pasaje de Capuchinos, una parte olvidada de nuestra historia

Pinturas

«Masaniello» de James Edward Freeman (1837):

Esta obra es una representación notable de Masaniello, que captura su carácter y la esencia de su revuelta. Freeman es conocido por sus retratos históricos y esta pieza es un ejemplo de su trabajo en el contexto de figuras históricas.
«Masaniello Potrayed» de Aniello Falcone: Esta pintura también representa a Masaniello y es parte de la colección de arte que refleja su relevancia en la historia napolitana.

Música y Ópera

Ópera «Masaniello»: La figura de Masaniello ha sido representada en óperas, siendo una de las más destacadas «La Muette de Portici» (1828) de Daniel-François-Esprit Auber, que se basa en la revuelta de Masaniello. Esta obra es significativa porque su estreno provocó disturbios en la audiencia, lo que llevó a una revuelta en Bruselas.

Películas sobre Masaniello

«La ribellione di Masaniello» (1949): Esta película retrata la vida y la revuelta de Masaniello, explorando los eventos que llevaron a la insurrección contra el dominio español en Nápoles.
«Masaniello» (1950): Otra adaptación cinematográfica que se centra en la figura de Masaniello y su lucha por la libertad del pueblo napolitano.
«Amore e Libertà, Masaniello»: Esta película, dirigida por Angelo Antonucci, también aborda la figura de Masaniello, destacando su papel como héroe popular y la lucha contra la opresión.

La aparición en 1898 del libro «España negra» del poeta belga Emile Verhaeren, ilustrado por el artista español Darío de Regoyos, coincidió con una campaña periodística estadounidense que resucitaba el estereotipo de la «España cruel, fanática y del Santo Oficio» asociado a la leyenda negra.

Cómo una música inspirada en una rebelión contra el Duque de Arcos provocó una revolución en Bélgica

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Actualidad

Tiziano, Felipe II y el Duque de Arcos: La historia de la Anunciación de Marchena

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En el esplendor del siglo XVI, cuando el Renacimiento alcanzaba su cumbre y los grandes monarcas competían por la inmortalidad a través del arte, una relación trascendental marcó la historia de la pintura: la que unía a Felipe II y Tiziano Vecellio. Este vínculo, que nació de la admiración del monarca por el genio veneciano, no solo dio lugar a algunas de las obras más impresionantes del Renacimiento, sino que también influyó indirectamente en la llegada de la Anunciación de Vasco Pereira al Palacio Ducal de Marchena, un lugar con conexiones directas con los Habsburgo y antes con los Ryes Catolicos.

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El Rey y el Pintor: Una Relación de poder

Felipe II heredó de su padre, Carlos V, la pasión por el arte y la convicción de que la pintura era una extensión del poder. Si Carlos V quedó inmortalizado en la icónica obra Carlos V en Mühlberg, donde Tiziano lo representó como un césar triunfante, su hijo llevó esta relación a otro nivel: no solo coleccionó sus obras, sino que estableció con él una correspondencia fluida y le encomendó una serie de cuadros que formarían parte de su colección privada en El Escorial.

Carlos V e Isabel de Portugal se casaron el 11 de marzo de 1526 en el Alcázar de Sevilla. Tras la ceremonia, emprendieron un viaje hacia Granada, pasando por Marchena el 22 de mayo de 1526. Durante su estancia en Marchena, se alojaron en el Palacio Ducal, residencia del Duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León, quien había recibido a la comitiva real en la Puerta de la Macarena en Sevilla.

Felipe II visitó Sevilla una única vez en su vida, en 1570. Hizo su entrada en la ciudad el 1 de mayo por la entonces Puerta de Goles, que a partir de ese momento pasó a denominarse Puerta Real. La visita fue solicitada en abril de ese mismo año por la propia ciudad, y anunciada por el monarca sólo quince días antes.

El papel del Duque de Arcos, en la época del emperador Carlos V

Felipe II, consciente del talento de Tiziano, le confió la realización de sus Poesías, una serie de cuadros mitológicos que desbordaban sensualidad y sofisticación. Se dice que, impaciente por ver las creaciones del maestro, el monarca esperaba ansioso las obras en Madrid, ansioso como un amante esperando cartas de su musa. La relación no era solo profesional, sino también afectiva y simbólica: Tiziano era el pintor del alma de Felipe II.

Pero si hay una obra que impactó profundamente al monarca, fue La Anunciación de Tiziano. Su dramatismo, la iluminación etérea y la intensidad emocional la convirtieron en una referencia obligada para los pintores de su tiempo. Es aquí donde entra en juego la figura de Vasco Pereira.

De Tiziano a Vasco Pereira

Vasco Pereira, un pintor portugués afincado en Sevilla, fue testigo del impacto que Tiziano tenía en la corte. Su Anunciación de 1576 es una copia reinterpretada de la obra del maestro veneciano, y fue encargada para la Iglesia de San Juan Bautista de Marchena por los Duques de Arcos.

La clave está en Luis Cristóbal Ponce de León, Duque de Arcos, quien mantenía una relación privilegiada con los Habsburgo. Su lealtad a Carlos V y Felipe II le aseguró un lugar en el círculo cercano de la monarquía, y fue precisamente esta conexión la que propició la llegada de la copia de Pereira al Palacio Ducal de Marchena.

Luis Cristóbal Ponce de León, II Duque de Arcos, fue un noble humanista y culto, prototipo del hombre renacentista, que protegió y se rodeó de artistas como el músico Cristóbal de Morales o el orfebre Juan Ruiz.

Luis Cristóbal no solo era un noble con influencia política, sino también un gran mecenas. Su admiración por la corte de Felipe II lo llevó a querer replicar en Marchena el esplendor artístico de Madrid y Sevilla. En su afán por coleccionar arte de primer nivel, adquirió la Anunciación de Vasco Pereira, consciente de su valor simbólico: poseer una copia de una obra inspirada en Tiziano era tener un fragmento del mundo de Felipe II.

Pietro Torrigiano, un maestro del renacimiento italiano en Sevilla

Legado de Tiziano en la Corte Española

Museo del Prado: Hoy conserva la mejor colección de obras de Tiziano fuera de Italia, gracias al coleccionismo de los Habsburgo. Influencia en Velázquez: Su viaje a Italia (1629-1631) fue en gran parte para estudiar a Tiziano, lo que influyó en su pincelada suelta y su tratamiento de la luz. El Greco y Rubens también fueron influenciados por la obra de Tiziano, consolidando su impacto en la pintura española.

En resumen, Tiziano no solo fue el pintor favorito de los reyes de España, sino que definió el lenguaje visual del poder en la monarquía hispánica y dejó una huella imborrable en la historia del arte español.

Luis Cristóbal Ponce de León, II Duque de Arcos, fue un noble humanista y mecenas que promovió las artes en Marchena durante el Renacimiento. Entre los artistas que contrato para traerlo a Marchena se encontraba Cristóbal de Morales, compositor del Papa, destacado compositor sevillano y uno de los principales representantes de la polifonía renacentista española.

Morales, nacido alrededor de 1500 en Sevilla, desarrolló una notable carrera musical que lo llevó a ser cantor en la Capilla Pontificia de Roma. Durante su estancia en Italia, compuso la «Missa pro defunctis» (Misa de Réquiem) a cinco voces, publicada en 1544 en Roma. Luis Cristobal aistió al funeral del Emperador en Bruselas. 

Aunque Morales falleció en 1553, su «Missa pro defunctis» adquirió gran relevancia póstumamente. Tras la muerte del emperador Carlos V en 1558, se celebraron exequias en su honor en diversos territorios del imperio. En la Ciudad de México, en noviembre de 1559, se interpretó la «Missa pro defunctis» de Morales durante las ceremonias fúnebres dedicadas al emperador.

Mecenazgo y Promoción del Arte Renacentista

Los Ponce de León, al igual que otras casas nobiliarias andaluzas, mostraron un profundo interés por el nuevo estilo renacentista que emergía en Europa. Atraídos por esta corriente, encargaron numerosas obras a artistas destacados para decorar sus residencias y templos. Este mecenazgo no solo reflejaba su estatus y poder, sino que también contribuía a la difusión del Renacimiento en Andalucía.

Gracias al apoyo de los Ponce de León, Marchena se convirtió en un centro artístico de relevancia. En sus templos se conservan tesoros del arte renacentista, incluyendo obras de Durero, Ribera, Murillo, Zurbarán y Lucas Jordán.

Francisco de Zurbarán y los Ponce de León

Bajo el mandato del Duque Rodrigo Ponce de León Álvarez de Toledo, la familia estableció conexiones con artistas de renombre como Francisco de Zurbarán. En la década de 1630, Zurbarán fue comisionado para pintar una serie de obras destinadas a la sacristía de la Iglesia de San Juan Bautista en Marchena. Entre estas destaca un Crucificado datado entre 1635 y 1637, que ha sido exhibido en importantes exposiciones internacionales sobre el artista.

Reservas

Torrigiano y el Duque de Arcos

Pietro Torrigiano, escultor florentino conocido por introducir el Renacimiento en Sevilla, tuvo una relación tumultuosa con el Duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León. El Duque, impresionado por la Virgen con el Niño que Torrigiano había creado para el Monasterio de San Jerónimo, le encargó una obra similar. Sin embargo, surgieron desacuerdos sobre la remuneración, y el Duque no pagó al escultor lo que este consideraba justo. Enfurecido, Torrigiano destruyó su propia creación. El Duque, sintiéndose agraviado, denunció al artista ante la Inquisición, acusándolo de herejía por destruir una imagen sagrada. Como resultado, Torrigiano fue encarcelado en las mazmorras del Castillo de San Jorge en Sevilla. Durante su reclusión, se negó a alimentarse y falleció por inanición en 1522.

Además, el episodio de su encarcelamiento fue inmortalizado por Francisco de Goya en una acuarela titulada «No comas célebre Torrigiano», que muestra al escultor en su celda durante su huelga de hambre.

La Influencia de Miguel Ángel en la Custodia de Marchena

El impacto de Miguel Ángel en el arte del siglo XVI fue enorme, y su legado llegó también a la platería sevillana. Francisco Alfaro, que trabajó en un periodo en el que las influencias miguelangelescas estaban en auge en Sevilla, incorporó algunos de estos principios en su obra.

Los Duques que se retrataron como santos en el altar mayor de Santa Isabel

Francisco Alfaro logró en la Custodia Procesional de Marchena una síntesis magistral del clasicismo renacentista y la expresividad miguelangelesca, adaptándolas a la tradición orfebre sevillana. Su monumentalidad, detallismo y dinamismo la convierten en una de las grandes obras del arte sacro andaluz y un ejemplo brillante del esplendor del Siglo de Oro en la platería.

Esta obra no solo refleja la maestría técnica de Alfaro, sino también la profunda huella que el Renacimiento italiano dejó en la Sevilla del siglo XVI, fusionando los ideales clásicos con la espiritualidad del arte sacro español.

Monumentalidad de las figuras: Las esculturas de santos y ángeles muestran una musculatura marcada y un dinamismo que recuerdan las obras de Miguel Ángel, como sus frescos en la Capilla Sixtina y sus esculturas del David y el Moisés. Dramatismo y expresividad: Las figuras no son estáticas; tienen posturas dinámicas, rostros expresivos y una tensión en los pliegues de los ropajes, características propias del manierismo influenciado por Miguel Ángel. Uso del «terribilità»: Este concepto, muy presente en la obra de Miguel Ángel, se refiere a la intensidad expresiva y a la fuerza de las figuras. En la Custodia de Marchena, esta sensación de poder se transmite a través del tratamiento de las figuras y la monumentalidad de la obra.

 

 

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Actualidad

Gordillo, Salustiano, Lacomba y los carteles contemporáneos de Semana Santa

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El cartel de la Semana Santa de Carmona 2025, obra de Juan Fernández Lacomba, presenta un estilo conceptual y simbólico, alejado de las representaciones tradicionales de la imaginería cofrade. La composición es minimalista y enigmática, con una paleta de colores fríos en tonos azulados y verdosos.

Elementos visuales y su significado

La escalera central: Elemento recurrente en la iconografía de la Pasión, asociado al Descendimiento de Cristo. Simbólicamente, puede representar el camino hacia la redención o el sacrificio. El corazón atravesado por una lanza: Símbolo del sufrimiento y la pasión de Cristo, evocando la lanza de Longinos. La estrella azul de ocho puntas: Podría hacer referencia a la estrella de Belén o a la Virgen como estrella guía. Los dados: Aluden a los soldados que sortearon la túnica de Cristo en la crucifixión. Las esferas en blanco y negro: Pueden representar el equilibrio entre la luz y la oscuridad, la vida y la muerte. Las constelaciones en la esquina superior derecha: Un detalle que sugiere una conexión celestial o divina.

EL PASO PARA UN NAZARENO BARROCO QUE DISEÑÓ UN ARTISTA CONTEMPORÁNEO

La obra de Lacomba para la Hermandad del Nazareno de Carmona es un ejemplo de cómo la innovación y la contemporaneidad pueden integrarse en la tradición de la Semana Santa, proporcionando una nueva perspectiva y enriqueciendo el patrimonio cultural y religioso.

En 2008, la Primitiva Hermandad del Nazareno de Carmona presentó un nuevo paso diseñado por el pintor sevillano Juan Fernández Lacomba, conocido por su habilidad para innovar dentro del respeto a la tradición. Es destacable igualmente el diseño de los respiraderos y faldones con galones dorados y plateados formando una trama que juega con el diseño de la cruz de Jerusalén, así como las maniguetas, inspiradas en los relicarios renacentistas, en cristal y plata.

El diseño de Lacomba para el paso del Nazareno de Carmona es notable por su enfoque en la severidad, austeridad y elegancia, alejándose de las ornamentaciones típicas. El paso se concibe como un altar procesional, inspirado en la imagen de Jesús Nazareno, obra de Francisco de Ocampo (1607), y la figura del Cirineo. Los elementos iconográficos incluyen la cruz de carey y plata y las potencias y la corona de espinas de plata.

Cartel de la hermandad de la Macarena, obra de Luis Gordillo

 

La presentación del cartel de la Hermandad de la Macarena para la Semana Santa de 2025, obra del reconocido artista sevillano Luis Gordillo, ha generado una intensa polémica en Sevilla. El cartel, que muestra una representación abstracta del rostro de la Virgen con trazos rojos sobre fondo blanco, ha dividido a la opinión pública entre defensores de la innovación artística y partidarios de la tradición.

Desde su presentación, las redes sociales se han inundado de comentarios críticos que cuestionan la estética del cartel. Algunos usuarios han expresado su desconcierto, señalando que la obra parece realizada de manera improvisada o con herramientas básicas de diseño. Por ejemplo, comentarios como «Es precioso y denota un gran manejo del ratón y el software Microsoft Paint» o «El cartel lo hizo su niño chico cinco minutos antes de entregarlo» reflejan el tono sarcástico de algunas opiniones.

Por otro lado, defensores de la obra argumentan que el arte debe evolucionar y que la Semana Santa puede enriquecerse con nuevas perspectivas artísticas. Consideran que la propuesta de Gordillo aporta una visión contemporánea que invita a la reflexión y al diálogo sobre la tradición y la modernidad en las manifestaciones culturales.

LA EVOLUCIÓN DE LA CARTELERÍA

El cartel de 1984, obra de Rolando Campos, representó un cambio significativo al utilizar una composición de fotografías a modo de collage, en contraste con la tradición de usar fotografías de pasos, vírgenes o cristos para los carteles.

En el siglo XXI, el arte cofrade ha mostrado una mayor apertura hacia el arte contemporáneo. Artistas como Ricardo Suárez, Pérez Villalta, Francisco Betanzos y Manolo Cuervo han contribuido a esta tendencia, creando obras que, aunque no transgresoras en extremo, han sido recordadas por su originalidad y aceptación de formas heterodoxas. La obra de Manolo Cuervo para la Semana Santa de 2022, por ejemplo, con su representación del Santísimo Cristo de la Expiración, El Cachorro, rodeada de colores explosivos, es un claro ejemplo de esta evolución.

 

El cartel de la Semana Santa de Sevilla de 2024, obra del pintor Salustiano García, generó una notable controversia al presentar una imagen innovadora de Cristo Resucitado, inspirada en su propio hijo y caracterizada por el distintivo «rojo Salustiano» como fondo predominante.

Esta propuesta rompió con la tradición iconográfica habitual, suscitando debates sobre la adecuación de enfoques contemporáneos en representaciones religiosas tan arraigadas. Mientras algunos valoraron la frescura y modernidad de la obra, otros la consideraron inapropiada para el contexto de la Semana Santa sevillana.

La polémica en torno al cartel de Salustiano evidenció una apertura hacia expresiones artísticas más modernas en la cartelería de la Semana Santa. Este ambiente de debate y reflexión sobre la integración de nuevas corrientes artísticas en tradiciones centenarias ha propiciado que otras hermandades y artistas consideren enfoques más contemporáneos en sus representaciones.

SEMANA SANTA INSOLITA

El libro «Semana Santa insólita: Delirios y visiones heterodoxas de la Semana Santa de Sevilla», escrito por Eva Díaz Pérez y José María Rondón, es una obra que explora las interpretaciones y experiencias únicas que artistas, escritores, músicos y otros creadores de todo el mundo han tenido con la Semana Santa de Sevilla. Este libro busca rescatar y dar a conocer una faceta menos conocida de la Semana Santa, mostrando cómo esta festividad ha trascendido el ámbito puramente local para inspirar a figuras destacadas de la cultura, las vanguardias, el pop y la contracultura.

 

El libro aborda cómo la Semana Santa sevillana ha sido un motivo de inspiración artística mucho más amplio de lo que sugiere la versión oficial o localista. Los autores recopilan experiencias, interpretaciones y creaciones de personajes de renombre en la historia de la cultura que han interactuado con la Semana Santa de Sevilla de maneras inesperadas y sorprendentes

 

EL NACIMIENTO Y EVOLUCION DEL CANON BARROCO

La Semana Santa de Sevilla ha experimentado una notable evolución estética a lo largo de los siglos, adaptándose a las circunstancias históricas y sociales de cada época. Originalmente, en el siglo XVI, las procesiones eran más primitivas, Yy llevaban música de Minstriles, pero con la llegada de la Reforma de Lutero y el Concilio de Trento, la Iglesia impulsó la representación iconográfica de la Pasión de Cristo como una forma de catequesis visual. Esto dio lugar a las primeras cofradías tal y como las conocemos hoy.

A finales del siglo XVI y principios del XVII, el arte barroco influyó significativamente en la creación de las primeras imágenes procesionales, marcando un estilo que se consolidaría en la Semana Santa sevillana. Sin embargo, a lo largo del tiempo, las cofradías se adaptaron a las diferentes épocas, incluyendo la influencia de la ilustración en el siglo XVIII y las ideas del siglo XIX.

En el siglo XX, figuras como Rodríguez Ojeda, López Farfán o Castillo Lastrucci dieron forma a una Semana Santa renovada que respondía a las necesidades de su tiempo. 

REVISTA NAZARENOS 

La revista «Nazarenos» representa un pilar importante en la evolución de la heterodoxia en la Semana Santa de Sevilla. Esta publicación, creada en pleno auge de las redes sociales y del periodismo digital, se presenta como una alternativa a la cobertura convencional de la Semana Santa, abordando temas que otros medios tradicionales a menudo evitan. Con un tratamiento gráfico en blanco y negro, «Nazarenos» busca ofrecer una visión distinta y más profunda de la celebración, alejándose de los estereotipos habituales en la cobertura de la Semana Santa.

Carlos Cabrera y Daniel Marín, ideólogos de la revista, detectaron la necesidad de otro tipo de información cofrade, buscando una manera diferente de tratar las noticias que genera la Semana Santa con un lenguaje distinto.

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