Las élites locales —la nobleza titulada, el clero regular y secular, las universidades, los cabildos— financiaban o patrocinaban la producción de libros que se imprimían en Sevilla. Las obras circulaban luego en toda la región. En ocasiones especiales —una muerte regia, unas fiestas solemnes, una disputa teológica urgente— el impresor podía desplazarse puntualmente a la villa o ciudad que lo requería.
Desde 1500 Osuna tuvo imprentas, en relación con la Universidad y en 1600 aparece en Marchena y Ecija el impresor Luis Estupiñán. La Tipografía Hispalense del bibliógrafo Francisco Escudero publicada en 1894 permite reconstruir ese mapa cultural olvidado.

La noticia más antigua de imprenta en toda la comarca pertenece a Osuna y su primer impresor fue Juan de León en 1549 un impresor de Sevilla, donde aparece vinculado a los grandes talleres del momento. Imprimió la Declaración de instrumentos musicales del músico y fraile franciscano ursaonense Juan Bermudo, una de las obras más importantes de la teoría musical del Renacimiento español, que dedicó el volumen a Juan III de Portugal, monarca y mecenas.
Siete décadas después, en 1622, llega a Osuna Juan Serrano de Vargas, tipógrafo activo en Sevilla entre 1617 y 1623, hombre de confianza del Ayuntamiento hispalense para la impresión de órdenes y cédulas reales. Nombrado tipógrafo de la Universidad de Osuna, allí estampó el libro titulado: Sanctuario de Nuestra Señora de Consolación, y antigüedad de la villa de Utrera, de Rodrigo Caro.»
El libro de Rodrigo Caro sobre la imagen de Consolación, patrona de Utrera y de Osuna, impreso en Osuna, circuló después ampliamente y es hoy uno de los testimonios más valiosos de la religiosidad popular y la historia local de Sevilla.
También se imprimió en Osuna: un Tratado del suero de la leche y de la tysana de Simón Rodríguez Ramos (1623) y una Vida del santo D. Fernando en orden a su canonización por Hipólito de Vergara (1630). Y en 1638 sale de sus prensas un tratado de Francisco del Carpió, jurisconsulto y profesor de Derecho de la Universidad de Osuna.
Y en 1646, en Sevilla, el impresor Francisco de Lyra publica: Lugar que debe ocupar el Gobernador de Osuna en los actos públicos de la Universidad de la misma.
La figura del Duque de Osuna —el legendario Pedro Téllez-Girón, III Duque, virrey de Nápoles— aparece en la Tipografía Hispalense como protagonista de numerosas relaciones de batallas y hazañas navales publicadas en Sevilla entre 1614 y 1620.
Sus victorias contra los turcos en el Adriático, sus galeras en el Mediterráneo, sus enfrentamientos con la armada veneciana: todo ello generó una literatura de relaciones que se imprimía en Sevilla y circulaba por toda España. El nombre de Osuna resonaba en las prensas sevillanas como el de una casa nobiliaria en el cénit de su poder. Incluso hay comedias: «Las Mocedades del Duque de Osuna», de Cristóbal de Monroy, figura en el extenso catálogo de impresos dramáticos del libro de Escudero.
Marchena: el libro de la nobleza y el impresor que pasó de visita
Marchena, villa de los Ponce de León, la familia nobiliaria que más libros patrocinó en el entorno de Sevilla durante el Renacimiento fue también protagonista de los libros impresos.
La edición de las Décadas de Alfonso de Palencia, uno de los grandes humanistas del reinado de los Reyes Católicos, impresa en Sevilla hacia 1491, está dirigida a Rodrigo Ponce de León Marqués de Cádiz. El señor de Marchena era destinatario de uno de los primeros impresos humanísticos de Sevilla
En 1546, Dominico de Robertis —uno de los impresores más activos del Renacimiento sevillano— publica la novela de caballerías de Feliciano de Silva, la Crónica de los dos valientes y esforzados caballeros don Florisel de Niquea y el fuerte Anaxartes, dedicada a Luis Ponce de León, Duque de Arcos. Los señores de Marchena, eran los mecenas de las prensas sevillanas.
En 1621, Luis Estupiñán —uno de los tipógrafos más prolíficos de la Sevilla del primer tercio del XVII— estuvo de paso en Marchena donde imprimió el Sermón predicado en las honras que en la villa de Marchena se hicieron por…., el rey D. Felipe III, en 21 de Abril de 1621, por el P. Fr. Agustín de Gática. Dirigido á don Rodrigo Ponce de León, Duque de Arcos; año de 1621.
Luis Estupiñán llevó sus tipos a Marchena, compuso el pliego y lo imprimió in situ. Doce años después de esa visita, en 1633, el mismo Luis Estupiñán publica en Sevilla —ya desde su taller de la calle de las Palmas— un libro rarísimo, el Breve compendio de la carpintería de lo blanco, y tratado de Alarifes, del marchenero Diego López de Arenas.
Écija: de la dependencia a la imprenta propia
Écija presenta en la Tipografía Hispalense una trayectoria diferente: parte de la dependencia de las prensas sevillanas —donde se imprimen obras sobre la ciudad astigitana, o sermones predicados en sus templos— y acaba generando, hacia 1633, una actividad tipográfica propia y sostenida.
En 1615, Gabriel Ramos Vejarano imprime en Sevilla el sermón de Francisco Núñez Navarro sobre la Purísima Concepción, «predicado en 2 de Julio de 1615 en el Octavario de fiestas que se celebró en la Yglesia Parroquial de Santa María de la ciudad de Écija». Écija estaba inmersa en las grandes polémicas conceptistas del XVII —la llamada «guerra de la Inmaculada»— y sus predicadores necesitaban que sus palabras circulasen impresas.
En 1629 se publica en Sevilla, por Manuel de Sande, una de las obras más importantes de la historiografía local andaluza: Écija y sus santos, su antigüedad eclesiástica y seglar, del jesuita cordobés Martín de Roa. En 1631, Luis Estupiñán imprime en Sevilla las Adiciones al libro de Écija y sus grandezas del licenciado Andrés Florindo, de 129 hojas foliadas.
El año decisivo para Écija es 1633. Escudero es preciso: Hacia 1633 se estableció en esta ciudad el impresor sevillano Luis Estupiñán. Allí dió á luz, en dicho año, la Relación de las solemnidades con que celebró la octava del Santissimo Sacramento, en la Iglesia Mayor de Sancta Cruz de la ciudad de Ezija, [dedicada á] D. Diego de Mendoga y Salinas, su patrono; 1633; en 4..
Luis Estupiñán, el mismo que había pasado por Marchena en 1621 y que durante veintitrés años había tenido su taller en la calle de las Palmas de Sevilla como tipógrafo del convento de San Agustín, deja definitivamente Sevilla y se instala en Écija hasta 1638.
Además, Escudero documenta que Simón Faxardo —otro de los grandes impresores del Barroco sevillano— publicó en Écija, en 1624, un libro de «Sermones de las Dominicas de Pentecostés, por Fr. Juan Pérez de Rojas». Es la primera referencia a una impresión realizada en Écija.
Écija, a diferencia de Marchena, acabó teniendo un impresor local propio y duradero: Benito Daza, activo desde 1770 hasta 1802, produjo diversas obras de erudición y devoción en la ciudad. Escudero le dedica un artículo específico, con varias ediciones documentadas.

