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La torre de San Juan conserva las huellas de un campanario anterior a la reforma del siglo XVI

torre de san juan

La visita de Hernán Ruiz II en 1567 y la posterior intervención de Diego de Velasco transformaron la antigua torre medieval, aunque la documentación conocida no permite atribuir con absoluta certeza toda la obra al arquitecto de la Giralda

La torre de la iglesia de San Juan Bautista de Marchena es el resultado de varias etapas constructivas superpuestas. Bajo el actual cuerpo de campanas todavía pueden apreciarse diferencias en el aparejo del ladrillo y las siluetas de dos grandes arcos cegados que podrían corresponder a una fase anterior del edificio. La interpretación resulta verosímil, pero necesitaría un estudio arqueológico de los muros para confirmar que fueron realmente los vanos del primitivo campanario.

La estructura medieval debió de ser más baja, sencilla y vinculada a la tradición mudéjar de las primeras parroquias sevillanas. Sobre aquella torre preexistente se levantó posteriormente el cuerpo de campanas que hoy domina el perfil monumental de Marchena, abierto mediante dos grandes arcos en cada una de sus cuatro caras y decorado con ladrillo y cerámica vidriada.

El primer dato documental conocido sobre la transformación aparece en 1567. Aquel año, Hernán Ruiz II, maestro mayor del Arzobispado de Sevilla y uno de los grandes arquitectos del Renacimiento andaluz, viajó a Marchena para visitar las torres de San Juan y San Miguel. El desplazamiento se realizó por orden del provisor general del Arzobispado, duró tres días y fue remunerado con 54 reales. La anotación se conserva en el Libro de Cuentas de Fábrica de la parroquia de San Juan.

Sin embargo, el historiador del arte Alfredo J. Morales advierte de que la brevedad del documento impide conocer el alcance exacto de aquella intervención. La expresión utilizada en las cuentas —«visitar la torre de San Juan e San Miguel»— podría referirse tanto a la preparación de una obra como a una simple inspección sobre el estado de conservación de los campanarios. Morales señala, además, que no localizó otras referencias posteriores que permitieran relacionar directamente a Hernán Ruiz con la ejecución material de la torre de San Juan.

La situación es diferente en Santa María de la Mota, donde sí existe una abundante documentación sobre el trabajo de Hernán Ruiz, la compra de ladrillos, madera, cal y piedra, y la participación de canteros, albañiles y ceramistas. Esa diferencia obliga a ser prudentes al atribuirle el actual campanario de San Juan: está demostrada su presencia en 1567, pero no se conserva, al menos entre la documentación publicada, un contrato completo que confirme que dirigió toda la obra.

La terminación de la torre y de su remate aparece vinculada a Diego de Velasco, arquitecto y escultor activo en el ambiente artístico sevillano de finales del siglo XVI. Una publicación de la Junta de Andalucía atribuye a Velasco el chapitel que corona la torre y lo fecha en 1580, al tiempo que menciona la existencia de un proyecto anterior de Hernán Ruiz II.

Otras cronologías sitúan todavía a Diego de Velasco trabajando en la terminación de la torre y del chapitel en torno a 1592. Las dos fechas podrían responder a momentos diferentes de una obra prolongada: 1580 podría corresponder al contrato, al proyecto o al comienzo de la intervención, mientras que los trabajos de terminación pudieron extenderse durante los años siguientes.

El resultado fue una torre en la que conviven la tradición constructiva mudéjar y el lenguaje renacentista. El cuerpo de campanas presenta grandes arcos de medio punto, mientras que el friso y el chapitel incorporan azulejería, uno de los elementos más característicos de la arquitectura religiosa marchenera. El Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico de Marchena describe precisamente la torre como una construcción rematada por chapitel y decorada con azulejos tanto en el friso como en su coronación.

La lectura de los muros permite plantear que el actual campanario se levantó sobre una torre anterior, probablemente medieval. Los dos arcos aparentemente tapiados visibles bajo el friso cerámico podrían ser una de las huellas de aquella fase primitiva, aunque esta hipótesis no debe presentarse como definitiva mientras no exista una comprobación arqueológica del paramento.

La formulación histórica más rigurosa sería, por tanto, que Hernán Ruiz II inspeccionó la torre de San Juan en 1567 y pudo intervenir en el proyecto de su transformación, mientras que Diego de Velasco aparece relacionado con la ejecución o culminación del chapitel y del campanario durante las últimas décadas del siglo XVI.

La torre que hoy vemos no pertenece a un único momento ni a un solo autor. Es una arquitectura construida por capas: una base de origen medieval, una gran reforma renacentista y posteriores reparaciones que fueron configurando una de las siluetas más reconocibles del patrimonio monumental de Marchena.