Cuando pensamos en patrimonio, lo primero que nos viene a la mente son monumentos, edificios, pero existe otro patrimonio, que no se puede ver ni tocar, pero que es fundamental para nuestra identidad como sociedad. El patrimonio cultural inmaterial (PCI) abarca tradiciones, rituales, danzas, lenguas y conocimientos que han sido transmitidos de generación en generación y que dan sentido a quiénes somos.
De lo cercano a lo lejano: ¿dónde lo encontramos en nuestro día a día?
Piensa en la feria de tu pueblo, las canciones que cantaban tus abuelos o esa receta que ha pasado de padres a hijos. Todo esto es parte del PCI. Son elementos vivos que aún nos acompañan en nuestro día a día. En Andalucía, por ejemplo, encontramos tradiciones tan arraigadas como la Semana Santa, el flamenco que ya han sido catalogadas y protegidas o las festividades del Corpus Christi cuyas alfombras lo serán en breve. También es patrimonio inmaterial, la forma en que se tejen los espartos o la manera de preparar el pan.
Un bien que necesita ser protegido
La globalización y los cambios sociales y económicos hacen que muchas de estas manifestaciones estén en peligro de desaparecer. Las nuevas generaciones ya no tienen el tiempo ni la oportunidad de aprender de los mayores, lo que conlleva una pérdida de saberes y prácticas que son fundamentales para entender nuestra historia y forma de vida.
Andalucía es una de las regiones de España con más elementos del Patrimonio Cultural Inmaterial reconocidos por la UNESCO. Estos bienes no solo destacan por su riqueza cultural, sino por el valor que tienen para las comunidades que los mantienen vivos. En la Campiña Sevillana y en pueblos como Marchena, estas tradiciones forman parte del tejido social, uniendo a generaciones y generando un profundo sentido de pertenencia.
El toque manual de campanas fue inscrito en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2022, un reconocimiento a una práctica que tiene siglos de antigüedad y que aún perdura en muchas localidades andaluzas. En Utrera, los campaneros han mantenido viva esta tradición, utilizando técnicas ancestrales para hacer repicar las campanas de manera rítmica y armoniosa.
Declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2010, el flamenco no solo es música, es sentimiento, es historia, y es la expresión de un pueblo que transforma la tristeza y la alegría en arte.
La técnica de la producción de la cal de Morón de la Frontera fue inscrita en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2011. Esta técnica tradicional se caracteriza por el proceso artesanal que utiliza hornos árabes de piedra y madera para obtener una cal de altísima calidad. El conocimiento de esta técnica se transmite de padres a hijos en Morón y se ha convertido en un símbolo del paisaje cultural y arquitectónico andaluz.
Recientemente Marchena se ha incluido en una candidatura conjunta presentada a la UNESCO para que se declare Patrimonio Inmaterial de la Humanidad «“La tradición de las alfombras florales de arte efímero», coordinada por el Ministerio de Cultura, y la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Marchena aporta la tradición de alfombras de la Fiesta del Corpus Christi, con la adhesión del Ayuntamiento, Consejo de Hermandades y Parroquia de San Juan. La candidatura será evaluada en diciembre de 2025.
Mucho más representativo que las alfombras del Corpus, los bienes del Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) de Marchena que necesitan una protección y catalogación urgente para evitar su desaparición pasan por celebraciones como Semana Santa, Carnaval oficios y tradiciones en peligro de desaparición.
Otra manifestación fundamental del Patrimonio Inmaterial de Marchena es el Mandato que reaiza todos los Viernes Santos Marchena (Sevilla), la hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno celebra un auto de pasión. Desde sus inciertos orígenes a fines del siglo XVII o principios del XVIII este acto paralitúrgico se realiza para narrar la Pasión de Cristo con la intención de evangelizar al pueblo.
La Saeta Marchenera: Cante Profundo con siglos de historia que nunca deja de estar en riesgo. La saeta marchenera es el origen más primitivo de este canto sacro que destaca por su sobriedad y pureza. Aunque la saeta es popular en muchos rincones de Andalucía, la saeta de Marchena tiene características únicas que la diferencian. Es un cante breve, con pocos melismas, en el que el sentimiento se concentra en la interpretación. Durante siglos, este cante ha acompañado las procesiones de Semana Santa, siendo entonado por saeteros locales desde balcones y esquinas.
Con el paso de los años, el número de saeteros ha disminuido y el envejecimiento de la población y la falta de relevo generacional amenazan esta tradición, que necesita un impulso institucional para formar a nuevos intérpretes y asegurar su continuidad.
Las Moleeras, otra tradición muy arraigada en Marchena: detener la procesión de la Virgen de la Soledad antes de su entrada al Palacio Ducal. Durante este momento, los saeteros locales cantan saetas, y la procesión queda interrumpida mientras el pueblo se entrega a este acto de fervor. Las moleeras se han convertido en un acto de profunda carga simbólica y emocional para los marcheneros.
Y asi muchos oficios, usos y costumbres, como el flamenco, los oficios artesanos, la alferría, la tala, el esparto, el aderezo de aceituna, las construcciones tradicionales, la elaboración de molletesm, tortas de manteca o bizcocho marchenero, etc. El problema principal radica en la falta de participación de las nuevas generaciones, que desconocen las técnicas y el simbolismo de estas técnicas y saberes populares. Para proteger este PCI, es necesario promover talleres de formación y actividades que involucren a los más jóvenes, garantizando así la pervivencia de esta manifestación artística.
HERRAMIENTAS PARA PRESERVAR ESTOS SABERES POPULARES
Es aquí donde la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, adoptada en 2003, y de la que nuestro país forma parte, juega un papel fundamental. Esta convención busca proteger aquellas expresiones culturales que requieren una atención especial para que no se pierdan en el tiempo. ¿Cómo lo hace? A través de la creación de listas que promueven la concienciación y la preservación de estas manifestaciones.
Las tres listas del PCI: conocerlas para valorarlas.
La Lista Representativa del PCI de la Humanidad. La Lista del PCI que requiere medidas urgentes de salvaguardia: Incluye aquellos elementos que, por falta de comunidad portadora o por su vulnerabilidad, corren el riesgo de desaparecer. Por ejemplo, ciertos rituales de pequeñas comunidades indígenas o lenguas minoritarias. Registro de Mejores Prácticas de Salvaguardia del PCI: Aquí se recogen proyectos que han conseguido salvaguardar de manera ejemplar ciertas manifestaciones. España ha aportado varios proyectos a este registro, como el programa radiofónico “Ponte…nas ondas!” para la protección del PCI común entre España y Portugal.
¿Qué hace España para proteger su Patrimonio Cultural Inmaterial?
En nuestro país, la protección del PCI se ha legislado a través de la Ley 10/2015, que establece un marco para garantizar la salvaguarda. El Ministerio de Cultura ha impulsado numerosas iniciativas, como el Plan Nacional de Salvaguardia del PCI, que coordina a las distintas comunidades autónomas en la protección de este bien tan frágil y valioso. Además, se han creado inventarios y se ha impulsado la investigación y divulgación del PCI.
Uno de los retos más importantes es garantizar la viabilidad de estas manifestaciones, especialmente las más vulnerables. Por ello, desde las administraciones públicas se trabaja no solo para inventariar y catalogar estos bienes, sino también para promover su transmisión, difusión y revalorización. Es esencial que la juventud conozca y valore este patrimonio para que pueda ser preservado y disfrutado por las futuras generaciones.