Los documentos medievales conservados en el Archivo Histórico de la Nobleza permiten reconstruir una parte poco conocida del paisaje de Marchena: la existencia de una red de molinos vinculada al río y a las grandes explotaciones agrícolas de la villa.
La referencia más antigua localizada hasta ahora está fechada el 29 de mayo de 1428. Se trata de una escritura de compraventa por la que Diego Ortiz vendió a Antonio Sánchez, serrador, un molino denominado “de Vicos”, situado en el río Guadajoz , hoy Corbones cerca de Marchena. El documento original, conservado en pergamino, tiene la signatura OSUNA,CP.74,D.10.
Ese Guadajoz que aparece en la documentación medieval es el antiguo nombre del actual río Corbones a su paso por Marchena. El dato permite situar el Molino de Vicos dentro del paisaje fluvial histórico de la localidad y demuestra que ya a comienzos del siglo XV existían instalaciones de molienda aprovechando o vinculadas al curso del río.
La documentación continúa pocas décadas después. En 1456 aparece un expediente relativo a “unos molinos y otras pertenencias” de María Jiménez, viuda de Antón Sánchez Ferrador. La pieza, conservada como OSUNA,C.169,D.40, confirma que no estamos ante un caso aislado: a mediados del siglo XV existían varios molinos integrados en patrimonios particulares de vecinos o familias vinculadas a Marchena.
A finales del mismo siglo vuelve a aparecer otro topónimo de enorme interés: Molino Nuevo. Entre 1490 y 1496 se documentan distintas escrituras de compraventa de las llamadas tierras del Molino Nuevo, en término de Marchena, conservadas bajo la signatura OSUNA,C.169,D.79-81.
El historiador Alfonso Franco Silva, que estudió esta documentación, explica que las tierras terminaron en manos de Beatriz Pacheco, viuda de Rodrigo Ponce de León, III conde de Arcos, tras ser adquiridas por 45.000 maravedíes a Fernando de Medina e Isabel González. El dato es especialmente valioso porque el documento permite conocer sus linderos: las tierras estaban relacionadas con las dehesas de Gamarra y Trojique y con el camino de Marchena a Fuentes.
La suma de estas referencias empieza a dibujar una geografía económica de la Marchena bajomedieval. No solo había cultivos y dehesas. Había también molinos, norias, caminos y explotaciones vinculadas al agua y a la transformación de productos agrícolas.
Otros estudios sobre la actividad agraria marchenera al final de la Edad Media señalan además la importancia de los molinos de aceite, algunos con más de una viga, en una economía en la que el olivar tenía un peso creciente. Esto obliga a distinguir entre los molinos hidráulicos relacionados con el río y los molinos aceiteros asociados a las explotaciones agrícolas.
Fuentes: Portal de Archivos Españoles (PARES), Archivo Histórico de la Nobleza, signaturas OSUNA,CP.74,D.10; OSUNA,C.169,D.40; OSUNA,C.169,D.79-81. Estudios de Alfonso Franco Silva sobre Marchena en la Baja Edad Media y de Mercedes Borrero Fernández sobre la actividad agraria marchenera.