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Los molinos medievales de Marchena en el Río Corbones ya existían en 1428
PARES conserva documentos de 1428, 1456 y 1490-1496 que permiten reconstruir una red de molinos medievales en Marchena, entre ellos el Molino de Vicos junto al antiguo Guadajoz, hoy Corbones.
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10 minutos agoon
Los documentos medievales conservados en el Archivo Histórico de la Nobleza permiten reconstruir una parte poco conocida del paisaje de Marchena: la existencia de una red de molinos vinculada al río y a las grandes explotaciones agrícolas de la villa.
La referencia más antigua localizada hasta ahora está fechada el 29 de mayo de 1428. Se trata de una escritura de compraventa por la que Diego Ortiz vendió a Antonio Sánchez, serrador, un molino denominado “de Vicos”, situado en el río Guadajoz , hoy Corbones cerca de Marchena. El documento original, conservado en pergamino, tiene la signatura OSUNA,CP.74,D.10.
Ese Guadajoz que aparece en la documentación medieval es el antiguo nombre del actual río Corbones a su paso por Marchena. El dato permite situar el Molino de Vicos dentro del paisaje fluvial histórico de la localidad y demuestra que ya a comienzos del siglo XV existían instalaciones de molienda aprovechando o vinculadas al curso del río.
La documentación continúa pocas décadas después. En 1456 aparece un expediente relativo a “unos molinos y otras pertenencias” de María Jiménez, viuda de Antón Sánchez Ferrador. La pieza, conservada como OSUNA,C.169,D.40, confirma que no estamos ante un caso aislado: a mediados del siglo XV existían varios molinos integrados en patrimonios particulares de vecinos o familias vinculadas a Marchena.
A finales del mismo siglo vuelve a aparecer otro topónimo de enorme interés: Molino Nuevo. Entre 1490 y 1496 se documentan distintas escrituras de compraventa de las llamadas tierras del Molino Nuevo, en término de Marchena, conservadas bajo la signatura OSUNA,C.169,D.79-81.
El historiador Alfonso Franco Silva, que estudió esta documentación, explica que las tierras terminaron en manos de Beatriz Pacheco, viuda de Rodrigo Ponce de León, III conde de Arcos, tras ser adquiridas por 45.000 maravedíes a Fernando de Medina e Isabel González. El dato es especialmente valioso porque el documento permite conocer sus linderos: las tierras estaban relacionadas con las dehesas de Gamarra y Trojique y con el camino de Marchena a Fuentes.
La suma de estas referencias empieza a dibujar una geografía económica de la Marchena bajomedieval. No solo había cultivos y dehesas. Había también molinos, norias, caminos y explotaciones vinculadas al agua y a la transformación de productos agrícolas.
Otros estudios sobre la actividad agraria marchenera al final de la Edad Media señalan además la importancia de los molinos de aceite, algunos con más de una viga, en una economía en la que el olivar tenía un peso creciente. Esto obliga a distinguir entre los molinos hidráulicos relacionados con el río y los molinos aceiteros asociados a las explotaciones agrícolas.
Fuentes: Portal de Archivos Españoles (PARES), Archivo Histórico de la Nobleza, signaturas OSUNA,CP.74,D.10; OSUNA,C.169,D.40; OSUNA,C.169,D.79-81. Estudios de Alfonso Franco Silva sobre Marchena en la Baja Edad Media y de Mercedes Borrero Fernández sobre la actividad agraria marchenera.
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Una empresa sevillana paga los 1.004 euros del ‘simpa’ a las clarisas
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37 minutos agoon
11 septiembre, 2026
El caso del impago sufrido por las monjas clarisas de Marchena, dado a conocer en exclusiva por Marchena Secreta, ha tenido apenas unos días después un desenlace inesperado y solidario. La empresa sevillana Ostreasur ha decidido hacerse cargo de manera altruista de los 1.004,30 euros que dos huéspedes dejaron pendientes después de alojarse en la hospedería del convento de la Purísima Concepción.
Marchena Secreta informó por primera vez de lo sucedido después de conocer que la comunidad religiosa había sufrido el impago de una estancia y que los huéspedes habían abandonado la hospedería sin satisfacer la cantidad adeudada. El caso alcanzó posteriormente una amplia repercusión mediática, publicándose en ABC de Sevilla mientras que Onda Cero Sevilla instaba a continuar con la cadena solidaria con el convento marchenero.
Ahora, según informa ABC de Sevilla en una noticia firmada por el periodista Chechu Díaz, esa difusión ha provocado una respuesta solidaria que permitirá a las religiosas recuperar íntegramente el dinero perdido.
Los propietarios de Ostreasur, David García Pruna y José Manuel Pérez, conocieron la situación y mantuvieron durante la mañana de este viernes una conversación directa con las responsables del convento. Tras ese contacto decidieron realizar una transferencia de 1.004,30 euros, exactamente la cantidad que había quedado pendiente.
El gesto supone un importante alivio para una comunidad religiosa que obtiene buena parte de los recursos necesarios para su mantenimiento mediante su propio trabajo, especialmente la elaboración y venta de dulces y productos artesanales y la actividad de la hospedería situada en el histórico conjunto de la Purísima Concepción, en el antiguo Palacio Ducal de Marchena.
Según recoge ABC, la ayuda de Ostreasur no se limitará al pago de la deuda. Los responsables de la empresa tienen intención de desplazarse próximamente hasta Marchena para mantener un encuentro con las religiosas y entregarles además diversos productos de la compañía como muestra de cercanía y apoyo.
David García Pruna, CEO de Ostreasur, ha explicado al citado medio que, después de conocer la situación y conversar con la madre superiora, la empresa quiso actuar con rapidez. Más allá del aspecto económico, destacó la voluntad de respaldar a una comunidad cuya labor consideran especialmente valiosa.
Ostreasur ya ha desarrollado anteriormente otras iniciativas solidarias en la provincia de Sevilla. Según la información publicada por ABC y Chechu Díaz, la empresa ha colaborado, entre otras acciones, con profesionales sanitarios de los hospitales de Valme y El Tomillar y con iniciativas benéficas vinculadas a la lucha contra el cáncer.
El episodio comenzó cuando Marchena Secreta reveló en exclusiva que dos huéspedes habían abandonado la hospedería de las clarisas dejando sin pagar una factura superior a los mil euros. La comunidad había realizado las gestiones correspondientes y denunciado los hechos, una situación especialmente delicada teniendo en cuenta que el convento depende en gran medida de sus propias actividades para sostenerse.
La posterior repercusión del caso ha terminado provocando un giro inesperado. Lo que comenzó como una historia de impago y preocupación para una pequeña comunidad religiosa de Marchena ha concluido, al menos desde el punto de vista económico, con la solidaridad de una empresa sevillana que ha decidido asumir una deuda que no le correspondía.
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Fuentes de Andalucía mantiene el transporte escolar a Marchena, Écija, Carmona y Osuna con 88 plazas
Fuentes de Andalucía mantiene para el curso 2026/2027 el transporte a demanda para estudiantes con destino a Marchena, Écija, Carmona y Osuna, con 88 plazas disponibles.
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1 hora agoon
11 septiembre, 2026
El Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía mantendrá durante el curso 2026/2027 su servicio municipal de transporte a demanda para estudiantes que tienen que desplazarse fuera del municipio para continuar sus estudios. La nueva convocatoria dispone de 88 plazas para los desplazamientos con destino a Écija, Marchena, Carmona y Osuna, cuatro de los principales núcleos educativos de referencia para el alumnado fontaniego.
La continuidad del servicio fue abordada por el Consistorio al comienzo de septiembre. El Ayuntamiento convocó para el pasado 8 de septiembre una reunión informativa en el hall de la Casa Consistorial destinada a explicar a estudiantes y familias el funcionamiento, las condiciones y el procedimiento de solicitud del transporte municipal para este nuevo curso. La convocatoria confirma que el programa vuelve a ponerse en marcha un año más como una alternativa para quienes estudian fuera de Fuentes de Andalucía.
Para Marchena, la noticia tiene especial interés porque la localidad vuelve a formar parte de los destinos incluidos en este sistema de movilidad estudiantil. Se trata de una conexión que facilita el acceso cotidiano a centros educativos y enseñanzas que no siempre cuentan con una combinación directa y adecuada mediante las líneas regulares de transporte público.
La ampliación hasta las 88 plazas supone además un crecimiento respecto al curso anterior. En 2025/2026, el Ayuntamiento anunció una oferta de 75 plazas repartidas en cinco rutas con destino a Écija, Osuna, Marchena y Carmona. Aquel servicio funcionó desde mediados de septiembre hasta el final del curso escolar y establecía las salidas a primera hora de la mañana y el regreso a primera hora de la tarde.
Como referencia de la dimensión social del programa, el curso pasado el Ayuntamiento asumía el 25 % del coste del transporte, una aportación municipal que, según explicó entonces el propio Consistorio, permitía reducir en aproximadamente 500 euros por alumno el desembolso anual de las familias. La información publicada hasta ahora en la web municipal para el curso 2026/2027 confirma la continuidad del servicio, aunque no detalla todavía si los horarios, tarifas y porcentajes de financiación serán exactamente los mismos que en el curso anterior.
El transporte a demanda tiene una importancia especial en Fuentes de Andalucía por las limitaciones de la oferta de transporte público interurbano. Un diagnóstico municipal sobre la situación del municipio ya señalaba la escasez de combinaciones y la dificultad para conectar mediante transporte regular con distintos pueblos de la Campiña. En ese contexto, el servicio destinado a estudiantes se ha convertido en una herramienta para evitar que la falta de movilidad limite la elección de estudios o centros educativos.
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El Área Sanitaria de Osuna busca nuevo gerente: será el quinto responsable en una década
La Junta de Andalucía busca nuevo gerente para el Área de Gestión Sanitaria de Osuna. El próximo responsable será el quinto que dirige el Área desde 2016.
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2 horas agoon
11 septiembre, 2026
La Junta de Andalucía ha abierto un nuevo proceso para cubrir la Gerencia del Área de Gestión Sanitaria de Osuna, una de las estructuras sanitarias de referencia para la Sierra Sur de Sevilla y responsable, entre otros dispositivos, del Hospital Universitario de La Merced y de la atención primaria de una amplia zona de la comarca.
La convocatoria supone un nuevo relevo en la dirección del Área, que en los últimos diez años ha tenido cuatro gerentes titulares diferentes. La persona que resulte seleccionada será, por tanto, la quinta en ocupar la Gerencia desde 2016.
Cuatro gerentes desde 2016
La secuencia reciente comienza con Francisca Díaz Alcaide, que asumió la Gerencia en marzo de 2016 en sustitución de Miguel Sanz del Pozo. Díaz permaneció al frente del Área hasta 2019, cuando fue relevada por Ricardo Gil-Toresano, médico y exalcalde de Écija.
Gil-Toresano dirigió el Área hasta comienzos de 2021. La Junta de Andalucía comunicó entonces que dejaba el puesto por motivos personales y anunció el nombramiento de Celso Ortiz Sáez como nuevo gerente.
Ortiz permaneció en el cargo hasta agosto de 2023. Tras quedar vacante la Gerencia durante varias semanas, el Servicio Andaluz de Salud culminó un nuevo proceso de selección y en noviembre de ese año fue nombrada María Belén Lozano León, cuyo nombramiento quedó publicado oficialmente en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía.
Lozano continuaba ejerciendo como gerente al menos durante la primavera de 2026, tal y como acredita documentación oficial del propio Área de Gestión Sanitaria de Osuna. La nueva convocatoria difundida ahora por la Junta abre, por tanto, una nueva etapa en la dirección sanitaria de la comarca.
La causa de la nueva vacante, sin explicación oficial por ahora
Hasta el momento no consta públicamente una explicación oficial que permita atribuir la nueva vacante a un cese, una dimisión o un traslado de María Belén Lozano. Por ese motivo, cualquier interpretación sobre las razones de su salida sería prematura mientras no se publique la correspondiente resolución o comunicación oficial del Servicio Andaluz de Salud.
Lo que sí puede afirmarse es que el Área de Gestión Sanitaria de Osuna vuelve a afrontar un cambio en su máxima responsabilidad ejecutiva después de una década marcada por varios relevos.
El quinto gerente en diez años
Desde 2016 han pasado por la Gerencia Francisca Díaz Alcaide, Ricardo Gil-Toresano, Celso Ortiz Sáez y María Belén Lozano León. El próximo nombramiento elevará a cinco el número de gerentes en una década.
Si se amplía el periodo hasta 2013 y se incluye a Miguel Sanz del Pozo, serán seis responsables diferentes en aproximadamente trece años.
El puesto tiene una importancia directa para miles de vecinos de Osuna, Marchena, Écija y otros municipios de la Sierra Sur y la Campiña, ya que la Gerencia coordina buena parte de los recursos sanitarios hospitalarios y de atención primaria del territorio.
La nueva convocatoria vuelve así a situar el foco sobre la continuidad de la dirección sanitaria del Área de Osuna y sobre quién asumirá la gestión durante los próximos años.
Fuentes: Servicio Andaluz de Salud, Junta de Andalucía, Boletín Oficial de la Junta de Andalucía y documentación pública del Área de Gestión Sanitaria de Osuna.
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La Bienal abre en la Maestranza mirando a los años veinte y al legado de Pepe Marchena
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2 horas agoon
11 septiembre, 2026
La plaza de toros de la Real Maestranza volvió anoche a convertirse en territorio flamenco. La XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla abrió su programación con El mundo por montera, una propuesta concebida por Andrés Marín y Luis Ybarra que miró hacia los años veinte del pasado siglo para recuperar uno de los momentos decisivos en la transformación del flamenco en un espectáculo popular y de masas.
En la raíz misma de esa mirada estaba Pepe Marchena.

La idea inicial del proyecto nació precisamente alrededor del cantaor marchenero y del cincuentenario de su muerte. A partir de ahí el planteamiento fue creciendo hasta abarcar toda una generación decisiva, la de los artistas que durante los años veinte y treinta llevaron el flamenco fuera de sus espacios tradicionales y conquistaron teatros, cines, plazas de toros y grandes públicos.
Por eso El mundo por montera no planteó una biografía escénica de Marchena ni un homenaje construido exclusivamente sobre sus cantes. La intención fue más amplia: reconstruir el espíritu de una época en la que nombres como La Niña de los Peines, Manuel Vallejo, Pepe Pinto, el Cojo de Málaga, Carbonerillo, José Cepero, Niño Caracol, Ramón Montoya, Niño Ricardo y el propio Niño de Marchena ayudaron a cambiar para siempre la dimensión social y artística del flamenco.

La elección de la Maestranza resultaba especialmente significativa. Hace un siglo, las plazas de toros se habían convertido en algunos de los grandes espacios donde el flamenco comenzó a abandonar el ámbito reducido para presentarse ante miles de espectadores. El ruedo sevillano funcionó así como algo más que un escenario: fue también una evocación del momento histórico en que el cante comenzó a conquistar grandes aforos y a fabricar auténticas estrellas populares.
La noche comenzó con los saxofones de Juan Jiménez y Alfonso Padilla, encargados de abrir un paisaje sonoro del que emergía la memoria de Pastora Pavón, La Niña de los Peines. Manolo Franco estuvo a la guitarra, acompañado por El Oruco y Abel Harana a las palmas.

Después llegó Voz de alarma, un recorrido por distintos territorios del cante en las voces de Ángeles Toledano, El Perrete y Manuel de la Tomasa, acompañados por David de Arahal, Alfredo Lagos y la percusión de Daniel Suárez. La propuesta alternó generaciones y maneras distintas de entender el flamenco, construyendo un diálogo permanente entre memoria y presente.
Uno de los momentos de mayor fuerza visual llegó con El cerco y la luna, sobre la granaína y media y con Patricia Guerrero y Eduardo Leal en el baile. Después tomó el ruedo el Ballet Flamenco de Andalucía con La mano aquí, en este caso sí con una referencia histórica concreta a Manuel Vallejo, recordando el centenario de la concesión de la segunda Llave de Oro del Cante y la importancia alcanzada por el cantaor sevillano en aquellos años.
La gala continuó recorriendo diferentes universos flamencos. Rosario La Tremendita se adentró en la petenera; Arcángel transitó por los cantes de ida y vuelta; Martirio recuperó ese espacio fronterizo en el que hace un siglo se encontraron el flamenco, el cuplé y las varietés; José de la Tomasa llevó la noche hacia la soleá y José Mercé profundizó finalmente en la seguiriya.

Más que levantar un espectáculo alrededor de un solo protagonista, El mundo por montera quiso reconstruir una época completa. Una época en la que el flamenco descubría nuevas formas de difusión, nuevos públicos y nuevos formatos artísticos mientras el disco y las primeras grabaciones eléctricas empezaban a modificar radicalmente la manera de escuchar el cante.
El final desembocó en los fandangos, un género imprescindible para comprender aquella revolución. Si apenas unos años antes determinados sectores habían mirado con recelo estas formas más populares, durante la etapa de la denominada Ópera Flamenca el fandango terminó convertido en uno de los grandes vehículos de expansión del género.
Y es precisamente ahí donde la figura de Pepe Marchena adquiere todo su peso.
En 1926 el Niño de Marchena se incorporó a los espectáculos organizados por el empresario Vedrines, uno de los nombres fundamentales de aquella nueva industria flamenca. Marchena se convirtió muy pronto en uno de sus grandes protagonistas y en una figura capaz de llenar teatros y plazas, grabar discos y proyectar una imagen artística reconocible por un público cada vez más amplio.
Su presencia en El mundo por montera no se produjo mediante un número individualizado ni a través de una interpretación concreta anunciada como homenaje a su repertorio. Su presencia fue más profunda. Marchena estaba en la propia idea del espectáculo.
Estaba en esa transformación del cantaor en figura pública; en el salto del flamenco desde espacios reducidos hacia grandes escenarios; en la consolidación del fandango; en la importancia creciente del disco y de la industria musical; y en aquella manera de presentarse ante el público con una estética moderna y cuidada.
Pepe Marchena entendió pronto que un artista flamenco podía construir también una imagen propia. Vestuario, elegancia, repertorio y personalidad escénica formaban parte de una concepción nueva del cantaor, comparable a la transformación que otras figuras populares estaban desarrollando en géneros como el tango.
Aquella apuesta no siempre fue comprendida. Durante décadas, la llamada Ópera Flamenca fue presentada en determinados relatos como un periodo de decadencia frente a una supuesta pureza anterior. Hoy esa lectura está siendo revisada. Aquellos artistas fueron capaces de expandir el género, multiplicar sus públicos, aprovechar los nuevos medios técnicos y convertir el flamenco en una manifestación artística conocida mucho más allá de sus ámbitos tradicionales.
Marchena fue uno de los grandes protagonistas de ese proceso.
Por eso había algo profundamente simbólico en contemplar anoche la Maestranza ocupada nuevamente por el flamenco. Cien años después, el género regresaba a uno de aquellos grandes espacios para mirar hacia el momento en que artistas como Pepe Marchena contribuyeron decisivamente a convertirlo en fenómeno popular.
La gala terminó en ambiente de fiesta, con los fandangos y la romería final de Tó er’mundo. Pero por debajo de esa celebración permanecía una reflexión histórica mucho más profunda.
Pepe Marchena no necesitó aparecer representado sobre el escenario para estar presente.
Estaba en el flamenco que aprendió a dirigirse a miles de espectadores, en el artista que empezó a comprender el valor de la imagen, en la revolución del disco, en el auge del fandango y en aquella generación que decidió salir al mundo sin pedir permiso.
Y estaba también en el propio origen de El mundo por montera, un espectáculo nacido inicialmente de la voluntad de recordar su figura y que terminó ampliando la mirada hacia todo el universo artístico del que Marchena fue uno de sus protagonistas esenciales.
Anoche, en la Maestranza, Sevilla volvió a mirar hacia aquellos años. Y al hacerlo volvió inevitablemente a mirar también hacia Marchena.
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Del colegio jesuita al Real Colegio de Santa Isabel
Un plano conservado en el Archivo Histórico de la Nobleza permite reconstruir la planta baja del antiguo Colegio de la Encarnación de Marchena poco después de la expulsión de los jesuitas: aulas, claustro, bodegas, cocina, huerta, caballerizas e incluso una taberna separada del recinto.
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6 horas agoon
11 septiembre, 2026
Un plano conservado en el Archivo Histórico de la Nobleza permite recorrer, casi habitación por habitación, el antiguo Colegio de la Encarnación de Marchena pocos años después de la expulsión de los jesuitas. El documento, trazado a tinta y aguada y firmado por fray Antonio Ramírez, no es una simple planta arquitectónica: es una radiografía de cómo funcionaba uno de los grandes complejos religiosos y educativos de la villa en el siglo XVIII.
. El propio registro lo integra en el fondo del Ducado de Arcos, dentro del Archivo de los Duques de Osuna. Ver ficha original en PARES.
Un edificio que aún conservaba la huella de los jesuitas
. La investigación de Manuel Antonio Ramos Suárez sobre el Colegio de la Encarnación identifica este plano con un encargo realizado en 1780, cuando el edificio estaba siendo reorganizado tras la marcha de la Compañía de Jesús.

La imagen muestra una enorme huerta ocupando buena parte del recinto y, junto a ella, la planta del edificio. El acceso se hacía desde la calle Compañía a través de un pórtico o compás. Desde allí se llegaba a la llamada primera escuela, a la iglesia y al patio de las escuelas, desde el que se distribuían la segunda, tercera y cuarta escuela.
Uno de los detalles más llamativos aparece junto a esas dependencias docentes: una taberna con patio interior, con entrada propia desde un callejón de la calle Compañía y sin comunicación con el edificio.

Claustro, rector, cocina, bodegas y caballerizas
El recorrido continúa hacia el interior del colegio. Desde el compás se accedía a la portería y al claustro principal. Alrededor de ese patio se distribuían los aposentos de la comunidad y las dependencias de gobierno. Cerca de la portería estaba el cuarto del procurador; en el lado opuesto se encontraba el aposento del rector, que comunicaba con un jardín de uso propio.

Desde el claustro se pasaba a la sala de profundis y, desde allí, a la cocina y a las oficinas domésticas: refectorio, bodegas de tinajas, una bodeguilla pequeña, bodega de toneles, despensa, cuarto para los mozos de cocina y fregaderos. Más allá se abría la huerta, donde había dependencias para los trabajadores, caballerizas y una puerta de salida al campo. El inventario espacial llega incluso a mencionar un cuarto para recoger pájaros.

Tras la expulsión de los jesuitas de los dominios de Carlos III en 1767, sus bienes fueron reorganizados y reutilizados. El estudio sobre Santa Isabel recoge que en 1769 se fijaron nuevos destinos para muchos edificios de la Compañía y que el Cabildo de Marchena consideró el antiguo colegio adecuado para escuelas de primeras letras, clases de gramática y habitaciones para maestros.
La cronología documentada en esa misma investigación señala un paso decisivo en abril de 1779, cuando una Real Cédula entregó el edificio a las Educandas. En abril de 1780 se aprobaron las Constituciones del Real Colegio de Santa Isabel y al mes siguiente el templo pasó a funcionar como oratorio público.

El origen del colegio se remonta al siglo XVI entre 1556 y 1588 por el II duque de Arcos, Luis Cristóbal Ponce de León, y a María de Toledo.
Fuente documental exacta
Archivo Histórico de la Nobleza, fondo Ducado de Osuna, sección Señorío de Marchena. Signatura OSUNA,CP.18,D.2. Título: Plano del colegio, iglesia y huerta de los ex-jesuitas de Marchena (Sevilla) para su futura reforma. Autor: fray Antonio Ramírez. Tinta y aguada a color. Escala en varas castellanas. Digitalizado en PARES.
Para ampliar: PARES; Manuel Antonio Ramos Suárez, El Colegio de la Encarnación de Marchena; Turismo de la Provincia de Sevilla; Junta de Andalucía, delimitación del Conjunto Histórico de Marchena.
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Los nombres de los últimos moriscos de Marchena: familias que lucharon por quedarse
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11 horas agoon
11 septiembre, 2026
Durante años hemos contado en Marchena Secreta que la presencia morisca en Marchena no terminó con la conquista cristiana, ni siquiera con el decreto de expulsión de comienzos del siglo XVII. Sabíamos de moros libres viviendo en el arrabal medieval, de esclavos musulmanes de los Ponce de León, de mujeres moriscas trabajando la seda, de familias llegadas desde Jubrique y Genalguacil después de la guerra de las Alpujarras y de moriscos que todavía permanecían aquí cuando la Corona intentaba expulsarlos definitivamente.
Ahora un documento fechado en Marchena el 16 de junio de 1613 permite dar un paso más. Ya no hablamos simplemente de «los moriscos». Podemos empezar a llamarlos por sus nombres.
María González, Isabel de Mendoza, María Ramírez, Juan Rosado, Isabel Méndez, Luis de Benjumea, Miguel Martín, Rodrigo Gallego, María Paloma, Elena de la Torre, Lucía de Rojas, Inés Jiménez, Francisco Alharras o Juan de Reina aparecen ante nosotros cuatro siglos después, cada uno con una historia distinta y todos intentando responder a la misma pregunta: ¿podían seguir viviendo en Marchena?

La historia venía de mucho antes. Marchena Secreta había documentado ya la existencia de «moros horros», es decir, musulmanes libres, en el entorno de la Plaza Vieja desde finales del siglo XIII, así como la estrecha relación que durante siglos mantuvieron los Ponce de León con población musulmana y posteriormente morisca. También habíamos recogido las cartas de libertad concedidas en 1483 a antiguos musulmanes como Pedro de León, Juan de León, Cristóbal de Marchena y Alfonso de León, y la llegada en 1485 de mujeres musulmanas esclavizadas durante la Guerra de Granada.
Aquella relación con el poder señorial continuaría durante generaciones. En 1530 aparecen moriscas trabajando la seda en Marchena y pagando el correspondiente diezmo al arzobispado. La fabricación y tratamiento de la seda era una actividad característica de muchas comunidades moriscas andaluzas y su presencia en Marchena demuestra que no hablamos únicamente de una minoría residual, sino también de trabajadores integrados en la economía local.
Pero el gran cambio llegó después de la rebelión morisca de las Alpujarras y la Serranía de Ronda de 1568-1570.
Tras sofocarse la revuelta, población morisca de las zonas sublevadas fue dispersada por Castilla. Marchena recibió a un grupo procedente de Jubrique y Genalguacil. En un trabajo anterior localizamos incluso a dos de ellos: Alonso Carrasco y Gracia Carrasco, naturales de Jubrique y primos entre sí, que fueron procesados después de establecerse en Marchena porque se habían casado «conforme a la ley de Mahoma». Los testimonios conservados afirmaban que un alfaquí llegado de Berbería había intervenido en aquella ceremonia. La documentación inquisitorial añade un detalle decisivo: uno de los testigos declaró que «por orden del duque de Arcos binieron los moriscos del partido de Ronda reducidos».
Es decir, parte de la comunidad morisca que encontramos en la Marchena de finales del XVI no necesariamente descendía de los antiguos mudéjares locales. Algunas familias habían llegado apenas unas décadas antes desde las tierras malagueñas pertenecientes también al universo político de la Casa de Arcos.
Y es aquí donde el nuevo documento de 1613 empieza a cobrar una dimensión mucho mayor.
El 15 de mayo de aquel año, las autoridades de Marchena recibieron nuevas órdenes destinadas a localizar a quienes habían eludido la expulsión o habían regresado después de ser expulsados. El duque de Arcos transmitió que se cumpliese la voluntad real «con toda diligensia y puntualidad». Se ordenó pregonar por las plazas que todos los moriscos que permanecieran en la villa presentaran sus privilegios y sentencias, mientras los vecinos quedaban obligados a denunciar a quienes conocieran. Nadie debía «acoxan en sus casas ni haziendas, ni los oculten ni escondan, ni les den fauor ni ayuda». La amenaza podía llegar a la pérdida de bienes e incluso a la pena de muerte.
Pero cuando las autoridades empezaron a mirar de cerca descubrieron que aquella población no podía dividirse fácilmente entre moriscos y cristianos.
María González era morisca, sí, pero había estado casada con Diego Montero, cristiano viejo. Había pleiteado y obtenido una sentencia que la excluía del bando. Isabel de Mendoza estaba casada con Juan Martín, cochero y cristiano viejo. Sus hijas Isabel y Ana quedaban atrapadas en la misma situación familiar y una resolución anterior había establecido que ninguna de las tres debía ser obligada «a se enbarcar». María González, esposa de Luis Fernández, consiguió también permanecer por estar casada con cristiano viejo, y María Ramírez defendía no sólo su propia permanencia sino la de su hijo Juan por ser su marido, Diego Bohórquez, cristiano viejo.
Detrás de la burocracia aparece así una Marchena profundamente mezclada. Mujeres consideradas moriscas convivían desde hacía años con hombres considerados cristianos viejos y habían formado familias con ellos. La expulsión obligaba ahora a la administración a decidir qué identidad correspondía a sus hijos.
También aparecen hombres cuya identidad estaba siendo discutida. Juan Rosado afirmaba ser cristiano viejo. Luis de Benjumea sostenía ser hijo de cristiano viejo. Miguel Martín alegaba estar reconocido y vivir «en posessión de christiano viejo». Los tres habían conseguido resoluciones favorables.
Pero quizá una de las historias más reveladoras sea la de la familia Gallego. Rodrigo Gallego, Andrés Gallego, Beatriz Martínez, Francisco Gallego, Isabel de Velasco y varios niños construyeron su defensa mirando hacia atrás, hacia sus antepasados. No negaban proceder de musulmanes. Alegaban exactamente lo contrario: descendían de moriscos que «antes de la general reduçión se conuirtieron a nuestra santa fee voluntariamente» y reclamaban por ello los privilegios concedidos desde época de los Reyes Católicos.
En 1613, por tanto, la memoria familiar podía significar la diferencia entre conservar la casa o perderla, entre permanecer en Marchena o ser conducido a un puerto para abandonar el reino.
Elena de la Torre tuvo que reconstruir igualmente su árbol genealógico para defenderse a sí misma y a sus cuatro hijos, Miguel, Luis, Isabel y María. Explicó que había estado casada con Lucas Hernández de Ali y que éste descendía de Francisco de la Huerta, quien se había convertido voluntariamente al cristianismo antes de la conversión general. El apellido o sobrenombre «de Ali», conservado todavía en el nombre del marido, es uno de esos pequeños detalles que el documento deja caer y que nos permiten intuir la memoria de un origen que había sobrevivido durante generaciones.
También aparece Lucía de Rojas.
El nombre es especialmente interesante porque Marchena Secreta llevaba años señalando Rojas entre los apellidos moriscos documentados en la localidad. Ahora podemos poner detrás del apellido a una persona concreta. Lucía estaba casada con Francisco Montero, un portugués que intentaba demostrar ante la justicia que era cristiano viejo mientras se discutía si su mujer pertenecía a los moriscos procedentes del Reino de Granada. La documentación previa de Marchena Secreta había destacado precisamente los apellidos Rojas, Alharras y Valenzuela entre los asociados a población morisca local.
Y entonces llegamos a uno de los personajes más fascinantes del expediente: Francisco Alharras.
Hasta ahora conocíamos Alharras como otro de aquellos apellidos moriscos conservados en la documentación marchenera. El nuevo texto nos cuenta su historia.
Francisco estaba preso en la cárcel de Marchena junto a Juan de Reina acusado de no haber abandonado los reinos cuando se ordenó la expulsión. Para defenderse recurrió a su genealogía y declaró ser descendiente de Rodrigo de León, «cauallero moro, alcaide que fue de la villa de Casares», quien se habría convertido voluntariamente al cristianismo en tiempos de los Reyes Católicos, antes de la conversión general. Francisco afirmaba además que sus «primos hermanos los Alharrases, vezinos desta uilla» ya disponían de una sentencia favorable del conde de Salazar que les permitía quedarse.
Ese párrafo abre una nueva línea de investigación formidable.
Los Alharras no aparecen como una persona aislada. El documento habla de «los Alharrases, vezinos desta uilla», es decir, de una familia asentada en Marchena, suficientemente conocida como para ser identificada por su apellido y con miembros que habían conseguido ya una resolución que reconocía su derecho a permanecer.
Además, Francisco vinculaba su linaje con Casares, uno de los grandes núcleos mudéjares y posteriormente moriscos relacionados históricamente con la Casa de Arcos. Los estudios de Juan Luis Carriazo sobre los Ponce de León y sus comunidades mudéjares muestran precisamente la importancia de Casares dentro de esta historia señorial.
Hay además una coincidencia que merece investigarse pero que no podemos presentar todavía como parentesco probado. Marchena Secreta había publicado hace años la carta de libertad concedida en 1483 a Pedro de León, antiguo musulmán de Zahara convertido al cristianismo, junto a documentos semejantes para Juan de León, Cristóbal de Marchena y Alfonso de León. Ahora Francisco Alharras afirmaba descender de otro convertido antiguo llamado Rodrigo de León. El apellido y el contexto fronterizo hacen inevitable plantearse una posible relación, pero los documentos disponibles hasta ahora no permiten identificar a unos con otros ni establecer una genealogía común. Precisamente ahí podría encontrarse una de las próximas investigaciones.
No todos pudieron defenderse desde sus casas.
Inés Jiménez estaba ya en la cárcel pública de Marchena. Había sido esposa de Juan de Yébenes y se investigaba si debía ser incluida en el bando. El propio asistente recibió información de que su marido había sido cristiano viejo. Pero el escribano añadió una frase que rompe la fría prosa administrativa: Inés «por su aspecto paresçe ser uieja e ympedida». Aquella mujer anciana esperaba encarcelada a que los funcionarios decidieran si su matrimonio le daba derecho a terminar sus días en Marchena.
En la misma cárcel estaban una mujer morisca llamada María y sus hijos Isabel y Juan Simple, acusados de haber regresado a la villa después de la expulsión. También había un hombre del Reino de Granada denunciado por un vecino, Diego de Olmedo, por no haber salido nunca de España, además de Francisco Alharras y Juan de Reina.
Este dato enlaza directamente con otro de los asuntos que Marchena Secreta había publicado: muchos expulsados regresaron. El fenómeno llegó a ser tan importante que fue necesario controlar específicamente la vuelta de moriscos a las poblaciones de las que habían salido.
Y conocemos incluso a un marchenero al que la expulsión hizo perder su casa: Alonso de Villacastín. Vivía en la Plaza de San Andrés y sus bienes fueron objeto en 1613 de las operaciones de venta de propiedades pertenecientes a moriscos expulsados. Su historia constituye el reverso de las personas que aparecen en el nuevo expediente buscando una excepción: Villacastín no consiguió conservar su presencia y su patrimonio terminó en el proceso de enajenación de bienes de los expulsados.
Todavía existe otro documento distinto, que ya habíamos citado anteriormente en Marchena Secreta, según el cual en 1613 quedaba en Marchena un contingente de alrededor de un centenar de moriscos vinculado al ámbito ducal. Ese dato no procede del testimonio que estamos leyendo ahora y debe tratarse documentalmente por separado, aunque ayuda a comprender que los nombres de este expediente no agotaban toda la presencia morisca de la villa.
Dos años antes, en diciembre de 1611, encontramos precisamente otra cara de esta historia. Un representante del duque de Arcos compareció para defender la permanencia de «los seis esclauos quel dicho duque tiene que son moriscos y sus hijos y demás familia». Aquellas personas habían sido registradas y declaradas fuera del bando, por lo que «no auer de ser expelidos del reyno».
Así, cuando reunimos las piezas que Marchena Secreta ha ido publicando durante años con el documento de 1613, la imagen cambia.
Ya no tenemos una vaga «presencia morisca». Tenemos una comunidad formada por personas de procedencias muy diferentes. Estaban los descendientes de antiguos musulmanes locales; quienes podían remontar sus conversiones a tiempos de los Reyes Católicos; los moriscos llegados desde Jubrique y Genalguacil después de la guerra de 1570; mujeres que trabajaban la seda; esclavos directamente pertenecientes al duque; matrimonios mixtos; hijos de cristianos viejos; retornados después de la expulsión y familias que conservaban memoria precisa de antepasados musulmanes de hacía más de un siglo.
Y tenemos, sobre todo, nombres.
Francisco Alharras no era ya simplemente «un morisco». Era un hombre encarcelado que afirmaba descender de un caballero musulmán de Casares y que señalaba a otros Alharras de Marchena como familiares que habían conseguido quedarse.
Lucía de Rojas era una mujer cuyo marido portugués trataba de demostrar ante los jueces que era cristiano viejo.
Elena de la Torre defendía a cuatro hijos recurriendo a la conversión voluntaria de un antepasado.
Isabel de Mendoza intentaba evitar que ella y sus dos hijas fueran obligadas a embarcar.
Inés Jiménez era una anciana encerrada en la cárcel mientras se averiguaba si haber estado casada con un cristiano viejo podía salvarla del destierro.
Y Alonso de Villacastín perdió su casa de la Plaza de San Andrés después de ser expulsado.
La gran historia de la expulsión se convierte así en una suma de pequeñas historias domésticas.
En mayo y junio de 1613, mientras el pregonero recorría las plazas de Marchena ordenando que nadie escondiera o ayudara a los moriscos, detrás de muchas puertas había familias buscando apresuradamente sentencias antiguas, partidas, testimonios y genealogías. Cada papel podía decidir quién se quedaba y quién marchaba.
Cuatro siglos después, esos mismos documentos nos permiten hacer el camino contrario: devolver los nombres a quienes durante demasiado tiempo quedaron reducidos a una sola palabra, moriscos.
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