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Una joya del patrimonio andaluz que resume la mezcla entre gótico y renacimiento

El retablo mayor de San Juan de Marchena es una de esas maravillas del arte que nuestros ojos no deberían pasar por alto, pues es una obra de arte excepcional que luce a día de hoy, tras diversas restauraciones, en todo su esplendor original, permitiendo apreciar los “secretos” de su iconografía compleja. Una joya del patrimonio andaluz que sintetiza un momento brillante de nuestra cultura, cuando en el pequeño feudo de Marchena floreció un arte tan grande como el de las cortes y catedrales europeas.

Jorge Fernández, conocido con el sobrenombre “Alemán”, y Alejo Fernández fueron los principales artífices del retablo mayor de la iglesia de San Juan Bautista en Marchena. , el retablo mayor de San Juan Bautista (1521-1533) no es solo una obra artística de primer orden, sino también un documento histórico que nos habla del tránsito del Medievo al Renacimiento en Andalucía, de la colaboración entre artistas de distintas disciplinas y orígenes, y de la utilización del arte como herramienta de transmisión de ideales espirituales y sociopolíticos.

Ambos desarrollaron su carrera a inicios del siglo XVI en Andalucía, en un momento de transición entre el Gótico final y el Renacimiento. Su apelativo Alemán no es casual: según consta en documentos de la Catedral de Sevilla (1505), tanto Alejo como Jorge eran considerados “alemanes”.  La procedencia exacta de ambos es incierta (sus lugares de nacimiento no se han documentado). Los duques de Arcos, alineados con la monarquía imperial, buscaron reflejar en sus dominios las novedades estéticas que llegaban de fuera.

En el retablo de Marchena promovieron una síntesis entre la tradición hispana (gótico tardío, devociones medievales) y el nuevo lenguaje renacentista que empezaba a implantarse. Esta obra, por tanto, representa la entrada del Renacimiento en el entorno rural señorial, conectando a Marchena con las corrientes artísticas de vanguardia que circulaban por Sevilla, Flandes e Italia.

El retablo mayor de la iglesia de San Juan Bautista de Marchena se erige como una obra cumbre del arte andaluz del Quinientos y un símbolo del esplendor de la corte de los duques de Arcos. Por un lado, en términos artísticos, representa la exitosa fusión de dos mundos estéticos: conserva la mística y la monumentalidad narrativa del gótico final, a la vez que incorpora con naturalidad las formas y lenguajes del primer Renacimiento.

De Córdoba a Sevilla

Alejo Fernández inició su carrera en Córdoba, importante centro artístico del último gótico. Allí está documentado por primera vez en 1496 y se casó en 1498 con María Fernández, hija del pintor Pedro Fernández. Alejo asimiló conocimientos de la pintura italiana (especialmente de las escuelas del norte de Italia, Lombardía y Umbría) y del grabado nórdico que circulaba por España, adaptándolos a su formación flamenca. Por su parte, Jorge Fernández (fallecido en 1535) fue escultor e imaginero, contrajo matrimonio en Córdoba en 1504 con Constanza de Heredia. 

Hacia 1508 ambos artistas fueron llamados a Sevilla para colaborar en las obras de la catedral en plena efervescencia constructiva de la Catedral de Santa María de la Sede. 

Antes de incorporarlos de lleno al retablo mayor, el cabildo catedralicio les encomendó un proyecto preliminar: el diseño y ejecución de una viga de imaginería para el crucero: una enorme viga ornamental que habría de colocarse bajo el cimborrio.   Alejo y Jorge Fernández pasaron a integrarse plenamente en la ejecución del Retablo Mayor de la Catedral de Sevilla, una de las obras cumbre del arte sacro hispánico. El retablo mayor sevillano, iniciado en 1481 por el escultor hispano-flamenco Pedro Dancart, es el mayor retablo cristiano del mundo (26 metros de alto por 18 de ancho) con más de 200 escenas talladas en madera que narran todo el evangelio.

A lo largo de sus 80 años de construcción (1482-1564), intervinieron numerosos artistas españoles y extranjeros como Roque Balduque o Juan Bautista Vázquez “el Viejo. Jorge Fernández asumió la dirección de un nutrido equipo de tallistas y ensambladores y Alejo Fernández se encargó de numerosas pinturas y de la decoración final.

Marchena (1521-1533)

 En 1521 se encargó un nuevo retablo mayor a Alejo Fernández por entonces el pintor más prestigioso de Sevilla, para que lo realizase en colaboración con su colega escultor Jorge Fernández probablemente, encargo promovido conjuntamente por la autoridad eclesiástica local y la familia ducal de Arcos, patrones y protectores de la iglesia.

De hecho, en la arquitectura del retablo figuran escudos heráldicos tanto de los Ponce de León (la casa ducal) como del arzobispo de Sevilla Diego de Deza,

El contrato de 1521 estipulaba, según se desprende de las crónicas, que Alejo Fernández se haría cargo del diseño general, la pintura de tablas y la policromía, mientras que Jorge Fernández ejecutaría la mazonería (estructura arquitectónica en madera) y las esculturas principales.

En aquellos años ambos aún trabajaban en el retablo de la Catedral de Sevilla, por la obra de Marchena se planificó en dos fases. En una etapa inicial (hacia 1521-1522) Alejo habría adelantado la pintura de diversas tablas y probablemente la ejecución del banco

 Una vez que el retablo catedralicio fue dado por terminado o al menos avanzado (en 1526 se aceleró con motivo de la boda imperial de Carlos V en Sevilla), el taller de Jorge pudo centrarse en la talla de la arquitectura y las imágenes de Marchena.

Se sabe que hacia 1526-1533 se realizaron la mayor parte de los ensamblajes arquitectónicos, las esculturas de bulto (como el grupo de la Asunción de la Virgen) y numerosas tallas secundarias. Finalmente, en 1533 el retablo mayor fue colocado e inaugurado oficialmente tras aproximadamente 12 años de labor intermitente.

Esta obra se realizó en un periodo de profundas transformaciones políticas y culturales: en plena transición del reinado de los Reyes Católicos al de Carlos V, con la reciente incorporación de España al entorno del Renacimiento europeo.

Incluso la villa de Marchena vivió acontecimientos históricos relevantes en esos años, como su implicación en la Guerra de las Comunidades de Castilla (1520-21), en la que los Ponce de León apoyaron la causa real. La ejecución de un retablo de esta envergadura después de aquellas turbulencias puede interpretarse también como un gesto de renovación y reafirmación de la fe y del orden social, patrocinado por la élite noble local.

El retablo debía ser no sólo un altar para el culto, sino también un símbolo del poder señorial y de la ortodoxia religiosa de sus patronos. Ademas San Juan Bautista era no sólo titular de la parroquia, sino también un santo asociado a la virtud de la justicia y el martirio por la verdad, valores que toda dinastía nobiliaria católica quería encarnar.

Además, desde un punto de vista social, debió requerir de numerosos oficiales y artesanos (tallistas, policromadores, doradores, ensambladores) que trabajaron bajo la dirección de Jorge y Alejo; muchos de esos artistas menores posiblemente eran locales o formados en la propia Sevilla, de modo que el proyecto actuó también como transmisor de conocimientos y generador de empleo cualificado en la región.

Estructura y estilos

La estructura arquitectónica consta de pilares, doseletes góticos calados y molduras de tradición medieval, lo que evidencia la pervivencia del estilo hispano-flamenco. Sin embargo, al mismo tiempo, se incorporan elementos decorativos y compositivos del nuevo arte renacentista.

Por ejemplo, las calles están separadas por columnas y pilastras con capiteles que insinúan formas clásicas; en algunos relieves aparecen arcos de medio punto y frontones triangulares en los fondos arquitectónicos, inspirados en el vocabulario italianizante. Un caso concreto es la escena de la Circuncisión de Cristo, cuyo fondo simula un templete renacentista de influencia bramantesca (romaña) y lombarda, similar a los que Alejo Fernández había empleado en otras obras. 

 El banco o predela contiene cinco episodios del ciclo de la Encarnación y Natividad de Cristo (Anunciación, Visitación, Nacimiento, Adoración de los Magos y Matanza de los Inocentes) ejecutados en relieve escultórico policromado

 Jorge Fernández, formado en el gótico tardío, imprime a sus esculturas un aire aún medieval:. No obstante, el Alemán no duda en aceptar elementos renacentistas, sobre todo en los detalles decorativos y anatómicos.

Muchas de sus tallas muestran un estudio naturalista mayor que la generación anterior (por ejemplo, en la anatomía de Cristo en escenas como el Bautismo o la Flagelación) y adoptan modelos tomados de grabados germánicos de artistas como Martin Schongauer o el taller de Durero.

De hecho, se ha identificado que Jorge utilizó estampas del flamenco Israhel van Meckenem y del alemán Schongauer como referencia para componer ciertas escenas del retablo.

Por su parte, Alejo Fernández aporta al retablo su maduro estilo pictórico renacentista. Sus pinturas revelan una formación flamenca combinada con influencia italiana: colores brillantes y minuciosidad en los detalles (de herencia nórdica), junto a fondos arquitectónicos en perspectiva.

 Todo ello sitúa a Alejo como pionero del Primer Renacimiento en Andalucía, y el retablo de Marchena es una excelente muestra de esa transición estilística. No es casual que se considere este retablo «uno de los mejores ejemplos del arte sevillano del primer tercio del siglo XVI», pues en él conviven magistralmente la tradición gótica y las novedades renacentistas.

Fe medieval y humanismo cristiano

 Como indica el investigador Juan Luis Ravé, el retablo fue concebido como una “representación visual” de la redención: abarca desde la Encarnación del Verbo hasta su manifestación gloriosa en la Transfiguración, al tiempo que muestra la labor del Bautista anunciando la mesianidad de Cristo hasta entregar su vida.

La calle central del retablo concentra, como es habitual, las escenas cumbre. De abajo a arriba en dicha calle se disponen los tres motivos principales: en el primer cuerpo central, el Nacimiento de Cristo; en el segundo (o calle central intermedia), la imagen de San Juan Bautista y coronando el conjunto, en el ático, la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma a los cielos.

En las calles laterales, aparecen San Cristóbal (tradicional protector contra peligros), San Sebastián (mártir protector contra la peste), Santa María Magdalena (símbolo de penitencia y fe), Santa Catalina de Alejandría (virgen sabia), San Lorenzo (diácono mártir, venerado en España) y Santa Bárbara.

Los duques de Arcos, al patrocinar un retablo de calidad equiparable al de la Catedral de Sevilla, situaron a Marchena en el mapa artístico de su tiempo. La iglesia parroquial de la villa pasó a albergar una pieza digna de catedral, con la cual la casa ducal afirmaba su prestigio, su devoción y su alianza con la Iglesia.

Referencias Bibliográficas:

  • Ravé Prieto, J. L. (Coord.). Imaginería y retablos del Renacimiento en Marchena. Sevilla: Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico / Diputación de Sevilla, 2010.

  • Cortés Rodríguez, J. J. (2020). «El retablo mayor de la iglesia de San Juan Bautista de Marchena. Estudio histórico-artístico y restauración». Trabajo Fin de Grado en Historia del Arte, Universidad de Sevillaidus.us.es.

  • Acupamar – Asociación Cultural de Marchena: “San Juan: Retablo Mayor” (artículo web, 2025)acupamar.esacupamar.es.

  • Almagacen (Revista IES López de Arenas, 2016): “El Retablo Mayor de San Juan (Marchena)”almagacen.blogspot.comalmagacen.blogspot.com.

  • Archivo Hispalense (Diputación de Sevilla), nº 278 (2005): Varios artículos sobre Alejo Fernández y retablos sevillanosarchivohispalense.dipusevilla.es.

  • Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico – Repositorio IAPH: Memorias de restauración (Carmona, Sevilla) con referencias a Alejo Fernándezrepositorio.iaph.es