Marchena, un rincón auténtico en el corazón de Andalucía, brilla por su riqueza en historia, tradición, cultura, gastronomía y flamenco. A diferencia de otros destinos, Marchena se mantiene al margen de las rutas turísticas más concurridas y carece de una gran industria turística, lo que le otorga un carácter genuino que promete perdurar en el tiempo. Aquí, los visitantes encuentran la esencia pura de Andalucía, lejos de las multitudes y cerca de lo auténtico.
Marchena, con sus imponentes murallas almohades y su pasado medieval, fue el corazón de un vasto dominio conocido como el Estado de Arcos que incluía buena parte de la campiña sevillana y la sierra y costa gaditanas, además de vastos dominios en las ciudades de Sevilla, Jerez y Cádiz donde los señores de Marchena tenían sus propiso barrios.
Así en Sevilla, la zona entre Plaza de la Encarnación hasta Ponce de León y Santa Catalina fue conocida en el medievo como el barrio de los Ponce de León donde los señores de Marchena tenían su palacio e influían en la vida de la ciudad, protagonizando cruentas guerras señoriales.
Ahora esos mismos señores están enterrados en el Panteón de sevillaos ilustres e irónicamente muy cerca se encuentra lo pocop que queda de su palacio sevillano hoy edificio Emasesa, y de su Palacio de Mrchena, cuyas yeserías y motivos ornamentales pueden verse hoy en la Casa de la Marquesa de Lebrija, calle Cuna. Mientras, la Puerta de Marchenam que presidia el Palacio de Marchena y que no pudieron llevarse los expoliadores, acabó en los jardines del Alcázar hispalense.
Gobernada por los poderosos Ponce de León, Marchena fue testigo de la grandeza y las intrigas de la nobleza andaluza. Desde sus calles empedradas, se puede revivir la época en la que los caballos marcheneros galopaban hacia la conquista del Reino de Granada o cuando el Duque Rodrigo Ponce de León, virrey de Nápoles, salvó su vida gracias a los frailes capuchinos, a quienes luego honró fundando el Convento de los Ángeles Custodios junto a su Palacio.