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Opinión: La enfermedad del vacío

OPINIÓN/Hecho a mano. José A. Suárez.
Hubo un tiempo en donde los intereses del mercado y de los artistas, -escritores y pintores- coincidían en criterios de cantidad, calidad y negocio, y había cierto equilibrio entre ambas partes hasta que los gurús del marketing «Made in Usa», impusieron la «moda» de banalizar los contenidos de  todos los productos culturales para vender más y surgieron grandes emporios e industrias que dejaro de lado a los autores, para centrarse en el negocio.
Surgieron entonces las grandes editoriales y premios que fueron moldeando una masa de consumidores hechos a imagen y semejanza del mercado. Y de eso hace ya tanto que nadie se acuerda o a nadie parece importar, cuando ahora vemos el Premio Planeta para Juan del Val como un síntoma y no como una enfermedad de la que nadie habla. La enfermedad del vacío, la que degenera en estrés, ansiedad, disputa y odio: la falta de sentido y profundidad y el retorno a nuestro ser animal primitivo.
El show del mercado impone radios para lanzar consignas, radios donde suenan presuntas músicas por las que alguien  paga un dineral, y concurso literarios que están dados mucho antes de que abran siquiera la convocatoria. Por eso sale a librerías tan rápido, porque han tenido muchos meses para preparar la obra: corrección, maquetación, diseño, distribución.
La enfermedad la señaló décadas atrás, Jesús Quintero vaticinó una era en la que los incultos dominaban el mundo y se vanagloriaban de su incultura y no he podido evitar acordarme de él, cuando no hace tanto una influencer decía que los que leen no son mejores personas.   Un Quintero que fue una máquina de hacer dinero y levantó la bandera de lo jondo y lo hondo y acabó denunciando la banalización televisiva, hasta que el mercado se cansó de él y lo arrinconó mientras la TV se llenaba  de «mamachichos» y pechugas.
Los noventa cerraron el tiempo ancestral y milenario en que el conocimiento pasaba de padres a hijos, y la cadena de transmisión de conocimiento se sustituyó por la realidad mediada y mediatizada,  inteligencia de pantallas imperio de los canallas. La ciudad tiene ahora mirada de hombre vencido y frío donde antes hubo río.
Paralelamente, las instituciones públicas y de gobierno han ido vaciándose poco a poco de contenido y de sentido, conforme la calidad de los líderes y gobernantes iba deteriorándose para dar paso a una serie de sátrapas y tiranos, a cada cual más esperpéntico que han ido creando chiringuitos a medida, para apropiarse de chistorras, soles y lechugas como si no hubiera un mañana. 
Ahora ponemos la TV y vemos vacío: disputa, parodia, consumo, se elevan columnas de humo como pilares de una sociedad vacía, donde antes hubo incienso y ríos. Yo no sé qué metal perverso han volcado en las entrañas de los hombres «modernos»: cambiando dioses, héroes y líderes auténticos por objetos de deseo y consumo inmediato.
Las librerías están llenas de libros escritos por gente que no es escritora, escritos para gente que no lee. Paradójicamente, hoy todo el mundo publica, pero nadie lee. La diferencia entre los mercaderes y los escritores como ya dijo Juan Manuel de Prada es la perspectiva, y la mirada elevada.  “Hay que escribir hoy para los que todavía no han nacido, o para los que ya han muerto”. No solamente hay que contar lo que pasa en nuestro tiempo al lector actual para conectar con él y vender, sino para explicarlo a futuras generaciones.
A base de vaciar la cultura vacía de contenido, nos hemos convertido en templos vacíos, donde ya ni lo sagrado es sagrado, ni el hombre tiene tiempo de dialogar con su alma porque tiene que vivir corriendo para poder pagar las facturas a fin de mes.
Al final las empresas no nos venden discos ni libros ni arte, sino que somos nosotros los que regalamos nuestro tiempo y nuestra propia alma a las empresas.
Precisamente denuncio esta tendencia en mi libro llamado «Melodías sagradas», aunque debería llamarse para vender más «Melodías profanas» para que conectara a la perfección con las demandas del mercado, porque hemos cambiado lo sagrado por lo profano.
El alma no existe, para muchos, es una cosa de la iglesia, y todo lo que no sea dinero y vivir corriendo está fuera del mercado. En esto conocerán estar equivocados los que creen que no es cierto que en los ochenta hubiera más libertad que ahora. La visión compleja del mundo, el pensamiento y la reflexión requieren lo que no tenemos ahora: tiempo, porque nos lo ha robado el mercado. Y sin tiempo y reflexión; ¿cómo podemos tener libertad para pensar y decidir lo que es verdad o mentira cuando nos venden una realidad prefabricada al pairo de emociones intensas y polarización?.
Se impone una vuelta al origen, o a la tierra sin mal. No basta con negar la tradición y rebelarse contra lo que existe, hay que crear un sistema de valores alternativo que responda a la necesidad del alma humana, unos Premios Alma, de los autores, que contraprograme a los Premios Planeta. Recordemos que existen libros, editoriales y premios literarios que apuestan por el calor del fuego lento y de la palabra dicha con regusto, aunque eso no salga en TV.

José Antonio Suárez López

José Antonio Suárez López es Periodista y Comunicador Cultural | Conectando cultura y turismo a través de experiencias únicas. Periodiso de raices. Grado en Comunicación, Potgrado en difusión del Patrimonio, www.creacomunica.com.es mncomcomunicacion@gmail.com https://x.com/MarchenaSecreta

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