El patrullero Tagomago de la Armada Española ha completado una misión de seguridad marítima en el mar de Alborán, según informó este miércoles el Estado Mayor de la Defensa dentro de la estrategia nacional de presencia, vigilancia y protección de aguas de soberanía española en el aniversario de la crisis del islote de Perejil (2002) en un repunte de las tensiones con Marruecos.
Grupos nacionalistas marroquíes intentaron una ocupación simbólica del islote, que fue desactivada, pero activó la respuesta militar española. Un grupo de 94 activistas del Comité de Coordinación para la Defensa de las Causas del Reino —antes denominado “Comité para la Liberación de Ceuta y Melilla”— se reunió el fin de semana pasado en Fnideq (Castillejos, Marruecos), con el propósito de desembarcar en Perejil. La operación estaba prevista para el sábado 12 o domingo 13 de julio, aprovechando el aniversario de la ocupación de 2002. El plan fue abandonado a última hora al verse imposibilitado por fuertes vientos y marejada, lo que impidió el desembarco.
El #patrulleroTagomago ha finalizado su navegación de seguridad marítima en la zona del mar de Alborán. El buque de la @Armada_esp, integrado en el Mando Operativo Marítimo #MOM y bajo control operativo del #MOPS, ha reforzado la presencia, vigilancia y disuasión para asegurar la… pic.twitter.com/raBwzBDvfh
— Estado Mayor Defensa
(@EMADmde) July 17, 2025
El comité justificó la acción como protesta ante la presencia de delegados del Frente Polisario en el congreso del PP, y en defensa de la soberanía marroquí sobre Perejil, Ceuta y Melilla. Medios vinculados al régimen marroquí describen al PP como “hostil” o “hipócrita” por haber recibido al Frente Polisario en su congreso, lo que alimenta el argumento marroquí de injerencia interna española en relación con el Sáhara.
¿BUSCA MARRUECOS OCUPAR EL PAPEL DE ESPAÑA?
Al forzar a una potencia europea como España a ceder en cuestiones soberanas, como el Sáhara Marruecos busca establecerse como el lider indiscutible del Magreb y un actor clave entre África y Europa, suplantando a su rival Argelia y, en gran medida, a la propia España en la influencia regional.
Aunque España mantiene una superioridad militar cualitativa, el programa de rearme sostenido y tecnológicamente avanzado de Marruecos, con el respaldo de Estados Unidos e Israel, está reduciendo progresivamente esta brecha, lo que erosiona la capacidad de disuasión española a largo plazo.
ESPIONAJE MARROQUI EN ESPAÑA
Por otro lado los servicios de espionaje e información marroquíes operan dentro de España., un hecho conocido por el CNI y por mandos del Ministerio del Interior: En 2021, durante la crisis de Ceuta, España sospechaba que la DGED monitorizaba redes sociales y colectivos marroquíes en suelo español para presionar o movilizar protestas simbólicas. El propio Parlamento Europeo ha incluido a Marruecos en las investigaciones por uso del software Pegasus contra políticos europeos (incluido Pedro Sánchez), y aunque Rabat lo niega, la sospecha de espionaje político está bien documentada. En 2023, Marruecos fue vinculado al “Marocgate”: un caso de compra de voluntades en la Eurocámara, lo que muestra una estrategia activa de presión/influencia encubierta..
La reciente emisión del documental sobre la crisis de Perejil ha incomodado a Marruecos hasta el punto de que su Gobierno ha intentado impedir su difusión en España por vías diplomáticas e informales. Fuentes diplomáticas españolas señalan que estas presiones encajan en un patrón ya conocido de actuación encubierta por parte de la inteligencia marroquí (DGED), que en los últimos años ha intensificado sus intentos de influencia dentro de Europa, especialmente en cuestiones sensibles como el Sáhara, Ceuta y Melilla. Aunque Rabat mantiene formalmente buenas relaciones con Madrid, su aparato de inteligencia actúa como herramienta silenciosa de presión y control narrativo sobre medios, plataformas y partidos españoles.
La serie documental “Perejil, la guerra que no fue” se estrenó el jueves 10 de julio de 2025 de manera exclusiva en Movistar Plus+, coincidiendo con el 23.º aniversario de la ocupación marroquí del islote ocurrido el 11 de julio de 2002.
DOBLE LOGICA DE MARRUECOS
Marruecos opera con una lógica de doble carril. Por un lado, necesita a España como socio económico, comercial, fronterizo y diplomático, especialmente ante Europa. Por otro, alimenta una narrativa de legitimidad territorial basada en la “integridad del Gran Marruecos”, que incluye Ceuta, Melilla, las islas cercanas y, en muchos discursos informales, Andalucía como “tierra perdida”. Esto no es casual, sino una estrategia geopolítica calculada: mantener buena relación a nivel de Estado y usar la presión como palanca negociadora.
En Marruecos existe una narrativa latente pero activa, promovida desde ámbitos educativos, culturales y mediáticos de presentar a España como la gran fuente de los problemas del pueblo Marroquí, que se reactiva cíclicamente en momentos de tensión política o necesidad estratégica y forma parte de una visión nacionalista de largo plazo, utilizada por Rabat como herramienta de cohesión interna y presión exterior. España, por su parte, responde con silencio diplomático y refuerzos tácticos, sin contrarrestar activamente ese relato.
El sistema educativo marroquí presenta a menudo mapas que excluyen Ceuta y Melilla como parte de España, y se enseña que son “ciudades ocupadas”. La narrativa cultural hace el trabajo de fondo, y cuando llegue el momento político oportuno, esas ideas ya estarán normalizadas y serán usadas para negociar.
El diario Al Bayane afirma que, pese a la reapertura parcial de aduanas, “el equilibrio de poder sigue siendo claro: Marruecos controla el ritmo y el perímetro de los flujos comerciales, imponiendo sus condiciones a una España en reconstrucción diplomática”. Diarios oficiales en Rabat caracterizan como “escalada inquietante” las noticias sobre enfrentamientos xenófobos en Murcia y los actos de grupos nacionalistas marroquíes frente al islote Perejil, recobrando fuerza el discurso sobre Ceuta y Melilla como “territorios ocupados”.
Las ambiciones marroquies en ámbito portuaria y militar en alianza con EE. UU. muestran un país que se posiciona claramente como rival geopolítico de España a medio plazo.
Las acciones de Marruecos no son hechos aislados ni meramente reactivos. Forman parte de una estrategia coherente, paciente y asertiva, diseñada a largo plazo para alterar el statu quo regional y establecerse como la potencia hegemónica del Magreb. En este esquema, España es percibida como el principal obstáculo y, por tanto, el objetivo principal de su campaña de presión.
La Doctrina de la «Zona Gris»: Alcanzar Objetivos de Guerra sin Guerra
Marruecos opera de forma sistemática en la denominada «zona gris», un espacio conceptual entre la paz estable y la guerra convencional. Esta doctrina consiste en el empleo de un conjunto de medidas coercitivas que se mantienen deliberadamente por debajo del umbral que constituiría un «ataque armado» según el derecho internacional. El objetivo de esta estrategia es alcanzar fines como la modificación de fronteras o la obtención de soberanía sobre territorios disputados mediante acciones sostenidas, diseñadas para generar confusión y desestabilización. Es una forma de guerra híbrida que combina la intimidación militar, la presión económica, la instrumentalización del derecho, el uso de flujos migratorios y las campañas de influencia para erosionar el poder y la voluntad de resistencia del adversario.
La estrategia de Marruecos se ejecuta a través de un manual táctico diversificado y bien definido con pilares en la Instrumentalización de la Migración: Es el arma más potente y utilizada por Rabat. La dependencia española de la cooperación marroquí en este ámbito es casi total, lo que otorga a Rabat una palanca de coacción de enorme poder.
Asfixia Económica de Ceuta y Melilla: Una estrategia deliberada y a largo plazo para debilitar las economías de las ciudades autónomas y hacer insostenible el control español. Influencia Demográfica y Religiosa: Marruecos busca activamente influir en las poblaciones de Ceuta y Melilla, de mayoría musulmana, a través de canales religiosos y culturales. Esto implica el control sobre la designación de imanes, la financiación de mezquitas y centros islámicos. y la promoción de una narrativa que fomente una identidad pro-marroquí y un alineamiento político con Rabat.
Operaciones de Inteligencia e Influencia: La Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), el servicio de inteligencia exterior marroquí, mantiene una actividad agresiva en España. Sus operaciones incluyen la vigilancia de la diáspora marroquí, la infiltración en esferas políticas y sociales, el uso de empresas como tapadera y la influencia en los medios de comunicación para promover narrativas favorables a los intereses de Rabat y ocultar informaciones perjudiciales.
Guerra Jurídica y Diplomática («Lawfare»): Marruecos instrumentaliza el derecho internacional para avanzar en sus reivindicaciones, al tiempo que lo viola para alcanzar sus objetivos. Esto se manifiesta en su promoción de interpretaciones unilaterales sobre la delimitación de las fronteras marítimas y en el uso de foros internacionales para desafiar la posición de España sobre el Sáhara.
Competencia Agrícola Estratégica: Una política deliberada para atraer empresas agrícolas españolas a Marruecos, aprovechando los acuerdos comerciales preferenciales con la UE para competir directamente con los productores españoles en sus mismos mercados y calendarios. Esta estrategia genera una presión económica directa sobre un sector sensible en España, creando divisiones políticas internas y una dependencia que puede ser explotada.
Al mismo tiempo Marruecos opera con una rivalidad comercial con Andalucia. La prensa marroquí destaca que navieras como Maersk han trasladado rutas hacia Tánger Med, que compite con Algeciras ofreciendo ventajas fiscales, menor coste y eficiencia: “compiten con otras armas”. En 2020 Marruecos ofreció a EE. UU. trasladar funciones militares desde Rota hacia Alcazarseguir, una propuesta que no fructificó, pero revela su aspiración de convertirse en un actor clave en defensa en el estrecho .
Según diversos medios existe una narrativa antiespañola en Marruecos, no abiertamente oficial, pero tolerada, promovida o incluso instrumentalizada de forma indirecta por el régimen cuando sirve a sus intereses estratégicos. Esta narrativa se manifiesta en tres planos: educativo, cultural y geopolítico, y cumple una función muy concreta en la construcción del relato nacional marroquí. Investigaciones de la Fundación Alternativas, CESEDEN y el Real Instituto Elcano han alertado desde hace años de este enfoque en los manuales escolares marroquíes.
El régimen utiliza esta narrativa como herramienta de cohesión interna y legitimación del poder del rey, especialmente cuando necesita desviar la atención de problemas económicos o de contestación social.
Los medios más cercanos al poder (como Le360.ma, Al Ahdath Al Maghribia o Al Bayane) suelen replicar una visión beligerante hacia España en temas sensibles: el Sáhara, Ceuta, Melilla, Perejil o incluso la Alhambra. Se utilizan términos como “ciudades ocupadas”, “expolio cultural” o “memoria colonial” para describir la presencia española. En declaraciones públicas, exministros marroquíes como Saadeddine Othmani (2020) han afirmado que “Ceuta y Melilla también son marroquíes”, aunque luego hayan sido matizadas, nunca rectificadas.
LA ESTRATEFIA DE ESPAÑA: CEDER SIN ESTRATEGIA
Mientras España opta por evitar la confrontación ideológica y se limita a la disuasión táctica. El peligro es que, a medio plazo, este relato se consolide como base de futuras reclamaciones, mientras en España sigue sin respuesta firme en el plano cultural y pedagógico. La postura española: afirmar la soberanía sin ambages, pero a la vez evitar la confrontación abierta y buscar vías diplomáticas.
Esta estrategia, centrada en evitar el conflicto abierto, cede sistemáticamente la iniciativa estratégica a Marruecos. No existe evidencia de una contra-estrategia española coherente y a largo plazo para neutralizar la campaña de zona gris de Marruecos. Las respuestas suelen ser tácticas y orientadas a la desescalada, en lugar de imponer costes a Rabat por sus acciones o buscar alterar las dinámicas fundamentales de la relación.
Esta dinámica ha atrapado a Madrid en lo que puede definirse como un «dilema de estabilidad-soberanía». España se ve forzada a elegir continuamente entre mantener la estabilidad a corto plazo (apaciguando a Marruecos) y defender sus intereses soberanos a largo plazo (lo que requeriría una confrontación). La estrategia de Rabat está diseñada precisamente para forzar a España a sacrificar perpetuamente lo segundo en aras de lo primero, lo que conduce a una erosión gradual de su soberanía y autonomía estratégica.
El Eje EE.UU.-Israel-Marruecos: Un Cambio de Juego Regional
La normalización de relaciones entre Marruecos e Israel en 2020, en el marco de los Acuerdos de Abraham y con la mediación de la administración Trump, estuvo explícitamente vinculada al reconocimiento por parte de Estados Unidos de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Esta decisión, que la administración Biden no ha revertido, representa una victoria diplomática monumental para Rabat y ha sido consolidada con acciones como la actualización de los mapas oficiales de la CIA para incluir el Sáhara como parte de Marruecos.
Esta nueva alianza tripartita va más allá de la diplomacia. Proporciona a Marruecos acceso a tecnología militar y de inteligencia israelí de última generación (drones, ciberseguridad, defensa aérea) y profundiza su cooperación en materia de seguridad con Washington y Tel Aviv. Este factor está impulsando una modernización militar marroquí que desafía directamente la superioridad regional de España y altera el equilibrio estratégico.
Marruecos reclama la soberanía sobre esta antigua colonia española, mientras que España, hasta 2022, respaldaba oficialmente las resoluciones de la ONU (postura de neutralidad). No obstante, Rabat percibía ambigüedad en Madrid y exigía un apoyo más claro a su plan de autonomía bajo soberanía marroquí.
El apoyo al plan del Sáhara fue una iniciativa del gobierno de coalición de centroizquierda (PSOE-Unidas Podemos), que generó críticas de la oposición (PP, Vox) e incluso dentro del propio PSOE y socios. El Partido Popular ha declarado que preferiría volver a una postura alineada con la legalidad internacional y la ONU (es decir, mayor neutralidad sobre el Sáhara.
En 2022 España sacrificó su tradicional posición equilibrada respecto al Sáhara, asumiendo el coste de enfadar a Argelia (que reaccionó muy negativamente, suspendiendo el Tratado de Amistad con España y congelando comercio bilateral en junio de 2022. El Gobierno español calculó que el beneficio de recomponer la relación con Marruecos –evitar nuevas crisis migratorias, proteger Ceuta y Melilla, asegurar cooperación en seguridad y negocios– era prioritario.
La tensión subyacente estalló en abril de 2021, cuando España permitió la entrada por razones humanitarias de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario (movimiento independentista saharaui), para tratarse de COVID-19. Marruecos lo consideró una afrenta grave.
El comercio agrícola, las inversiones empresariales, la cooperación migratoria— en un arsenal de palancas de coacción. Lo que fue concebido como un amortiguador entre Esaña y Marruecos se ha transformado en un conjunto de vulnerabilidades españolas que Rabat explota para obtener concesiones políticas.
Delimitación de Aguas Jurisdiccionales: Existen reclamaciones superpuestas sobre las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE), especialmente en las aguas situadas entre las Islas Canarias y la costa africana. Esta zona, potencialmente rica en recursos naturales, constituye un importante foco de fricción futura y ya es objeto de movimientos unilaterales por parte de Marruecos, como la concesión de licencias de exploración a empresas extranjeras en aguas disputadas
En cuanto a Ceuta y Melilla, la estrategia española ha sido reforzar su estatus español y europeo. Se ha buscado mayor apoyo de la UE reconociendo que esas fronteras son también fronteras exteriores de Europa (de hecho, durante la crisis de Ceuta en 2021, Bruselas respaldó a España explícitamente.
España también ha planteado integrar a Ceuta y Melilla en el espacio aduanero Schengen o en la unión aduanera de la UE para afianzar su identidad europea, si bien esto aún está en estudio. La presencia permanente de la Legión y Regulares en Ceuta/Melilla sirve tanto de elemento disuasorio como de tranquilidad para la población local.
En cuanto a energía, un asunto crítico fue el suministro de gas: en noviembre de 2021 Argelia (rival regional de Marruecos) había cerrado el gasoducto Magreb-Europa (GME) que atravesaba Marruecos hacia España, dejando a Rabat sin gas argelino. Tras la reconciliación, España acordó ayudar a Marruecos a abastecerse de gas natural licuado (GNL): desde junio de 2022 se activó el flujo en sentido inverso por el GME, permitiendo a Marruecos recibir gas que compra en mercados internacionales y es regasificado en plantas españolas.
En este tablero, Marruecos ha logrado «internacionalizar» su fuerza, construyendo una poderosa coalición (EEUU, Israel) que respalda sus objetivos, mientras que obliga a España a «bilateralizar» su debilidad, enmarcando las disputas como asuntos bilaterales para aislar a Madrid e impedir una respuesta unificada y firme de la OTAN o la UE. La política estadounidense, en particular, al armar y empoderar a Marruecos, crea un dilema de seguridad directo para España, un aliado de la OTAN, colocándola en una situación de «peligrosa debilidad» frente a un estado con abiertas reivindicaciones revisionistas contra su territorio.

