Marchena perderá el próximo sábado 12 de septiembre uno de sus establecimientos más singulares y entrañables. El bar La Cueva, instalado en el hueco de la muralla y a los pies del Arco de la Rosa, cerrará sus puertas con una fiesta y una comida de despedida junto a clientes y amigos.
Hay bares que no caben del todo en la palabra negocio. Forman parte del paisaje, de los hábitos y de la memoria sentimental de un pueblo. La Cueva pertenece a esa categoría. Durante más de cuatro décadas ha sido barra, terraza y lugar de encuentro, pero también una presencia cotidiana que ha dado vida a uno de los rincones monumentales más reconocibles de Marchena.
Su interior, abierto en la propia fábrica de piedra de la muralla, convirtió al establecimiento en una rareza hostelera dentro de la provincia de Sevilla. A esa singularidad se sumó una terraza situada frente al Arco de la Rosa, en un espacio donde patrimonio y vida diaria nunca han estado separados.
Una terraza que devolvió el paseo a la muralla
La aportación de La Cueva al centro histórico no puede medirse únicamente por los años que ha permanecido abierta. Su terraza sostuvo una manera de habitar este entorno: subir a pasear, buscar el fresco al caer la tarde, detenerse a tomar un aperitivo y conversar bajo la mirada de las torres de la antigua puerta de la villa.
Ese ir y venir enlaza con una costumbre mucho más antigua. Esta parte de Marchena estuvo vinculada al paseo y a la celebración cuando la feria se instalaba en el casco urbano. Con el tiempo cambiaron los espacios festivos y las costumbres, pero La Cueva ayudó a conservar algo de aquel movimiento humano alrededor del Arco de la Rosa y la Plaza Vieja.
Gracias al bar, la muralla no era solamente un monumento que contemplar. Era también un lugar vivido. La terraza prolongaba de forma natural el recorrido por Rojas Marcos, el Arco de la Rosa y la Plaza Ducal y ofrecía un motivo para permanecer en una zona que, sin actividad hostelera y comercial, corre el riesgo de convertirse en un escenario hermoso pero vacío.
La despedida de un emblema cotidiano
El cierre llega después de otras pérdidas recientes para la hostelería tradicional del centro, entre ellas las del bar Pololo y el establecimiento de Luigi junto al Mapa. La desaparición de estos tres negocios deja menos espacios de ocio y convivencia en el eje formado por Rojas Marcos, el Arco de la Rosa y la Plaza Vieja, uno de los paseos naturales de los marcheneros durante décadas.
Cada cierre tiene sus propias circunstancias, pero juntos dibujan una transformación que se percibe en las calles. No solo desaparecen mostradores y terrazas: se pierden puntos de reunión, conversaciones repetidas durante años y pequeños rituales que mantenían habitado el corazón histórico del pueblo.
La Cueva se despedirá el 12 de septiembre con una última jornada de convivencia. Será una ocasión para acompañar a sus responsables, compartir recuerdos y decir adiós a un bar que, desde su pequeño refugio de piedra, hizo algo importante durante más de cuarenta años: mantener encendida la vida cotidiana al pie de la muralla de Marchena.