A través de esta unión, los Ponce de León emparentaron con la casa real de Aragón, específicamente con la descendencia de Jaime I, quien reinó desde 1213 hasta 1276 y fue una figura clave en la expansión del reino aragonés.
Beatriz de Jérica aportó al linaje de los Ponce de León una conexión directa con la realeza aragonesa, ya que su abuela materna, Teresa Gil de Vidaure, había sido amante de Jaime I y madre de algunos de sus hijos ilegítimos.
Este lazo con la Corona de Aragón, aunque por vía ilegítima, era lo suficientemente relevante en el contexto medieval para ser reconocido y reflejado en los símbolos de la familia.
Incorporación de las barras de Aragón al escudo.
Tras este matrimonio, los descendientes de Pedro Ponce de León y Beatriz de Jérica comenzaron a incluir las «barras de Aragón» en su escudo de armas. Estas barras, que consisten en cuatro palos verticales de gules (rojo) sobre un campo de oro, son el emblema tradicional de la Corona de Aragón, derivado del linaje de los condes de Barcelona y adoptado por los reyes aragoneses. Su incorporación al escudo de los Ponce de León simbolizaba la alianza con una casa real prestigiosa y reforzaba el estatus nobiliario del linaje en un momento en que los símbolos heráldicos eran una poderosa herramienta de identidad y legitimación.
También aparece en el escudo de Marchena un león rampante de gules sobre campo de plata, que representaba el origen leonés de la familia (derivado de su conexión con el reino de León a través de Aldonza Alfonso de León, hija ilegítima de Alfonso IX). Además, se añadió una bordura de azur con ocho escudetes de oro, cada uno con una faja de azur, que corresponde al linaje navarro de Vidaurre, también vinculado a Beatriz a través de su ascendencia materna (Teresa Gil de Vidaure).
Marchena, como centro del señorío y más tarde del estado ducal de los Ponce de León, adoptó elementos del escudo familiar en su heráldica local, al igual que otros pueblos bajo su dominio, como Arcos de la Frontera, Zahara de la Sierra, Rota o Chipiona.
En Marchena, por ejemplo, el escudo municipal histórico incorpora las armas de los Ponce de León, incluyendo las barras de Aragón, como un reconocimiento a la familia que la convirtió en su capital señorial desde el siglo XIV y, posteriormente, en el núcleo del ducado de Arcos, creado en 1493 por los Reyes Católicos a favor de Rodrigo Ponce de León. Lo mismo ocurre en otros pueblos del estado de Arcos, donde la heráldica local a menudo integra estas barras como un símbolo de la autoridad de los duques de Arcos, cuya influencia se extendió por gran parte de Andalucía occidental.
La adopción de las barras de Aragón por los Ponce de León no fue un hecho aislado, sino parte de una práctica común en la Edad Media: los linajes nobles incorporaban emblemas de casas reales o de familias influyentes con las que se aliaban para aumentar su prestigio. En este caso, las barras no solo señalaban el vínculo con Aragón, sino que también evocaban el legado de Jaime I, un rey asociado a la Reconquista y a la expansión territorial, valores que resonaban con las propias hazañas de los Ponce de León en la frontera con Granada.
Con el tiempo, este escudo se consolidó como un distintivo del linaje y de sus dominios. Incluso después de que el marquesado y ducado de Cádiz revertieran a la Corona en 1493, y el ducado de Arcos se convirtiera en el título principal de la familia, las barras de Aragón permanecieron como un elemento constante en su heráldica, transmitiéndose a través de generaciones y reflejándose en los monumentos, iglesias y edificios patrocinados por los duques en sus territorios.
Su uso prolongado también puede interpretarse como una estrategia de legitimación nobiliaria en un contexto competitivo. En la Andalucía medieval, donde linajes como los Guzmán (duques de Medina Sidonia) dominaban el panorama político, los Ponce de León utilizaron esta conexión aragonesa para diferenciarse y afirmar su relevancia, incluso cuando su poder real derivaba más de sus servicios a la Corona castellana que de su vínculo con Aragón.