
Marchena vivió este jueves 4 de junio una de sus mañanas más señaladas con la celebración de la procesión del Corpus Christi, una fiesta profundamente arraigada en la localidad y que volvió a reunir a parroquias, hermandades, asociaciones religiosas, autoridades, niños de Primera Comunión, músicos, costaleros y vecinos en torno al Santísimo Sacramento.
La jornada comenzó a las 8.00 horas en la parroquia matriz de San Juan Bautista, donde el párroco Manuel Chaparro Vera, acompañado por el clero local, presidió la misa votiva del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Tras la celebración, el Santísimo fue entronizado en la custodia de Francisco de Alfaro, una de las grandes joyas patrimoniales de Marchena, realizada entre 1575 y 1580 y considerada una obra destacada de la platería española.

Marchena llevaba horas dispuesta. Desde la tarde del miércoles, los grupos jóvenes de las hermandades habían dormido poco y trabajado mucho: alfombras de flores frescas, espigas y claveles cubrían la calle Obispo Salvador Barrera —la calle Orgaz, como la llama el pueblo con ese cariño que los topónimos oficiales nunca terminan de conquistar—.
La procesión inició su recorrido pasadas las nueve de la mañana, abierta por los niños carráncanos y la Banda de Cornetas y Tambores María Santísima de la Palma. A continuación participaron los niños y niñas que este año han recibido la Primera Comunión, acompañados por las representaciones parroquiales de San Juan, San Sebastián y San Miguel.

La custodia de Francisco de Alfaro. Obra renacentista realizada entre 1575 y 1580, templo en miniatura de plata donde el Antiguo y el Nuevo Testamento conviven en relieves minuciosos y donde Cristo Salvador corona la aguja más alta. Más avanzada en su concepción arquitectónica, dicen los expertos, que la propia custodia de Juan de Arfe que ese mismo jueves procesionaba en Sevilla capital.
Cuando salió por el dintel de San Juan —con el órgano interpretando la Marcha Real en el interior, con los cuatro faroles de los hermanos mayores escoltándola, con la banda Castillo de la Mota arrancando el Corpus Christi— el tiempo pareció detenerse un instante.

El cortejo contó este año con cinco pasos. El primero fue el Niño Perdido, procedente de la parroquia de San Sebastián, que salió sobre el paso de la Cruz de Mayo de la Hermandad del Santísimo Cristo de San Pedro. Una de las novedades principales fue la incorporación de Santa Ángela de la Cruz, imagen donada en 2011 a la parroquia de San Sebastián y que procesionó en un paso cedido por la Asociación de la Medalla Milagrosa. También formaron parte del cortejo María Inmaculada, el Sagrado Corazón de Jesús y la custodia de Francisco de Alfaro, acompañada musicalmente por la Banda Castillo de la Mota.
Este año, la procesión incorporó una nueva imagen: Santa Ángela de la Cruz, la santa sevillana cuyo cuerpo incorrupto puede visitarse en la capital, y cuya talla —donada a la parroquia de San Sebastián en 2011— procesionó en el paso de la Asociación de la Medalla Milagrosa, cedido para la ocasión.

El año pasado fue el Sagrado Corazón, imagen de San Juan Bautista que muchos marcheneros no sabían que tenían tan cerca. Este año, Santa Ángela. Don Manuel Chaparro Vera, párroco de la iglesia matriz, lleva dos años ensanchando el alma de esta procesión sin forzarla, recordando que en siglos pasados Santa Bárbara, San Sebastián, la Divina Pastora y tantas otras imágenes acompañaban al Santísimo por estas mismas calles.
A lo largo del recorrido —calle Carreras, plaza de San Andrés, donde las Mercedarias tocaron a su paso; calle Obispo Salvador Barrera, engalanada por su propia comisión de vecinos; calle San Francisco, Marchena olió a juncia y romero. Ese olor que en el siglo XVI limpiaría el barro de las calles sin asfaltar y que hoy limpia, simplemente, el alma.

Las calles del recorrido volvieron a mostrar el trabajo de vecinos, grupos jóvenes y hermandades, con altares, juncia, romero, flores, colgaduras y alfombras efímeras. La calle Obispo Salvador Barrera volvió a ser uno de los puntos más destacados, con la participación de hermandades como la Humildad, Nuestro Padre Jesús, la Borriquita, el Dulce Nombre, San Isidro y el Rocío. También destacaron las alfombras de San Pedro, Vera Cruz y la Soledad, además de los altares preparados en distintos puntos del itinerario.
La víspera tuvo igualmente un papel destacado. El traslado de la Inmaculada desde Santa Clara hasta San Juan, el concierto de la Banda Sagrado Corazón en Santa Isabel y las luminarias de medianoche en la torre de San Juan anunciaron la llegada del día grande. Tras la procesión, la imagen de la Inmaculada regresaría de nuevo a Santa Clara, en una de las novedades de esta edición de 2026.

Cerraron el cortejo el clero local encabezado por don Manuel Chaparro, los representantes del Ayuntamiento y el Consejo de Hermandades. Porque en el Corpus de Marchena desfila todo: lo civil y lo religioso, lo antiguo y lo recién nacido, el hermano mayor y el niño que lleva un canasto de flores y no sabe muy bien a dónde va, solo que va con su madre y que hay música.
Cuando la custodia entró de nuevo en San Juan algo antes de las doce y María Inmaculada emprendió su procesión de vuelta hacia Santa Clara rezando el Rosario, las alfombras habían desaparecido ya bajo los pies del pueblo. Porque las alfombras del Corpus no están hechas para conservarse: están hechas para ser pisadas por Dios.
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