Alemania pone el foco (y el dinero) en una de las “pieles” menos vistas de la Mezquita-Catedral de Córdoba: sus techos y armaduras de madera, un conjunto de vigas y tableros decorados de época emiral y califal (siglos VIII-X) que, por volumen y antigüedad, es excepcional en Europa. La Fundación Alemana de Investigación (DFG) acaba de aprobar la financiación de un proyecto de tres años (2026-2028) que dirigirá un equipo de las universidades de Braunschweig y Bamberg junto al Instituto Arqueológico Alemán (DAI) en Madrid, en colaboración con el Cabildo Catedral de Córdoba. El objetivo: documentar todos los elementos conservados, estudiar su decoración y pintura, y fecharlos con dendrocronología para afinar la historia constructiva del monumento.
La particularidad de estas armaduras no está solo en su belleza, sino en su “supervivencia”. Según la ficha del proyecto del DAI, a partir de 1875, durante trabajos de restauración, se recuperaron más de 400 piezas ricamente decoradas (vigas y paneles de techo) datadas entre los siglos VIII y X. Hoy, 232 de esos elementos están expuestos en el propio conjunto (en el Patio), y alrededor de 160 más —muchos fragmentarios— se conservan en un almacén. Para los investigadores, este corpus permite leer, casi como en un archivo material, la obtención de la madera, los procesos de taller, las soluciones de cubierta y hasta el programa ornamental geométrico que “ordenaba” visualmente el espacio sagrado en el siglo X.
El nuevo proyecto quiere ordenar y responder a preguntas grandes con pruebas pequeñas: ¿de dónde venía esa madera y en qué momento exacto se cortó?, ¿cuántas campañas constructivas reales se esconden detrás de lo que solemos resumir como “ampliaciones”?, ¿qué partes fueron retocadas o repintadas tras el cambio de uso del edificio?, ¿qué técnicas de ensamblaje se emplearon para resolver luces largas sin metal, y cómo se comportó todo con el paso de los siglos? Para eso, la investigación combina levantamiento arquitectónico, métodos de datación y análisis de materiales.
La historia de estas techumbres está íntimamente ligada a la propia biografía del edificio, Patrimonio Mundial en el centro histórico de Córdoba. Patrimonio Mundial UNESCO Y también a una paradoja: durante siglos, muchas de estas maderas estuvieron “encima” de la mirada, ocultas por soluciones posteriores o reutilizadas como simple material de obra. El estudio de Bernabé Cabañero Subiza y Valero Herrera sobre la techumbre de la ampliación de al-Hakam II —la fase califal levantada entre 961 y 966— insiste en que ese gran techo no fue una cubierta cualquiera, sino una pieza pensada para subrayar la centralidad y la jerarquía del espacio ampliado, con coherencia entre planta arquitectónica y diseño del alfarje.
En lo técnico, lo que hace “particulares” a estas armaduras es que la decoración no era un añadido independiente, sino que convivía con una carpintería estructural muy precisa. En un trabajo clásico sobre las techumbres de la etapa de Abderramán I, Manuel Nieto Cumplido explica que, al aparecer las cajas originales en los muros (mechinales) durante obras del siglo XX, pudo deducirse que el artesonado plano se organizaba con tirantes (elementos horizontales) separados unos 85 centímetros entre ejes, funcionando como parte del sistema resistente: a cada tirante correspondía una “tijera” (estructura de pares) que apoyaba sobre él y formaba los faldones de la cubierta. Es decir, no era solo “techo bonito”: era ingeniería de madera, repetida en serie.
Ese mismo estudio aporta detalles reveladores sobre problemas y soluciones. La evacuación de aguas y la humedad habrían castigado las cabezas de las vigas empotradas, favoreciendo pudriciones; y reformas posteriores recrecieron muros y alteraron cotas para mejorar desagües. También documenta reutilizaciones: vigas antiguas serradas y reaprovechadas como pares, empalmando piezas mediante un ensamblaje identificado como “rayo de Júpiter” (un tipo de empalme de carpintería para alargar elementos). Y, en cuanto al acabado, aparecen restos de policromía con blancos, negros, rojos y verdes, a veces sobre decoraciones anteriores, lo que abre una vía directa para los análisis de pigmentos y repintes.
Para la ampliación de al-Hakam II, la investigación de Cabañero Subiza y Herrera entra en la “gramática” de las piezas: identifica, por ejemplo, la existencia de “cobijas corridas” (elementos longitudinales del arrocabe) con una anchura constante de 50 centímetros, lo que permite deducir medidas, relaciones entre piezas y naves, y reconstruir el aspecto original del alfarje. También recoge evidencias de reutilización moderna de tableros antiguos como ripia en cubiertas posteriores, una pista más de cómo el edificio fue reciclando su propia materia a lo largo del tiempo.
Con esta base, la financiación de la DFG llega como una oportunidad rara: poner orden científico, pieza a pieza, en un conjunto enorme, disperso entre exposición y almacén, y someterlo a una batería de pruebas capaces de traducir madera en fechas, y fechas en historia. El propio DAI plantea que el estudio puede aportar una datación más fina por fases constructivas y, con ello, una lectura más precisa de la “historia cambiante” del edificio y de sus adaptaciones posteriores.
Para ampliar información sin perderse en ruido, las tres puertas más fiables son la nota y ficha del proyecto del Instituto Arqueológico Alemán (DAI Madrid), el apartado de historia de la web oficial de la Mezquita-Catedral, y la bibliografía académica específica sobre techumbres (en especial Nieto Cumplido sobre Abderramán I y Cabañero Subiza/Herrera sobre al-Hakam II).
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