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Historia

Que relación tuvo Cervantes con Marchena y la casa nobiliaria de los Ponce de León

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Marchena aparece en el Quijote de dos formas. Una, mencionada de forma directa,  en el Capítulo 57 de la segunda parte del libro, publicado en 1615 cuando Altisidora se burla del Quijote «Seas tenido por falso/ desde Sevilla a Marchena/ desde Granada hasta Loja/ de Londres a Inglaterra». Y otra de forma indirecta, en el capítulo de los leones, donde aparece Manuel (Ponce) de León, «El Valiente» glorificado como héroe medieval, quien estaba en guerra contra los marcheneros y su señor, Rodrigo por la herencia familiar.

Existen distintos documentos y cargos que sitúan a Cervantes llevando un total de 2000 arrobas de aceite de Marchena a Sevilla desde  septiembre de 1588 a julio de 1594 tal y como expuso Fernando Alcaide.

Un documento de 5 de septiembre de 1588 pide la justicia de la villa de Marchena, Alcaldes y regidores que colaboren con Cervantes bajo pena de 500 ducados, y lo mismo se ordenaba a los escribanos del Concejo. Cervantes tenía la potestad de embargar bienes particulares de los marcheneros y ponerlo a disposición de un fin público la monarquía y su política exterior consistente en la expansión a Indias y la guerra contra la Inglaterra protestante según Fernando Alcaide.

Marcheneros o propietarios ubicados en Marchena vendieron aceite a Cervantes . A Alonso Jiménez vecino de Marchena le compro 782 arrobas de aceite a 10 reales la arroba. El doctor Gonzalo Hernández, médico 220 arrobas. Fernando Gregorio vecino de Sevilla, 70 arrobas, Juana de Mendoza vecina de Sevilla, 566 arrobas,  Jorge Rodríguez portugués de Marchena, 225 arrobas, el doctor Diego de Madrid, 78 arrobas, Rodrigo Suárez Garrote vecino de Marchena a 112 arrobas de aceite. Fernando Gil arriero vecino de Marchena cobró 6608 maravedíes por el acarreo de 236 arrobas de aceite de Marchena a Sevilla.

José cabello cabello Núñez investigador y archivero de La Puebla de Cazalla ha documentado la actividad de Cervantes como proveedor de los galeones de la Flota real en Écija, Porcuna, Jaén, Utrera, Carmona, Marchena, Arahal, Paradas Puebla de Cazalla, Morón, Osuna y Villamartín Cádiz al servicio de Felipe II.

Además Miguel de Cervantes estuvo al servicio de los Ponce de León en 1572 tras perder el movimiento de la mano izquierda en la batalla de Lepanto.

En Archivo de Simancas se conservan los documentos del pago a Miguel de Cervantes donde se dice el 11 de febrero de 1573 se ordena a los oficiales de la Armada que liberen a favor de Miguel de Cervantes soldado de la compañía de don Manuel Ponce de León y escudo a cuenta de lo que se le debe y otras referencias similares.

Cervantes se incorpora entonces a la compañía del capitán Manuel Ponce de León en campañas militares como Navarino y La Goleta, con base en los cuarteles de invierno de Sicilia Cerdeña y Nápoles.

Manuel Ponce de León era hijo del conde de Bailén, sobrino de Lope de Figueroa, hombre de conciencia de don Juan de Austria, creador y capitán de los tercios de Granada Costa en la Alpujarra y Lepanto, primo de Luis Cristóbal Ponce de León, duque de Arcos.

Manuel Ponce de León en la Quinta Compañía de Lepanto con 80 soldados con base en las galeras españolas.  El tercio de Granada o de Lope de Figueroa siguió luchando en Flandes a las órdenes de Juan de Austria y en Portugal.

Manuel Ponce de León era primo del Duque de Arcos, señor de Marchena Luis Cristóbal Ponce de León y nieto de Manuel de León «El valiente», en quien se basó Cervantes para el episodio de los leones de El Quijote y que además aparece citado en obras de Lope de Vega y en el romancero tradicional por su valentía enfrentándose a leones y matando moros.

Luis Cristóbal Ponce de León nacido en 1510 en Marchena fue Capitán General de la Armada de Flandes, adonde llevó 600.000 ducados partiendo de Laredo, Asturias con 5.000 soldados según el nobiliario de los Ponce de León. Rehén de Francisco I Rey de Francia en 1529, el rey francés le regala valiosas joyas, luego embajador en EL París de la reina Catalina de Médicis. Vuelto a Marchena ayudó a sofocar la rebelión de los moriscos de Ronda de 1570, fue sepultado en Santo Domingo de Marchena.

GUERRA ENTRE MANUEL Y RODRIGO PONCE DE LEON

Este quijotesco Manuel de León «El valiente», llevó demasiado lejos la guerra por la herencia familiar, con su hermano el Señor de Marchena Rodrigo Ponce de León que concluyó con la cesión a sus nietos de la ciudad de Bailén.

Los marcheneros rechazaron y pusieron en fuga en Enero de 1573 a Manuel Ponce de León y sus hombres que se habían apoderado del Castillo de la Mota. Desde las almenas  Manuel pidió a los vecinos de Marchena que le reconocieran como señor a cambio de ventajas económicas pero los marcheneros prendieron fuego a las puertas del castillo y asaltaron la torre donde estaba y lo pusieron en fuga.

El mismo día que murió Don Rodrigo y para asegurar la toma de posesión de todas las ciudades, Enrique de Figueredo antiguo alcalde de Morón y otros 20 marcheneros a caballo y armados secuestró en Sevilla a don Manuel Ponce de León y lo recluyeron en el castillo de Mairena y luego en Zahara de la Sierra según Carriazo.

Francisca, hija de Rodrigo Ponce de León, recibió de su viuda Beatriz de Pacheco 400.000 maravedíes por manifestar públicamente en una venta de Marchena su fidelidad a la causa de su tío Manuel El Valiente antes que a la de los Pacheco.

Un enfrentamiento azuzado por los Reyes Católicos, según Carriazo, que dieron orden en secreto de fomentar el odio entre hermanos y alentar la rebelión contra los Ponce de León para quitarle la ciudad de Cádiz y así fortalecer la monarquía.

Los reyes envían en secreto a un emisario el bachiller Pedro Díaz de la Torre a la ciudad de Cádiz haciéndole pasar por responsable de la expulsión de los judíos, para estudiar la posibilidad de quitarle la ciudad a los Ponce de León. Le piden al bachiller que cuando vean a don Manuel le hablen como un duque y le recomienden que pida justicia real.

El escritor Gonzalo Fernández de Oviedo describe las hazañas caballerescas de Don Manuel como sus combates singulares en el norte de África para alcanzar el favor de una dama y sobre todo el conocido episodio de Los Leones según el cual se enfrentó a varios de estos animales en un corral que tenía el rey Enrique en palacio a petición de una dama.

Según Pablo J. García Martín lo más probable es que Cervantes se inspirara en la anécdota de Manuel de León.  Los ecos de esta historia y las hazañas de don Manuel de León fueron famosas y muy referidas por diversos autores de los Siglos de Oro, incluyendo al propio Cervantes y a Lope de Vega. Se explica, pues, la referencia del “autor de esta verdadera historia” al famoso personaje, advirtiendo que Don Quijote sería “segundo y nuevo don Manuel de León, que fue gloria y honra de los españoles caballeros”.

CABALLEROS LOCOS ENTRE LOS PONCE DE LEON

Durante toda su vida Juan Ponce de León tuvo que cuidar a su hermano Diego, por estar loco. Diego Ponce de León, hijo de Pedro Ponce de León, abuelo de Rodrigo y Manuel y bisabuelo de Roldán, estuvo casado con Aldonza Portocarrero hija de Luis Méndez Portocarrero.

Aunque no se menciona que fuese loco, en el testamento, su padre no le deja bienes y ordena a sus hermanos que lo mantengan. «Por ende mando que el dicho don Diego no aya cosa alguna de los dichos mis bienes”. Al primogénito y sucesor -don Juan Ponce de León, padre de Manuel- le encomienda “que tome e reçiba en su cargo al dicho don Diego mi hijo, su hermano, e lo tenga en el logar e por la vía e
manera que él entendiere e más cumpla, e lo mantenga e vista e calçe segund le pertenesçiere en quanto el dicho don Diego hubiere”.

Manuel El Valiente tuvo un hijo que pasó la mayor parte de su vida preso por ser un loco peligroso según Fernández de Oviedo.

En el testamento de Manuel Ponce de León, dado en Sevilla el 9 de Julio de 1515 queda constancia de este hecho.  «Y digo que porque el dicho don Roldán Ponce de León mi hijo es menguado de juicio por razón de lo cual él no puede regir y administrar sus bienes y Hacienda como dejo el hombro por tutora y curadora de su persona y bienes a Isabel Ponce de León mi hija».

 Roldán Ponce de León «siendo mancebo fue algo tolerable su locura. Pero cuanto más fue entrando en edad, tanto más perdido y desatinadamente loco. Fue tanto que lo tenían con graves prisiones porque era muy peligroso y muy recio y de muy gran fuerza» dice Oviedo.

Gonzalo Fernández de Oviedo cuenta que Don Roldán se soltó un día de prisión en que estaba «y traía en la mano una espada desnuda y se encontró casualmente con un caballero en el patio de la casa  y le dijo «aquí mi espada Tizona qué fue del Cid Ruy Díaz mi tío y no hay tal espada en el mundo y quiero cortar la cabeza de un golpe limpiamente cómo lo hacía don Roldán mi abuelo».

El caballero amenazado le respondió «Vuestro abuelo no una sino dos o tres cabezas cortaba de un tajo o de un revés. Espere aquí vuestra merced y entraré a llamar uno o dos vecinos y así podrá cortarnos vuestra merced las cabezas de un golpe como lo hacía a vuestro abuelo». Y de esta forma el caballero huyó.

Los cronistas de su tiempo compararon a su tío Rodrigo Ponce de León con el Cid Rui Díaz de Vivar.  Andrés Bernáldez cuenta que los propios reyes compararon a Don Rodrigo con el Cid Ruy Díaz cuando murió «porque los moros le temían tanto que dondequiera que sabían que iba, huían». El loco Roldán era en efecto sobrino del Cid pero del Cid andaluz.

Además el nombre de Roldán viene porque durante siglos los Ponce de León habían creído descender del propio Roldán, vinculado con el linaje de Pedro Ponce de Minerva.

Cuando Don Quijote busque sin éxito el enfrentamiento con los Leones Cervantes lo convertirá en segundo y nuevo don Manuel de León que fue gloria y honra de los españoles caballeros.

Sancho Panza invita a su señor a realizar lecturas más provechosas que las de los libros de caballería y como alternativa le recomienda las hazañas de históricas de Manuel Ponce de León según dice en el trabajo enfrentamiento con un león en la literatura española de Pablo José García Martín.

El Romance de Manuel Ponce de León habla de cómo las cabezas de varios moros cortó en Marruecos.

MARCHENA, PLAZA FUERTE MILITAR EN TIEMPOS DE CERVANTES

Vecinos de Marchena lucharon en el tercio de Lope de Figueroa como Diego de Angulo, Alférez en Sicilia en 1591 en la compañía del capitán Zapata. Angulo pide licencia para pasar a Perú después de haber servido de Su Majestad en la isla de San Miguel y en la isla de Terceira, Azores, luchando contra portugueses. Su hijo escribe lo siguiente «yo Miguel de Angulo, hijo de Diego de Angulo, mi padre, que está sirviendo en el Reino de Sicilia. Soy casado y tengo 4 hijos» por lo que pide irse al rico Perú donde tenía familiares.

Mientras los famosos tercios españoles luchaban en la Europa de los Austrias el Rey obliga a los pueblos, entre ellos Marchena a defender el país en la guerra con Portugal. Las milicias de Marchena pagadas por el Ayuntamiento lucharon en Elvas y Badajoz y participaron en la conquista de Olivenza a los portugueses.

Además los marcheneros que no iban a la guerra, estaban obligados a darle cama, luz, vela, fuego, agua sal y aderezo además de paja para los caballos a todos los soldados que pasarán por el pueblo. El Ayuntamiento pagaba este alojamiento de las tropas en los mesones de la Plaza Vieja, como mesón de los caballeros del Duque de La Ventilla. Otras veces se les daba un refresco consistente en pan vino y queso.

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Historia

El oratorio público de la Inmaculada de la puerta de Osuna existe desde 1640

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El oratorio público de la Inmaculada Concepción de Marchena estaba ubicado en la puerta de Osuna desde 1640 cuando fue  aprobado por  licencia por D. Gaspar de Borja y Velasco. 

La licencia fue prorrogada por Fray Pedro de Tapia en 1654 y luego por  el visitador Ambrosio Ignacio Spínola y Guzmán el 25 de agosto 1675.

Estos datos aparecen en el Estudio de los Oratorios domésticos y Capillas privadas en los siglos XVII y XVIII  del Arzobispado de Sevilla,  de Rosalía María Vinuesa Herrera.

En 1880 se inicia el derribo de la Puerta de Osuna, o Puerta de la Concepción, que estaba al final de la calle Carreras por orden del Ayuntamiento. Se componía de una doble torre y un arco central de herradura sobre el que se ubicaba un lienzo de la Inmaculada.

En 1873 varios vecinos piden al Ayuntamiento la cesión de varios torreones de la muralla en la calle Las Torres, entonces San Pedro para instalar habitaciones auxiliares. En diciembre de 1880 el Ayuntamiento confirma el derribo de la Puerta de Osuna o Arco de la Concepción” acordada en la sesión del dos de mayo según aparece en la obra “De la Revolución a la Restauración”. Crónica de los hechos políticos, económicos y sociales en Marchena durante los años 1868 a 1885”. de Fernando Alcaide Aguilar.

El Gobernador Civil envía un escrito de protesta al Ayuntamiento el 28 de octubre de 1880 pidiendo explicaciones por la demolición de los arcos “de la Carrera y San Francisco más algunos torreones de la muralla” de espaldas a la Comisión Provincial de Monumentos.  Otros vecinos se habían apropiado de los torreones construyendo terrazas y azoteas “sin derecho ni título alguno”. En 1860 se destruyó el arco de la Tomiza o del Berral.

El Alcalde Arcenegui explica que el arco de San Francisco se derribó por la corporación anterior. Justifica el derribo de Puerta Osuna en la mejora del tránsito, ruina y facilitar el paso “de procesiones en Semana Santa”.

Un arco de herradura de época almohade y procedente de la muralla de Marchena se encuentra en la Hacienda Ibarburu de Dos Hermanas, propiedad privada según nos informa Fernando Begines, historiador del arte.

Dicho arco fue comprado por la familia Pickman e instalado en la Hacienda en la reforma hecha en los años 20 según informa Begines.  El arco procede de Marchena según Hernández Díaz que lo publicó en el catálogo histórico-artístico de Sevilla y provincia en los años 30 en cuatro tomos.

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Historia

La odisea de Francisco de Mesa: entró al cráter de un volcán en erupción para coger azufre

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Ahora que sabemos la capacidad destructiva de un volcán entenderemos mejor la hazaña de Francisco de Mesa, que se descolgó con una cuerda dentro del volcán Popocatepetl en México cuando los hombres de Hernán Cortés se quedaron sin pólvora. De esta forma los españoles pudieron tomar la ciudad de México. 

En Tlatelolco Hernán Cortés, estaba preocupado: no tenemos pólvora y la necesitamos para acabar pronto con este sitio, debemos conquistar la ciudad lo más pronto posible, ustedes conocen que Velázquez, el gobernador de Cuba, tiene gente en la corte hablando en contra nuestra y pretende adjudicarse la empresa de conquista que tanto trabajo nos ha costado.

-No podemos abastecernos de pólvora en Cuba, pues cualquiera de nosotros o quien enviemos será inmediatamente detenido y si pretendiéramos obtenerla de España serían muchos meses los que tardaríamos en tenerla aquí, comentó Cristóbal de Olid.

-Los artilleros Mesa y Juan de Catalán,  están seguros de poder fabricarla, aquí tenemos suficiente salitre y carbón, pero no hemos encontrado ningún yacimiento de donde podamos obtener el azufre, refería Cortes.

-Pedro de Alvarado añadió: Todos sabemos que en Nápoles, Sicilia y otras regiones en donde hay volcanes, abunda el sulfuro y en estas tierras también los hay. El más cercano es el que los nativos llaman Popocatépetl  o montaña que escupe humo. Busquemos el sulfuro en la montaña, decidieron todos. -Que vayan los artilleros Mesa y Catalán, acompañados de Luis Marín que viene de Asturias y conoce de la vida en la montaña y que se hagan acompañar de guerreros Tlaxcaltecas

La expedición ascendió al cráter del volcán aún activo Popocatépetl (5253 m) para conseguir azufre para la pólvora de los cañones.

«En la ciudad de México fueron desbaratados los españoles (…) y en la retirada pasó muchos trabajos y queriendo acometer la segunda vez les faltó pólvora, (…) fue al volcán de Talmanalco, y se hizo atar con sogas por el cuerpo, poniendo en gran riesgo su vida, por las grandes llamaradas de humo y fuego. (…) Se hizo descolgar por el volcán abajo que era muy profundo, y halló piedrazufre, que sacó mucha cantidad de que se hizo la pólvora con que se ganó la ciudad de México».

Así se recoge en el documento Méritos, servicios de Francisco de Mesa, (Archivo General de Indias,PATRONATO,82,N.1,R.9), en la que el vecino de Chiapas, Luis Aceituno, dice que Francisco de Mesa fue abuelo materno de su mujer Doña Inés de Tovar. Dice ese documento que Mesa sirvió a «Vuestra Alteza» «derramando mucha sangre, padeciendo innumerables trabajos y gastando su hacienda».

Tras subir esa gran montaña de más de cinco mil metros de altura, pasando por las nieves y glaciares, para luego trepar por empinadas cuestas de tierra y piedra volcánicas sueltas, y que se venían abajo a cada exhalación del volcán. Aunque el azufre es sólo un porcentaje cercano a un décimo de los elementos que componen la pólvora, es indispensable para fabricarla.

Francisco de Mesa, (Marchena 1485-México 1534) fue uno de los primeros artilleros de que se tienen noticia y fue el que salvó la expedición de Hernán Cortés para la conquista de México, cuando ésta se quedó sin pólvora. 

Estuvo en las guerras de Italia donde se acreditó como excelente artillero. En 1518 estaba en Cuba y se unió como soldado a la expedición de Hernán Cortés al Yucatán. Participó en la conquista de México y tuvo un destacado papel como artillero y constructor de cañones y culebrinas, armas fundamentales en las batallas de Texcoco y en el sitio de Tenochtitlan.

La escasez de pólvora la relata el cronista Bernal Díaz del Castillo, quien menciona que luego que fueron arrojados de la capital Azteca: «Cortés nos dijo, que pues éramos pocos, que no quedamos sino cuatrocientos cuarenta con veinte caballos y doce ballesteros y siete escopeteros, y no teníamos pólvora, y todos heridos, cojos y mancos, que mirásemos muy bien cómo Nuestro Señor Jesucristo fue servido de escaparnos con las vidas.

Por sus servicios el artillero de Marchena recibió una encomienda en Yguala, adonde se retiró con su mujer Inés de Herrera. Tuvo once hijos y murió ahogado en un río en 1534.

(Bibl.: H. Thomas, Quién es quién de los conquistadores, Barcelona, Salvat Editores, 2001; J. M.ª González Ochoa, Quién es quién en la América del Descubrimiento, Madrid, Editorial Acento, 2003).

Francisco Montaño, dice que Francisco de Mesa fue uno de los primeros artilleros al servicio de Hernán Cortés en la conquista de México «porque no había otro artillero entonces» y «que fue de los primeros conquistadores de Nueva España».  Montaño subió con Francisco de Mesa a la sierra del volcán y lo vio entrar al volcán a donde bajó colgado por unas cuerdas para sacar azufre «con gran riesgo para su persona».  Y «dicho azufre redundó mucho en provecho de su majestad por la cantidad de pólvora que con ellos se hizo cuándo a Hernán Cortés se le había acabado la pólvora y en aquella sazón no la había en la tierra ni venida de España».

Cervantes de Salazar escribió: «Según me dixo Montaño, era cosa espantosa volver los ojos hacia abaxo, porque aliende de la gran profundidad que desvanecía la cabeza, espantaba el fuego y la humareda que con piedras encendidas, de rato en rato, aquel fuego infernal despedía.»

El marchenero Francisco de Mesa recibió de Cortés la encomienda de la ciudad de Iguala, tal y como confirma otro marchenero Pedro Núñez, que aparece como testigo de sus actos, según se recoge en la obra «Los testigos hablan: la conquista de Colima y sus informantes» escrito por Margarita Nettel Ross de la Universidad de Colima. 

Hernán Cortés escribió : »He hecho mención de una sierra, que está en esta provincia, que sale mucho humo: y de allí entrando un español setenta, u ochenta brazas; atado a la boca abajo, se ha sacado (azufre), con que hasta ahora nos habernos sostenido.»

El propio Hernán Cortés puso en conocimiento del Emperador y Rey Carlos la hazaña. En la misma carta le solicitaba que en el futuro sería más recomendable que enviará pólvora a Nueva España para no tener que acudir al volcán.

Anteriormente había subido a la cima del Popocatépelt el capitán Diego de Ordás, al que el Emperador y Rey Carlos le concedió el derecho de llevar en su escudo de armas un volcán. Así narra la subida al «volcán de México» el cronista Bernal Díaz del Castillo:

«El volcán que está junto a Guaxocingo echaba en aquella sazón mucho fuego, de lo cual nuestro capitán Cortés y todos nosotros nos admiramos de ello y un capitán de los nuestros que se decía Diego de Ordás tomóle codicia de ir a ver qué cosa era (…) y después de bien visto muy gozoso el Ordás volvió con sus compañeros (…) y cuando fue Diego de Ordás a Castilla lo demandó por armas (quiso incluir el volcán en su escudo de armas) a su majestad, e así las tiene ahora un su sobrino que vive en la Puebla»-

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Actualidad

Antonia Díaz impulsó junto a su marido, José de Lamarque, la Romería de Valme

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Este año por vez primera la Virgen de Valme ha ido al Hospital que lleva su nombre y ha sido portada por el personal sanitario a las puertas del Hospital.
En 1248 ante la dificultad de la conquista de Sevilla, el Rey  San Fernando invocó —en el cortijo de Cuartos— a una imagen de la Virgen que llevaba consigo: «¡Váleme, Señora, que si te dignas hacerlo, en este lugar te labraré una capilla. Ordenó al maestre de Santiago, Pelay Pérez Correa, que clavara su espada en el suelo, brotando un manantial que tomó el nombre de «Fuente del Rey».
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Tomada la ciudad construyó una pequeña ermita en el lugar mencionado, donde colocó la imagen con el nombre de Valme. A sus pies puso el pendón arrebatado a los musulmanes, que arruinada la ermita en 1800 fue llevado a la parroquia del pueblo. 
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La novela «La familia de Alvareda» de gran difusión de la suiza Cecilia Böhl de Faber que vivía en el pueblo entre 1822-35, llamó la atención sobre el olvidado pendón y ermita real. La suiza mostró a Washington Irving el manuscrito original a su paso por el pueblo.
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Exposición de mantos de la Virgen en el centro cultural La Almona. 
Tras leer el libro, el 1 de mayo de 1857, los Duques de Montpensier entregaron el Pendón, -restaurado en su palacio de San Telmo-, a la parroquia de Dos Hermanas, donde estaba la Virgen de Valme desde la ruina de su ermita en 1800. Lo que hicieron fue añadir una pieza de tela nueva color burdeos a la antigua con un bordado contando su historia. Hoy día la hermandad procesiona una reproducción de dicho pendón.
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En 1859, los Duques reedifican la ermita de Cuarto y la Virgen de Valme vuelve a su lugar original.  Editan una Corona Poética a la Virgen, con obras seleccionadas por Bohl de Faber que incluyó poemas de Antonia Díaz Fernández y su marido José Lamarque.

Ruta por la Sevilla fernandina pasando por Ecija, Carmona, Marchena, Sevilla, Dos Hermanas y Alcalá

Diez años después estalla la revolución republicana «gloriosa», la virgen vuelve al pueblo, los Duques huyen a Portugal y se llevan el pendón a San Telmo y de allí a la capilla real de la Catedral junto a la tumba del Rey santo, hasta que José de Lamarque lo recupera y devuelve a Dos Hermanas en 1893. 
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El matrimonio de poetas y amigos de los hermanos Bécquer, Antonia Díaz, nacida en Marchena en 1872 y José Lamarque de Novoa se instaló en un Palacio de Dos Hermanas llamado La Alquería del Pilar.
Antonia Díaz (1827-1892), nació en Marchena, hija de un médico afincado en Sevilla. Desde muy joven leía a los poetas clásicos castellanos y sevillanos.  Publicó en la revista Escenas Contemporáneas una oda a Pio IX, en La Violeta dirigida por Faustina Sáez de Melgar publicó en  un poema dedicado a la Reina, 1863. «María al pie de la Cruz» es el titulo del poema que publicó en «El Correo de la moda» en 1864. 
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Su marido José de Lamarque era hijo de un francés y una trianera, también poeta, empresario de exportación de hierros y maderas, cónsul de España en Nápoles, El Salvador y el Imperio Austro-Húngaro, (1880). Apoyó la restauración borbónica y fue Hermano Mayor de la Soledad de San Lorenzo y Secretario de La Carretería en tiempos de los Montpensier. Financió la primera edición de las «Obras» de Bécquer en 1871 y apoyó en sus inicios a Juan Ramón Jiménez que no apreciaba la poesía de Lamarque.
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El matrimonio de poetas estuvo en el círculo más cercano a los Duques de Montpensier, participando en la reapertura de la ermita de Valme, el 9 de Octubre de 1859, tras 54 años en que la Virgen estuvo en la parroquia del pueblo.  En el almuerzo hubo un grupo de pobres sentados a la mesa  servidos por los Duques y el Arzobispo y una corrida de dieciocho novillos de Miura, que sirvieron para alimentar a los pobres de Dos Hermanas. De esta forma apoyaron el nacimiento de la romería.

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El matrimonio de Antonia Díaz y José de Lamarque y la Hermandad decidieron celebrar anualmente una Romería con la imagen de la Virgen de Valme hasta el Santuario situado en el Cortijo de Cuarto el tercer domingo de octubre del año 1894, ya restaurada la imagen de la Virgen. Lamarque, sufragó los gastos de esta primera Romería. La carreta de la Virgen, del cual era responsable Lamarque en forma de templete gótico, llevaba flores naturales de la Alquería del Pilar elegidas por Antonia Díaz y Antonio Alcocer, el  jardinero de la Alquería del PIlar.

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LA ALQUERIA DEL PILAR: EL CAPRICHO DE ANTONIA DIAZ
En la mansión nazarena de Antonia Díaz y José de Lamarque, La Alquería del Pilar,  eran famosas sus tertulias de artistas sevillanos y extranjeros, en medio de torres, grutas, una montaña artificial, una pagoda china, una ría navegable con puentes, un faro, y una cascada, estatuas, invernadero para plantas exóticas, y hasta un museo de Ciencias Naturales, en cuyo centro había un palacete mudéjar.
FOTOS Amigos del Parque Alquería del Pilar- Dos Hermanas
La Alquería fue construido en 1872, cuando se puso de moda entre la burguesía sevillana construirse casas de veraneo en Dos Hermanas a partir de descripciones literarias de Cecilia Bohl de Faber.    Lo que queda hoy es propiedad del Ayuntamiento de Dos Hermanas.  Antonia Díaz tiene calles a su nombre en Marchena, Sevilla y Dos Hermanas.
Antonio Prieto Granados afirma que: “…Ella fue la que trazó y dirigió todos los trabajos arquitectónicos de la finca y de los jardines, pues, según decían era muy entendida en arquitectura y dibujo. (…) Las plantas y árboles llegaron la mayoría desde Francia y Bélgica.
La propia Antonia Díaz diseñó los edificios y jardines de este «lugar de ensueño» donde ella misma se reservó una torre sobre una gruta con una virgen donde escribió sus libros. «Flores marchitas: baladas y leyendas» (1877-1882), «Poesías líricas» (1893), «Aves y flores: fabulas morales» (1890). Lo cuenta Antonio Prieto Granados, hijo de la niñera familiar (1882).
A pesar de tener medios, en su época las mujeres no se dedicaban a escribir, todos los circulos literarios eran masculinos y hostiles a las mujeres, que siempre estaban en segundo plano o en el ámbito privado.  De forma autodidacta Antonia Díaz se esforzó por aprender, estudiando en la biblioteca de sus padres en Marchena y luego en su mansión de Dos Hermanas.
El poeta  José de Velilla (1847-1904), asíduo a sus tertulias, junto a su hermana la también poetisa Mercedes de Velilla, describe los jardines: “ las begonias, las nejalias y otras plantas, que parecen de terciopelo al tacto y a la vista, desterradas de los climas tropicales, viven en la prisión de los invernaderos…”.
Había álamos, pinos, naranjos, cipreses, olivos, y un bosque de varias especies algunas de ellas traidas de Japón y del trópico. En las rías había peces de especies exóticas, y pájaros domesticados de muchas especies.

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Ruta por la Sevilla fernandina pasando por Ecija, Carmona, Marchena, Sevilla, Dos Hermanas y Alcalá

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En febrero de 2021 se cumplió el 350 aniversario de la canonización de San Fernando. H.M.  Televisión ha estrenado un documental. En su persona se unificaron los reinos de Castilla y León. 

VER DOCUMENTAL 

Una de las hermanas de Berenguela, Blanca de Castilla,  se casó con Luis VIII de Francia, dando a luz a San Luis, primo, de Fernando. Tras su boda con Doña Juana convocó a los suyos, y les propuso un plan que dejó boquiabiertos a los cortesanos: retomar la guerra contra el moro. 

LA LLAMADA DE CORDOBA

En Benavente, Zamora conoció que uno de los barrios orientales de Córdoba había sido tomado por un puñado de cristianos y pedían refuerzos. El rey desoyendo todo tipo de consejos ensilló su caballo y se dirigió hacia esa Ciudad a galope tendido. El príncipe Abulal Hasan entregó las llaves de la plaza.  Femando III,  había conquistado Córdoba en junio de 1236, y regresó a la ciudad en febrero de 1240. Efectuó una serie de operaciones militares que dieron como resultado el sometimiento de toda la campiña cordobesa y parte de la sevillana, desde Rute hasta Morón.

 

 Para hacer efectiva la conquista de Sevilla acudieron caballeros no sólo de los reinos de Castilla y León, y de toda la Cristiandad.

SAN FERNANDO DONÓ ECIJA A SU HIJO ALFONSO

Aunque los musulmanes siguieron viviendo aquí, el territorio se ocupó con donaciones. El propio príncipe don Alfonso, futuro Rey Alfonso X El Sabio recibe 1240 Écija, “que fue la primera cosa quel rey don Fernando le dio en el Andaluzía seyendo infante”. 

EL LUGAR DONDE ACAMPÓ SAN FERNANDO EN CARMONA

 

Según cuenta la tradición la ermita de Santa María del Real hoy de San Antón  fue el lugar donde se estableció el campamento de las huestes cristianas antes de proceder a la reconquista de Carmona,  En ella recibió culto la talla de nuestra señora de Tentudía, obra de 1400.  El Real era el campamento donde el rey acampaba sus tropas y además en el caso de Carmona este fue el mismo lugar elegido para celebrar la feria de ganado hasta el día de hoy, recibiendo el nombre de real de la feria. 

Su esposa  Juana acompañó a Fernando a Andalucía y vivió con él en el campamento del ejército mientras asediaba Sevilla en 1248. En 1247 su esposo el rey Fernando le concedió el señorío de Carmona a título personal y en mayo de 1248 la reina hizo una donación de tierras y casas en Carmona a la Orden de Calatrava.  

Mientras fue señora de Carmona la Reina Juana tuvo como principal residencia el llamado “Alcázar de la Reina”, junto a la Puerta de Córdoba hasta 1253. Alfonso X recupera para el realengo el señorío carmonense y, en compensación, otorgó a la reina un donadío de treinta yugadas en Alcaudete, y a su hijo el infante don Fernando, otro de veinte yugadas en el cortijo de Albaida, muy próximo a Marchena.

La Virgen de las Batallas - Colección - Museo Nacional del Prado

 

Virgen de las Batallas. 

LA ENTREGA DE MARCHENA A JUANA, ESPOSA DEL REY SAN FERNANDO

En 1243 el Rey San Fernando entrega Marchena a la reina doña Juana de Danmartin, Ponthieu o de Pontis,  las villas y rentas de Marchena y Carmona, en el reino de Sevilla.

La Iglesia de Sata Maria de Marchena es del siglo XIII-XIV. 

De la misma forma que la patrona de Alcalá recibió por nombre Virgen del Aguila por ser este animal el simbolo del evangelista que daba nombre a la reina, Juana,  bien pudo también nombrarse a la iglesia de San Juan de Marchena en honor a la reina. 

San Fernando llevaba en su montura una pequeña virgen de las batallas de marfil de 40 cm, que se conserva en la catedral de Sevilla. Fue un regalo de su primo el rey Luis de Francia. 

Cuando en 1254 la reina regresó a Francia para hacerse cargo del condado de Ponthieu, vinculó la villa de Marchena al señorío de su hijo el infante don Luis, que la tendría hasta su muerte en 1270. 

Iglesia de San Juan de Marchena. 

En 1269 Luis de Pontis hijo del Rey San Fernando entrega a la Orden de Calatrava unas aranzadas de viña situadas «encima de todas las vinnas que fueron de los moros», lo que significa que para entonces ya no quedaban mudéjares.  En 1266, la Orden de San Juan había recibido otras propiedades dos pares de casas, una dentro del castillo y otra en el arrabal; diez yugadas de heredad, cinco aranzadas de viñedo en plena explotación y «otras heredades en que fagades viñas e huertas e figuerales. 

En 1275 tropas norteafricanas arrasan Marchena, Carmona y Ecija. García Colmiello, recibe entonces del Rey mil maravedíes por la defensa de Marchena.

San Juan Evangelista. Zurbarán. Iglesia de San Juan, Marchena. 

LA DONACIÓN DEL CASTILLO DE MORON

Morón y Cote, fueron concedidos por el rey Fernando a su hijo el infante don Enrique, como garantía, hasta que se le hiciese entrega definitiva de Lebrija, Jerez, Arcos y Medina Sidonia, todavía por conquistar.

COMIENZAN LOS CULTOS A LA VIRGEN DEL ÁGUILA CON LA NOVENA

 

Virgen del Aguila en Alcalá de Guadaira. 

LA ERMITA DEL AGUILA EN ALCALÁ DE GUADAIRA

 Fernando III habitó el Castillo de Alcalá de Guadaira entre 1246 y 1248.  San Fernando cristianizó la mezquita mayor, levantada sobre una iglesia visigótica, consagrando la nueva iglesia en honor a Santa María del Águila. En el Archivo del Palacio Arzobispal, en 1617, el visitador vincula el nombre de «Águila» con la esposa del Rey San Fernando Juana de Pointhieu, devota de San Juan Evangelista, cuyo símbolo es, precisamente, un águila.

Redacta el visitador que: «El retablo del altar mayor es antiguo, de buenas pinturas y dorado, tiene en medio una imagen de Nuestra Señora con quien tienen aquí particular devoción. Llámanla del Águila». Un siglo después, Alfonso XI levantó el actual templo gótico-mudéjar ante el deterioro del edificio original. 

LA VIRGEN DE VALME EN DOS HERMANAS

La Virgen de Valme presidirá la celebración de su festividad en el exterior de la Parroquia de Santa María Magdalena – Gente de Paz

 

Virgen de Valme en Dos Hermanas. 

Ante la dificultad de tomar la ciudad y ante el abatimiento de sus tropas, San Fernando invocó —en el cortijo de Cuartos— a una imagen de la Virgen que llevaba consigo: «¡Váleme, Señora, que si te dignas hacerlo, en este lugar te labraré una capilla. Ordenó al maestre de Santiago, Pelay Pérez Correa, que clavara su espada en el suelo, brotando al momento un manantial que tomó el nombre de «Fuente del Rey» y que sirvió para calmar la sed de los soldados.
Tomada la ciudad construyó una pequeña ermita en el lugar mencionado, donde entronizó la imagen con el nombre de Valme (Váleme en castellano antiguo). A sus pies puso el pendón arrebatado a los musulmanes.

 

La Virgen de la Antigua es otra imagen asociada a la leyenda fernandina. Se dice que el rey soño con que esta imagen estaba oculta bajo la mezquita de Sevilla. 

LA CONQUISTA DE SEVILLA POR EL RIO

San Fernando  conquista Sevilla rompiendo el puente de barcas o puente de Trina, subiendo por el Guadalquivir hasta la Torre del oro. Para hacer su entrada triunfal, eligió el rey el 23 de noviembre, ya que en dicho día habían sido trasladados los restos de San Isidoro desde Sevilla a León. Abrían la marcha los grandes maestres de las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara, San Juan y el Temple. 

La leyenda de la divina creación de la Virgen de los Reyes - Sevilla Secreta

 

Tras ellos, el carro triunfal con la imagen de Nuestra Señora de los Reyes, a la que Fernando atribuía principalmente su victoria; a ambos lados de dicho carro y sobre blancos potros, el rey y su esposa, doña Juana. Luego los infantes y el legado pontificio. Estaban allí presentes San Pedro Nolasco, fundador de la Orden de la Merced, y San Pedro González, de la Orden de Predicadores, que habían animado a las tropas durante el asedio.

El PP pide que se restaure la torre de Abdelaziz como atractivo turístico - Sevilla Ciudad

 

En la torre de Abd el Aziz ondeó por primera vez el pendón de San Fernando tras la conquista de la ciudad en el año 1248. Esta insignia militar se conserva actualmente en la Catedral, junto a la capilla del Bautismo. Trescientos mil moros salieron de la ciudad. Axataf entregó al rey las llaves de Sevilla sobre una de las cuales estaba escrito en árabe: «Permita Dios que sea eterno el imperio del Islam».          

Los Reales Alcázares de Sevilla (720 d.C.) fue la vivienda de los reyes árabes y aquí murió San Fernando  el 30 de Mayo de 1252

 Cuando estaba proyectando dirigirse a África, como quien prosigue el ímpetu de su Cruzada en dirección a Tierra Santa, Fernando se sintió seriamente indispuesto. Tenía entonces cincuenta años. Rogó entonces que le pusieran una vela encendida en la mano, y levantando los ojos al cielo dijo: «Señor, dísteme reino, honra y poder sin merecimientos. Todo cuanto me diste te entrego, y te pido, al entregarte mi alma, que seas servido de usar con ella de tu divina misericordia».

Sobre la mezquita levantada en el siglo por XII el califa almohade Abú Yuqub Yusuf,  San Fernando mandó a construir una Capilla Real en la que fue enterrado.  Alhamar, rey de Granada, al enterarse de ello, mandó hacer en su reino grandes demostraciones de condolencia, y envió cien moros nobles, ricamente vestidos, para que con cirios blancos asistiesen a sus exequias.

 

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Historia

La bandera de España: de los barcos de la Armada de Carlos III a símbolo nacional

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FUENTE: ARCHIVO HISTORICO NACIONAL

Desde los inicios del siglo XVIII las banderas enarboladas por los buques de la Real ArmadaEnlace externo, se abre en ventana nueva presentaban el escudo real sobre fondo blanco, color común de las diversas familias de la dinastía Borbón que, por aquel entonces, gobernaban en buena parte de Europa. Así, estas enseñas blancas eran usadas, no solo por España, sino también por Francia, Nápoles, Parma o Sicilia. Como cabría esperar, estos parecidos creaban graves confusiones durante las confrontaciones navales donde las inclemencias del tiempo o la simple lejanía de las naves entre sí favorecieron la proliferación de equívocos y de ataques a navíos propios o aliados.

Antiguos pabellones reales, según el boceto de Antonio de Caula

Con el objetivo de mejorar la identificación de las enseñas y de evitar dolorosos accidentes en los encuentros navales, el rey Carlos III encargó al ministro de Marina, a la sazón Antonio ValdésEnlace externo, se abre en ventana nueva, la misión de diseñar una bandera de fácil identificación. Valdés presentó doce modelos en los que proliferaban los colores rojo y amarillo, pero también otros como el blanco y el azul. Mediante Real Decreto de 28 de mayo de 1785Enlace externo, se abre en ventana nueva, se establecía como distintiva de la Marina de Guerra y la Mercante la bandera roja y amarilla, siendo la franja central más ancha para dar cabida al escudo real. Un año después, otro real decreto ampliaba el uso de esta bandera a otras dependencias de la Marina tales como cuarteles, astilleros, plazas y fortificaciones que jalonaban las fronteras marítimas del reino, lo que sin duda contribuiría a la asociación de bandera y territorio nacional.

Varios diseños de bandera presentados por el ministro A. Valdés a Carlos III en 1785 (Según el boceto de A. de Caula)

Sin embargo, a mediados del XIX todavía existía una enorme variedad de estandartes de larga tradición histórica que eran utilizados por las distintas unidades del ejército. Por ejemplo, muchas de ellas seguían usando la cruz de San Andrés o aspa de Borgoña, cuya primera utilización en España se sitúa en el reinado de Juana de Castilla y Felipe el HermosoEnlace externo, se abre en ventana nueva (que, recordamos, era asimismo duque de Borgoña).

Pabellones con el aspa de Borgoña, según el boceto de A. de Caula.

Esta disparidad en el uso de símbolos estaba lejos de sintonizar con los proyectos de reforma que se produjeron bajo el reinado de Isabel IIEnlace externo, se abre en ventana nueva y que estaban sustentados por el ideal de “unidad de la monarquía española”. En efecto, entre las distintas iniciativas de reorganización del ejército, se llevó a cabo una unificación de las banderas que habían sido enarboladas durante siglos por sus diversos cuerpos e institutos: la uniformidad pasó por escoger como modelo común a todos ellos el estandarte rojo y gualda. Así, mediante Real Decreto dado a 13 de octubre de 1843Enlace externo, se abre en ventana nueva, el Gobierno provisional en nombre de Isabel II -todavía niña- decretaba que:

“las banderas y estandartes de todos los cuerpos e institutos que componen el ejército, la armada y la Milicia Nacional serán iguales en colores a la bandera de guerra española, y colocados estos por el mismo orden que lo están en ella.”

En este mismo decreto, esta “bandera de guerra”, la roja y amarilla establecida en 1785 para la Marina, se equiparaba a “bandera nacional” y “símbolo de la monarquía española”. Los cierto es que tales colores, de facto, ya habían sido asimilados como propios por el pueblo español como consecuencia de diversos avatares históricos, muy particularmente los acaecidos tras la invasión francesa de 1808Enlace externo, se abre en ventana nueva.

Ya en el siglo XX, a propuesta de Antonio Maura y MontanerEnlace externo, se abre en ventana nueva, presidente del Consejo de Ministros, aparecía un nuevo Real Decreto (dado a 25 de enero de 1908)Enlace externo, se abre en ventana nueva en que se disponía que en los días de fiesta nacional debía ondear la bandera española en todos los edificios públicos, tanto civiles como militares. Sin embargo, a tenor del documento que presentamos, parece que existían todavía algunas opiniones -seguramente muy minoritarias- que se mostraban contrarias al uso indistinto del pendón nacional en el contexto civil y militar. La solución planteada por el autor de la nota, Antonio de Caula y Concejo (pintor, conservador del Museo Naval y gentilhombre de Alfonso XII) es la de introducir las oportunas distinciones mediante el escudo de armas que ha de aplicarse en cada caso, para lo cual propone varios diseños que serían remitidas al presidente Eduardo DatoEnlace externo, se abre en ventana nueva.

Nota escrita por Antonio de Caula y Concejo sobre la conveniencia de modificar el escudo de la bandera.

Carta dirigida a Eduardo Dato, solicitando se tome en consideración la propuesta de A. de Caula

Para ello propone cinco modelos de bandera (AHNOB,SANTA CRUZ,C.620): la de guerra, que incorpora el aspa de Borgoña [n.º1]; la de marina de guerra -para la cual retoma la original creada por Carlos III a propuesta de Valdés [n.º2]; una “bandera nacional” que ha de usarse para todos los establecimientos del Estado distintos de Guerra y Marina, la única en cuyos cuarteles figuran las armas de Aragón y Navarra [n.º3]; la de embajada y misiones diplomáticas, que incorpora al blasón grande, con presencia de las armas dinásticas y rodeado por el Toisón de Oro [n.º4]; una para yates [n.º5] y, finalmente, otra para buques de comercio y particulares. (también esta había sido otorgada por Carlos III) [n.º6].

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Actualidad

Tres mujeres de Marchena quedaron inmortalizadas en el monumento a Bécquer

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Tres mujeres de Marchena posaron para el monumento a Bécquer de Sevilla, donde ayer se inauguró el año Bécquer. Eran la mujer y dos primas del escultor Lorenzo Coullaut Valera según se recoge en un estudio realizado por Enrique Iniesta Coullaut Valera nieto del escultor. 

 Las dos primas se llamaban María Pepa y Rocío Ledesma Sanabria y Valera y en 1981 tenían 70 años. Su nombre quedó en Marchena además en la Hacienda de las Niñas, pues eran ellas las dos niñas que dieron nombre a la hacienda propiedad de la familia Coullaut Valera. En la Hacienda de las Niñas se celebraron varios homenajes al escultor y en ella vivieron las dos hermanas hasta que se mudaron a Sevilla.

La tercera modelo fue la esposa del escultor María Teresa Mendigutia y Morales, de cuyo matrimonio los Coullaut Valera heredan la casa del Ave María, que a día de hoy es la más antigua que se conserva en el barrio de San Juan, ya rehabilitada y propiedad de un nieto del escultor.

La mujer que agacha la cabeza es María Teresa Mendigutia Morales y su postura aparece en la Rima XIXX  «cuando sobre el pecho inclinas la melancólica frente una azucena tronchada me pareces».

Además dos de los hijos de Lorenzo Coullaut Valera posaron para los dos angelillos o amores en bronce, que durante el periodo 1936-39 estuvieron en la cárcel.

Uno de ellos representa al amorcillo que cruza jugando por encima de las tres mujeres y simboliza «el amor que pasa» inspirado en la Rima X cuando dice «oigo flotando en olas de armonía el rumor de besos y batir de alas de mis párpados que se cierran. Qué sucede: es el amor que pasa».

Lorenzo Muñoz Valera usaba para sus monumentos vecinos de Marchena como modelos. En 1926 el garrochista y picador marchenero Antonio Montes vecino de la Plaza Plaza Vieja posó para el monumento a los Alvarez Quintero según reconoce él mismo en un documental de TVE grabado 1982. Los Álvarez Quintero le dedican una obra de teatro a Lorenzo Coullaut Valera llamada «El duque de sí mismo».

El caballo era de los hermanos Suárez aparejado al estilo campero. «Cuando me vio don Lorenzo dijo: «marchenero tenía que ser. Habían buscado muchos jinetes en varios lugares sin encontrarlo. Estuvo toda la tarde sacándome fotos con dos máquinas monté 4 caballos esta tarde. De cada caballo cogió un detalle y sacó un caballo completo».

medalla

El monumento a Bécquer de Sevilla se inauguró en 1911 y lo hizo el autor marchenero gracias al encargo de los Alvarez Quintero, que sufragaron su coste con representaciones teatrales por toda España. Eligieron una obra llamada “La eterna rima”, basada en el popular poema de Becquer. Al mismo tiempo los restos del poeta fueron trasladados de Madrid a Sevilla. 

En agradecimiento a los Hermanos Alvarez Quintero, por escribir la Rima Eterna, que se representó por toda España para sufragar el monumento a Becquer en Sevilla, Lorenzo Coullaut Valera modeló esta medalla.

El 8 de octubre de 1926 se estrena en el Teatro Fontalba la obra titulada «Los grandes hombres, o el monumento a Cervantes«, de los hermanos Álvarez Quintero. Fue su directora y primera actriz Margarita Xirgu. Éste y otros tantos eventos, además de la suscripción popular, tenían por finalidad recaudar fondos para la construcción del monumento a Cervantes encargado a Coullaut Valera que entonces tenía su estudio en  la madrileña calle Torrijos, 19.

monumento

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