En el próximo Anuario de Hespérides e Innovaciones Didácticas, XXVII-XXVIII (2019-2020), que será editado a finales del presente año, se publicará el trabajo titulado “Nuevas noticias sobre la familia Guisado. El retablo mayor de la iglesia parroquial del Viso del Alcor, obra de Ramón González Guisado”.
En el mismo, los historiadores Salvador Hernández González y Francisco Javier Gutiérrez Núñez, darán a conocer el contrato del citado retablo fechado en 1802. Su autor perteneció a toda una saga de retablistas (González Guisado), la cual ya conocemos en parte gracias a los estudios entre otros, de Fernando de la Villa Nogales, Estaban Mira Caballos, por María Teresa Ruiz Barrera y Juan Luis Ravé Prieto.
Ramón fue bisnieto de José Guisado, nieto de Tomás Guisado «el viejo» e hijo de Tomás Guisado «el joven». Éste último se afincó durante un gran periodo de su vida junto a su esposa Ana Vázquez Guillén, en la localidad de Marchena. En su parroquia de San Sebastián, bautizaría entre 1739 y 1756 a ocho de sus hijos, entre ellos tres de sus hijos que también fueron retablistas: Miguel José (1739), Ramón (1754) y Francisco (1756). Ramón se afincó en Sevilla y contrajo matrimonio en 1780 con Ignacia Josefa García-Navarra Pereira.
En el citado trabajo se adjunta las partidas de bautismo de todos ellos, lo que implica que Tomás Guisado «el joven» hizo de Marchena su lugar de trabajo durante casi 20 años, atendiendo a los encargos de las iglesias parroquiales y conventos de ella, así como de localidades cercanas, como Arahal y otras del entorno, como ya estudió en su momento.
El retablo mayor de la parroquia del Viso del Alcor, responde a la austeridad compositiva y sobriedad ornamental propia del estilo neoclásico. Consta de banco, un cuerpo único articulado en tres calles por medio de columnas corintias de fuste liso, sobre las que descansa un entablamento y cornisa que dan paso a una especie de cupulín de remate.
La policromía aplicada a la madera para fingir el efecto del mármol contrasta con la presencia de algunos motivos vegetales en el basamento del conjunto como reminiscencia muy tardía del rococó. El conjunto resulta discreto en su efecto general, salvo el desafortunado cupulín del remate. El programa iconográfico original ha desaparecido y sólo perdura la imagen titular del templo, Santa María del Alcor, réplica de la imagen tardogótica destruida en 1936.
Hay ciudades que se visitan. Y hay ciudades que se descifran. Lucena pertenece a estas últimas. Bajo sus calles blancas y tranquilas late una historia única en Europa: la de una ciudad que fue judía casi en su totalidad y escenario de uno de los episodios decisivos de la Reconquista.
Este es un recorrido para entenderla.
Caminar hoy por el centro de Lucena es hacerlo sobre la antigua medina al-Yahud, la “ciudad de los judíos”. No es una metáfora: durante siglos, especialmente entre los siglos VIII y XII, Lucena fue prácticamente una ciudad habitada solo por judíos, algo excepcional en al-Ándalus .
Castillo del Moral: donde cayó Boabdil
Si la Lucena judía explica su singularidad cultural, el Castillo del Moral explica su importancia histórica.
Las milicias locales y las fuerzas nobiliarias reaccionaron con rapidez. Entre los mandos castellanos estaban Rodrigo Ponce de León y el conde de Cabra. Las tropas de Boabdil se dispersaron. La retirada se convirtió en huida. En plena oscuridad, en un terreno que no dominaban, muchos soldados fueron abatidos o capturados. El propio Boabdil cayó del caballo —según las crónicas, en una zona de arroyos y olivares— y quedó aislado de su guardia.
El contexto: una incursión mal calculada
En la primavera de 1483, Boabdil, joven y recién proclamado sultán nazarí, decidió lanzar una incursión sobre territorio castellano. El objetivo era doble: ganar prestigio militar y consolidar su poder interno frente a su padre y su tío.
Aquí fue encerrado Boabdil, el último rey nazarí de Granada, tras la batalla de Lucena en abril de 1483. El episodio marcó un punto de inflexión en la guerra de Granada.
Boabdil había intentado tomar la ciudad, pero fue derrotado por las tropas castellanas y capturado tras la batalla . El prisionero fue conducido a esta fortaleza, donde permaneció cautivo.
Boabdil fue capturado sin ser reconocido inicialmente. Vestía como un noble más, no como un rey identificado. Fue apresado por soldados cristianos y llevado ante los mandos.
Cuando se descubrió su identidad, la situación cambió completamente: no era un prisionero cualquiera, era el sultán de Granada.
La escena tiene algo de símbolo: en la misma ciudad que fue corazón del judaísmo andalusí, cayó también el último rey musulmán antes del final del reino de Granada.
La liberación de Boabdil no fue un gesto caballeresco, sino una jugada estratégica. Los Reyes Católicos entendieron rápidamente algo clave: Granada estaba dividida. Boabdil estaba enfrentado a su padre (Mulay Hacén) y a su tío (El Zagal). Tenerlo prisionero era útil, pero tenerlo como aliado lo era mucho más. Así que se negoció su libertad bajo condiciones, Reconocimiento de vasallaje a Castilla, pago de tributos, compromiso de colaboración
En la práctica, Boabdil salió de Lucena convertido en una pieza política en manos castellanas.
LUCENA: LA CIUDAD DE LOS JUDIOS DE AL ANDALUS
Entre los siglos VIII y XIII, desde la llegada musulmana en el 711 hasta la conquista cristiana en 1240, la ciudad fue conocida en las fuentes como medina al-Yahud, literalmente “la ciudad de los judíos”.
Las fuentes no dejan lugar a dudas. En el año 853, el gaón Natronai escribe una frase que todavía hoy resuena con fuerza: “Lucena tiene una numerosa población judía y no vive en ella ningún gentil”.
Mientras en el resto de al-Ándalus los judíos convivían como minoría protegida —los llamados dimmíes bajo pacto islámico—, en Lucena se da una inversión del modelo: los musulmanes viven en los arrabales y los judíos ocupan el recinto amurallado, el centro de la ciudad.
Abraham ben Daud, Ibn Hayyan o Ibn Idari la mencionan como un referente. Durante el Califato, incluso, llegó a ser considerada la gran metrópoli del judaísmo andalusí, solo superada posteriormente por Córdoba .
En Lucena floreció una academia talmúdica de primer nivel. Se pensaba, se escribía, se enseñaba. No era una comunidad marginal: era un centro intelectual.
En 1148 la nueva ortodoxia islámica rompe el equilibrio. La tolerancia desaparece. Se exige conversión o muerte. Y la comunidad judía, que había sostenido la ciudad durante siglos, se ve obligada a huir o a convertirse.
Los judíos más famosos de Lucena fueron grandes sabios y maestros del judaísmo medieval, especialmente entre los siglos X y XII, cuando la ciudad era uno de los principales centros intelectuales sefardíes.
Destacan figuras como Isaac Alfasi, que dirigió una importante academia talmúdica; Isaac ibn Gayyat, jurista y poeta; Joseph ibn Migash, continuador de esa tradición; y Mair ibn Joseph, último gran rabino antes del exilio provocado por los almohades
El cementerio judío de Lucena es uno de los hallazgos más importantes para entender el judaísmo medieval en la Península Ibérica, y su singularidad no es menor.
Lo primero que lo hace especial es su magnitud y estado de conservación. Se trata de una de las necrópolis judías más extensas excavadas en España, con cientos de enterramientos documentados. Esto permite estudiar con precisión cómo vivía —y cómo moría— una comunidad que, en el caso de Lucena, fue mayoritaria, algo excepcional.
Su segunda clave está en los rituales funerarios perfectamente conservados. Las tumbas siguen el rito judío clásico: cuerpos orientados, enterramientos simples, sin ajuares, lo que confirma la estricta observancia religiosa de esta comunidad. No es solo un cementerio: es una prueba arqueológica directa de una sociedad organizada bajo la ley hebrea.
En tercer lugar, aporta algo muy poco habitual: información científica sobre la población. Los estudios antropológicos han permitido conocer edad, enfermedades, dieta e incluso rasgos físicos de los judíos lucentinos, algo que las fuentes escritas no cuentan.
Pero su importancia más profunda es histórica. Este cementerio confirma lo que dicen los textos medievales: que Lucena no fue una judería más, sino una auténtica ciudad judía. Una comunidad grande, estable y con identidad propia durante siglo.
El viajero atento debe comenzar por el entramado de calles estrechas del casco histórico. Aquí no hubo una judería aislada: todo el núcleo urbano fue hebreo. En torno a este espacio se encontraba la sinagoga principal —hoy desaparecida— sobre la que, según la tradición, se levantó la actual iglesia de San Mateo.
A pocos minutos, el visitante puede acercarse a uno de los hallazgos más importantes de la arqueología sefardí en Andalucía: la necrópolis judía descubierta en 2006. Este espacio confirma lo que dicen las fuentes medievales: Lucena fue uno de los grandes centros del judaísmo occidental.
Aquí no se trataba solo de vivir. Se pensaba, se enseñaba, se escribía. Existió una importante academia talmúdica cuyos sabios acabarían influyendo en la cultura hebrea peninsular.
La actual parroquia de San Mateo no es solo un monumento renacentista. Es también un lugar de memoria. La historiografía sitúa aquí, en el corazón de la ciudad amurallada, la antigua sinagoga principal de la Lucena judía.
Visitar este templo es comprender la superposición de culturas: lo hebreo, lo islámico y lo cristiano conviven en un mismo espacio, como capas de una misma historia.
Ruta histórica: del mundo sefardí a la frontera de guerra
Para comprender Lucena hay que salir también de sus calles y mirar su territorio.
En el siglo XV, la ciudad era frontera. Desde aquí se organizaban las defensas contra el reino nazarí. Las torres vigía y las atalayas comunicaban ataques mediante señales de fuego, permitiendo movilizar tropas rápidamente.
Fue precisamente este sistema el que permitió reaccionar ante el ataque de Boabdil en 1483.
Hoy, recorrer los alrededores —entre olivares y suaves colinas— es recorrer el mismo paisaje donde se decidió el destino del último emir de Granada.
Una ciudad única en Europa
Lucena no es un destino más del patrimonio andaluz. Es un caso excepcional.
Fue la única gran ciudad de al-Ándalus donde los judíos no fueron minoría, sino mayoría organizada, con vida política, cultural y económica propia. Y siglos después, fue escenario de un hecho clave de la Reconquista: la captura de Boabdil, que aceleró el final del reino nazarí.
Visitar Lucena es, por tanto, atravesar tres historias a la vez: la hebrea, la islámica y la cristiana.
Y entender que, a veces, la historia no está en los grandes relatos… sino en las ciudades que los hicieron posibles.
Las ferias de finales del siglo XIX eran muy distintas a las de hoy. Al amanecer las ganaderías tomaban el real, los turistas buscaban a las Cigarreras y a las gitanas como algo exótico y las modas francesas desplazaban a los trajes andaluces.
La moda de Francia había invadido la moda y hasta el habla andaluza: «Oiga usted, señorita, ¿me hace usted el favor de cantar una petenera?. «Avec beaucoup de plaisir», dice la niña que habla muy mal francés y canta peor flamenco. «Donne moi un cigarrete».
Suena aveces la guitarra pero va dominando el piano y aunque no están vedadas las malagueñas ni las sevillanas, suelen oírse cuplets franceses en la feria de Sevilla según el relato de Más y Pratt.
Al alba del primer día de feria de Sevilla, el Prado de San Sebastián es tomado por los ganaderos de Marchena, Écija, Lora, Carmona, Mairena, Morón, Estepa.
Los feriantes andaluces suelen llevar a remolque sus familias, principalmente el tratante gitano. Las filas de carretas entran en El Prado produciendo un sonido original que procede de los crujidos de las llantas.
Los que llevan ganado boyar suelen ir al paso de sus carretas preparadas para la excursión con todos los aditamentos necesarios con toldos o tejidos de palma y bajo el tablón el cántaro de agua fresca.
Las caballerias llegan al Prado levantando nubes de polvo, la sangre del corcel andaluz se enciende con la fatiga y sus elásticas piernas se fortifican.
Se levantan tiendas provisionales, se amontona el ato de que forma parte la manta y la alforja, que han de servir de colchón y de almohada y se coloca en el lugar más seguro la bota de vino.
Los gitanos comienzam la tarea de los tratos, que para ellos es siempre fructuoso, corriendo como chispas eléctricas por todas partes con la faja mal compuesta, la chaquetilla arremangada, el pantalón a media pierna y el sombrero bailando sobre la coronilla.
Oiga usted excelencia, dicen a un señorito del pueblo con chaqueta de terciopelo. Tengo un tronco alazano que es el mismo que llevó al cielo el coche de San Elías. El feriante le responde, que más bien parece propio de coche fúnebre de tercera clase, y se despide con un «que usted se alivie».
Después de que se ha valido de todos los subterfugios imaginables para engañar al feriante, metiendo a los caballos agujas en la oreja para que se avispe, saca de su petaca un cigarro y le dice con exquisita finura: por estas cruces de Dios se lleva usted el bicho mejor de la feria.
Los ingleses y franceses que vienen a Sevilla por feria quieren ver la Fábrica de Tabacos y la calle San Fernando cuando salen a bandadas como las golondrinas las cigarreras que dejan la faena muy temprano y se dirigen al Real luciendo sus mantones de manila y sus peines altos y enroscados sobre la coronilla. La Cigarrera no es gitana ni flamenca sino un compuesto de ambas.
Las tiendas aristocráticas aparecen cercadas de macetas de porcelana con musgos y begonias, con colgaduras de Damasco, cubiertas de alfombras, llenas de jardineras y espejos, y a la puerta de su sencilla balaustrada, butacas escaños y elegantes mecedoras donde dormitan los señores de clase media.
La alta sociedad sevillana estos días se permite usar la falda corta de raso y la calada peineta de concha, la mantilla de encaje y el corpiño ajustado de la flamenca, comen jamón dulce y pavo trufado, emparedados y pastas de vainilla y beben Jerez y manzanilla.
Mas alla hay tascas de feria con carteles de vino y caracoles, menudo, taberna, buñuelos y aguardiente. Alli se ven las hermosas gitanas de pura sangre. La flamenca, suele aparecer allí cantando por todo lo alto y ostentando todas las gracias de sus especies.
La gitana no se pone el pañuelo terciado con los flecos en la tierra sino que se envuelven el mantón y golpea las tablas haciéndoles crujir bajo sus plantas.
En las buñolerías, estos gitanos apuran todo el caudal de su ingenio para formar adornos y pabellones, puede decirse que en el recinto se pone las bordadas enaguas de las gitanas y sus sábanas de novia al entrar.
Texto: Mas y Pratt en La Ilustración española y americana. 22/4/1888. Fotos: Salvador Azpiazu. 1890.
El escultor Lorenzo Coullaut Valera mandaba a algunos miembros de la comisión fotos sobre la evolución de sus trabajos de escultura en las que se puede ver la imagen de la Inmaculada en su taller madrileño, y la maqueta del monumento de Talavera y los bocetos de las estatuas de Martínez Montañés, Miguel Cid, Juan de Pineda y Murillo.
Ahora Gonzalo Rivas uno de los descendientes de una de las personas a las que el escultor enviaba fotografías ha publicado en redes sociales estas fotografías hasta ahora desconocidas de la imagen de la Inmaculada en el taller del escultor.
En 2009 el monumento se restauró al completo y se intervino en las imágenes del pie cuyos materiales se habían deteriorado mucho, incluso la estatua de Martínez Montañés había perdido completamente la cara y la de Murillo estaba en malas condiciones.
El 7 de Diciembre de 1918 se inauguró en Sevilla el monumento a la Inmaculada Concepción, obra del escultor marchenero Coullaut Valera con un pedestal es del arquitecto José Espiau y Muñoz [1884-1938],
La idea de un monumento a la Inmaculada parte de una propuesta del Ayuntamiento de 1882 relanzada en 1900 por Marcelo Spínola y el monumento fue finalmente bendecido por el cardenal Enrique Almaraz para conmemorar el III Centenario del Voto Concepcionista de 1617, que hicieron los Cabildos Catedral y Municipal.
El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX promulgó el Dogma de la Inmaculada, que en Sevilla tenia raíces desde 1258 con la primera Hermandad de la Concepción.
Participaron en la inauguración la Hermandad de la Caridad, representación de Hermandades, Comisiones militares, Academias de Bellas Artes y de Buenas Letras, Colegios de Procuradores, Notarial, de Abogados, Universidad Literaria, Audiencia, Real Maestranza, Ordenes militares, Grandes de España, Cofradía del Silencio, Órdenes religiosas, curas párrocos, clero Catedral, Ayuntamiento, Capitán General en representación del Rey. Tras bendecir la imagen el vicepresidente de la Comisión Rojas Marcos y el Alcalde, pronunciaron sendos discursos.
El 2 de Febrero de 1917 se publicó un aviso a los católicos sevillanos pidiendo fondos para el monumento por un comité presidido por Ramón Ybarra González siendo vicepresidente, Manuel Rojas Marcos; tesorero, José Díaz Molero; secretario, José M. López-Cepero Muru, y vicesecretario, José Sebastián y Bandarán.
En la primera piedra se incluyó una caja con un escrito, firmado por los miembros del Comité y la lista de los donantes que eran mil setecientos sesenta nombres, entre los que se recaudaron 102.952,52 pesetas, con las que se pagaron todos los gastos, incluida la factura del escultor, sobrando 4.354,90 pesetas que se emplearon en la iluminación del monumento.
Uno de los que aparece en la base del monumento es Miguel del Cid, abanderado de la promulgación del Dogma, que escribió las coplas a la Inmaculada que dicen: «Todo el mundo en general, / a voces Reina escogida, / digan, que sois concebida / sin pecado original».
Están también Juan de Pineda, Murillo, Martínez Montañés y Miguel Cid, todos vinculados al dogma de la Inmaculada Concepción.
Juan de Pineda (Sevilla, 1558 -1637) fue un teólogo jesuita que defendió el dogma de la Inmaculada Concepción, en contraposición a las tesis tomistas (tesis de Santo Tomás de Aquino contrarias al inmaculismo) argumentadas por los dominicos. El 8 de septiembre de 1613, en el convento dominico de Regina Angelorum, el prior de esta orden, se manifestó contra la tesis de la Inmaculada Concepción, produciendo gran malestar entre el pueblo sevillano y pidieron al Papa que se pronunciara. En 1617 llegó una bula del papa Paulo V que, si bien no establecía la Inmaculada Concepción, sí daba la autorización para seguir con esa creencia, lo cual fue festejado en Sevilla.
Tras la guerra civil se reanudó la costumbre iniciada en 1927 por un grupo de jóvenes alumnos de los Luises, de visitar la plaza del Triunfo durante la media noche del día 7 de diciembre, para cantar la Salve y ofrecer flores ante la imagen del monumento a la Inmaculada dando origen a la costumbre de la visita de las tunas. Hoy se celebra un desfile del tercio de Olivares para conmemorar el milagro de Empel.
Durante los años republicanos, el monumento y la imagen sufrieron desperfectos en leves atentados, y en el Ayuntamiento hubo una propuesta para derribarlo. Después del verano de 1936, como reacción contraria a los años de persecución religiosa, fue el propio Cabildo municipal el que intentó darle carácter oficial al acto mariano de la plaza del Triunfo,
Con veinte año, Lorenzo Coullaut Valera emigró a Madrid en 1904 dejando en Marchena una familia acomodada y una profesión la de su padre, ingeniero, que se negaba a seguir. Los primeros años en Madrid pasó muchas penalidades según él mismo cuenta en una entrevista a la revista «Alrededor del Mundo» en 1928.
A los diecisite su padre lo mandó a estudiar a Nantes, y luego fue alumno de Susillo en Sevilla de donde huyó al quitarse la vida Susillo
Cuando llegó a Madrid Lorenzo Coullaut Valera no conocía a nadie. Su tío Juan Valera, diplomático, político y escritor, frecuentaba una tertulia donde asistían los hermanos Alvarez Quintero entre otros, pero Lorenzo aunque iba a esa tertuñia, entonces era una persona timida y no sabía relacionarse. Luego los dramaturgos de Utrera se convirtieron en grandes defensores del marchenero.
La penuria de Lorenzo llegó a tal extremo que ni siquiera tenia para pagar la acasa de huéspedes donde doría pero el sereno le dejaba dormir en la escalera. Así que pronto cayó enfermo, y como no tenía dinero para pagar medicinas un amigo suyo resolvió llegar algunos de los relieves a varios semanarios y dirarios, que se lo compraron para publicarlos a modo de ilsutración.
Con el tiempo Lorenzo logró progresar y se instaló en un estudio de la calle Torrijos, y nunca le faltaban los encargos y en la década de 1910 y 20 ya era un personaje célebre en Madrid, formaba parte de Unión Patriótica, y llegó a ser concejal en Madrid.
Con su carrera estabiliza de su carrera en torno a 1910 trató con asiduidad a otros marchenero el Obispo José María Salvador Barrera que entonces era Obispo de Madrid-Alcala. Lo sabemos por esta foto de 1915 en la que vemos a Montes de Torres, en el taller madrileño de Coullaut Valera modelando el busto de Salvador Barrera.
José Montes de Torres (Marchena en 1896 -1936) se fue a Madrid muy joven después de formarse en los jesuítas de El Puerto y pronto fue admitido como aprendiz en el taller del maestro Lorenzo Coullaut Valera. Tras su formación madrileña Montes volvió a Marchena para instalarse en su estudio en la calle Las Torres 7 hasta su muerte en 1936, asesinado. Sus obras diseminadas en coleciones privadas pudieorn verse en diciembre de 1992 en una exposición antológica sobre José Montes de Torres en la sala de exposiciones de la Caja de Ahorros San Fernando, Plaza del Ayuntamiento.
José María Salvador Barrera (Marchena-1851 Vigo, 1919) fue doctor en filosofía y teología, graduado en Filosofía y Letras y Derecho Civil, miembro de la Academia de Historia y desde 1905 Obispo de Madrid . Inauguró los seminarios de Madrid y Alcalá y un Montepío para el clero. En 1916 fue nombrado obispo de Valencia y defendió la doctrina social de la Iglesia. Está enterrado en la catedral de Valencia. Murtió repentinamente en Vigo en 1919.
El maestro Coullaut Valera también modeló el mausoleo de los padres del Obispo Salvador Barrera que hoy se puede ver en la iglesia de San Sebastián de Marchena.
En 1924 Lorenzo Coullaut Valera termina dos estatuas para Gobierno de El Salvador que fueron colocadas ese año en la fachada principal del Palacio Nacional de San Salvador cuyos bocetos originales están en el Museo Coullaut Valera de Marchena.
En 2016 Las estatuas de Cristóbal Colón e Isabel la Católica, frente al Palacio Nacional, amanecieron pintadas de negro, lo que podría considerarse un acto de vandalismo, enmarcada en la retirada de varias estatuas de Colón en Los Angeles y Buenos Aires. Las culturas indígenas están impulsando el cambio del dia de Colón o Día de la Raza por el dia de la cultura indígena en varios puntos de América.
Las dos esculturas miden dos metros de alto cada una, y fueron elaboradas en bronce y mármol por el escultor Lorenzo Coullaut Valencia, en su taller madrileño por encargo de Alfonso XIII para donarlas al pueblo salvadoreño, instaladas en el palacio de Gobierno de San Salvador el 12 de octubre de 1924 con la asistencia de las mas altas autoridades.
En 1924 el diario La Prensa de El Salvador publicó entrevista con el escultor marchenero realizada por Raúl Contreras.
El 6 de julio de 1924 fue el acto de entrega oficial, con la presencia del dictador Miguel Primo de Rivera, presidente del Directorio Militar que gobierna España; el encargado de Negocios de la Embajada de El Salvador en Madrid, Ismael Fuentes, y su esposa; y, en representación del rey Alfonso XIII,su secretario particular, el marqués de las Torres de Mendoza.
Coullaut Valera expresa que tiene un cariño especial a estas obras, ya que son las primeras de este tamaño en las que combina bronce y mármol como materiales.
«Ni el paso de los años hará que estas obras pierdan su color» dice Coullaut Valera que entonces acababa de ganar el concurso del Monumento a Cervantes en la madrileña plaza de España. Contreras expresa en su crónica que “El Salvador poseerá, sin duda, las más bellas estatuas de Isabel la Católica y Cristóbal Colón que hasta ahora se hayan hecho por manos de artista alguno”.
Cristóbal Colón e Isabel la Católica seguirán, casi un siglo después, frente al Palacio Nacional de San Salvador, en el mismo lugar en el que los ubicaron el 12 de octubre de 1924, expuestos al vandalismo y a la incultura –han sido restauradas en varias ocasiones–, y sin que nadie entre las miles de personas que cada día pasan a sus pies sepan que un día, antes de emprender su viaje en barco hacia América fueron un boceto que se conserva en el Museo de Marchena.
A la muerte de Lorenzo Coullaut Valera en 1932 su hijo Federico hereda el trabajo inacabado de su padre aunque se destaca por sus trabajos de imaginería.
Talló las imágenes de 30 pasos de Semana Santa todos en la zona de Levante en Orihuela, Cartagena, Cuenca, Hellín, Albacete, Almería y Úbeda.
Se crió en el estudio de su padre en una villa de la Granja de San Ildefonso donde solía acudir el rey Alfonso XIII de visita, rodeado de tallas de madera, estatuas de bronce y figuras de piedra además de los trabajos pervios del monumento a Cervantes de la Plaza de España. Con 15 años talló una de sus primeras obras, la Mater Salvatoris que anticipaba su estilo entre el neoclasicismo y el modernismo.
Además sus monumentos públicos se reparten por México, Estados Unidos, Alemania, República Dominicana y Bélgica.
Su trabajo más conocido es la victoria alada o ángel de Madrid (edificio Metrópolis) hecho en 1977, con seis metros de altura y 3000 kg de peso que representa a su esposa Concepción Terroba, con la que se casó en 1940 y tuvo tres hijos, Federico Beatriz y Lorenzo, el tercero de una saga de escultores.
La mayor herencia de su padre fue acabar el monumento a Cervantes de Madrid, haciendo 24 figuras de 4 metros de altura además de una réplica de Don Quijote y Sancho para una plaza en Bruselas, además del jinete andaluz en el Monumento a los Álvarez Quintero del Retiro de Madrid, cuyo modelo fue el jinete marchenero Antonio Montes.
Su obra en EEUU es estatal como una figura de Carlos III en Corpus Christi (California), en Los Ángeles y en la Embajada de España en Washington.
En España destacan sus monumentos a Pío Baroja, a Cervantes, a Felipe II, figuras en el Parque del Oeste de Madrid, un busto al músico e investigador de origen marchenero Enrique Iniesta, a Joselito El Gallo en Gelves, a fray Bartolomé Olmedo en Valladolid, al General Cassola en Hellín, a Franco en El Ferrol y a Diego Lainez en Almazán, Soria.
IMAGINERÍA
Su mejor obra, el Cristo de la Agonía de Cuenca
Lo que le hizo célebre en el levante español fueron sus aportaciones a la imaginería. En Cuenca destaca el Cristo de la Agonía (1946) según el escultor su mejor obra aportada la imagineria religiosa española por su estudio anatómico, que desfila el Viernes Santo y se ubica en la Iglesia del Salvador.
También en Cuenca dejó la Soledad de San Agustín (1947), Nuestro Padre Jesús de la caña (1947), Jesús orando en el Huerto 1967, y la Virgen de los Dolores.
El Prendimiento de Orihuela (1947) se compone de tres escenas distintas de un mismo pasaje bíblico, que procesiones Lunes y Viernes Santo, la Oración en el Huerto, la Negación de San Pedro con 9 imágenes más el paso que ganó el primer premio de la exposición nacional Iberoamericana de arte sacro y participó en la jornada mundial de la juventud de Madrid.
Nuestra Señora de los Dolores de Hellín (1940) fue su primera obra religiosa, pero la mejor fue su mejor Santa María Magdalena (1944) en palabras del escultor, su obra cumbre inspirada en la cara de su mujer.
En 1948 hizo el paso de la Verónica de Cartagena con Jesús Nazareno, Cirineo y Veronica. Para la Cofradía del Resucitado de Cartagena hizo tres pasos en 1948, la aparición a María Magdalena arrodillada, Jesús ascendiendo desde el sepulcro y Jesús partiendo el pan en una mesa sobre los hechos de Emaús.
En Almería hizo la imagen del Resucitado en 1960, en Úbeda, Nuestra Señora de la Esperanza, en Loeches Madrid, la Virgen de las Angustias y en Bilbao copia del Cristo de Medinaceli, en 1947.