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Historia

El documento que cita la existencia de un enterramiento de judeo-conversos en 1525 en Marchena

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Un documento de Diego Becerril Vicario de Marchena fechado 25 de Enero de 1525 confirma la existencia de un enterramiento de huesos «confesunos», es decir un enterramiento de judeo-conversos. 

Los dominicos se instalan en Marchena en Santo Domingo en torno a 1530 aunque ya venían a Marchena desde finales del siglo XV por su trabajo al frente de la Inquisición que en ese tiempo estaba centrado en el control de judaizantes y moriscos.

Becerril dice que el dominico Fray Alonso de Zayas,  hizo público que los Duques les habían dado en Marchena, un huerto propiedad de la Iglesia de Santa Maria -no especifica el lugar exacto- para construir el futuro monasterio dominico y se le pide a Zayas que entregue como vicario las citadas tierras a los dominicos.

Recibida del Duque la orden de entregar la huerta a los dominicos el Vicario se queja «porque yendo allí la orden de los Predicadores a quien la Santa Inquisición fue dada lo primero que hicieran fuera desenterrar los huesos confesunos que allí están enterrados y desterrar las hisopadas de agua que viene a echar un sastre en este pago de terreno sobre las sepulturas de sus antepasados. Y pues por no perder el templo y cobranza del huerto y las limosnas, sacerdotes y gentiles y conversos han hecho promesa (…) sobre quitarme la cera».

Los expertos explican que los enterramientos de judios o judeo conversos se ubicaban a la salida de la muralla. Por los datos que indica este documento podría tratarse del solar donde en 1530 se construye en convento dominico de San Pedro Mártir. 

El documento muestra el enfrentamiento entre el Vicario de la villa, máxima autoridad religiosa, y los dominicos que acababan de llegar a la ciudad para instalarse en el nuevo convento de San Pedro Mártir y muestra a los conversos como un grupo importante de la localidad.  Los conversos o cristianos nuevos eran mirados con desconfianza por los cristianos viejos.

Añade que «un niño que me sirve la misa algunas veces nieto del mesonero Vela, truxo el otro dia a unos rufianes de Gómez, que estaban en el huerto de San Miguel y cuando le preguntó porqué estáis aquí respondió uno que le dicen Benjumea dijo porque no nos vea el viejo ruín de tu amo».

Sigue diciendo «un cofrade dijo a Sánchez el carpintero que me dijese que me quitase de demandar la capilla y huerto si no temo que un dia me echen un rufián que me mate». «Hace año y medio que andan bramando contra mí por aventarme de los cristianos viejos que me oyen de buena gana».

Dice el Vicario Becerril que los Dominicos son «tan contrarios a lo que yo expreso en esta iglesia», que «han conspirado y declinado jurar diciendo que a San Pedro Mártir, que aunque fue hijo de judíos herejes, por santo y enemigo de ellos, ellos le mataron en asechanza». Añade que «no cesan de infamarme donde quiera que me tienen devoción en esta villa diciendo que eche estos sancteros de aquí por meterme en esta casilla que tenían».

Le pide al Duque: «Si algo le fueren a decir de mi que dañe mi honra no me condene sin ser oído» y añade «dos se ofrecieron y dijeron a un cofrade que acabaría con que vuestra excelencia me echase de San Miguel y aún de Marchena».

FUENTE: Dos cartas dirigidas al [I] duque de Arcos, [Rodrigo Ponce de León], tratando aspectos relacionados con esta Iglesia, con la capilla, el huerto, y la obligación de asistencia de los curas y clérigos a la misa que se hacía los miércoles a la «Limpia Concepción de Nuestra Señora». Marchena, a 20 y 21 de agosto de 1525. OSUNA,C.171,D.4-10. AHN. Archivos Estatales de España.

 

 

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Cultura

Cuando Murillo quedó fascinado con una pintura de Ribera

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Cuando Murillo estuvo en Marchena en verano de 1651, conoció entre las colecciones ducales una obra de Ribera -Virgen con  Niño- que el Duque había traído de Nápoles y se enamoró de ella hasta tal punto que la copió y le influyó en su propio estilo.

«Sólo pudo copiarlo ante un original y sólo pudo haberlo visto en Marchena o en Sevilla. Lo cierto es que le impactó y no lo olvidó nunca» indica Juan Luis Ravé, experto en Historia del Arte.

Ravé cree que el lienzo de Ribera pudo estar entre la producción artística que el Virrey de Nápoles, Rodrigo Ponce de León Duque de Arcos encargó a su pintor de cámara José de Ribera, pintor de los virreyes españoles ubicados en el Palacio real napolitano,  como también hiciera el Duque de Osuna con el mismo pintor.

«Es un Ribera poco riberesco. Porque en la madurez casi al final de su vida se hace luminoso. Conectando así con los gustos de Murillo que siempre lo admiró. Desde sus primeras obras se nota. Y este cuadro lo pudo ver muy pronto en 1651 y nunca lo olvidó» indica Ravé.

El original de esta obra se conserva en el Museo de Filadelfia. Está firmado por Ribera y fechado en 1646. Hasta su reciente restauración se leía 1648 pero la restauración ha adelantado a 1646, cuando el duque era el virrey. Hay una copia de gran calidad hecha por el taller de Ribera en la iglesia de Santa Isabel de Marchena y otra de menos calidad en San Andrés. Otra copia fue entregada por Murillo cuando entró en la hermandad de la Caridad de Sevilla.

«En Marchena hay dos copias o versiones lo que suele indicar que el original pasó por aquí» explica Juan Luis Ravé.  «La copia de Santa Isabel contiene lapislázuli, una piedra semipreciosa más fácil de adquirir en Nápoles. La que hizo Murillo para la Caridad no contiene lapislázuli. Era un pigmento muy caro».

Tras escapar de la rebelión de Massaniello, el Duque de Arcos se refugió en Marchena y mandó construir varios conventos como el de Capuchinos, que le habían salvado la vida en Nápoles. A cambio de recibir el cuerpo incorrupto de Sor Maria de la Antigua, Santa María y San Andrés. Este último tiene varias obras de arte de origen napolitano. Además en San Agustín de Marchena se conserva un lienzo de San Agustín, otra obra atribuida por Rave a Ribera.

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Historia

Agustín Ternero Ibarra, Alcalde de Marchena, Senador, Diputado y dueño de 70 fincas

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En el primer tercio del siglo XIX Marchena cambió para siempre al desmoronarse el antiguo régimen y al salir a la venta las tierras del Ayuntamiento, de la Iglesia y del Ducado.

Una decena de familias se hicieron entonces con el poder al comprar esas tierras. Eran los Torres, Ternero, Ybarra, Benjumea, Diez de la Cortina, Olmo, etc.

Casa de los Torres Ternero

Agustín Ternero Ibarra fue Alcalde de Marchena, vicepresidente de la Diputación, Diputado en Cortes y Senador por la provincia de Sevilla 1914, 1915, 1921-1922, 1922 por el Partido Coservador (1876 -1931).

Se convirtió en Alcalde de Marchena en Junio de 1891 hasta Diciembre de 1892. Fue Diputado Provincial en 1892, 1896 y 1901 por el distrito Marchena-Utrera, y Vice Presidente de la Comisión Provincial de Diputación en 1899 a 1901.

Calle_San_Pedro_Marchena

Agustín Luis nació el 25 de Agosto de 1854 en Marchena y su bautizo tuvo lugar en San Sebastian (Marchena). Su padre fue Mariano Ternero Benjumea y su madre fue María del Rosario de Ybarra Benjumea.  Sus abuelos paternos fueron Juan Ternero Olmo y María del Carmen Benjumea Vecino; sus abuelos maternos fueron Agustín Ybarra Ortiz y Ana Benjumea Vecino.

En 1912  declara tener rentas por valor de 24.574 reales, 1.400 fanegas de tierras de labor, 19 fincas en Marchena, 42 fincas en Arahal, más otras en Osuna y Paradas, y 100.000 pesetas en deuda del Banco de España.  También daba préstamos por valor de 75.000 pesetas anuales, que le reportaban unos beneficios anuales de 5.200 pesetas.

Este gran capital venía entre otros del matrimonio entre Juan Ternero Olmo (+1866) con Carmen Benjumea Vecino, nacida en La Puebla que vivían en las casas palacio de la calle San Pedro, de Marchena.

Agustín Ternero no fue el primer diputado a Cortes en Marchena.  Juan de Morales Diez de la Cortina fue diputado por Sevilla en 1834 y 1836.  José Torres Diez de la Cortina, fue elegido Diputado en Madrid en 1884 cuando se soltó un toro de cuerda para festejarlo y Alcalde en 1864.

Agustín Ternero Ibarra no sólo heredó una inmensa fortuna de su padre Mariano Ternero Benjumea. También sus relaciones familiares con los Benjumea, muy influeyentes en el Partido Conservador de Eduardo Dato, y Maura, que protegía los intereses familiares y se turnaba en el poder con el Partido Liberal, durante el caciquismo.

Los Ibarra convirtieron el homenaje al lider del Partido Conservador en Sevilla, Eduardo Ibarra González Alcalde de Sevilla en una demostración de poder el 12 de Noviembre de 1908 con la participación de las comarcas sevillas. La de Utrera-Arahal-Morón-Marchena estaba presidida por Agustín Ternero Ibarra y José Benjumea Zayas (Arahal) y la de Carmona-Lora por José Benjumea Cardeñas.

Con Maura al frente Gobernó durante las revueltas de 1909 (Barcelona) que protestaron contra el envío de reservistas pobres a la Guerra de Marruecos, poco antes de la I Guerra Mundial.

Agustín Ibarra Benjumea participó como Senador en las comisiones del ferrocarril Sevilla Dos Hermanas, en 1903 de la carretera de Sanlúcar la Mayor a Castillo de las Guardas.

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Historia

Spínola y otros apellidos genoveses llegaron a Marchena atraídos por los Duques

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Con la toma de control del señor de Marchena de Cádiz entre 1467 y 1493 los genoveses vivieron un gran auge. El cabildo gaditano estuvo entonces controlado por 21 comerciantes genoveses y uno judío

SABER MAS Emilio Martín Gutiérrez. Nuevos datos sobre la población y los genoveses en la ciudad de Cádiz.

Salvago, Melchor, Bonifaz, Doria, Casanova, Escanio, Spínola, Estucla, Uselo, Marciore, Machorro, Polo, Marrufo, Oberta, Picardi, Centurión. Los apelidos más destacados de Génova junto a la nobleza local sevillana como los Medina-Sidonia y Arcos, destacan en el comercio de aceite según THOMAS (2003), pp. 526, que hace una interesante descripción de los depósitos de aceite de Sevilla y provincia y su relación con las casas ducales.

En 1485 el arrendamiento de las rentas mayores de Cádiz estaba controlado por cinco genoveses (Jácomo Sopranis, Mateo Viña, Tomás Sauli, Juan Vivaldo y Francisco Adorno) por orden directa de Don Rodrigo y un judío Mosé Abén Semerro.  

Los genoveses consolidan un eje comercial desde Inglaterra, Francia, Italia, Africa del Norte, pasando por las costas italianas y propiciando un auge de los puertos andaluces y gaditanos como Rota, San Fernando y Chipiona.

A principios del XVI, los Ponce de León disponían de buques propios para dedicarse al comercio por el Mediterráneo, aliándose con los genoveses que ya trabajan para la Corona de Aragón.

En la obra Memorias históricas sobre la marina comercio y artes de la antigua ciudad de Barcelona, tomo IV cita que entre 1527 y 29 se registraron en Barcelona varios buques del Duque de Arcos procedentes de Cádiz. Las casas ducales más importantes de Sevilla como los Ponce de León tenían bajeles propios para comerciar.

En 1527 fondearon en Barcelona el galeón Genis de Meraver del Duque de Arcos con base en Cádiz y el Galeón Martín Chaveta también del Duque con base en Palamós.

Los genoveses juegan en la economía andaluza del siglo XV una función dinamizadora moderna y precursora del capitalismo, según David Igual y Germán Navarro en “Los genoveses en España”. Fueron pioneros en la banca a través de letras de cambio y giros dentro de la red de letras de cambio genovesa.

Avalados por el papado los genoveses se instalan en Sevilla desde el Siglo XIII creando un consulado comercial autorizado y favorecido por los monarcas castellanos y también se acercaron al poder y fueron socios preferentes de los reyes granadinos. El primer banquero de Sevilla Gaspar Centurione era genovés.

GénovaGenova, Italia.

Los Doria y Sopranis se especializaron en el comercio de aceite en el valle del Guadalquivir mientras que los Grimaldi se especializaron en el comercio de granos. Entre las mercancías tratadas por los genoveses figuran también el atún bajo aceite y sal, garbanzos, sal, vendidos a lo largo de todos los golfos del Mediterráneo hasta Génova.

Los mercaderes genoveses aparecen como intermediarios de la monarquía y nobleza en 1483 cuando el Rey Fernando pide por escrito al III conde de Arcos que ordene prender al capitán Domingo Gentil, genovés vecino de Cádiz y luego que lo envie a Sevilla, por un dinero que le debía al Rey.

Saldada la deuda los Reyes requieren de nuevo los serivcios del capitán Gentil en 1486 para que medie en la obtención de la primera canongía de la iglesia de Sevilla por Enrique de Guzmán, sobrino del III Conde de Arcos.

En 1524 ya hay genoveses al servicio del Duque de Arcos que aparecen citados en documentos ducales. Agustín de Pradola, mercader genovés, se encarga de cobrar unos fondos en relación a la condesa de Bailén, Blanca Sandoval como tutora de su hijo Manuel Ponce de León.

Una carta de la condesa de Bailén a Juan Fernández, alcalde de justicia de Marchena, «para que dé a Agustín de Pradola, mercader genovés, el dinero que libró a su favor el duque de Arcos. Granada, 1524». 

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Ambrosio Spínola y Guzmán fuer arzobispo de Oviedo, Valencia, Santiago y Sevilla (1632-1684) y tuvo rentas y capellanías por varios puntos de Andalucía entre ellos Marchena. 

En la iglesia de San Juan de Marchena Ambrosio Spinola tuvo una capellanía de 1646 al 48 por valor de 136.000 maravedíes. Tenía además rentas en Santa Bárbara de Ecija, tierras en Carmona, y otros lugares que sumaban un total de 400.000 maravedíes.

Su tio Agustín de Spínola macido en Génova y muerto en Sevilla fue obispo y hombre de estado al servicio de Felipe IV. Los Duques de Arcos llevaron el apellido Spinola desde 1729 a 1780.  La Plaza de San Juan se llama del Cardenal Spínola por Marcelo Spínola y Maestre, sacerdote, abogado y periodista, fundador de El Correo de Andalucía.

 
 

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Actualidad

Las obras de la ciclosenda puden sacar a la luz restos de la barriada Puerta Ecija, destruida en 1650

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Tras la tala de árboles de la finca El Parque la pasada semana y posterior manifestación de los ecologistas del Taller Verde ayer comenzaron a trabajar sobre el terreno los arqueólogos que serán los encargados de buscar y en su caso datar las estructuras que se encuentren en la zona donde hasta ahora no había ningún estudio arqueológico ni se sabe con certeza lo que puede aparecer. 

Una zona rica en restos arqueológicos tales como una muralla almohade, los restos de la barriada Puerta Ecija, destruida por orden del Duque en 1650, aljibes y canalizaciones subterráneas, -no se sabe si romanas, medievales o almohades- restos de muros del convento de Capuchinos, etc. Desechada la idea de rodear el recinto de la Finca El Parque mas allá de su muralla, los arqueólogos tendrán la difícil tarea de documentar los restos para que la obra pase por encima en una zona de la que no hay datos precisos, ante el abandono y ausencia total de estudios previos.

Y es que las obras de la ciclosenda pueden sacar a la luz algún resto que arroje más información sobre la barriada perdida de la Puerta de Ecija, que fue destruida por el Duque para construir un parque bajo su palacio. Aunque hasta ahora no se ha excavado nada, los documentos hablan de cómo era esa barriada. En cualquier caso si afloran restos no será para ponerlos en valor, solo para datarlos. 

 Sus calles se llamaban del Moral, calle del Regidor, o calle Juan de Úbeda. Allí también se ubicó la Puerta de Ecija de la que nada se sabe e incluso había una ermita llamada Ermita de Santa Justa. Todo enterrado bajo tierra en los últimos cuatro siglos. 

Rodrigo Ponce de León, en 1647 escapó de milagro a la rebelión de Massaniello siendo Virrey de Nápoles. Los frailes capuchinos, -que lo ocultan de la multitud con una capucha de fraile- le salvan la vida. A cambio funda un convento de capuchinos, -a modo de ángeles custodios- junto a su palacio de Marchena.

Por temor a las clases populares el Duque compró y permutó casas  y hazas del ruedo de la barriada Puerta Ecija que lindaban con el Palacio para eliminarlas y construir en el solar resultante, el parque bajo y jardines del Palacio Ducal, Convento y Huerta de Capuchinos.

Este barrio fue  levantado alrededor de la puerta de Ecija, puerta norte del recinto amurallado, de la que solo quedan los cimientos, hoy bajo la carretera de Carmona.  En 1649 se habían tomado para el Parque tierras o casas de más de veinticinco propietarios.

El Convento de Capuchinos. 

LO QUE DICEN LOS DOCUMENTOS SOBRE LA BARRIADA PUERTA ECIJA

Los habitantes del barrio de Puerta Ecija no tuvieron más remedio que vender sus casas y tierras. Muchas eran viudas. Otros eran pobres sobrevenidos como Francisca Jiménez, quien en 1650 reconoce que vende «por estar con mucha necesidad» porque su marido se había ido a América hacía cuatro años y no tenía noticias de él. Vende al Duque una haza de siete almudes, linde con el haza de la ermita de Santa Justa y haza de Francisco de Fontanilla.

La Calera del barrio se llamaba María Jiménez y estaba casada con Francisco Ginés y vendieron su casa el 3 de enero de 1638.

Otros tenían posición acomodada al calor de la Casa Ducal, como Fernando Guerrero, maestresala del Duque, a cuyas viuda Ana Andrade no le quedó más remedio que vender, en julio de 1649, para mantener a sus tres hijas Violante, Catalina e Isabel. Sus casas lindaban con las de Cristóbal de Mesa herederos de Juan García Valenzuela.

También algunos Ponce de León fueron obligados a vender, como Isabel de Rivera, viuda de Lope Ponce de León Zapata, que vende en 1651,un haza de seis almudes junto al camino de Ecija y Haza de Santa Justa. Ese año Ana Ponce de León viuda de Lorenzo de Saavedra y Guzmán y Francisco de Saavedra su hijo venden al Duque Rodrigo Cuarto, nueve almudes.

Dice el Duque en un documento de compraventa, «yo tengo comprados para el parque que hago junto a mis casas palacios algunas hazas en que se sembraba alcazer, de algunos conventos y capellanías y personas particulares a quien tengo que dar otras en su lugar y facer los consensos, como los tengo tratados» es decir a través de trueque y compra.

Pasaje desde el convento de Capuchinos al parque. 

Conocemos los nombres de algunas de sus calles, calle del Moral, calle del Regidor, o calle Juan de Úbeda. De la puerta de Ecija, que aproximadamente estaría al final de la calle Animas, salía el camino de Ecija, junto al que se levantaba la ermita de Santa Justa, igualmente desaparecida. Alrededor de las casas y la ermita estaba el ruedo, es decir pequeñas parcelas con explotaciones agrarias de alcacer: cebada para hacer pan y cerveza

Pasaje de Capuchinos al Parque. 

Todo esto marcado por los vestigios almohades que aún permanecen como el aljibe almohade y la muralla que lo protege o un pozo de noria igualmente islámico.

En la desaparecida calle Del Moral había casas cedidas por el Duque a  hermandades como la Veracruz y Animas de San Juan (hoy fusionadas) aunque el mayor propietario de la zona era el Conventos de San Francisco y en menor medida Santo Domingo. Sus casas se tomaron para construir el convento de Capuchinos.

En la «calle del Regidor» estaban las casas de Juan, viudo de Francisca de Benjumea, que lindan con las casas que fueron de Cristóbal de Mesa y de Bartolomé Jiménez Pajarillas que tenían un gravamen de 235 reales sobre el Hospital de la Misericordia. Fueron vendidas al Duque en enero de 1649.

En Junio del 2020 comenzó la exploración de los túneles y conductos subterráneos de Marchena, donde ahora se van a construir canalizaciones de agua y una ciclosenda revelando la riqueza del subsuelo de la finca El Parque. 

En la calle Juan de Ubeda había casas propiedad del colegio de la Compañía de Jesús, vendidas en 1649 por el procurador de los Jesuítas que lindaban con las casas de Bartolomé Jiménez, y solar de Bartolomé de Cárdenas.

Las hazas alrededor de la barriada, en general de pequeño tamaño pasan a ser del Duque. La haza del rodadero que se había dado en trueque a Tomás de Hurtado en 1635 o el Haza del Recalcón, en la Puerta de Carmona, propiedad del convento de la Concepción (1650) y entregada al Duque a cambio de  un censo de 240 reales que pagaban a su hacienda Antonio Gil y su mujer impuestas sobre sus casas en la calle de la Puerta de Osuna.

El haza de la media luna era de Pedro de Abadía, y la de la media legua de don Luis de Castañeda en el camino de Carmona, con 45 fanegas que lindaba con la viña de María de Navajas y el cerro de La Higuera.

Clérigos y conventos tenían tierras junto a Puerta Ecija, como las monjas de Santa Clara, 13 fanegas, Francisco de Guillena Manjón familiar del Santo Oficio en nombre de Gaspar de Torres, capellán, una fanega. Gaspar de Torres Capellán permutó con el Duque una haza de una fanega y a cambio consiguió otra haza en la calzada del Matadero, que estaba junto a la fuente de las cadenas.

Junto al camino de Ecija estaba la Haza de Santa Justa y la ermita del mismo nombre. Junta a ella Graciana de Alarcón y Vera y su hijo Pedro de Saavedra tenían otra haza.

Gaspar de Torres Capellán permutó con el Duque una haza de una fanega de sembrar alcacer y a cambio le dió otra haza en la calzada del Matadero.

Francisco de Guillena Manjón familiar del Santo Oficio en nombre de Gaspar de Torres, capellán de la capellanía creada por Martín de Montalván y residente en Córdoba entregó el 8 de mayo de 1651  «una haza de una fanega de tierra de sembrar alcacer en el ruedo de esta villa a cambio de trocarla por otro».

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Historia

Cuando Pepe Marchena reunía a cantaores y guitarristas pobres en Navidad

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Pepe Marchena murió el 4 de diciembre de 1976 a los 73 años en una clínica de Sevilla. A su multitudinario entierro en Marchena acudieron las más importantes personalidades del flamenco. Durante décadas en Marchena se  han organizado actividades en recuerdo de Pepe Marchena con motivo de su fallecimiento.

Todos los años, la noche de Navidad, Pepe Marchena reunía en su casa de Madrid o Sevilla a cantaores y guitarristas pobres. «A los oscurecidos ya, a los que quedaron con la garganta seca» tal y como recoge una Entrevista realizada por el cantaor Pepe Marchena a Felipe Morales en La Voz el 10 de diciembre de 1935.

«Si hay dinero, bien; y si no lo hay, se empeñan los trajes y las joyas o se deja a deber. Pero a las doce en punto, el Niño de Marchena, vestido de frac, sirve una mesa en su casa, llena de jubilados del cante Jondo.

Acuden también varios amigos. Se bebe y se come. Entre plato y plato surge el cante de todas las esquinas de la mesa. «Ayayays» prolorgados, pero que no pueden seguir las ondulaciones rítmicas por falta de voluntad o de facultades; gritos y recuerdos. Se cantan las glorías pasadas y aun algunos quieren poner el gallo.

—Yo he cantao delante de los infantes. Y el Niño de Marchena, lleno de nostalgia, recuerda los días en Sevilla, cuando, rodeado de turistas ingleses, cantaba saetas a la Virgen de la Macarena.

—Créame—nos dice—, aquella vida era más alegre que la que hoy llevo. Entonces cantaba por un puñado escaso de calderilla. Nunca tenía dinero. Y ahora, cuando ya los números se ponen delante de una fila de ceros, sigo siendo tan pobre como entonces. Con la diferencia de que antes era uno más libre.

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Historia

El origen del nombre del Arco de la Rosa: el altar de la Virgen de la Rosa

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La leyenda del Arco de la Rosa es eso; leyenda, y como tal, falso. La auténtica razón del nombre de este monumento es que había una Hermandad de la Virgen de la Rosa que tenía en él una pintura del mismo nombre.

La Puerta de Sevilla es una de las principales puertas de la muralla de Marchena, que comunicaba el casco antiguo con el camino de Sevilla que era uno de los caminos más transitados de la provincia y el más usado de los de Marchena. Puerta de Sevilla es el nombre primitivo con el que se conocía a este monumento, pero el nombre que ha llegado a nuestros días es el de Arco de la Rosa.

Este nombre viene porque sobre el Arco estaba instalado un altar a la Virgen de la Rosa que se encargaba de mantener la hermandad del mismo nombre.

La pintura de la Virgen de La Rosa estaba ubicada en dicho arco y hoy existe una similar en el despacho de la Alcaldía del Ayuntamiento de Marchena.

La Hermandad de la Virgen de la Rosa pidió al Ayuntamiento realizar unas obras de consolidación del altar en 1760 debido a que el monumento en sí y la muralla estaban en mal estado. Por su céntrica ubicación y por la existencia de aguas subterráneas en la zona, el Arco de la Rosa necesitó constantes reparaciones y reformas.

En 1760 el Ayuntamiento realiza un reconocimiento en el arco de la Rosa y muralla que da a la calle San Juan «y que baja a la carnicería de la plaza de abajo y pescadería». Los alarifes municipales Nicolás Carretero y Nicolás Luna escriben un informe donde dicen que la muralla en aquella zona amenaza ruina si no se le hacen obras a tiempo. Las obras se terminaron el 17 de enero de 1761 gastando 2617 reales según la obra Arquitectura Civil del XVIII de Juan Antonio Arenillas.

Según el acta capitular del 17 del 7 de 1713 el retablo de la Virgen de La Rosa se encontraba ubicado encima del arco de la puerta de Sevilla.

«La villa acuerda conceder licencia a la Hermandad de Nuestra Señora de La Rosa cita en el retablo que está encima del arco de la puerta de Sevilla para que pueda meter dos vigas por por más abajo del arco en la clave abajo y para ello hacer los agujeros en las paredes sobre que cargar los pilares del arco para más decencia y veneración de la imagen y sin causar prejuicio alguno como consta del parecer dado el 30 de mayo de este año de Alonso Moreno maestro mayor de obras de la hacienda del Duque».

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