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“Ahora madre, entiendo tu manto”: María Hurtado conmueve a Marchena con un pregón tejido de fe, memoria y verdad

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Hay instantes en los que las palabras rompen en lágrimas, y otros en los que se hacen carne en los corazones de quienes las escuchan. Este domingo, en el templo abarrotado de San Juan, María Hurtado Bellido no ofreció solo un pregón. Abrió el pecho, remangó el alma y se colocó su túnica morada, no de tela, sino de verbo. Fue el atril su cruz, y la voz, la guía de una Marchena que ya huele a cera y azahar.

Desde la primera palabra hasta el último amén, María no dejó a nadie fuera. Habló a los cofrades y a los descreídos, a los que rezan cantando y a los que esperan en silencio. No lo hizo desde la superioridad, sino desde el suelo gastado de quien ha caminado todos los Viernes Santos. Su pregón fue, como dijo en sus propias palabras, “una levantá inmortal hacia ese balcón del cielo que brilla de manera perpetua en nuestros corazones”.

María habló con voz de nieta, de madre, de hermana y de Verónica. Recordó aquel año 2013 cuando cumplió su sueño de salir en la mañana del Viernes Santo y, justo ese día, su abuela Conchita partió al cielo. “Ese día no fue un día más en tu vida, María. Tu abuela también había cumplido un sueño”.

 Desde el primer instante, quiso comenzar donde todo empieza: en la Caridad.  “Herederos del buen Miguel Mañara”, recordó María, “con más de 375 años del aniversario de su fundación, han amparado al desamparado cada Domingo de Ramos, cuando el sol brilla sobre nuestros cuerpos”. Y evocó con una intensidad casi litúrgica el gesto solemne de esos hermanos de riguroso luto que, “caracterizados por un brazalete azul donde portan su escudo y una actitud seria propia de los más prudentes”, acompañan el féretro con una fidelidad inquebrantable. Para la pregonera, no se trata solo de una procesión: “Podemos escuchar uno de los sonidos más característicos del Domingo de Ramos: la esquila que acompaña el féretro que portan sus hermanos en el discurrir desde Milagrosa hacia San Sebastián”.

 “Hermano de la Santa Caridad, a medida que escuches más de cerca el sonido de esa campanita, más próximo estará el momento de que seas tú el siguiente en tocarla”, proclamó, con una ternura que solo la experiencia puede dar. 

“No hay banda, ni palio, ni palmas, ni claveles. Hay cera, hay cruz, hay compostura”, dijo, reivindicando lo esencial. Porque si en otras cofradías hay esplendor, en esta hay hondura. “La Santa Caridad no necesita pregón. Su ejemplo habla por ella”. Pero ella lo dio. Y lo dio bien. Con voz emocionada, recordó que “esta hermandad no solo desfila: acompaña, consuela, acoge, vela a los que parten y reza por los que quedan”. 

 Para María, la Caridad es más que una cofradía: es la raíz misma del Evangelio. “Hay hermandades que brillan con luz de cera, otras con luz de plata… pero la Santa Caridad brilla con la luz del servicio”. Por eso, su agradecimiento fue explícito, sin rodeos: “Gracias por cuidar a los que ya no están, a los que sufren, a los que nadie ve”.

Y cerró su evocación con la mirada puesta en lo eterno: “El Domingo de Ramos comienza con muerte, pero no con desesperanza. Ellos nos enseñan que todo final es también comienzo”. Por eso, “esta levantá va por todos los directores espirituales que nos acompañan durante todo el año a través de los cultos para alimentar nuestra fe”, y también por aquellos que, como los hermanos de la Caridad, “trabajan sin descanso para hacer visible lo invisible”.

Y así nos llevó a su infancia, cuando, con la impaciencia desbordada, pedía a su padre que la llevara a San Agustín. “Papá, venga, vamos ya para arriba que sale la Borriquita”, recordaba con una sonrisa casi infantil. Allí, entre la expectación del templo y el nervio en la garganta, aguardaba ese instante único en que se abren las puertas y comienza la vida pública del Señor. “Allí esperando al momento de mayor tensión, pues el miedo a esas edades no existe. Papá, que están de rodillas, que están desmontando el paso, que están bajando al Señor…”.

“Abrir el paso. Os traigo la salvación”, proclamó María, haciendo suyas las palabras de un Dios que se baja del cielo para jugar con sus hijos. “Es muy sencillo: escucharme y acompañarme. Acercaros a mí. Soy nuestro Padre Jesús de la Paz, montado en una borriquita, y vengo a salvar al pueblo de Marchena”.

El pregón se convirtió entonces en catequesis para los pequeños, en voz materna que susurra esperanza: “Niños y niñas de este pueblo, id a vuestras casas, corred la voz, que salgan todos a verme. Avisad a vuestras abuelas, que todos se vistan con sus mejores galas. A vuestros padres, decidles que os dejen estar por la calle junto a mí, que no pasa nada. Es el día de la Paz en Marchena”. Porque este día no es solo un comienzo litúrgico: es un renacer espiritual, un estallido de fe que convierte las calles en una nueva Jerusalén.

Con ternura dirigió esas palabras también a sus propios hijos: “Jesús y Jorge, hijos míos, ¿habéis escuchado el mensaje que el mismo Dios que ha bajado a la tierra ha dicho? Confiad, tened fe y amad desinteresadamente. Poneos en sus manos y agarrad fuerte esas ramitas de olivo que tienen la savia de la salvación. No las soltéis y no olvidéis llevarlas cada año después de misa a vuestras casas. Ponedle el lacito que más os guste, pero amarradla bien fuerte: tiene que durar todo un año”.

Desde ese instante del pregón, Marchena entera se vio montada en ese pollino, como si cada palmo de calle fuera una nueva bienvenida al Hijo de Dios. Y en la voz de María resonó el gozo de quien ha aprendido que la infancia no es una etapa, sino un don espiritual. Porque cada vez que sale la Borriquita, los que fuimos niños volvemos a serlo.

Y así, con la paz como estandarte, María nos recordó que la Semana Santa no empieza el Domingo de Ramos. Empieza mucho antes, en las miradas limpias de los niños, en los altares de cartón, en la rama de olivo que tiembla al viento… Y en el corazón que se prepara, año tras año, para volver a decir: “Papá, venga, que sale la Borriquita”.

Hay imágenes que no necesitan música para conmover, ni lágrimas para hablar. Basta con su andar sereno. Así es la Virgen de la Palma en la voz y en el corazón de María Hurtado, que la evocó en su pregón con la reverencia de quien ha sentido su consuelo tras la estrechez de la vida. “Madre de la Palma, eres madre de los que viven en acción de gracias. Llénanos este bonito día de algarabía”, dijo, iniciando con una súplica jubilosa lo que muy pronto se convirtió en letanía de devoción.

La estrechez del cancel de su iglesia fue imagen del alma que se prepara para acoger lo inmenso. “Tras la estrechez, aparece la calma. Palma, después de tu salida el pueblo impaciente te espera. El cancel está abierto. Comienza la Semana Grande y con ella uno de los mensajes: Dios aprieta, pero no ahoga”. Y en esa imagen de puertas que se abren está el símbolo del alma que se ensancha, del pueblo que espera, del milagro que comienza.

María supo captar ese contraste entre el rostro sereno y la hondura del mensaje. “¿Qué hay en tu mirada, Palma? ¿Dónde escondes tus lágrimas?”, se preguntaba, y cada palabra parecía buscar cobijo entre los entrevarales de ese palio que, año tras año, vuelve a tejer la esperanza con hilo de oro. “Los entrevarales son como los barrotes de las ventanas: están hechos para asomarnos a verte”, dijo, con una sencillez estremecedora.

Cuando el alma se arrodilla y el cuerpo detiene su prisa, es porque el Señor de la Humildad ha pasado.  María Hurtado, en su pregón de la Semana Santa de 2025, no solo recordó la escena; la vivió de nuevo con la emoción intacta y la convirtió en espejo de tantas vidas marcheneras. 

“Señor de la Humildad, una escuela de paciencia nos das”. Una lección aprendida en silencio, en los días lentos, en las noches largas, en los hospitales y en las salas de espera, donde “tus fieles desesperan sentado, como tú, en la piedra dura de la vida intentando comprender su rumbo”.

El Señor de la Humildad se convierte así en compañero de viaje, en intercesor del que no tiene fuerzas, en consuelo del que no entiende. “Junto a ti visitéis los hospitales, la residencia, las salas de espera…”. El lenguaje se volvió íntimo, casi confidencial. El tono del pregón descendió al susurro, al tú a tú de quien habla con su Dios en lo más profundo del alma.

Pero no se detuvo ahí. María hiló esta devoción con otra tradición muy marchenera: la saeta. “Una escuela de saetas, esa en la que se enseña a orar con una entonación que nunca falla, la que se canta desde el alma, la que está orada desde la autenticidad y con un pregón de un ángel desde ese balcón que sagrado parece estar afinado de año en año”. La saeta no es aquí un adorno musical, sino una plegaria que se eleva como incienso desde los balcones al cielo.

Hablar del Señor de la Humildad, es hablar de una enseñanza sin estridencias, de un ejemplo que no necesita alarde, de una presencia que sana sin tocar. “Regresa a tu templo con tu centuria detrás y no dejes nuestras vidas nunca en el azar. Pues hágase según tu voluntad”, concluyó María, dejando la oración como última palabra, como única respuesta posible ante el misterio de un Dios que se detiene para mirar al hombre desde su mismo nivel.

Hay una esquina de Marchena donde cada primavera se mece una novicia entre naranjos y flores. La Virgen de los Dolores no camina sola: la acompañan los suspiros de generaciones que han buscado en su rostro el consuelo a penas antiguas y recientes. María Hurtado lo expresó con palabras suaves y estremecidas, con la devoción de quien sabe que el dolor, cuando se ofrece, también puede ser redentor. “En el barrio de Santa Clara hay una Virgen con una mirada infinita y suplicante hacia el firmamento”, dijo. Y con esa frase abrió la puerta de un convento que es también refugio del alma.

Ella está “con un pañuelo colgando que casi te lo da si se lo pides”. Esa imagen sencilla –una mano tendida, un paño dispuesto a secar lágrimas ajenas– resume siglos de devoción popular. “Está esperándonos para consolar esas lágrimas que seguro que hoy no saben a sal, pues ya se ha encargado ella de quitarles ese mineral”.

El peso del pueblo está en ese pañuelo. “¿Cómo podemos pedirte tanto?”, se preguntó la pregonera, con una humildad desarmante. “¿Qué cansada tienes que acabar cada Miércoles Santo? ¿Cuánto pesa ese pañuelo sobre el que has absorbido todos los dolores de tu pueblo?”. Es la maternidad espiritual llevada al extremo: una madre que recoge, que escucha, que carga con lo que los demás no pueden.

En esa noche silenciosa de primavera, María reconoció que “madre dolorosa, es normal que mires al cielo en busca de tu consuelo”, pero le pidió algo más: “Baja tu mirada, que tus hijos queremos quitar la daga que atraviesa tu corazón, esa que profetizó el viejo Simeón”.

Hay nombres que se pronuncian con ternura. Nombres que no pesan, que no hieren, que no exigen. El de Jesús, cuando es niño, se dice con la suavidad con la que se acaricia un recuerdo, con la delicadeza con la que se habla de la infancia. Así lo proclamó María Hurtado en su pregón, elevando al Dulce Nombre de Jesús a la altura de un símbolo universal de consuelo y fortaleza: “Dulce Nombre de Jesús, siento la incongruencia de tu pronombre: ¿cómo puede ser dulce el que sabe, con tan pronta edad, lo que le espera?”.

Y sin embargo, lo es. Porque en ese rostro de niño con mirada sabia se concentra la ternura de Dios encarnado. “Tu nombre es dulce, y eso se refleja en la miel de tus labios”, dijo María, evocando la imagen de un Jesús que no teme, que se ofrece, que se entrega desde su inocencia.

Hablar del Dulce Nombre es hablar del primer asombro, del descubrimiento infantil de lo sagrado. “Aún recuerdo cómo te miraba de niña a niño”, confesó la pregonera. “Me fijaba en la pequeña crucecita de plata, la misma que después en madera yo portaría el Viernes Santo por las mismas calles que tú habías pisado”. Esa coincidencia entre la mirada del pasado y la vivencia del presente unió en una sola emoción a la niña que fue y a la mujer que ahora pregonaba.

María comprendió la paradoja de este Niño-Dios, que a pesar de su aparente fragilidad “tiene una mente de un diamante irrompible hacia el amor más puro y brillante que existe: el amor de Dios”. En esa contradicción entre niñez y divinidad, entre dulzura y sufrimiento, reside la grandeza de su imagen, y así lo expresó con una ternura que emocionó a todo el templo: “No llores, Dulce Nombre de Jesús, que todos los niños y niñas de tu pueblo te están mirando, te están ayudando”.

Y con un gesto de esperanza, selló el legado de generaciones: “Hoy los costaleros que te llevan son los mismos niños ya hechos hombres, y con la ayuda de tus ángeles, a pulso te elevarán al mismo cielo”.

Desde lo alto de una azotea, en un rincón que roza el cielo, una niña lanzaba su primera petalá sin saber que estaba sembrando una devoción que años más tarde haría florecer con palabras. Así nacía el amor de María Hurtado por la Virgen de la Piedad. “Desde la azotea de Cayetano veía de pequeña la salida del Dulce Nombre y desde allí también le ofrecía una petalá a la Virgen de la Piedad”, confesó con voz de memoria emocionada.

No hay calle en Marchena más silenciosa que aquella por la que pasa la Virgen de la Piedad. No hay rincón más íntimo que su paso lento, medido, donde todo parece pararse para dejar que el pueblo respire su consuelo. “Si te mecen, déjate llevar, Piedad es nuestra manera de que puedas andar”, proclamó María, poniendo en boca del pueblo ese susurro que se convierte en plegaria cuando Ella aparece.

La oración siguió fluyendo, tejida como los bordados de su manto: “Si te levantan al cielo, déjate llevar, Piedad es la manera de hacerte volar”. Porque esta Virgen no solo camina, no solo llora: se eleva. La eleva su pueblo, que la sostiene con amor callado, la mece con ternura infinita. “Si te rezan en silencio, déjate llevar, Piedad es nuestra manera de tus penas quitar”.

El Jueves Santo en Marchena no comienza en el reloj, sino en el corazón de quienes esperan que se abra el portón franciscano. De allí sale cada año, envuelto en lirios morados y recogimiento, el Cristo de la Santa y Vera Cruz, llevando consigo la memoria de generaciones que han hecho de este paso una oración viva. María Hurtado, con la emoción serena que da el amor antiguo, abrió su evocación con una confesión sincera: “Cuando habla mi corazón de la Vera Cruz, habla de recuerdos, sobre todo aquellos que guardo con un cariño muy especial”.

En su niñez, María deseaba ser costalera, pero en aquellos años no se podía. Así que se conformaba “con ir a los ensayos y llevar la radio”, porque lo importante no era el rol, sino estar cerca del Señor que camina entre sombras y cal. 

La Vera Cruz, para María, no es una cofradía más: es la cofradía de su familia materna los Bellidos. Ess casa el Jueves Santo se convertía en una casa hermandad, «donde las túnicas de mis primos estaban muy bien colgadas y planchadas en los muebles del salón de cada casa”. 

 “El Jueves Santo en Marchena todo parece transformarse”, proclamó la pregonera. “La noche se oscurece, el cielo comienza a eclipsarse ante tu inminente muerte. Se abre un portón en la capilla franciscana, donde en el cancel espera un nazareno que porta esa peculiar cruz de guía”.

En ese momento, Marchena se vuelve un templo al aire libre. “Suena cornetas y tambores y una rampa de madera sobre la que rachean suavemente con un poco de cuerpo a tierra”, y Él baja “camino del barrio más monumental, entre esquinas que se retuercen, muy padeciente, coronado de espinas y la sangre derramada”. La marcha no es música, es latido; la cera no es luz, es lágrima; y el paso no es madera, es altar: “Una elegante levantá a pulso siempre te eleva, esas trabajaderas sagradas que rachean suavemente y que rezan sin parar en una noche que parece que no tiene final”.

María describió el instante en que la silueta del Cristo se proyecta sobre las paredes blancas del barrio, como una aparición: “De repente, por las paredes encaladas previamente, una silueta se refleja del Señor que pasa por tu casa. Verte. ¡Cuánta elegancia hay en tu barrio! ¡Qué silencio tan solemne!”. Porque si algo distingue a la Vera Cruz es el recogimiento que envuelve su discurrir, la sobriedad que no necesita ornamento, el rezo callado que no exige respuesta.

Hay nombres que no se pronuncian, se respiran. Nombres que no hacen falta decir en voz alta porque ya viven en el corazón. Así es la Esperanza en Marchena: no necesita presentaciones ni alardes. Basta con mirarla para entender por qué su manto verde no es un color cualquiera. “Dicen que el color de la Esperanza no es un verde normal”, explicó María Hurtado. “A mí me recuerda al verde del mar”. Pero no a un mar en calma, sino al mar que lucha, al que no se rinde. “El mar revuelto, ese que arrastra toda la arena del fondo cuando rompe la ola, justo ese es el color”.

Así la sintió la pregonera desde niña. No como un símbolo decorativo, sino como una necesidad vital. “La Esperanza te tripula para poder navegar, allá en tu fondo más profundo que te arranca el alma sin avisar”. Y como quien se aferra a una tabla en mitad del naufragio, elevó su canto: “Cuando la mar esté revuelta, a cara a cara mírala: es la Esperanza la que te salva de la deriva en alta mar”.

Por eso, la Esperanza de Marchena no es simplemente bella. “No vas a ser bella, Esperanza, tienes que serlo por necesidad”. Porque cada mirada busca en Ella una respuesta, un consuelo, un sí o un no que cambie el rumbo de una vida. “Sino, ¿cómo te miramos esperando encontrar la respuesta a ese sí o a ese no que ansiamos escuchar?”.

En esa mezcla de ternura y fortaleza, María fue desgranando su oración íntima: “Bella es la Esperanza que de verde tiñes el mar cuando la ves pasar, va demostrando un no sé qué que te sacia cuando se va”. Porque verla no basta. Se necesita, se ansía, se espera. “Bella es la Esperanza que de verde tiñes el mar del que anhela encontrar los vaivenes de la vida que aparecen cuando no los sabemos tolerar”.

La pregonera describió con palabras sentidas esa conexión íntima entre la Virgen y su pueblo, donde cada uno lanza plegarias en silencio. “Miras para abajo, para nuestros ojos encontrar esas plegarias que te lanzamos y que en ti la respuesta está”. Y entonces se comprende que Ella, coronada y serena, no está solo para embellecer una calle, sino para sostener un alma. “Bella es la Esperanza, esa que porta alfajín de Capitán General y coronada está, la que navega sobre un palio estrellado hecho de terciopelo y plata, impregnada en nazar, y llevas más de 20 años siendo Reina de Marchena, de la cristiandad y de todo el mar”.

Hay imágenes que no se nombran sin estremecerse. Y en Marchena, si hay un nombre que agita las entrañas del pueblo entero, ese es el de Nuestro Padre Jesús Nazareno. El Señor que no se menciona, se reza; el que no se mira, se sigue; el que no se explica, se siente. Y eso hizo María Hurtado: sentir. “¿En serio? ¿No me lo puedo creer? ¿Y ahora qué hago?”, se preguntaba recordando el instante en que se encontró frente a Él, tras veinte años de espera en una lista “que parece ser eterna para ponerme por un instante frente a ti, cara a cara”.

Su voz, que tantas veces se quebró a lo largo del pregón, pareció quebrarse aún más cuando pronunció esas palabras: “Ese día no sabía si hablarte desde mi tristeza o desde el agradecimiento”. Porque el día que María se revistió de Verónica fue el mismo día en que su abuela Conchita se despidió de este mundo. Y no, no fue casualidad. “Tú decidiste que yo, vestida de Verónica, justo ese día ascendiera a ti”.

Aquella escena no fue solo un rito ni un sueño cumplido: fue un abrazo entre generaciones, un gesto de la Providencia. “Tu rostro yo limpiar o tú el mío. A mí no podía estar nerviosa ese día, solo quería hablar contigo y que me explicaras qué es lo que pasaría”. Y en ese diálogo íntimo entre nieta y Señor, entre túnica morada y paño blanco, se selló una alianza de vida entera.

“No vi a mi abuela desde el balcón viendo pasar a su nieta, sino que fui yo la que la acerqué a ti al balcón infinito del cielo”. Y en ese gesto, María comprendió algo esencial: que cuando Dios está por medio, no hay casualidades, solo misterios que se revelan con amor.

No es extraño que su camino nazareno lo viva como una misión. “Por eso camino descalza y de morado, desde San Miguel, cuando las puertas están de par en par, un Viernes Santo de madrugada, bajo un cielo estremecido de gargantas que se rompen a rezar”. Porque seguir a Jesús Nazareno no es solo vestir la túnica: es descalzarse del mundo, entregarse sin medida, fundirse en cada chicotá con el latido de su pueblo.

Con la emoción contenida de quien ha sentido esa madrugada en la piel, fue relatando cada recoveco del recorrido, cada paso que Él da por las calles de Marchena. “Bajo una luna llena primaveral, camino descalza y de morado, siguiendo una cruz de guía bajando de la Rabal”. Esas calles, que de día son barrio, en su paso se hacen santuario: Plazuela del Topo, calle Estudio, calle Sevilla, San Sebastián, Milagrosa, Santa Clara… “Calle Sevilla, que no sube, que reza por la paz bajo una palma merced y pilar”.

Y en ese discurrir lento, fatigado, arrastrando la cruz, María descubre que no solo camina Jesús. Camina el pueblo entero con Él, cada cual con su herida, cada cual con su fe. “Camino descalza y de morado hasta llegar al más sagrado altar del Monumento, donde está Jesucristo ya no muerto, sino vivo”. Porque Jesús no cae, se arrodilla. No se cansa, se entrega. “Tú que caminas, tú que no te paras, tú que no te cansas y el que nos miras cara a cara”.

Hay lágrimas que no se ven, pero que mojan por dentro. Lágrimas de sal y de silencio, de fe y de desahogo. Lágrimas como las de María Santísima de las Lágrimas, que no brotan solo de sus ojos tallados, sino de todos los que la miran. María Hurtado, con la emoción desbordada, se dirigió a Ella no como pregonera, sino como hija, como mujer, como madre, como alguien que un día descubrió que aquellas manos abiertas no solo recogían súplicas: también sostenían vidas.

“Virgen de las Lágrimas, tengo que pedirte perdón por haberte dado de lado durante tantos años”, confesó con humildad, reconociendo que sus miradas y sentimientos “se concentraban en tu Hijo primero”. Pero la vida, con su manera extraña de ponernos en nuestro sitio, hizo que fuese precisamente Ella quien la tomara de la mano en uno de los momentos más íntimos y reveladores. “Me pusieron junto a ti. Mejor dicho, en tus manos. Siempre abiertas se quedaron desde entonces, como hacen todas las madres”.

Ese instante, que quedó “fosilizado” en el corazón cofrade de la pregonera, ocurrió cuando estaba embarazada de su hijo Jorge. “Con uno de mis hijos en mi vientre pude acompañarte al son de la misma marcha que hoy aquí ha acontecido: Amarguras, Fondeanta”. La misma marcha que abría el pregón y que ahora regresaba para abrazar la memoria de aquella noche. “Lo admito: estaba algo triste de no poder hacer mi estación de penitencia ese año. Aunque lo intenté, me puse mi túnica, pero solo aguanté hasta pasar el arco”.

En su interior, una vida latía, y afuera, otra Vida —la de la Virgen— se desbordaba en compasión. “Qué mágicos son los momentos”, dijo, cuando, “a la voz de un Jorge costalero al mando de su capatá, daba voz a otro Jorge, el de mis adentros”. Porque no todas las lágrimas son de tristeza, y María supo reconocerlo: “También las hay de agradecerte, Virgen de las Lágrimas, que tu amargura se desvanece y la vida resurge al pasar y verte”.

De ese dolor hecho belleza brotó una descripción que conmovió a todo el templo: “Ahora, Madre, entiendo tu manto. Tu manto azul, de azul cobalto. No va a ser de otro color si está lleno de penas y de llanto”. Un manto que no cubre solo una imagen, sino que arropa a todo un pueblo. “Lo llenas tanto y tanto que es el océano de Marchena cada Viernes Santo”.

Y como ola tras ola, sus palabras se hicieron poesía. “Ahora, Madre, entiendo tu manto: de Nazarenos ahogados entre el dolor acumulado de los porrazos que la vida te golpea cuando menos estás preparado”. Ese manto, dijo, recoge las lágrimas de las madres que luchan en silencio, “de las que los vaivenes del día a día te consumen más todavía y esperan a verte para desahogar su agonía”.

Hay imágenes que parecen detenidas en el tiempo. Y otras que, aunque inertes, respiran. El Santísimo Cristo de San Pedro no camina, pero avanza en el alma de quien lo contempla. Así lo vio María Hurtado cuando, con la voz encogida, narró su primer reencuentro con Él al saber que sería pregonera: “¿Cómo no sentir ese dolor, Santísimo Cristo de San Pedro, al verte pasar a través de las calles estrechas, donde el silencio se rompe con el crujir de tu madera y el rachear del esparto sobre el suelo desgastado, al eco de tu ‘Miserere’ y entonaciones de quintas y sextas?”

En ese momento, lo esencial no fue hablar, sino ver. “La primera hermandad que fui a visitar fue esta”, confesó, “y ¿qué vi? Vi a ese Cristo que está allí, a lo lejos, en Santo Domingo, fundido en madera. Madera convertida en talla. Talla traducida a vida”. Porque en Marchena, el arte no es adorno, sino dogma: las imágenes respiran y sangran, y el Cristo de San Pedro es prueba de ello.

Fue en una visita posterior cuando la pregonera se atrevió a mirarlo desde más cerca, desde abajo, desde sus pies. Y en ese ángulo inédito descubrió una dimensión hasta entonces desconocida: “Tuve el atrevimiento de acercarme y, desde ese ángulo, pude percatarme de algo que jamás vi en la tarde del Viernes Santo: la dureza que padeciste. Tus manos moradas, tus brazos estirados, tus piernas fatigadas, tus pies ensangrentados y tu rostro, Señor, desfigurado”.

No lo dijo con aspavientos, sino con la seriedad de quien ha tocado el dolor. “Parece que vives, aunque estás recién muerto”, sentenció. Porque en el Cristo de San Pedro no hay dulzura ni calma, sino el espanto contenido de una muerte real. Y eso fue lo que más conmovió a María: la crudeza.

Recordó, entonces, aquella última vez que Marchena lo vio por sus calles, en andas y sin dosel, y comprendió por qué sus hermanos quisieron bordarle un dosel de terciopelo que disimulara las heridas: “Tuvieron que mandar hacer tal reliquia para que se pudieran disimular tus lesiones, tu frialdad, tus traumatismos, tus llagas y esa mirada perdida en busca de consuelo”.

El dosel, entendido como refugio, no como adorno. “Todo, Señor, para salvar a tu pueblo”. Porque no hay ornamento más sagrado que el que envuelve el sufrimiento. María lo entendió y lo explicó con una claridad conmovedora: ese dosel no es sólo belleza, es compasión. Un escudo bordado frente al horror.

La noche del Viernes Santo no se apaga del todo mientras quede encendida la mirada de una madre. Y en Marchena, esa madre tiene un nombre: María Santísima de las Angustias. A Ella se dirigió María Hurtado con un susurro convertido en plegaria, con ese respeto que sólo se puede tener hacia quien lo ha perdido todo y, sin embargo, sigue en pie.

“Madre, aunque eres modelo y maestra de la fe, me ha costado enfrentarme a ti”, comenzó diciendo. No porque no la amara, sino porque representa aquello que a nadie le gusta atravesar: “Representas una de las advocaciones que menos queremos sentir en nuestras vidas: la angustia, el temor, el miedo, la desesperación”.

La pregonera imaginó su dolor no desde la distancia, sino como hija, como madre, como mujer. Y se preguntó con temblor en la voz: “¿Qué día tan largo tuviste que pasar? ¿Cuál fue el más duro? ¿Su condena? ¿Las burlas? ¿Ver cómo caminaba y caía con la cruz? ¿Ver cómo lo crucificaban? ¿O tenerlo de nuevo entre tus brazos ya sin vida?”

La escena es desgarradora. Y María no la suavizó, no la embelleció con palabras vacías. Fue al centro del abismo, al instante exacto en el que la Virgen recoge a su Hijo muerto. “Ya no hay mayor espanto, pues llegó el instante. La palabra está cumplida. La muerte ha discurrido por las calles. Tu hijo, crucificado, ya sin dolor, esperando la salvación, su resurrección”.

Cada palabra fue tallada con lágrimas. “Madre, en esta noche teñida de luto, donde las calles de Marchena han intercambiado luces por sombras y el silencio se ha apoderado del murmullo, la cera de tus nazarenos va llorando por el suelo”. Esa cera que llora, como tú, como todos.

“Seis lágrimas de angustia resbalan por tu bello y blanquecino rostro, donde el sofoco del pánico que debiste sufrir le dan color a tu mejilla”, continuó, como quien ha sostenido la imagen entre las manos y ha sentido el temblor del alma. “Madre de negro y pálido corazón, aunque sintieras en tu garganta ese nudo que te hace callar, aunque sintieras en tu alma ese dolor que te ahoga aún más, aunque sintieras en tu corazón cien puñales al hincar… angustias más desamparadas quisieran los marcheneros quitar”.

El Sábado Santo en Marchena no es una noche de duelo, sino un umbral. Y ese umbral tiene forma de paso: el Santo Entierro, el “resumen del que todo lo consume”, como lo definió María Hurtado, con el corazón lleno y la voz hecha incienso. Porque tras la muerte, dijo, “es el poliedro perfecto, donde Cristo yacente, descendido de la cruz, triunfante, duerme por poco tiempo”.

No habló sólo del silencio ni de la solemnidad, sino del milagro tallado en madera. “Si hubiese sabido tu escultor, Jerónimo Hernández, que luego vendría un Guzmán Bejarano para dejarnos perplejos ante tan majestuosa obra, no se lo hubiese imaginado. Nada falta, Señor”. Y es que ese paso no es un paso: es un retablo andante que late con cada zancada.

Es un libro abierto, con capítulos de oro y lirios morados. “Es un retablo abierto que camina entre decorados con lirios pasionantes, que van haciendo justicia ante tu paso”. En sus esquinas, las cuatro esquinas del mundo: “¿Quién no ha mirado a sus esquinas, con sus evangelistas? A San Lucas, acompañado con la fuerza del toro. A San Marcos, con el poder del león. A San Juan, con el águila que todo lo divisa. O a San Mateo, con ese ángel que nos aguarda”.

Y allí, en el vértice de todo, en el centro geométrico de la fe, está Él: “Sí, porque en el vértice, en el extremo de tu poliedro, Señor, estás una vez más tú, transformado en polígono, para que podamos vivir a través de ti”. Un paso que, al avanzar, no pisa, sino que flota. “Da igual que subas a toda prisa con un izquierdo que rachea por el susurrar del paso del tiempo, ante un suelo desgastado y unas paredes que, si hablaran, Señor, quizás no seguirían en pie”.

Marchena no sólo lo contempla, lo acompaña. Y Él, a su vez, la guía en su ascenso hacia la esperanza. “Sigue subiendo hacia la mota más alta y atraviesa esa puerta medieval, esa que nos acerca más de ti, pues tu fe nos guía”.

Pero no va solo. Le siguen las que no fallan nunca. “Seguido de tus tres Marías: Salomé, Magdalena, María Cleofás, y la Verónica, que nos muestra tu Santa Faz”. Son ellas las custodias del silencio, las guardianas de ese cuerpo que duerme, pero que no ha muerto del todo.

Y María lo proclama con la certeza de quien lo ha sentido en carne viva: “Santo Entierro, que no te hemos enterrado. Que a tu sepulcro te hemos acompañado solo para que vuelvas a vivir, ahora sí, toda la eternidad”.

Cuando ya la Semana Santa declina, cuando las túnicas se guardan y el silencio vuelve a tomar las calles, una figura sigue en pie. Es la Virgen de la Soledad, coronada de estrellas, sostenida por la oración de un pueblo entero que, aunque la llama sola, nunca la deja sola.

Así la describió María Hurtado, con ese respeto que sólo se profesa a lo que es eterno. “Madre, eres modelo de amor, y das todo aunque te duela”, comenzó, en un tono de íntima veneración. “¿Cómo te llaman Soledad, con un pueblo que te corona y que sola no te deja estar?”

La contradicción de tu nombre no hace sino subrayar el consuelo que repartes. “Te llaman Soledad, pero en tu tiro te cobijan y no te dejan escapar. Te llaman Soledad, pero eres la madre de todos los marcheneros”, afirmó la pregonera, recogiendo ese anhelo callado que acompaña a tantos en la noche más honda del año.

Hay instantes que sólo Marchena entiende. Uno de ellos ocurre bajo tu palio, cuando los cirios titilan y las bambalinas tiemblan. María no lo dejó pasar: “¿Capatá, qué se siente cogiendo ese llamador de plata? ¿Dónde están puestas todas las plegarias de un pueblo? Saber que en ti está la voz que hace que los milagros se cumplan”.

No son versos, son verdades de fe. “Cuántos rezos de madre desconsolada hacia la madre de Marchena, Soledad Coronada”. Madres que encuentran en ti un espejo, un refugio, un bálsamo. Porque tú, aunque rota, sigues de pie. Porque tú, aunque te llamen Soledad, estás acompañada de todas las mujeres de Marchena: “baja, acordonada por mujeres que sola no te van a dejar, vestidas de manto y que no paran de rezar”.

Tu palio es más que orfebrería, es un cielo tangible. “Tu palio repleto de estrellas relucientes entre una palmera muy ducal que tiene siete hojas, una por cada hermandad”, dijo María, hilando historia, estética y símbolo en una sola imagen. “Tus bambalinas son lunas que se mecen sin parar, camino de ese sepulcro que vacío dicen que está”.

María nos lleva al instante último de tu tránsito por las calles, allí donde los adioses se pronuncian sin voz. “Soledad, abre un poco esas manos, déjalas de apretar, que desde mi ventana te lanzo una plegaria más. Recíbela: de cariño es igual de importante que las demás, pero esta tiene más peso. No, no es para mí. Es para quien tú ya sabes”.

Y en ese gesto final, en ese cerrar de manos, María Hurtado depositó el anhelo más profundo de todos: salud para quienes luchan. “No te olvides, Soledad, a por otro año de salud para los que están”. Porque si alguien puede guardar ese deseo, eres tú, que llevas siglos custodiando el dolor, la esperanza y la fe de Marchena.

“Cierra tus manos. El secreto dicho está. ¡Viva la Soledad Coronada! ¡Viva María sin pecado original!”. Con esa exclamación concluyó María su ofrenda, con el corazón en vilo y los ojos húmedos de quien ha comprendido que la Soledad no es ausencia, sino compañía fiel hasta el final.

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Salida extraordinaria de la Virgen de los Dolores de Arahal el 9 de Mayo

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Arahal se prepara para reencontrarse con una de sus devociones más antiguas en una jornada llamada a quedar grabada en la memoria cofrade del municipio. La Hermandad de la Santa Caridad y Misericordia celebrará el próximo sábado 9 de mayo la salida extraordinaria de María Santísima de los Dolores, un acontecimiento enmarcado en los actos del 525 aniversario fundacional de esta corporación centenaria, erigida en 1501 y considerada una de las instituciones religiosas con mayor arraigo histórico de la localidad.

La venerada dolorosa, titular mariana de la hermandad del Jueves Santo, saldrá desde la Iglesia del Santo Cristo tras la celebración de una Eucaristía de Acción de Gracias prevista durante la tarde, convirtiéndose en el gran culto externo mariano de una efeméride que durante todo el año está sacando a la corporación a la calle con actos extraordinarios, conferencias, conciertos y celebraciones de marcado carácter popular.

La procesión está fijada para las seis y media de la tarde, mientras que la entrada de la Virgen en su templo no se producirá hasta alrededor de las dos de la madrugada, lo que permitirá a la imagen recorrer durante más de siete horas buena parte del casco urbano arahalense en una de las salidas más extensas que se recuerdan en las últimas décadas.

El itinerario diseñado por la hermandad llevará a la Santísima Virgen de los Dolores por Plaza del Santo Cristo, Misericordia, Plaza Nuestro Padre Jesús Nazareno, Iglesia, Doña Luisa, Pozo Dulce, Carmona, Marchena, Juan Leonardo, Plaza Vieja, Pilar, Arroyo, Sevilla, Plaza de San Roque, San Roque, Doctor Gamero, IV Conde de Ureña, Victoria, Tahona, Doctor Morillas, Felipe Ramírez, Corredera, Plaza de la Corredera, Veracruz, Iglesia, Plaza Nuestro Padre Jesús Nazareno, Misericordia, Plaza del Santo Cristo y regreso al templo. Un recorrido amplio y profundamente simbólico con el que la corporación ha querido hacer presente a su dolorosa en barrios, plazas y calles donde generaciones enteras han mantenido viva la devoción al Santo Cristo y a su Madre de los Dolores.

Musicalmente el acompañamiento correrá a cargo de la Banda Municipal de Música de Mairena del Alcor, formación elegida para poner el contrapunto de solemnidad y clasicismo a una procesión que se anuncia cargada de marchas marianas de corte serio y recogido. La elección no es casual, pues la hermandad ha buscado para esta salida un sello sonoro elegante, acorde con el tono conmemorativo de la celebración y alejado de cualquier planteamiento festivo superficial.

La Virgen de los Dolores procesionará además en sus andas de palio con un exorno especial preparado para la ocasión, con previsión de estrenos ornamentales y presencia de representaciones de numerosas hermandades invitadas de Arahal y de otras localidades de la campiña sevillana. La salida está concebida no solo como un acto de culto, sino como una proclamación pública de cinco siglos de historia asistencial, penitencial y devocional de la Hermandad de Misericordia.

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Juan Valderrama lleva «Historias de la Copla» al Teatro Municipal de Arahal

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El Teatro Municipal de Arahal acogerá el próximo sábado 9 de mayo, a las 20:30 horas, una de las citas culturales más esperadas de la temporada: la actuación de Juan Valderrama con su aclamado espectáculo Historias de la Copla, enmarcado en la Programación de Primavera de Cultura Arahal.

Hijo de dos leyendas de la música popular española —Juanito Valderrama y Dolores Abril—, Juan Valderrama es hoy una de las voces más versátiles y cultas de la escena nacional. Cantante, compositor y comunicador, ha explorado géneros que van desde el flamenco hasta la canción de autor sin renunciar jamás a su vínculo con la copla, un género que, como él mismo dice, lleva en la sangre.

Historias de la Copla es mucho más que un concierto. A través de canciones y narraciones, Valderrama profundiza en los temas que han definido la copla, un género que atravesó la historia de España entera: republicana y franquista, culta y popular, casta y golfa, hereje y santa. No solo interpreta, sino que narra y contextualiza las historias que hay detrás de las canciones más icónicas del género, con anécdotas y curiosidades que solo alguien con su experiencia y linaje puede transmitir. 

El repertorio abarca desde los orígenes del género, con la primera copla conocida que interpretó Estrellita Castro, hasta los grandes nombres que la elevaron al olimpo de la música española, como Miguel de Molina, Lola Flores, Carlos Cano, Rocío Jurado o Imperio Argentina. Entre las canciones que forman parte del espectáculo destacan títulos inmortales como «Suspiros de España», «El día que nací yo», «Ojos verdes», «La bien pagá», «Ay, pena, penita, pena» o «El emigrante», símbolo de toda una generación.

Un espectáculo cercano y cuidado, que combina interpretación, narración y homenaje a la copla, despertando la nostalgia y el aplauso constante allá donde se presenta. Así lo han confirmado los llenos que ha cosechado en teatros de toda España a lo largo de su extensa gira.

Las entradas tienen un precio de 15 euros y pueden adquirirse de tres formas: presencialmente en la Casa de la Cultura, a través de la web teatro.arahal.org, o en la taquilla del Teatro Municipal desde dos horas antes del inicio de la función.

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Marchena acoge la gran final del Circuito Provincial de Atletismo de la Diputación de Sevilla

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Cinco atletas locales representaron a Marchena en la jornada más importante del año para el atletismo de promoción de la provincia, que cierra así un circuito de cinco etapas disputadas desde febrero

La pista de atletismo de Marchena  fue el pasado sábado 25 de abril el escenario que acogió la jornada final del Circuito Provincial de Atletismo en Pista 2026, organizado por el Área de Cultura y Ciudadanía de la Diputación de Sevilla.

Un circuito de cinco jornadas que recorrió la provincia

Previamente se celebraron cinco jornadas: la primera el 21 de febrero en La Rinconada; la segunda el 7 de marzo en Carmona; la tercera el 21 de marzo en Dos Hermanas; la cuarta el 11 de abril en Osuna; y la quinta y final el 25 de abril en Marchena.

El circuito, concebido como herramienta de promoción del atletismo base en la provincia, está limitado a personas nacidas entre 2009 y 2018. 

La final en Marchena reunió a los mejores atletas clasificados en cada categoría a lo largo de las cuatro jornadas previas, que pudieron clasificarse previamente. Durante la mañana se disputaron pruebas de velocidad, medio fondo, saltos y lanzamientos, además de los relevos mixtos.

Los tres primeros clasificados de cada prueba recibieron medalla, lo que añadió un aliciente competitivo a una cita que también mantuvo su carácter formativo. 

Cinco atletas marcheneras en la final

Marchena llegó a esta jornada decisiva con cinco deportistas clasificadas, que compitieron en distintas pruebas y categorías tras firmar buenos registros en las jornadas previas.

En categoría sub 10 femenina estuvieron Nuria Monasterio Morillas y Lola Díaz Crespo, ambas con presencia en pruebas de velocidad y medio fondo, habiendo logrado meterse entre las mejores de la provincia. En sub 12 femenina, María Díaz Crespo y Cecilia Rueda Sánchez también estuvieron en la pista. Por su parte, Manuela Rivera Sevillano representó a Marchena en sub 14 femenina, participando en pruebas de velocidad.

El circuito busca la especialización en el deporte del atletismo mediante la práctica de pruebas de saltos, lanzamientos, carreras y marcha, con adaptaciones que poco a poco van forjando a los futuros atletas, siendo el primer contacto de muchos chicos y chicas con una pista de atletismo.

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Osuna acoge los días 2 y 3 de mayo una prueba del Campeonato de España de Motocross

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La localidad sevillana vuelve a situarse en el mapa nacional del motocross con una cita organizada por el Moto Club Urso que reunirá a los mejores pilotos del país en cinco categorías, con entrada gratuita para menores de 10 años

El Circuito Municipal El Calvario de Osuna será los próximos días 2 y 3 de mayo escenario de una prueba puntuable del Campeonato de España de Motocross, organizado por la Real Federación Motociclista Española (RFME). La localidad ursaonense, que ha venido consolidando en los últimos años su apuesta por el motociclismo competitivo de primer nivel de la mano del Moto Club Urso y con el respaldo del Ayuntamiento de Osuna y la Diputación de Sevilla, recibe así una de las grandes citas del motor a nivel nacional en vísperas de su Feria de Mayo.

Cinco categorías en dos jornadas de competición

El Circuito El Calvario de Osuna figura en el calendario oficial del Campeonato de España de Motocross 2026 de la RFME como una de sus sedes para esta temporada. La prueba, que arrancará cada día a partir de las 9:00 horas, albergará la competición en cinco categorías: MXFemenino, MX85, MXS18, Master-MX3 y Master-MX4, que aglutinarán a pilotos procedentes de toda España en busca de puntos decisivos para sus respectivos campeonatos. 

En la categoría MXFemenino se disputa el Campeonato de España de Motocross femenino; en MX85 compite la base infantil del motocross nacional; MXS18 es la Copa de España para pilotos menores de 18 años; y las categorías Máster-MX3 y Máster-MX4 son los Trofeos Nacionales para los pilotos veteranos. 

El nivel de los participantes promete ser muy elevado. En el arranque del campeonato en Mérida, la categoría MXFemenino contó con más de 20 pilotos, reflejando el crecimiento del motocross femenino en España. En MX85 se confirmó el gran nivel de la base del motocross nacional, con una parrilla amplia y diferencias mínimas entre los líderes. La prueba de Mérida demostró la fortaleza del Campeonato de España de Motocross en todas sus categorías, confirmando que el relevo generacional está asegurado.

La categoría MXS18 disputará en Osuna una de sus cinco pruebas del calendario, junto a Mérida, San Esteban de Gormaz y Talavera de la Reina. 

El Moto Club Urso, motor del motocross en Osuna

La organización del evento recae en el Moto Club Urso, cuyo presidente es Gabriel Luis Cruz, que ha agradecido tanto al Ayuntamiento de Osuna como a todos los patrocinadores el apoyo constante, animando a los aficionados a acercarse al circuito para disfrutar del espectáculo.

El Club ha venido trabajando en estrecha colaboración con el Ayuntamiento de Osuna para recuperar y relanzar el motocross en el municipio, logrando en los últimos años atraer pruebas de nivel autonómico y nacional al Circuito El Calvario. El evento de los días 2 y 3 de mayo supone el paso más ambicioso de ese proyecto, al integrar a Osuna en el circuito de puntuación del campeonato nacional en varias categorías simultáneamente. 

Entradas y acceso

Las entradas para el evento estarán disponibles en taquilla a un precio de 15 euros para adultos. Los menores de hasta 10 años podrán acceder gratuitamente. La competición se desarrollará a lo largo de las mañanas de ambos jornadas, con inicio a las 9:00 horas tanto el sábado 2 como el domingo 3 de mayo, coincidiendo en el calendario con el puente de la festividad del Día del Trabajador.

El evento cuenta con el respaldo institucional del Ayuntamiento de Osuna y la Diputación de Sevilla, así como con una amplia red de patrocinadores locales y nacionales que incluye marcas del sector como Kawasaki, Yamaha, Ducati, Triumph, Fly Racing o AMV, entre otras.

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Osuna prepara su Feria de Mayo 2026 con dos tardes taurinas de máximo nivel y cuatro días de fiesta en el real

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La localidad ursaonense celebrará del 14 al 17 de mayo su Feria, declarada de Interés Turístico de Andalucía, con Perera, Borja Jiménez y Marco Pérez en los ruedos y Diego Ventura, Andy Cartagena y Lea Vicens en el rejoneo.

Osuna se prepara para vivir una nueva edición de su Feria de Mayo, una cita declarada de Interés Turístico de Andalucía que cuenta con doscientos años de antigüedad y que este 2026 se celebrará del jueves 14 al domingo 17 de mayo.

El 𝗽𝗿ó𝘅𝗶𝗺𝗼 𝟯𝟬 𝗱𝗲 𝗮𝗯𝗿𝗶𝗹, el Teatro Municipal Álvarez Quintero de Osuna se llenará de pasión, voz y emoción con el recital “𝗖𝗼𝗻𝘃𝗲𝗿𝘀𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀” 𝗱𝗲 𝗝𝗼𝗮𝗻𝗮 𝗝𝗶𝗺é𝗻𝗲𝘇.  Un espectáculo íntimo y lleno de sentimiento, donde Joana reinterpreta clásicos de ayer y hoy con su toque personal,𝗳𝘂𝘀𝗶𝗼𝗻𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗰𝗼𝗽𝗹𝗮, 𝗳𝗹𝗮𝗺𝗲𝗻𝗰𝗼 𝘆 𝗯𝗮𝗹𝗮𝗱𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝗺𝗽𝗼𝗿á𝗻𝗲𝗮. Un viaje musical que despierta recuerdos y momentos de pura elegancia, con la voz y la pasión como auténticas protagonistas.
Puede ser una imagen de texto
𝗘𝗻𝘁𝗿𝗮𝗱𝗮𝘀 𝘆𝗮 𝗱𝗶𝘀𝗽𝗼𝗻𝗶𝗯𝗹𝗲𝘀 en la Casa de la Cultura, la Oficina de Turismo, el Teatro Álvarez Quintero y online en: https://osunacultura.sacatuentrada.es/

La copa ANCCE (Asociación Nacional de Criadores de Caballo de Pura Raza Española), que se celebrará el próximo 8 de mayo, a las 16:00 horas, en la Plaza de Toros de la localidad, es una de las principales citas ecuestres de la preferia.

La preferia incluye la cuarta edición de su pasarela Flamenca Osuna Design (FOD 2026),𝗙𝗹𝗮𝗺𝗲𝗻𝗰𝗮 𝗢𝘀𝘂𝗻𝗮 𝗗𝗲𝘀𝗶𝗴𝗻 (𝗙𝗢𝗗 𝟮𝟬𝟮𝟲), que se celebrará el próximo 𝟳 𝗱𝗲 𝗺𝗮𝘆𝗼, incorporando como 𝗽𝗿𝗶𝗻𝗰𝗶𝗽𝗮𝗹 𝗻𝗼𝘃𝗲𝗱𝗮𝗱 su nueva 𝘂𝗯𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗣𝗹𝗮𝘇𝗮 𝗥𝗼𝗱𝗿í𝗴𝘂𝗲𝘇 𝗠𝗮𝗿í𝗻, en pleno centro histórico de la localidad, convirtiendo este espacio urbano en escenario de moda, diseño y arte.

Esta cuarta edición incorpora además un 𝗯𝗹𝗼𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗼𝗹𝗶𝗱𝗮𝗿𝗶𝗼 dedicado a la visibilización de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), junto a una fuerte apuesta por 𝗹𝗮 𝘀𝗼𝘀𝘁𝗲𝗻𝗶𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱, 𝗹𝗮 𝗲𝗰𝗼𝗻𝗼𝗺í𝗮 𝗰𝗶𝗿𝗰𝘂𝗹𝗮𝗿 y la conexión entre formación y sector profesional.

La Parada Ecuestre, el viernes

El viernes de feria, a las 14:00 horas, tendrá lugar la tradicional Parada Ecuestre en la monumental calle San Pedro, todo un espectáculo de patrimonio y folclore que marca uno de los momentos más fotogénicos y esperados de la celebración. El paseo de caballos y carruajes desde el casco histórico hasta el real constituye uno de los rituales más arraigados de la identidad ursaonense.

La feria taurina, plato fuerte del fin de semana

Los días 16 y 17 de mayo concentran el grueso de la programación taurina, con dos festejos que la empresa Espectáculos Carmelo García ha presentado como carteles de máximo nivel, combinando figuras consagradas, jóvenes valores y ganaderías de reconocido prestigio.

 

El sábado 16 de mayo se lidiará una corrida de toros con astados de la ganadería de Julio de la Puerta, para los diestros Miguel Ángel Perera, Borja Jiménez y Marco Pérez. El domingo 17 será el turno de la corrida de rejones, con reses de la divisa de Benítez Cubero para Andy Cartagena, Diego Ventura y Lea Vicens. 

Para la corrida de toros del sábado, 18 de mayo, los diestros lidiarán reses de la mítica ganadería de Victorino Martín, hecho que se va a dar por primera vez en la plaza de toros de Osuna, como ya también ocurriera el pasado año con los Miura. Los tres diestros que compondrán el cartel serán Curro Díaz, Manuel Escribano y Pepe Moral.

El domingo reunirá a tres figuras de primer orden del toreo a caballo: Andy Cartagena, espectacular y carismático; Diego Ventura, referencia indiscutible del toreo ecuestre; y Lea Vicens, máxima figura femenina del escalafón. Los abonos para ambas tardes ya están disponibles a través de internet, mientras que la venta en taquilla arranca el 29 de abril, y las entradas sueltas pueden adquirirse desde el 4 de mayo.

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Un año del gran apagón: sin culpables claros, sin indemnizaciones y con la factura de la luz más cara

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El 28 de abril de 2025, a las 12:33 horas, España y Portugal se quedaron a oscuras. Doce meses después, la investigación sigue abierta, los afectados aguardan compensaciones que no llegan y los responsables del mayor colapso eléctrico europeo en dos décadas aún no han sido identificados

Hoy se cumple un año del mayor apagón eléctrico de la historia moderna de España. El 28 de abril de 2025, a las 12:33 horas, el sistema eléctrico español sufrió un síncope que no fue solo técnico, sino institucional. Lo que comenzó como una cascada de sobretensión en el sur de España terminó por desconectar a cincuenta millones de personas de la red básica de suministros. El apagón afectó a toda la Península Ibérica: la España peninsular, el Portugal continental, Andorra y parte del sur de Francia. 

El suceso, calificado como el incidente más grave en el sistema eléctrico europeo en los últimos veinte años, ha revelado la fragilidad del que hasta entonces era considerado uno de los sistemas eléctricos más seguros y fiables del mundo. Un año después, el balance es desalentador en casi todos los frentes: la investigación avanza con lentitud, las indemnizaciones no han llegado, y la factura eléctrica ha subido para costear la seguridad que antes se daba por garantizada.

Lo que se sabe: un fallo multifactorial que nadie reivindica

El 28 de abril de 2025, a las 12:33 horas, lo que comenzó como una cascada de sobretensión en el sur de España terminó por desconectar a cincuenta millones de personas. Los informes indican que se perdieron 15 GW, el 60% de la producción, en cuestión de segundos, y que los sistemas de protección no pudieron detener la cascada.

El Ministerio para la Transición Ecológica se apresuró a publicar su informe en menos de dos meses desde el incidente, pero se quedó en que el apagón fue fruto de un problema «multifactorial» que implicó episodios de sobretensión, oscilaciones y desconexiones de centrales. 

El informe más esperado llegó el 20 de marzo de 2026. El panel de expertos de la Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad (ENTSO-E) concluyó que no existían indicios de intrusión o manipulación maliciosa en los sistemas eléctricos o de control, descartando la hipótesis del ciberataque. Esta conclusión coincidió con las evaluaciones de organismos nacionales como el Centro Criptológico Nacional y el Instituto Nacional de Ciberseguridad, que tampoco detectaron evidencias de sabotaje digital. La Audiencia Nacional, que había abierto diligencias penales por posible sabotaje, archivó finalmente la causa al no encontrar «un mínimo indicio» que lo sustentara. 

Sin embargo, descartar el sabotaje no equivale a absolver al sistema. El informe de ENTSO-E no califica el apagón como un fenómeno imprevisible o inevitable, sino como un evento derivado de fallos identificables en la regulación, supervisión y operación del sistema. El propio panel subraya que muchas de las medidas correctoras recomendadas —automatización del control de tensión, mejora de la monitorización, adaptación normativa— ya eran técnicamente viables antes del apagón.

Los expedientes sancionadores: muchos investigados, ningún condenado

La CNMC tardó casi un año en emitir su informe de recomendaciones, que resultó ser básicamente un documento consultivo, no sancionador ni de atribución de culpas. Lo que sí hizo el regulador en vísperas del aniversario fue abrir una batería de procedimientos: unos 55 expedientes sancionadores por indicios de infracción a Red Eléctrica de España, de carácter muy grave, y a varias compañías eléctricas —Iberdrola, Endesa, Naturgy, Repsol, Bahía de Bizkaia, TotalEnergies, Engie y ContourGlobal La Rioja, entre otras—, de carácter grave. No obstante, todo ello ha servido más para repartir culpas que para despejarlas, en una batalla que deberá dilucidarse previsiblemente ante los tribunales.

Los plazos son disuasorios para los afectados: estos expedientes son independientes y aún están en tramitación, en un proceso que podría durar entre nueve y dieciocho meses. Y hay una paradoja legal de fondo: aunque finalmente se demuestre que las empresas expedientadas incumplieron sus obligaciones, no se les podrá responsabilizar del cero eléctrico. 

En el Congreso, las comparecencias parlamentarias han añadido más acusaciones cruzadas que claridad. Directivos de Iberdrola, Endesa y Naturgy afirmaron ante la comisión de investigación que Red Eléctrica habría operado el sistema «al límite de seguridad» el día del apagón, y señalaron la existencia de indicios previos de inestabilidad que, a su juicio, no habrían sido gestionados adecuadamente. Por su parte, la comisión de investigación del Senado concluyó que, además del Gobierno y Red Eléctrica, la CNMC tiene parte de culpa por «omisión regulatoria».

Sin indemnizaciones: ciudadanos y empresas abandonados a su suerte

El capítulo más doloroso para los cincuenta millones de afectados es el de las compensaciones. Un año después, muchos consumidores siguen sin compensaciones claras ni explicaciones concluyentes. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) recuerda que muchos usuarios continúan sin recibir explicaciones detalladas y que las compensaciones no han llegado de forma generalizada a los hogares que padecieron cortes y daños derivados de la falta de suministro. 

El sector empresarial es aún más contundente. Foment del Treball, Pimec, la Cambra de Comerç de Barcelona y la Unió Patronal Metal·lúrgica lamentan que ni las empresas ni los ciudadanos han sido tenidos en cuenta, que las indemnizaciones, si llegan, son lentas y escasas, y que la situación de la red no ha mejorado para poder impedir que se repita un accidente similar. 

Las aseguradoras, por su parte, han marcado límites precisos a lo que están dispuestas a abonar. Las empresas que reclaman a sus aseguradoras constatan que estas «intentan pagar lo mínimo posible»: se hacen cargo de las pérdidas directas acreditadas con facturas, pero no del lucro cesante. Un horno que perdió todo lo que tenía en los congeladores puede recibir compensación, pero lo que ha dejado de vender por no tener el producto, o los costes laborales de diez días parado, no. 

La vía judicial queda abierta pero es lenta y compleja. El artículo 106.2 de la Constitución Española reconoce el derecho de los particulares a ser indemnizados por toda lesión que sufran como consecuencia del funcionamiento de los servicios públicos, salvo en los casos de fuerza mayor. Sin embargo, dado que el informe europeo descarta expresamente que el apagón fuera inevitable, existen argumentos sólidos para sostener la viabilidad jurídica de reclamaciones de responsabilidad patrimonial del Estado, siempre que se acrediten de forma individualizada los perjuicios sufridos. Quienes opten por esta vía deberán armarse de paciencia: los procedimientos administrativos y los recursos ante los tribunales pueden prolongarse durante años. 

El coste silencioso: la factura eléctrica, un año más cara

Mientras las compensaciones no llegan, sí ha llegado una consecuencia económica que afecta a todos: el encarecimiento de la electricidad. Red Eléctrica calcula que el sobrecoste por operar en «modo reforzado» ascendió a 666 millones de euros desde mayo de 2025 a marzo de 2026, lo que equivale a unos cuatro céntimos diarios por consumidor con tarifa PVPC y consumo medio, es decir, alrededor de 15 euros más durante todo el año. Las cifras del sector privado son más duras: según la comparadora Selectra, la factura de la luz ha aumentado un 10% en los últimos once meses respecto al mismo periodo anterior al apagón.

Un análisis de la plataforma Hello Watt pone cifras a una parte poco conocida del recibo: en marzo de 2026, los servicios de ajuste del sistema alcanzaron un máximo histórico y llegaron a suponer el 28% del término de energía del PVPC, de modo que más de uno de cada cuatro euros de ese componente no pagaba estrictamente electricidad, sino costes asociados a mantener la red estable tras el apagón. 

El balance humano: entre cinco y ocho muertos

Detrás de los megavatios y los expedientes administrativos hay vidas. Las muertes contabilizadas —ancianos que dependían de asistencia mecánica en sus hogares y víctimas de accidentes viales provocados por la caída súbita de la infraestructura urbana— son el testimonio más trágico de esta negligencia. Que un año después ninguna cabeza política haya rodado por estas pérdidas constituye una anomalía en cualquier democracia liberal madura.

Un aniversario sin cierre

«Al no tener una información nítida sobre las responsabilidades de lo sucedido, seguimos sin ser compensados», denuncian los afectados. La OCU reclama claridad sobre qué ocurrió y, sobre todo, mecanismos eficaces para reparar daños sin convertir cada caso en una batalla individual. 

Hoy, 28 de abril de 2026, primer aniversario del gran apagón, España amanece con los expedientes sancionadores abiertos pero sin resolver, con los afectados pendientes de compensaciones que la burocracia dilata, con la factura eléctrica más cara que hace un año y con una pregunta que sigue sin respuesta definitiva: ¿quién es el responsable de que cincuenta millones de personas se quedaran a oscuras en pleno día?


Fuentes: ENTSO-E, CNMC, Ministerio para la Transición Ecológica, OCU, comisión de investigación del Congreso y del Senado, organizaciones empresariales Foment del Treball, Pimec y UPM.

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