Durante décadas, el nombre de Pepe Marchena quedó atrapado en uno de los debates más persistentes de la historia del flamenco: el que enfrentó la idea de pureza con la libertad creativa, el cante considerado “jondo” con una etapa —la llamada Ópera Flamenca— que durante mucho tiempo fue contemplada por parte de la crítica con recelo. Pero algo está cambiando. Y la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla, celebrada entre septiembre y los primeros días de octubre de 2026, ha convertido ese cambio en una evidencia pública.
Pepe Marchena no ha aparecido en esta Bienal como una figura secundaria, ni como una simple efeméride. Su nombre ha atravesado el discurso de la edición y ha llegado hasta los escenarios de la mano de artistas jóvenes que encuentran en aquel cantaor nacido en Marchena hace más de un siglo una herramienta para hablar del flamenco de hoy.
Cuando lo olvidado vuelve a ser moderno
El propio director de la Bienal, Luis Ybarra, dejó clara la mirada de esta edición al situar entre sus grandes referencias a La Niña de los Peines, Manuel Vallejo y Pepe Marchena. La Bienal ha querido regresar al momento en que el flamenco abandonó definitivamente los límites del café cantante, conquistó plazas de toros y grandes recintos y comenzó a convertirse en un espectáculo de masas.
La organización recuerda que en 1926 Marchena entraba de lleno en los circuitos de la Ópera Flamenca, en una época en la que convivían Antonio Chacón, Manuel Torre, Pastora Pavón, Manuel Vallejo, Pepe Pinto o Ramón Montoya. Un siglo después, la Bienal no ha querido copiar aquel tiempo, sino revisitarlo desde el presente. “Nada se calca, pero todo se revisita”, escribe Ybarra en la presentación oficial de esta edición, en la que reivindica la capacidad del flamenco para mirar hacia sus márgenes y recuperar figuras que durante años fueron leídas desde prejuicios estéticos posteriores.
Ese planteamiento quedó visible desde la apertura de la Bienal con El mundo por montera, la gran gala de la Maestranza concebida precisamente como evocación del momento en que el flamenco conquistó los grandes aforos. La crítica no fue unánime sobre el resultado del espectáculo, pero incluso las lecturas más escépticas reconocieron algo significativo: Pepe Marchena volvía a estar entre los nombres imprescindibles para contar aquella transformación.
“Poema de la libertad”: Marchena como creador contemporáneo
El punto culminante de esta recuperación llegó el 2 de octubre en el Teatro Central con el estreno absoluto de Poema de la libertad, de Sandra Carrasco y David de Arahal. La propia Bienal define a Pepe Marchena como “artista fundamental en la evolución del flamenco” y como referente de una manera libre y personal de entender este arte.
No se trató de reproducir un viejo repertorio como si estuviera encerrado en una vitrina. Carrasco y David de Arahal trabajaron sobre rondeñas, tarantas, guajiras, soleás, milongas, colombianas, fandangos o tangos para hacer dialogar aquel universo con el lenguaje musical contemporáneo. El programa incluía títulos como Romance a Marchena, Los astros por qué se mueven, Donde la hermosura brilla, Quiéreme, Fandangos de palanca, Colombiana polifónica o Romance a Córdoba.
La idea de fondo resulta especialmente reveladora: Marchena ya no interesa sólo como personaje histórico. Interesa como ejemplo de libertad artística.
La Bienal explicaba en la presentación del estreno que la obra no pretendía realizar una recreación histórica, sino explorar “su legado y su manera libre y personal de entender el flamenco”. Esa formulación conecta directamente con algo que otros artistas habían señalado antes.
Rocío Márquez ya abrió una puerta hace doce años
La actual reivindicación no nace de la nada. En 2014 Rocío Márquez presentó en la Bienal su proyecto El Niño, construido alrededor de la figura de Pepe Marchena. Entonces explicó a El País que lo que más le fascinaba de él era precisamente que no parecía preguntarse continuamente dónde terminaba el flamenco y dónde comenzaba otra cosa. Su profundo conocimiento de la tradición, decía Márquez, era lo que le permitía actuar con enorme libertad.
Aquella lectura produjo debate entre sectores puristas y artistas que defendían una visión abierta de la tradición. Hoy, doce años después, muchas de aquellas intuiciones parecen haber entrado en el discurso central del flamenco contemporáneo.
La transformación resulta significativa porque una parte de la historiografía flamenca había simplificado durante años la Ópera Flamenca como una etapa marcada por el espectáculo, el fandango y los grandes públicos, frente a una supuesta autenticidad anterior o posterior. La Bienal de 2026 está contribuyendo a desmontar esa lectura demasiado lineal.
De cantaor discutido a figura necesaria para explicar el siglo XX
Pepe Marchena fue una estrella popular cuando el concepto moderno de estrella apenas existía en España. Cantó para públicos inmensos, grabó discos, hizo cine, creó repertorio, desarrolló formas personales de interpretación y convirtió su propio nombre artístico —el nombre de su pueblo— en una marca reconocible en toda España.
Y precisamente aquello que durante décadas fue utilizado para cuestionarlo —su éxito popular, su elegancia escénica, el gusto por el melisma, su capacidad para mezclar repertorios o su voluntad de crear espectáculo— es hoy lo que permite releerlo como un artista extraordinariamente moderno.
El archivo de Canal Sur recuerda que Marchena entró muy joven en aquellos grandes espectáculos que terminarían identificándose con la Ópera Flamenca y subraya la amplitud de su trayectoria discográfica y cinematográfica. La Bienal, un siglo después de aquel cambio de escala del flamenco, ha colocado esa transformación en el centro de su propio relato.
La crítica vuelve a hablar de Marchena
El resultado más importante quizá no sea un homenaje concreto, sino el hecho de que Pepe Marchena vuelve a formar parte de la conversación. Su nombre aparece en críticas, entrevistas, programas de mano y debates sobre tradición y contemporaneidad. Ya no como una nota al pie.
El estreno de Sandra Carrasco y David de Arahal ha reforzado esa tendencia. Ambos venían trabajando desde 2024 en un proyecto de investigación y creación en torno a los cantes marcheneros. Ahora esa búsqueda ha llegado a uno de los principales escenarios de la Bienal y lo ha hecho bajo un título que resume casi toda una declaración estética: Poema de la libertad.
Europa Press presentaba el estreno destacando precisamente a Marchena como creador y referente de una forma libre de entender el flamenco. La web oficial de la Bienal ha ido todavía más lejos al situarlo entre “los artistas más influyentes y renovadores de la historia del flamenco”. Son expresiones difíciles de imaginar en determinados discursos flamencológicos de hace algunas décadas.
La Bienal es sólo la antesala: el foco regresa ahora a Marchena
Pero todo lo sucedido en Sevilla tiene para Marchena un significado añadido. Esta recuperación crítica y artística es sólo la antesala del Año Pepe Marchena, que comenzará oficialmente en su pueblo natal coincidiendo con la fecha de su muerte, el 4 de diciembre de 2026.
José Tejada Martín murió en Sevilla la noche del 4 de diciembre de 1976. Tras el funeral celebrado al día siguiente en la basílica del Gran Poder, sus restos fueron trasladados a Marchena. Allí se instaló la capilla ardiente y posteriormente fue enterrado en el cementerio de San Roque, donde permanece su mausoleo.
Cincuenta años después, el recorrido simbólico se invierte. Después de que Sevilla y la Bienal hayan vuelto a colocar su nombre ante el gran público, el centro de la conmemoración regresará a la localidad que convirtió en apellido artístico.
Marchena prepara numerosas actividades alrededor de la figura del cantaor durante esta conmemoración. El Ayuntamiento y la Peña Flamenca vienen trabajando en iniciativas vinculadas al artista y al flamenco, y el futuro Museo de Marchena reservará además un espacio a Pepe Marchena con fondos y materiales relacionados con su trayectoria y su memoria.
La Fiesta de la Guitarra de este verano ya fue presentada precisamente como una antesala de este ciclo conmemorativo. Lo que comenzará en diciembre pretende prolongar la mirada más allá de una fecha concreta: recuperar documentos, grabaciones, objetos, testimonios y, sobre todo, volver a explicar a las nuevas generaciones quién fue realmente Pepe Marchena.
Un artista que regresa a casa cincuenta años después
Hay algo profundamente marchenero en esta historia. Pepe Marchena pasó buena parte de su vida llevando el nombre de su pueblo por teatros, plazas de toros, discos y películas. Medio siglo después de su muerte, son otros quienes vuelven a pronunciar ese nombre desde algunos de los escenarios más importantes del flamenco.
La Bienal ha demostrado que Marchena sigue siendo capaz de provocar preguntas. Sobre la pureza y la heterodoxia. Sobre la tradición y la innovación. Sobre quién decide qué parte del pasado merece convertirse en canon y qué parte queda relegada.
Quizá por eso su regreso resulte tan actual.
Antes de que el 4 de diciembre Marchena abra oficialmente su año conmemorativo, Sevilla ha vuelto a escuchar al Niño de Marchena no como una voz encerrada en un disco antiguo, sino como una idea de futuro: la del artista que conoce profundamente la tradición y, precisamente por eso, se atreve a transformarla.
Fuentes consultadas: XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla; programa oficial de Poema de la libertad; entrevista a Rocío Márquez en El País; Archivo de Canal Sur; hemeroteca de Marchena Secreta sobre el cincuentenario.