El Servicio Andaluz de Salud (SAS) abre de forma permanente la Ventanilla Electrónica (VEC) para la realización de nuevas inscripciones en su bolsa de empleo. Esta apertura será ininterrumpida y se hará de forma escalonada durante este mes de noviembre con el objetivo último de facilitar la asistencia durante el proceso de inscripción.
De esta forma, la apertura se inicia para las categorías A1 sanitarias, habilitándose también para las personas aspirantes la gestión de disponibilidades y la elección de centros, que hasta ahora se hacía a través de la aplicación de Bolsa antigua y sólo para los que estaban, por tanto, inscritos en ella.
Así, la bolsa de empleo del SAS se abre para un total de 56 perfiles sanitarios, entre los que se encuentran los FEA (facultativos especialistas de área) de diferentes especialidades, medicina de familia de Atención Primaria, Admisión y Documentación Clínica, Centros de Transfusión, Tejidos y Células o el Servicio de Cuidados Críticos y Urgencia, además de pediatras de primaria, entre otros. Desde el 20 de noviembre, se habilitará para el resto de personal sanitario, un total de 18 categorías como enfermería, fisioterapia, logopedia o técnicos especialistas, y a partir del 27 de noviembre, será el turno de los profesionales de gestión y servicios, 27 perfiles entre los que se incluyen administrativos, celadores o técnicos de mantenimiento.
Estas novedades, muy esperadas por las personas que quieren acceder a trabajar en el SAS, se han habilitado gracias al esfuerzo y trabajo coordinado del equipo funcional de la Dirección General de Personal y el equipo técnico de la Dirección General de Sistemas de la Información y la Comunicación. Su labor conjunta ha dado solución a diferentes cuestiones, realizando modificaciones en el sistema que posibilitan también incorporar a los listados de personas baremadas del corte 2021, a aquellas que se habían inscrito en el siguiente periodo de valoración de méritos en VEC a partir del 1 de noviembre de 2023, o la generación de méritos de oficio para dar cobertura a las resoluciones dictadas en cumplimiento de sentencias judiciales firmes que no eran compatibles con el Registro unificado de Méritos (RUM), además de la adaptación de los baremos para su anexado de oficio.
Otro hito importante es la posibilidad de realizar baremaciones incrementales dentro del mismo corte. De esta forma, dejarían de existir las notas de corte y se realizarían tantas baremaciones incrementales dentro del mismo corte como fueran necesarias para ir dando respuesta a las necesidades de contratación de los centros a través de los listados de personas baremadas.
La apertura de la Bolsa de Empleo Temporal del SAS en la Ventanilla Electrónica ha supuesto la inscripción de 183.328 personas que han presentado 349.583 solicitudes a las diferentes categorías o especialidades y áreas específicas. La presentación de autobaremos ha alcanzado un total de 11.277.105 méritos (de ellos, 3.026.184 son méritos de oficio que la administración pone a disposición de las personas en su VEC, y el resto, 8.250.921, son méritos que, para poder incorporarse a los listados de personas baremadas, deben ser valorados por las diferentes comisiones hasta alcanzar en cada apartado las puntuaciones máximas establecidas).
La XXIII edición de la peregrinación reúne a la Pastoral Penitenciaria de Sevilla, la Hermandad del Rocío de Marchena y la Hermandad de Nuestra Señora de Fátima de Los Molares
Cuatro internos del Centro Penitenciario Sevilla II participan este año en la XXIII Peregrinación a Nuestra Señora del Rosario de Fátima organizada por la Hermandad de la Vera Cruz de Marchena, una experiencia en la que el viaje físico se convierte también en un camino de convivencia, oración y reflexión personal.
Según ha comunicado la propia corporación marchenera, la participación ha sido posible gracias a la colaboración de la Pastoral Penitenciaria de la Archidiócesis de Sevilla, a la que se han sumado la Hermandad del Rocío de Marchena y la Hermandad de Nuestra Señora de Fátima de Los Molares.
Durante estos días, los participantes comparten kilómetros, celebraciones religiosas y momentos de convivencia lejos de la rutina cotidiana del centro penitenciario. La iniciativa pretende ofrecer a los internos un espacio diferente en el que puedan sentirse acompañados, escuchados e integrados dentro de una comunidad.
La peregrinación había sido presentada públicamente el pasado 13 de mayo en la capilla de la Vera Cruz, coincidiendo con la festividad de Nuestra Señora del Rosario de Fátima. Aquel acto estuvo acompañado por el rezo del rosario por las calles de la feligresía de San Juan, mostrando la estrecha vinculación que la corporación mantiene con esta advocación mariana.
La presencia de internos de Sevilla II en Fátima no constituye un hecho aislado. En agosto de 2025, la Archidiócesis de Sevilla informó de otra peregrinación realizada por personas privadas de libertad de este mismo centro, una experiencia de cuatro días que los participantes describieron como especialmente emotiva.
La Pastoral Penitenciaria sevillana desarrolla su labor tanto dentro de los centros como mediante actividades formativas, religiosas y de acompañamiento. Su trabajo busca mantener el vínculo de las personas privadas de libertad con la sociedad y con la comunidad cristiana, contando para ello con capellanes, voluntarios y entidades colaboradoras.
La visita de Hernán Ruiz II en 1567 y la posterior intervención de Diego de Velasco transformaron la antigua torre medieval, aunque la documentación conocida no permite atribuir con absoluta certeza toda la obra al arquitecto de la Giralda
La torre de la iglesia de San Juan Bautista de Marchena es el resultado de varias etapas constructivas superpuestas. Bajo el actual cuerpo de campanas todavía pueden apreciarse diferencias en el aparejo del ladrillo y las siluetas de dos grandes arcos cegados que podrían corresponder a una fase anterior del edificio. La interpretación resulta verosímil, pero necesitaría un estudio arqueológico de los muros para confirmar que fueron realmente los vanos del primitivo campanario.
La estructura medieval debió de ser más baja, sencilla y vinculada a la tradición mudéjar de las primeras parroquias sevillanas. Sobre aquella torre preexistente se levantó posteriormente el cuerpo de campanas que hoy domina el perfil monumental de Marchena, abierto mediante dos grandes arcos en cada una de sus cuatro caras y decorado con ladrillo y cerámica vidriada.
El primer dato documental conocido sobre la transformación aparece en 1567. Aquel año, Hernán Ruiz II, maestro mayor del Arzobispado de Sevilla y uno de los grandes arquitectos del Renacimiento andaluz, viajó a Marchena para visitar las torres de San Juan y San Miguel. El desplazamiento se realizó por orden del provisor general del Arzobispado, duró tres días y fue remunerado con 54 reales. La anotación se conserva en el Libro de Cuentas de Fábrica de la parroquia de San Juan.
Sin embargo, el historiador del arte Alfredo J. Morales advierte de que la brevedad del documento impide conocer el alcance exacto de aquella intervención. La expresión utilizada en las cuentas —«visitar la torre de San Juan e San Miguel»— podría referirse tanto a la preparación de una obra como a una simple inspección sobre el estado de conservación de los campanarios. Morales señala, además, que no localizó otras referencias posteriores que permitieran relacionar directamente a Hernán Ruiz con la ejecución material de la torre de San Juan.
La situación es diferente en Santa María de la Mota, donde sí existe una abundante documentación sobre el trabajo de Hernán Ruiz, la compra de ladrillos, madera, cal y piedra, y la participación de canteros, albañiles y ceramistas. Esa diferencia obliga a ser prudentes al atribuirle el actual campanario de San Juan: está demostrada su presencia en 1567, pero no se conserva, al menos entre la documentación publicada, un contrato completo que confirme que dirigió toda la obra.
La terminación de la torre y de su remate aparece vinculada a Diego de Velasco, arquitecto y escultor activo en el ambiente artístico sevillano de finales del siglo XVI. Una publicación de la Junta de Andalucía atribuye a Velasco el chapitel que corona la torre y lo fecha en 1580, al tiempo que menciona la existencia de un proyecto anterior de Hernán Ruiz II.
Otras cronologías sitúan todavía a Diego de Velasco trabajando en la terminación de la torre y del chapitel en torno a 1592. Las dos fechas podrían responder a momentos diferentes de una obra prolongada: 1580 podría corresponder al contrato, al proyecto o al comienzo de la intervención, mientras que los trabajos de terminación pudieron extenderse durante los años siguientes.
El resultado fue una torre en la que conviven la tradición constructiva mudéjar y el lenguaje renacentista. El cuerpo de campanas presenta grandes arcos de medio punto, mientras que el friso y el chapitel incorporan azulejería, uno de los elementos más característicos de la arquitectura religiosa marchenera. El Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico de Marchena describe precisamente la torre como una construcción rematada por chapitel y decorada con azulejos tanto en el friso como en su coronación.
La lectura de los muros permite plantear que el actual campanario se levantó sobre una torre anterior, probablemente medieval. Los dos arcos aparentemente tapiados visibles bajo el friso cerámico podrían ser una de las huellas de aquella fase primitiva, aunque esta hipótesis no debe presentarse como definitiva mientras no exista una comprobación arqueológica del paramento.
La formulación histórica más rigurosa sería, por tanto, que Hernán Ruiz II inspeccionó la torre de San Juan en 1567 y pudo intervenir en el proyecto de su transformación, mientras que Diego de Velasco aparece relacionado con la ejecución o culminación del chapitel y del campanario durante las últimas décadas del siglo XVI.
La torre que hoy vemos no pertenece a un único momento ni a un solo autor. Es una arquitectura construida por capas: una base de origen medieval, una gran reforma renacentista y posteriores reparaciones que fueron configurando una de las siluetas más reconocibles del patrimonio monumental de Marchena.
El Campus Urbano Juvenil de Marchena celebra este jueves 6 de agosto una actividad nocturna que combinará deporte, convivencia y divulgación científica con un paseo en bicicleta por la Vía Verde y una posterior sesión de observación astronómica.
La salida está prevista a las 20.00 horas desde el inicio de la Vía Verde de Marchena. El recorrido llevará a los participantes hasta una zona preparada para contemplar el cielo nocturno, donde el grupo cenará mientras espera la caída de la noche. La actividad finalizará alrededor de las 00.00 horas.
Durante la jornada, los jóvenes podrán conocer algunos de los principales elementos visibles en el firmamento y acercarse al mundo de la astronomía de la mano de Manuel Ramón Ternero, que participará como guía astronómico.
Los asistentes deberán llevar su propia bicicleta, una linterna y algo para cenar. La propuesta está dirigida principalmente a jóvenes de entre 12 y 16 años, ampliándose la edad hasta los 21 años en el caso de participantes con diversidad funcional.
La actividad es gratuita y requiere inscripción previa mediante el formulario disponible a través del código QR incluido en el cartel oficial. Para resolver dudas o solicitar más información se ha habilitado el teléfono 625 01 76 33.
El Campus Urbano Juvenil forma parte de la programación de verano impulsada por el Ayuntamiento de Marchena y su Área de Igualdad. El programa incluye torneos deportivos, gincanas, acampadas nocturnas, jornadas de piscina, rutas guiadas, senderismo, juegos de mesa y actividades de ocio educativo. Cuenta con financiación del Área de Cohesión Social e Igualdad de la Diputación de Sevilla dentro del Plan Corresponsables.
La historia de la forja en Marchena adquiere nombres y apellidos durante el siglo XVIII con la familia de los Ríos, una estirpe local de herreros y maestros cerrajeros cuyo trabajo alcanzó prestigio fuera de la villa. No eran simples reparadores de aperos o herraduras. Dominaban una especialidad mucho más compleja: la rejería artística, ese punto en el que el hierro deja de parecer un material pesado y comienza a dibujar en el aire.
Su obra más extraordinaria se conserva en la iglesia de San Juan Bautista. Se trata de la gran reja que cierra el coro, contratada en 1732 y concluida hacia 1742. La estructura presenta un solo cuerpo de barrotes y balaustres, coronado sobre la puerta central por un gran remate ornamental. En lo alto aparece una corona real flanqueada por ángeles con palmas; a ambos lados se levantan pequeñas espadañas con campanas, unidas mediante guirnaldas a otros ángeles que parecen tocar sus trompetas sobre el hierro. Algunas partes fueron doradas y policromadas, de modo que la reja no actuaba únicamente como cerramiento: formaba parte del gran escenario barroco compuesto por el coro, los órganos, la sillería y el trascoro.
La documentación y los estudios publicados ofrecen una autoría que debe entenderse dentro del funcionamiento de un taller familiar. Manuel Antonio Ramos Suárez atribuye la realización a Cristóbal de los Ríos, herrero de Marchena, y señala que los últimos pagos fueron entregados a José y Juan de los Ríos, hijos y herederos del maestro. El dorado y la policromía se ejecutaron posteriormente, entre 1755 y 1757, por el pintor Francisco Palomino.
Sin embargo, otro documento de 1780, estudiado por Manuel Clavijo Andújar, aporta un matiz fundamental. Al presentarse para realizar dos rejas en la iglesia de San Miguel de Morón de la Frontera, Juan de los Ríos Vallejo incluyó entre sus méritos profesionales la reja del coro de San Juan de Marchena, afirmando que en ella había contado con la ayuda de su padre. También se atribuía una reja para la capilla mayor de la misma iglesia marchenera y otra obra destinada al sagrario de la Casa Grande de San Francisco de Sevilla.
Por tanto, más que buscar una sola mano, resulta más correcto hablar del taller de los Ríos. Cristóbal habría transmitido el oficio a sus hijos, mientras Juan fue adquiriendo progresivamente mayor responsabilidad artística. La reja del coro pudo ser una obra de juventud realizada bajo la dirección o con la colaboración paterna. Los documentos conservan las dos perspectivas: las cuentas parroquiales relacionan el encargo con Cristóbal y los pagos finales con sus herederos; el expediente profesional de Juan reivindica su intervención directa.
La reja de San Juan demuestra hasta dónde llegó aquella familia. Su decoración calada, los balaustres, las guirnaldas, las figuras humanas y las aplicaciones metálicas convierten el conjunto coral en una especie de joyero monumental. El hierro parece perder su peso: se curva, se ramifica y asciende como si la fragua hubiera aprendido el lenguaje de los retablos. Clavijo Andújar considera a los Ríos una dinastía de artífices naturales de Marchena y sitúa su taller como un foco de irradiación provincial, con trabajos o influencias documentados en Morón, Paradas, Estepa y Arahal.
Juan de los Ríos aparece también documentado en 1765 como maestro cerrajero de la fábrica de San Juan. Participó en la construcción de la tribuna destinada al nuevo órgano de Juan de Chavarría junto al maestro carpintero Alonso Mesón y al albañil Francisco Navarro. El dato confirma que no era solamente un rejero ornamental: intervenía en estructuras arquitectónicas complejas, coordinándose con profesionales de la madera, la albañilería y la organería.
La familia de los Ríos permite hablar, por tanto, de una verdadera escuela marchenera de la forja. Su trabajo nació de la fragua familiar, pero atravesó los límites de la villa. En San Juan permanece su testimonio más visible: un muro transparente de hierro que lleva casi tres siglos separando espacios sin impedir que pasen la música, la luz y la mirada.
Saber más
Manuel Antonio Ramos Suárez, “Arquitecturas para la música: las cajas de órgano de la parroquia matriz de San Juan Bautista de Marchena”, Archivo Español de Arte, CSIC, 2013.
Manuel Clavijo Andújar, “Proyecto de rejas para la parroquia de San Miguel de Morón de la Frontera”, Laboratorio de Arte, Universidad de Sevilla, 1991.
En el esplendor del siglo XVI, cuando el Renacimiento alcanzaba su cumbre y los grandes monarcas competían por la inmortalidad a través del arte, una relación trascendental marcó la historia de la pintura: la que unía a Felipe II y Tiziano Vecellio. Este vínculo, que nació de la admiración del monarca por el genio veneciano, no solo dio lugar a algunas de las obras más impresionantes del Renacimiento, sino que también influyó indirectamente en la llegada de la Anunciación de Vasco Pereira al Palacio Ducal de Marchena, un lugar con conexiones directas con los Habsburgo y antes con los Ryes Catolicos.
Carlos V e Isabel de Portugal se casaron el 11 de marzo de 1526 en el Alcázar de Sevilla. Tras la ceremonia, emprendieron un viaje hacia Granada, pasando por Marchena el 22 de mayo de 1526. Durante su estancia en Marchena, se alojaron en el Palacio Ducal, residencia del Duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León, quien había recibido a la comitiva real en la Puerta de la Macarena en Sevilla.
Felipe II visitó Sevilla una única vez en su vida, en 1570. Hizo su entrada en la ciudad el 1 de mayo por la entonces Puerta de Goles, que a partir de ese momento pasó a denominarse Puerta Real. La visita fue solicitada en abril de ese mismo año por la propia ciudad, y anunciada por el monarca sólo quince días antes.
Felipe II, consciente del talento de Tiziano, le confió la realización de sus Poesías, una serie de cuadros mitológicos que desbordaban sensualidad y sofisticación.Pero si hay una obra que impactó profundamente al monarca, fueLa Anunciación de Tiziano. Su dramatismo, la iluminación etérea y la intensidad emocional la convirtieron en una referencia obligada para los pintores de su tiempo. Es aquí donde entra en juego la figura de Vasco Pereira.
De Tiziano a Vasco Pereira
Vasco Pereira, un pintor portugués afincado en Sevilla, fue testigo del impacto que Tiziano tenía en la corte. Su Anunciación de 1576 es una copia reinterpretada de la obra del maestro veneciano, y fue encargada para la Iglesia de San Juan Bautista de Marchena por los Duques de Arcos.
La clave está en Luis Cristóbal Ponce de León, Duque de Arcos, quien mantenía una relación privilegiada con los Habsburgo. Su lealtad a Carlos V y Felipe II le aseguró un lugar en el círculo cercano de la monarquía, y fue precisamente esta conexión la que propició la llegada de la copia de Pereira al Palacio Ducal de Marchena.
Luis Cristóbal Ponce de León, II Duque de Arcos, fue un noble humanista y culto, prototipo del hombre renacentista, que protegió y se rodeó de artistas como el músico Cristóbal de Morales o el orfebre Juan Ruiz.
Luis Cristóbal no solo era un noble con influencia política, sino también un gran mecenas. Su admiración por la corte de Felipe II lo llevó a querer replicar en Marchena el esplendor artístico de Madrid y Sevilla. En su afán por coleccionar arte de primer nivel, adquirió la Anunciación de Vasco Pereira, consciente de su valor simbólico: poseer una copia de una obra inspirada en Tiziano era tener un fragmento del mundo de Felipe II.
Legado de Tiziano en la Corte Española
Museo del Prado: Hoy conserva la mejor colección de obras de Tiziano fuera de Italia, gracias al coleccionismo de los Habsburgo. Influencia en Velázquez: Su viaje a Italia (1629-1631) fue en gran parte para estudiar a Tiziano, lo que influyó en su pincelada suelta y su tratamiento de la luz. El Greco y Rubens también fueron influenciados por la obra de Tiziano, consolidando su impacto en la pintura española.
En resumen, Tiziano no solo fue el pintor favorito de los reyes de España, sino que definió el lenguaje visual del poder en la monarquía hispánica y dejó una huella imborrable en la historia del arte español.
Luis Cristóbal Ponce de León, II Duque de Arcos, fue un noble humanista y mecenas que promovió las artes en Marchena durante el Renacimiento. Entre los artistas que contrato para traerlo a Marchena se encontraba Cristóbal de Morales, compositor del Papa, destacado compositor sevillano y uno de los principales representantes de la polifonía renacentista española.
Morales, nacido alrededor de 1500 en Sevilla, desarrolló una notable carrera musical que lo llevó a ser cantor en la Capilla Pontificia de Roma. Durante su estancia en Italia, compuso la «Missa pro defunctis» (Misa de Réquiem) a cinco voces, publicada en 1544 en Roma. Luis Cristobal aistió al funeral del Emperador en Bruselas.
Aunque Morales falleció en 1553, su «Missa pro defunctis» adquirió gran relevancia póstumamente. Tras la muerte del emperador Carlos V en 1558, se celebraron exequias en su honor en diversos territorios del imperio.En la Ciudad de México, en noviembre de 1559, se interpretó la «Missa pro defunctis» de Morales durante las ceremonias fúnebres dedicadas al emperador.
Gracias al apoyo de los Ponce de León, Marchena se convirtió en un centro artístico de relevancia. En sus templos se conservan tesoros del arte renacentista, incluyendo obras de Durero, Ribera, Murillo, Zurbarán y Lucas Jordán.
Torrigiano y el Duque de Arcos
Pietro Torrigiano, escultor florentino conocido por introducir el Renacimiento en Sevilla, tuvo una relación tumultuosa con el Duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León. El Duque, impresionado por laVirgen con el Niño que Torrigiano había creado para el Monasterio de San Jerónimo, le encargó una obra similar.
La Influencia de Miguel Ángel en la Custodia de Marchena
El impacto de Miguel Ángel en el arte del siglo XVI fue enorme, y su legado llegó también a la platería sevillana. Francisco Alfaro, que trabajó en un periodo en el que las influencias miguelangelescas estaban en auge en Sevilla, incorporó algunos de estos principios en su obra.
Francisco Alfaro logró en la Custodia Procesional de Marchena una síntesis magistral del clasicismo renacentista y la expresividad miguelangelesca, adaptándolas a la tradición orfebre sevillana. Su monumentalidad, detallismo y dinamismo la convierten en una de las grandes obras del arte sacro andaluz y un ejemplo brillante del esplendor del Siglo de Oro en la platería.
Esta obra no solo refleja la maestría técnica de Alfaro, sino también la profunda huella que el Renacimiento italiano dejó en la Sevilla del siglo XVI, fusionando los ideales clásicos con la espiritualidad del arte sacro español.
Más de 10.000 trabajadores andaluces viajarán este verano a Francia para participar en la vendimia, atraídos por unos salarios y unas condiciones laborales más favorables que las ofrecidas habitualmente en el campo español.
CCOO calcula que la campaña francesa movilizará en 2026 a unas 14.500 personas procedentes de España, de las cuales 10.800 serán andaluzas, cerca del 75%. UGT ofrece una estimación nacional algo menor, de alrededor de 13.000 temporeros. Por ello, la cifra de 9.000 recogida en algunas informaciones sería una previsión más baja que la presentada posteriormente por CCOO.
Granada y Jaén aportarán conjuntamente unos 8.000 trabajadores. También partirán cuadrillas desde la Sierra Norte de Córdoba, la Sierra de Cádiz, el sur de Sevilla, la zona malagueña de Teba y varios municipios de Almería.
La mayoría no viaja a buscar trabajo sobre el terreno. Aproximadamente el 90% repite campaña y se desplaza en cuadrillas contratadas previamente por explotaciones que ya conocen. Muchos puestos han pasado de padres a hijos y se mantienen desde hace décadas.
Cuándo comienza la vendimia
Las primeras incorporaciones están previstas desde mediados de agosto en las zonas francesas donde la uva madura antes. La campaña se extenderá durante septiembre en regiones como Borgoña, Champaña, Beaujolais y Burdeos.
Los contratos suelen durar entre diez días y tres semanas. Algunos trabajadores enlazan varias explotaciones y permanecen en Francia durante más de un mes. La fecha exacta depende de la maduración de la uva y de las temperaturas.
Cuánto se cobra
El salario mínimo oficial francés es de 12,02 euros brutos por hora. Sin embargo, las ofertas actuales consultadas por France Travail ofrecen entre 12,31 y 14,50 euros brutos, dependiendo de la finca y del trabajo realizado.
CCOO calcula unos ingresos de entre 1.900 y 2.337 euros netos mensuales, que pueden aproximarse a 2.400 euros cuando se realizan horas extraordinarias o se reciben complementos.
La jornada ordinaria es de 35 horas semanales. Las horas adicionales deben pagarse con los siguientes recargos:
De la hora 36 a la 43: un 25% más.
Desde la hora 44: un 50% más.
El contrato también debe incluir una compensación por vacaciones de al menos el 10% del salario bruto.
Alojamiento, comida y transporte
No todas las explotaciones ofrecen las mismas condiciones. Algunas proporcionan alojamiento y comida gratuitamente, otras solamente vivienda o una comida diaria y también existen contratos sin manutención ni alojamiento.
El trabajador debe comprobar antes de salir:
Salario bruto por hora.
Duración mínima del contrato.
Horario y pago de horas extraordinarias.
Condiciones del alojamiento.
Comidas incluidas.
Transporte hasta las parcelas.
Alta en la Seguridad Social agraria francesa.
Los sindicatos advierten de que nadie debe cobrar al trabajador por conseguirle una oferta. Recomiendan viajar con el contrato acordado directamente con la explotación y desconfiar de anuncios difundidos por redes sociales que soliciten pagos anticipados.
Por qué prefieren Francia
La principal razón es económica. Los jornaleros pueden concentrar en pocas semanas unos ingresos superiores a los obtenidos en campañas equivalentes en Andalucía. También encuentran mayor control de las jornadas, pago regulado de las horas extras y cuadrillas que regresan a las mismas fincas cada año.
CCOO sostiene que estos desplazamientos demuestran que no faltan trabajadores para el campo, sino empleos con condiciones suficientemente atractivas. El sindicato reclama al empresariado andaluz que tome como referencia el modelo laboral francés.
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